Parece que nada podía contener la epidemia de fiebre aftosa que devastó el Reino Unido a principios de 2001. Pocos días después de que unos veterinarios detectaron 27 cerdos infectados en un matadero rural, el gobierno impuso una prohibición al desplazamiento de animales en todo el país. Pero era demasiado tarde, ya estaban trasladándose a mercados de distintas partes del país y al extranjero ovejas contagiadas por los cerdos. Para el 13 de marzo se detectó el virus de la fiebre aftosa en la Europa continental, y la Gran Bretaña había puesto en marcha una intensa campaña de eliminación de la enfermedad mediante el sacrificio de los animales, que costó la vida de 3 750 millones de animales de granja, así como los medios de sustento de miles de granjeros, y causó un enorme daño a la economía rural y a la industria turística.
Pero ¿era inevitable el alcance de esa matanza y de esa intervención? Un análisis reciente del Sistema de prevención de emergencia de plagas y enfermedades transfronterizas de los animales y las plantas (EMPRES) de la FAO indica que la demora en la detección del brote y en la imposición de la prohibición del desplazamiento de los animales puede haber propiciado la acelerada y amplia propagación de la enfermedad. Es más, en Europa expertos en enfermedades pecuarias habían advertido meses antes que la situación de la fiebre aftosa estaba deteriorándose mucho en todo el mundo y habían señalado la necesidad de evaluar de nuevo las estrategias de control de los países europeos. Según el EMPRES el brote que se presentó en el Reino Unido ejemplifica una alarmante tendencia: tras una disminución constante durante el siglo pasado de la frecuencia y el alcance de las enfermedades epidémicas del ganado en Europa, las medidas establecidas desde hace mucho tiempo para intervenir ante los riesgos de epizootias ya no son adecuados.
"El eslabón más débil". El incremento de urgencias veterinarias en todo el mundo está ligado al aumento de la movilidad de las personas, los bienes y el ganado, a los cambios en los sistemas agrícolas y en el clima, y al debilitamiento de muchos servicios de sanidad pecuaria. Tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, en ocasiones los brotes de enfermedades no han sido detectados por las autoridades veterinarias centrales durante días o aun meses, lo que les ha permitido propagarse sin contención. Los resultados han sido pérdidas innecesarias de la producción, y una dificultad cada vez mayor para realizar campañas eficaces de lucha contra las enfermedades y erradicación de las mismas. Estas tendencias indican que la advertencia oportuna es uno de los eslabones más débiles de los sistemas de vigilancia de las enfermedades, en los ámbitos nacional, regional e internacional.
Por este motivo la FAO, en asociación con la Oficina Internacional de Epizootias y la Organización Mundial de la Salud están preparando un proyecto de Sistema mundial de alerta sobre enfermedades transfronterizas, que combinaría el sistema oficial de información sobre enfermedades de la Oficina Internacional de Epizootias (OIE) con "innovadores métodos de supervisión de las enfermedades". Este sistema se concentraría rigurosamente en las principales epizootias -como la fiebre aftosa, la peste bovina, la fiebre del valle del Rift (hepatitis enzoótica), la peste porcina africana y la peste aviar- y aprovecharía las estructuras actuales de los países e internacionales de información sobre enfermedades. También utilizaría una mezcla de técnicas oficiales y oficiosas, comprendido un completo serodiagnóstico, la supervisión de los mataderos y la detección de enfermedades con apoyo de incentivos".
Las enfermedades transfronterizas también llegan en formas novedosas e inesperadas. El origen de un brote de fiebre aftosa que hubo en Argelia en 1999 se detectó en África Occidental, que posteriormente atravesó el Sahara que, hasta entonces, se había considerado una barrera natural de protección. Como en el Reino Unido, afirma el EMPRES, el brote que hubo en el Maghreb demostró que la enfermedad está encontrando nuevas rutas para introducirse. Puede ser necesario evaluar frecuentemente las pautas tradicionales conocidas conforme se presentan cambios en todo el mundo.
En muchos países en desarrollo los sistemas de vigilancia de las enfermedades son pasivos y dependen sobre todo de que se informe de la presencia de brotes de las enfermedades, en vez de supervisar activamente la situación de las mismas, y además hay poca coordinación entre los servicios veterinarios de campo y los de laboratorio. En 2000, un brote de peste porcina africana (PPA) en Dar es Salaam, Tanzania, posiblemente originado en alguno de los focos endémicos conocidos de los países vecinos, fue propiciado por las demoras en la información y la investigación del suceso. Sencillamente no se informó a la dependencia central de epidemiología del país que había grandes índices de mortandad entre los cerdos fuera de la capital, síntoma de PPA aguda.
Un mejor sistema de alerta también hubiera podido ayudar a contener los brotes de hepatitis enzoótica, enfermedad zoonótica viral transmitida por un mosquito en África, que también afecta a las personas. Un brote de esta enfermedad en 1997-98 en África Oriental no sólo causó cuantiosas pérdidas de ganado y mortandad humana, sino que dañó gravemente las valiosas exportaciones de ganado de esta subregión al Medio Oriente. En septiembre de 2000 se detectó por primera vez la hepatitis enzoótica fuera de África, en Arabia Saudita y Yemen, que causó también la muerte de muchas personas y pérdidas de ganado. Esta enfermedad siempre se ha detectado primero en las personas, es decir, mucho tiempo después de haberse establecido en el ganado, sin que se hubiera informado de la misma. Una detección más pronta de la circulación del virus entre los animales domésticos hubiera evitado la propagación de la enfermedad a la población humana.
El sistema mundial propuesto de información sobre las enfermedades transfronterizas contribuiría a la prevención internacional contra las epidemias mediante la recopilación activa de información sobre los brotes en curso, o rumores de brotes en curso, en todo el mundo, y la difusión posterior de la información verificada en la región y el país. El objetivo último sería dar asesoría y ayuda a los países después de advertirse a tiempo de una amenaza inminente de alguna enfermedad. El sistema previsto tendría entonces que estar asociado a sistemas de reacción inmediata con intervención de expertos, programas de cooperación técnica, asesoría sobre cuarentenas, planes de contingencia, reconocimiento de la enfermedad y ayuda para la elaboración de diagnósticos, así como al suministro de vacunas.