Así comenzó la moderna era de la biotecnología, posible gracias a los adelantos en el cultivo de células in vitro y a la utilización de técnicas moleculares para individualizar y, en jerga informática, "cortar y pegar" los genes de una célula a otra. Este procedimiento de recombinación del ADN se denomina ingeniería genética, y sus productos -microorganismos, plantas, árboles, ganado y peces- se llaman organismos modificados genéticamente (OMG). Actualmente, a una velocidad sólo comparable con la revolución digital, se está desentrañando la estructura de los genomas, descubriendo las funciones de los distintos genes y entendiendo cómo pueden activarse y desactivarse para modificar las características de organismos completos.
Análisis de los beneficios. ¿Qué beneficios le han reportado los actuales cultivos modificados genéticamente a sus creadores, a quienes los cultivan y a los que consumen sus productos? El panorama todavía no está claro debido a la insuficiencia de vigilancia y de estudios económicos de gran escala. La información proporcionada por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos indica que, si bien no ha habido una disminución significativa de la utilización total de herbicidas, los agricultores han dejado de aplicar tres o cuatro sustancias distintas a favor de una o dos de ellas (la principal es el glifosato, en general considerada menos nociva, desde el punto de vista ecológico, que muchos de los otros herbicidas que ésta ha reemplazado). Un estudio reciente estimó que las variedades modificadas genéticamente ayudaron a los productores estadounidenses de soya a ahorrar 216 millones de dólares EE UU en la eliminación de las malas hierbas en 1999.
Respecto a la utilización de insecticidas después de la introducción de los "cultivos Bt" (que contienen genes del Bacillus thuringiensis, o Bt, una bacteria del suelo que produce una proteína tóxica para algunos insectos), el panorama está más claro. Varían las estimaciones de los ahorros logrados gracias a estos cultivos, pero un estudio calcula la reducción general de la utilización de plaguicidas en los EE UU a 1 200 toneladas anuales, lo que indica un considerable beneficio para el medio ambiente.
En los países en desarrollo el panorama es más vago. Desde que los agricultores de la Pampa Ondulada de Argentina comenzaron a producir soya modificada, el glifosato ha sustituido el anterior conjunto de herbicidas, y su aplicación se ha triplicado. Es interesante señalar que tanto en Argentina como en los Estados Unidos este cultivo se alterna con trigo, maíz o girasol, y que ha promovido la adopción de prácticas de poca labranza.
A falta de datos que indicaran lo contrario, cabe concluir que, a la fecha, los principales beneficiarios de la tecnología de los OMG han sido los agricultores y los proveedores de la misma. Además, los principales efectos que se advierten son una menor aplicación de insecticidas y la adopción de herbicidas menos nocivos para el medio ambiente. Sin embargo, queda por verse el beneficio en cuanto al volumen de producción en comparación con las prácticas tradicionales.
Evaluación de riesgos. Pero ¿y los posibles peligros de los cultivos modificados genéticamente para el medio ambiente y la salud humana? Las principales preocupaciones ambientales son la transmisión genética a otras variedades, silvestres y de malas hierbas, y a los insectos que son objeto de la manipulación genética de los cultivos, así como a otras especies de insectos, virus y hongos. En cuanto a la salud, los posibles riesgos anticipados son el surgimiento de nuevos alérgenos y de bacterias resistentes a los antibióticos.
Algunas de estas preocupaciones son reales y no pueden desatenderse. Los creadores de OGM deberían aceptar que incluir genes con resistencia antibiótica difícilmente puede propiciar una mayor aceptación de esta tecnología entre el público. Por otra parte, el problema de la resistencia que adquieren las plagas a las medidas para combatirlas -motivo de preocupación para los agricultores desde hace decenios- significa que hacen falta cultivos y planes de resistencia muy cuidadosamente elaborados. Pero incluso, por ejemplo, cuando se presenten plantas de arroz con una gran dosis de Bt, puede resultar difícil instituir y respetar efectivamente los santuarios en los sistemas de subsistencia.
Además, si bien la ingeniería genética brinda gran especificidad respecto a la modificación que se está incluyendo, a la fecha tiene poco dominio sobre el lugar donde el producto creado se aloja en el genoma y, en consecuencia, de cómo la nueva combinación de genes vaya a comportarse, lo que incrementa la posibilidad de variabilidad genética y fenotípica. Aunque esto debería detectarse en los cultivos durante las pruebas de laboratorio y anteriores a su comercialización, en el caso de los árboles la detección podría resultar más difícil y requerir periodos mucho más prolongados.
Los genes se desplazan en los ecosistemas, entre los cultivos de la misma especie y a otras especies silvestres cercanas, insectos, malas hierbas y bacterias del suelo. Esto ocurre entre las variedades tradicionales de los cultivos, y las variedades modificadas genéticamente no son una excepción. Así pues, no se trata de si puede haber transferencia genética, sino de si un cultivo modificado representa un peligro distinto y un nivel diferente de riesgo en condiciones agrícolas virtuales que la misma especie de cultivo con la misma característica fenotípica en el sistema convencional de producción. En otras palabras ¿es importante?
Hasta el momento se ha invertido poco en evaluar las posibles repercusiones ambientales a largo plazo de los cultivos genéticamente modificados. Con todo, no ha aparecido nada negativo todavía. A fines del año pasado, los Grupos Externos de Asesores de la Comunidad Europea dieron a estos cultivos y a los alimentos producidos a partir de los mismos una "aprobación sanitaria", basada en que una amplia investigación no había encontrado peligros para la salud humana o el medio ambiente, además de la incertidumbre común del fitomejoramiento convencional. La Academia de las Ciencias de los Estados Unidos llegó, básicamente, a la misma conclusión en 2000. Con todo, ambos informes piden una supervisión reglamentaria clara y mayor atención a la información al público del procedimiento y sus principios de base.
Y ahora, hacia dónde... La biotecnología es un gran negocio en el mundo industrializado. Aunque la falta de beneficios palpables para los consumidores y la preocupación por el medio ambiente y la inocuidad de los alimentos han contenido la adopción de los productos genéticamente modificados en algunos países, su potencial en apariencia ilimitado, a la par de un alcance más fuerte y más amplio de la reglamentación en materia de derechos de propiedad intelectual, ha inclinado la balanza de la inversión considerablemente hacia el sector privado y, de esta manera, al mercado mundial.
En algunos países en desarrollo se está invirtiendo mucho en biotecnología y OMG, pero ni las técnicas ni los productos se están dirigiendo con suficiente fuerza a las necesidades de los campesinos de bajos ingresos. Por ende, es probable que los más beneficiados sean los agricultores más grandes, más comerciales, atentos a los productos de exportación. Otros beneficiarios serán las empresas privadas productoras de semillas y los accionistas de las multinacionales.
Para que la biotecnología, comprendidos los OMG, cumpla su promesa de mitigar el hambre y la pobreza en el mundo en desarrollo tiene que ocuparse de los cultivos utilizados y de las características necesarias para los sectores pobres, con mayor énfasis en las características relativas a la calidad y a la resistencia a las presiones abióticas. Otras necesidades decisivas son adecuar los acuerdos para que los países en desarrollo tengan acceso a la tecnología privada, y dar a los campesinos pobres semillas mejoradas a la vez que se les proteja de limitaciones inadecuadas para propagar sus cultivos. La iniciativa para crear un arroz enriquecido, y la decisión de los dueños de las patentes respectivas de poner a disposición de los países en desarrollo este producto sin reclamo de sus derechos de propiedad intelectual, es un paso positivo en esa dirección.
Las variedades importadas de cultivos o de elementos genéticos no conducirán, por sí mismas, a mejorar en forma sostenida la productividad o la diversificación hacia sistemas de producción agrícola de mayor valor en los países en desarrollo. Sólo el fitomejoramiento local, aparejado a enfoques basados en los sistemas, puede atender las necesidades locales y las preferencias culturales y proporcionar alimentos suficientes, inocuos y nutritivos. Lo mismo se aplica para el ganado, la pesca y la silvicultura. Es así actualmente y lo seguirá siendo conforme se determinen las funciones de más genes y éstos sean aptos para transferirse.
Como cualquier instrumento, la biotecnología no es mágica. El éxito de su aplicación depende de reconocer atentamente la ocasión y tomar en cuenta la necesidad de incluirla en un conjunto tecnológico más amplio. También exige evaluar atentamente los costos y los riesgos que acarrea, así como los beneficios que pueda producir. Y de igual importancia, estas decisiones tienen que tomarse en un marco normativo que promueva y proteja el interés público.