El mundo sería más triste si no hubiera avicultura familiar. En las zonas rurales de todo el mundo, el día comienza con el canto estridente de los gallos que, según parece, compiten en la celebración de su propia existencia. Mientras los campesinos asiáticos trabajan en sus arrozales, sus patos navegan por los estanques como perpetuos vacacionistas. Las gallinas pasan horas agitando sus alas perezosamente en lujosos baños de polvo, llevan a sus polluelos en excursiones de picoteo y rascada o le anuncian a sus hermanas, casi con un graznido de asombro: "¡He puesto un huevo!" (los investigadores descubrieron recientemente que los gallos listos dicen: "¡Mira, encontré algo de comer!" para atraer a la hembra inexperta a suficiente distancia para aparearse con ella).
Diversión aparte, la "avicultura familiar" -es decir, la cría doméstica tradicional que utiliza pocos insumos, de gallinas, pavos, patos y gansos, gallinitas de Guinea, pichones, faisanes y codornices- es básica para la seguridad alimentaria en gran parte del mundo. Según cálculos recientes, la avicultura en el patio de casa y al aire libre representa hasta un 70% del total de la producción de huevos y carne de aves en los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos. En las zonas rurales situadas en un medio ambiente frágil, marginales económicamente, la avicultura familiar es un elemento común de los sistemas agrícolas mixtos, las aves domésticas son pequeñas, se reproducen con facilidad, no exigen una gran inversión y prosperan con desechos de la cocina, cereales troceados, lombrices, caracoles, insectos y vegetación.
Tarjeta de crédito emplumada. "Los campesinos crían aves de corral por muchos motivos, desde la necesidad de obtener ingresos hasta el simple placer que le produce a algunos agricultores contemplar a sus aves saludables andar alrededor de la casa -explica Robyn Alders, autora de una guía de la FAO que está por publicarse sobre diversificación de la pequeña agricultura con producción de aves de corral-. En general, en el medio rural, donde escasean las proteínas, las aves de corral las proporcionan en forma de carne y huevos. Pero estas aves además son una especie de 'tarjeta de crédito' instantánea que sirve para vender o cambiar en las sociedades donde no abunda el dinero en efectivo. Las aves de corral en la aldea también desempeñan muchas otras funciones a las que difícilmente puede atribuirse un valor monetario. Combaten algunas plagas y proporcionan abono, se utilizan en fiestas especiales y sirven para cumplir con algunas obligaciones sociales, y son decisivas en muchas ceremonias tradicionales y para el tratamiento de algunas enfermedades".
"Los programas de avicultura rural sostenible deberían aprovechar lo que ya se tiene y adaptar las intervenciones tecnológicas a las situaciones locales", afirma Robyn Alders. La autora refiere los buenos resultados obtenidos por un programa de avicultura en pequeña escala en Bangladesh, que atendió a mujeres analfabetas e indigentes, sin tierras ni otro activo que su fuerza de trabajo. Se impartió capacitación a grupos de 30 a 40 mujeres en gestión de ahorros y créditos, y se les enseñaron técnicas para alimentar a las aves de corral, hacer sus gallineros y combatir sus enfermedades. Mediante un proyecto de crédito se proporcionaron a esas mujeres razas mejoradas de gallinas, adaptadas a las condiciones de las aldeas y capaces de poner hasta 200 huevos al año. El programa también financió una red de empresas de la aldea participantes en la avicultura: unidades para avicultura, proveedores de forrajes, incubadoras pequeñas y colectores de huevos, y se formaron paraveterinarios en las aldeas para vacunar a domicilio a los grupos de aves a fin de protegerlas de las principales enfermedades. El resultado fue que la situación de las mujeres mejoró sustancialmente, el 28% de los ingresos familiares ascendieron por encima del umbral nacional de pobreza en el transcurso de 18 meses y se incrementaron los índices de inscripción en las escuelas del 86% al 99% en los hogares beneficiarios.
En Sudáfrica, el Consejo Nacional de Investigación Agrícola está patrocinando una cadena de "centros de abasto de aves de corral", que es propiedad y cuya gestión corre a cargo de comunidades pobres que venden los materiales necesarios para los productores de aves de corral, comprendidos las aves, los forrajes, suministros veterinarios y materiales para construir gallineros. Los posibles productores que terminan los cursos de capacitación reciben certificados que los acreditan ante los bancos de desarrollo o subsidiarias locales del gobierno, condición básica para obtener créditos en el futuro. También se les proporcionan, a precio simbólico, botiquines de primeros auxilios para las aves de corral. Este programa escogió seis razas de aves adecuadas para vivir en condiciones difíciles, con pocos insumos, con que tengan corrales, forrajes, agua e higiene adecuados. Las aves del programa son de procedencia europea, como las variedades New Hampshire y Black Australorp, y otras razas procedentes de Malasia y Namibia adecuadas al clima local.
Arroz, peces, malas hierbas y patos... Mientras tanto, en las Filipinas, un proyecto de la FAO promueve la cría de patos en un sistema agrícola elaborado para combatir plagas e incrementar la producción en los arrozales de riego de las tierras bajas. Participan en este sistema una variedad de arroz de alto rendimiento, tilapias del Nilo, helechos acuáticos Azolla y parvadas de patos Mallard que se integraron con una densidad de 400 ejemplares por hectáreas. Los helechos sirven para contener las hierbas malas y alimentar a los patos, que picotean en libertad en los arrozales durante la temporada de barbecho, antes del transplante del arroz. Sobre el estanque donde se crían los peces se construyó, con materiales locales de poco costo, un corral para tener a los patos mientras no salen a comer. La cría de patos no sólo es económica por el alimento que se les proporciona, sino que además sirve para combatir los caracoles que se comen las plantas jóvenes del arroz, y además ponen el doble de huevos que los patos comunes del país.
Robyn Alders concluye: "Si cupiera comparar la ganadería con el mundo de la moda, entonces la producción rural de aves de corral sería el último grito de la moda. La avicultura rural puede ser una empresa única o combinarse y adaptarse a cualquier otra actividad campesina. Un programa de avicultura adecuado a las condiciones locales dará gran satisfacción a sus beneficiarios".