La FAO calcula que para alimentar a la población mundial dentro de 30 años se necesitará un 60 por ciento más de alimentos. La mayor parte de dicho incremento procederá de la intensificación de la agricultura mediante el riego. Pero el agua escasea ya en muchos países y la competencia por la misma entre los usuarios industriales y domésticos va en aumento. Por tanto, ¿de dónde sacaremos agua suficiente para alimentar al mundo?
La FAO considera que la respuesta está en mejorar la productividad agrícola y el aprovechamiento del agua. Mediante el empleo de mejores semillas, el aumento de la fertilidad del suelo y la aplicación de otras técnicas agrícolas, los agricultores logran rendimientos más altos y sacan el máximo partido de las inapreciables reservas de agua. Así mismo, por medio de métodos de riego más eficaces y de una mejora del acopio de agua, se aprovecha ésta en la mejor medida posible. Gracias a estos avances, creemos que es posible producir la cantidad adicional de alimentos necesaria con sólo un 14 por ciento más de agua. Será necesario además esforzarse por proporcionar a los usuarios acceso justo y equitativo al agua. Al mismo tiempo, se deben abordar problemas de carácter medioambiental. La agricultura de regadío produce rendimientos de dos a tres veces superiores a los de las tierras de secano, pero puede también dar lugar a una acumulación de sal en el suelo y en las aguas subterráneas. Así mismo, la explotación excesiva del agua en una zona puede privar de acceso al agua a la población de otra zona.
La agricultura, principal usuaria del agua. Sin agua no podemos producir alimentos. La agricultura es, con mucho, la mayor usuaria de agua, ya que utiliza casi el 70 por ciento de la cantidad total extraída de la tierra. Para producir cultivos se necesita una notable cantidad de agua (por ejemplo, para producir sólo un kilo de arroz se necesitan de 1 a 3 m3 de agua).A medida que la población crezca, las necesidades de agua para la agricultura no harán más que aumentar. Pero las reservas son limitadas. Un estudio de la FAO realizado en 93 países en desarrollo señala que varios países en los que escasea el agua ya explotan las reservas de agua más deprisa de lo que se pueden renovar. Diez países se encuentran en una situación crítica, lo que significa que satisfacer las necesidades agrícolas les obliga a extraer más de un 40 por ciento del total de sus recursos hídricos renovables. Otros ocho países están bajo presión, ya que para satisfacer las necesidades de la agricultura deben extraer más del 20 por ciento del total de sus recursos hídricos.
Al mismo tiempo, existe cada vez más competencia por el agua entre los municipios y el sector industrial. Actualmente, la industria utiliza casi el 20 por ciento del total del agua extraída y los usuarios municipales el restante 10 por ciento. Pero de la cantidad que demandan sólo se consume realmente de un 10 a un 20 por ciento. Será necesario reutilizar una mayor parte del 80 al 90 por ciento que se desperdicia; y antes de que se reutilice o vuelva a los ríos y acuíferos, el agua debe ser tratada para eliminar los agentes contaminantes.
A medida que se intensifica la agricultura, se debe prestar más atención al medio ambiente. El uso inadecuado de fertilizantes puede contaminar las aguas superficiales y las aguas subterráneas. Así mismo, si la tierra de regadío no se drena adecuadamente, se encharca. Se puede producir también la salinización, ya que las sales presentes de manera natural se concentran en el suelo, dejándolo infértil. Alrededor de un 10 por ciento de la tierra de regadío en todo el mundo está dañada por la acumulación de sal, lo que constituye una pérdida de tierras de labrantío que podrían utilizarse para aumentar la producción alimentaria. Además, eliminar el agua de ríos y lagos puede poner en peligro los humedales, fuente importante de la pesca continental y filtro natural que limpia las aguas residuales.
Instrumentos para mejorar la producción de regadío y de secano. Aunque los países en desarrollo dependen tanto de los cultivos de regadío como de los de secano para alimentar a su población, gran parte del aumento de la producción alimentaria deberá proceder de las tierras de regadío. La FAO prevé que para el año 2030, las zonas de regadío de los países en desarrollo podrían aumentar un 20 por ciento. Asociada a una mayor intensidad de cultivo, la superficie cosechada real crecerá alrededor de un tercio, de 250 a 320 millones de hectáreas. Para que haya agua suficiente a fin de mantener este incremento es preciso producir más cultivos por cada gota.
Las formas más comunes de riego (el riego de superficie, en el que el agua inunda los campos, y el riego por aspersión, que imita la lluvia) pueden ocasionar desperdicio de agua. Son más eficaces los métodos localizados como, por ejemplo, el riego por goteo, donde el agua va sólo donde se necesita. La agricultura de secano, que en conjunto produce más alimentos que las tierras de regadío, se apoya en prácticas agrícolas encaminadas a incrementar en la mayor medida posible la recogida de agua de lluvia. El acopio y almacenamiento de agua (recoger agua en estructuras que van desde surcos pequeños a presas) permite al agricultor conservar el agua de lluvia y dirigirla a los cultivos. La recogida de agua puede aumentar el rendimiento dos o tres veces más que la agricultura de secano convencional. La introducción de variedades mejoradas, la adopción de planes de cultivo perfeccionados y el empleo de métodos de labranza mínima que conservan agua permiten incrementar aún más los rendimientos.
Un ejemplo de los resultados espectaculares que se pueden alcanzar mediante estas mejoras se encuentra en el valle de Keita, en el Níger. Más de 4 millones de horas/persona de trabajo en el valle, que incluyeron la perforación de pozos y la construcción de estructuras para recoger el agua, como presas y diques, transformaron un desierto estéril en un huerto para cultivos, ganado y árboles.
La capacitación de los agricultores en la ordenación del agua constituye una prioridad para la FAO. Junto con los asociados en el desarrollo, como el Programa internacional para la investigación y la tecnología sobre riego y avenamiento (IPTRID), la FAO ayuda a los países Miembros a establecer programas de investigación tecnológica, organiza cursos prácticos y sesiones de formación y promueve actividades de creación de redes, como boletines y foros electrónicos, de manera que los países puedan intercambiar información sobre las mejores prácticas. Así mismo, a fin de lograr que mujeres y hombres se beneficien en igual medida de las políticas y los programas relativos al agua, el Programa de la FAO de análisis socioeconómico y de género (ASEG) celebra cursos prácticos y publica manuales de capacitación basados en tres principios básicos: las diferentes funciones del hombre y de la mujer son fundamentales, la población desfavorecida tiene prioridad y para que la capacitación dé buenos resultados es necesario fomentar la participación.
Se debe prestar especial atención a las mujeres, que representan la mayoría de los agricultores del mundo en desarrollo y todavía a menudo están excluidas por la tradición de la propiedad de la tierra y de la ordenación del agua. Conjuntamente con el Fondo de las Naciones Unidas para la colaboración internacional, la FAO ha emprendido en Camboya, Nepal y Zambia un ambicioso proyecto trienal para reforzar la capacidad de las mujeres para gestionar el riego y los recursos hídricos. Con la ayuda de organizaciones no gubernamentales locales, las mujeres de esos países aprenden el modo de participar en mayor grado en la toma de decisiones y medidas respecto a la ordenación del agua, con lo que mejora la seguridad alimentaria de sus familias y comunidades.
Políticas de hoy que garanticen el agua de mañana. Tanto en los ámbitos internacional, nacional y local son necesarias políticas que rijan la utilización del agua en la agricultura. Los acuerdos internacionales son especialmente útiles si las principales fuentes de agua atraviesan más de un país. Por ejemplo, con la ayuda técnica de la FAO, los 10 países ribereños del Nilo están ejecutando el proyecto de recursos hídricos de la cuenca del Nilo como parte de una iniciativa para la cuenca del Nilo, lo que les ayuda a acceder al agua y gestionarla de manera equitativa. Las Naciones Unidas han desarrollado un convenio marco, ya ratificado por 10 países, para encauzar las negociaciones sobre la ordenación del agua dulce. El mismo entrará en vigor cuando lo hayan ratificado 35 países.
Así mismo, se deben tener en cuenta las tradiciones locales respecto a la ordenación del agua y el acceso a ella a fin de evitar que choquen con las políticas gubernamentales propuestas. Para respaldar las nuevas políticas sobre el agua son necesarias inversiones. Los gobiernos nacionales tendrán que establecer las condiciones para atraerlas. Son precisas también nuevas formas de crédito para ayudar a los pobres a sacar partido de las técnicas mejoradas de ordenación del agua.
Texto elaborado por el Grupo multimedia de la FAO (GII)
Publicado en octubre de 2002