Pocas personas querrían dedicarse a la agricultura en el desolado departamento de Puno, en Perú. Entre 3.800 y 5.000 metros sobre el nivel del mar, Puno es propenso a sequías, inundaciones y heladas frecuentes, y sus suelos delgados se han desgastado durante siglos por la acción del viento y la erosión del suelo, y en fecha más reciente por el exceso de pastoreo del ganado y el exceso de insumos químicos. Las cosechas del cultivo básico de la zona, la papa, apenas ascienden a una tonelada por hectárea, y los ingresos de los campesinos no promedian ni 2,50 dólares EE UU diarios.
Sin embargo, Puno se ha convertido en centro de un interesante experimento de restablecimiento agrícola. En el último decenio, personal de desarrollo y campesinos han reanimado un sistema indígena de cultivo de 3.000 años de antigüedad, abandonado en la época de los incas y redescubierto por los arqueólgos. Se llama waru waru (arriba), este sistema utiliza plataformas elevadas de suelo rodeadas de diques que acopian y conservan el agua, separan las sales y crean un microclima cálido favorable a los cultivos. Hoy los agricultores han convertido más de 7.000 hectáreas de tierras al sistema waru waru para producir papas, quinoa, cebada, avena y camotes. Sus cosechas de papa ascienden a hasta 10 toneladas, y los ingresos per cápita se han duplicado con creces.
Adaptación dinámica. El waru waru es un ejemplo de lo que la FAO denomina sistemas ingeniosos de patrimonio agrícola mundial (SIPAM), sistemas sostenibles de explotación agraria y panoramas que han evolucionado a través de la adaptación dinámica realizada por las comunidades campesinas en su medio ambiente. Ahora, en un nuevo proyecto financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, la FAO se propone promover el reconocimiento internacional, la conservación y la gestión sostenible de los SIPAM y la biodiversidad y sistemas de conocimiento asociados a ellos en todo el mundo.
"Los SIPAM y los panoramas asociados que se han creado, mantenido y pasado a través de las generaciones de campesinos, pastores, pobladores de los bosques y pescadores -explica Parviz Koohafkan, Jefe del Servicio de Gestión de las Tierras y de la Nutrición de las Plantas, de la FAO, a cargo de la ejecución del proyecto-. Varían de los sistemas tradicionales ganaderos de altura que se practica en los Himalaya, y los agroecosistemas montañosos de las Filipinas, al cultivo alternado que se lleva a cabo en América del Sur y los sistemas mixtos de producción de arroz y piscicultura del sudeste asiático.
La FAO dice que los SIPAM a menudo existen en zonas densamente pobladas o en lugares donde la población ha producido prácticas complejas y novedosas de explotación agraria y gestión, merced al aislamiento geográfico, la fragilidad de los ecosistemas, la marginación, la limitación de los recursos naturales o las condiciones climáticas extremas. En la mayor parte de los casos su gestión está en manos de campesinos con escasos recursos, cuyo acceso al capital, la tecnología y los servicios del gobierno es limitado.
Reducir al mínimo los riesgos, obtener las ganancias máximas. Una de las características más destacadas de los cultivos realizados con SIPAM es su gran biodiversidad, que refleja las estrategias campesinas de reducir al mínimo los riesgos mediante la siembra de muchas especies y variedades de cultivos, a fin de estabilizar los rendimientos a largo plazo, promover la diversidad alimentaria y obtener las ganancias máximas con pocos insumos. Los sistemas en los que hay biodiversidad suelen tener plantas que enriquecen los suelos, insectos depredadores, polinizadores, bacterias que fijan el nitrógeno y otras que lo descomponen, así como una variedad de organismos que desempeñan diversas funciones ecológicas benéficas. Otros sistemas diversifican a través de un óptimo uso de diferentes elementos del paisaje (como las pendientes y los valles), o mediante la integración de los cultivos y el ganado.
Los sistemas agrícolas indígenas tienden a combinar varias actividades productivas que forman parte de un plan familiar de gestión de los recursos. Los estudios de estos sistemas han determinado una serie de factores que están en la base de sus sostenibilidad. Entre ellos: la pequeña dimensión de la granja con producción continua para satisfacer la demanda de subsistencia y la del mercado, producción diversificada a partir de mezclas de cultivos, árboles y animales con variabilidad genética, aprovechamiento máximo de los recursos locales y poca dependencia de los insumos procedentes de fuera. El rendimiento neto de la energía es elevado porque los insumos de energía son relativamente escasos, la mano de obra es complementaria y se obtiene en gran parte de la familia o la comunidad, y los nutrientes y otros materiales se reciclan con regularidad. Por último, dice la FAO, los SIPAM "aprovechan los procesos ecológicos naturales en lugar de oponerse a ellos".
Sitios de experimentación. Iniciado en agosto de 2002, el proyecto se propone hacer frente a esos problemas estableciendo los criterios iniciales de definición de los SIPAM y elaborando estrategias para su conservación y fomento. Un importante objetivo de base será ayudar a invertir la pérdida o degradación de las características esenciales y atributros de los SIPAM, en especial su biodiversidad, sin obstaculizar la dinámica innovación que los ha mantenido durante siglos.
Para entender mejor la evolución y el desarrollo de los sistemas de patrimonio agrícola, la FAO está pidiendo ahora la nominación de 10 sitios de experimentación que representen una amplia variedad de SIPAM. "La selección de los sitios se hará a partir de criterios biofísicos, socioculturales y económicos, tomando en cuenta su importancia mundial, nacional y local -explica Boerma-. En cada sitio experimental el proyecto se concentrará en los vínculos entre estos elementos". En colaboración con los encargados de elaborar las políticas, los científicos y otros participantes, fortalecerá la capacidad de los agricultores de conservar y gestionar en forma sostenible sus sistemas, y difundir sus conocimientos sobre la conservación in situ de la biodiversidad agrícola. También ayudará a las comunidades y a los gobiernos a desarrollar un medio jurídico y normativo de apoyo.
"Promover el conocimiento de los SIPAM puede bastar para ayudar a que sobrevivan algunos de ellos -concluye David Boerma-. Otros pueden necesitar un apoyo más específico, por ejemplo, crear mercados especializados para determinados productos, o crear mecanismos que reconozcan a las comunidades por los servicios ambientales que prestan y la calidad de vida que proporcionan sus sistemas de utilización de las tierras. Pero cualquiera que sea la estrategia, los SIPAM representan una riqueza de conocimientos acumulados y experiencia de gestión y utilización de los recursos, que necesita conservarse y a la que es necesario dejar evolucionar".
Publicado en noviembre de 2002