Para algunos de los principales participantes del sector ganadero, en acelerado proceso de globalización, 2004 fue un año que sería mejor olvidar. La prohibición de exportar carne de bovino de América del Norte debido a la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) causó una brusca disminución del 6 por ciento en el comercio mundial de este tipo de carne, mientras que la gripe aviar que se produjo en Asia disminuyó el crecimiento de la producción avícola mundial, que llegó a su tasa más baja, y causó una caída inédita del 50 por ciento en las exportaciones de carne de pollo de Tailandia. El resultado fue la primera disminución, desde mediados del decenio de 1980, del volumen de la carne comercializada en los mercados internacionales, que ha causado grandes trastornos en las cadenas de comercialización de alimentos nacionales e internacionales.
Para los analistas de políticas pecuarias de la FAO, el estancamiento de 2004 muestra los riesgos de la globalización del ganado. En un documento que se presentará este mes ante el Comité de Agricultura de la FAO, se señala que aun cuando la globalización puede incrementar los ingresos, crear empleo y mejorar la nutrición, también "globaliza" las posibles amenazas para los medios de subsistencia, la salud humana y el medio ambiente.
Para contrarrestar estos efectos, el documento propone un marco para ayudar a los países miembros de la FAO a afrontar las consecuencias imprevistas de la globalización. "Es probable que las exigencias y la complejidad aumenten, no que disminuyan," advierte el documento, y hace un llamado a un mayor diálogo entre la comunidad internacional y los gobiernos nacionales, así como entre los sectores público y privado.
Acceso a los mercados. La FAO elaboró el marco propuesto en respuesta a la petición de países miembros de que se evaluaran los efectos del comercio pecuario en la seguridad alimentaria, y de reforzar la capacidad de acceso al mercado de los pequeños productores pecuarios del mundo en desarrollo, cuyo número se estima en unos 600 millones de personas. El documento revela que desde principios de los años ochenta, en los países en desarrollo el volumen de la producción pecuaria, tanto para el consumo interno como para las exportaciones, ha aumentado 230 por ciento, y la producción de leche 200 por ciento. La FAO prevé que hacia 2030 el mundo en desarrollo consumirá casi dos terceras partes de la producción mundial de leche y de carne, mientras que hace 25 años consumía apenas una tercera parte.
A medida que sube la demanda, el volumen de ganado y productos pecuarios que ingresan en el comercio internacional ha aumentado del 4 por ciento a principios de 1980 a alrededor del 13 por ciento del consumo total. En cuanto al valor de la producción pecuaria, varios países en desarrollo (particularmente Brasil, China y Tailandia) figuran entre los 20 mayores exportadores e importadores.
Sin embargo, las toneladas de aves de corral o de envíos de carne de cerdo no son sino un aspecto de la globalización, que además supone enormes inversiones de capital, circulación de información y tecnología, una acelerada transformación de los gustos alimentarios y "convergencia alimentaria", así como la adopción de normas internacionales cada vez más estrictas, orientadas a una mayor integración de los mercados y a la concentración de la propiedad agraria. El documento afirma que en los países, un aspecto fundamental de la globalización, a menudo descuidado, es la inversión a gran escala de la industria alimentaria y los minoristas nacionales e internacionales. Por ejemplo, en los últimos 10 a 15 años, los supermercados se han expandido hasta representar más del comercio minorista de alimentos en Argentina, Chile, México, las Filipinas y Sudáfrica.
Efectos de las normas. Debido a que los importadores, los grandes minoristas y los consumidores de la clase media prefieren no correr riesgos, el mercado internacional y los grandes mercados internos tienden a imponer una estricta reglamentación en materia de sanidad animal e inocuidad de los alimentos. Para cumplir las normas y códigos internacionales, los países exportadores pueden verse en la necesidad de establecer zonas libres de enfermedades, controlar los desplazamientos del ganado y garantizar la bioseguridad durante la producción y la elaboración. Los minoristas pueden imponer otros requisitos técnicos, por ejemplo respecto a los cortes de la carne o al contenido de grasas de la leche. El marco propone que los gobiernos tomen en cuenta la aplicación de medidas para reducir los costos, por ejemplo armonizar los procesos de certificación, y que estudien otras tecnologías con el objetivo de cumplir las normas, mismas que pueden formularse de manera que permitan evolucionar por separado al mercado de exportación y el nacional.
Los productores que se incorporan en las cadenas integradas de comercialización (por ejemplo, dedicándose a producir por contrato) por lo general disfrutan de mayores niveles de asistencia y reciben precios superiores. Sin embargo, afrontan mayores riesgos en caso de incumplimiento de los contratos o del minorista. "Normalmente, los mercados globalizados, con mayores requisitos de inocuidad y calidad, presentan un mayor riesgo, dado que la totalidad del mercado puede cerrar a raíz del brote de una enfermedad o el descubrimiento de un problema de calidad", señala el documento. Para evaluar dichos riesgos, los gobiernos deben conocer la totalidad de la cadena de comercialización y sus relaciones institucionales, así como las disposiciones de los contratos y su aplicación, los servicios, los costos y las sanciones. Asimismo, deben examinar los factores que crean o reducen los riesgos en los distintos puntos de la cadena, como la legislación laboral nacional y los sistemas de seguros.
Externalidades negativas. Los productores excluidos del mercado globalizado también pueden ser vulnerables a lo que el documento llama "externalidades negativas". Por ejemplo, los pequeños proveedores de los mercados interiores pueden afrontar una fuerte competencia de excedentes del mercado de exportación o de importaciones baratas. Si un brote de alguna enfermedad animal transfronteriza obliga a cerrar el mercado internacional, el mercado interior se puede ver invadido de productos sin vender.
Otra preocupación de los países en desarrollo son las "externalidades ambientales", principalmente la contaminación del suelo y del agua causada por los desperdicios de las explotaciones pecuarias comerciales. Urge debatir este problema con fines normativos y planificar intervenciones como el traslado de las grandes explotaciones lejos de las ciudades y de las grandes fuentes de suministro de agua.
El documento recomienda que el Comité de Agricultura apoye una serie de iniciativas de seguimiento, para hacer un inventario de los instrumentos de apoyo y de estudios de caso, y que ayude a los países en desarrollo a planificar y aplicar estrategias para atenuar los efectos negativos de la globalización.
Lea el documento completo del COAG: La globalización del sector ganadero: repercusiones de la evolución de los mercados Ver también nuestros artículos de Enfoques: Asegurar la cadena alimentaria y Buenas prácticas agrícolas y ADRS Consulte la documentación completa del COAG Publicado en abril de 2005