Gran parte de la población rural de Etiopía vive en condiciones de inseguridad alimentaria crónica. La sequía recurrente, la degradación de los recursos naturales y el acelerado crecimiento de la población son de las principales causas de la disminución de la producción de alimentos per cápita. Se estima que el consumo diario de energía es entre 16% y 20% inferior al mínimo aceptable, con gran difusión de enfermedades debidas a la falta de vitamina A, hierro y yodo. En los últimos 30 años la precaria seguridad alimentaria de Etiopía ha derivado en hambrunas.
Ahora las buenas noticias. En dos de las zonas rurales más desfavorecidas del país, el norte de Shoa y el sur de Tigray, un proyecto de la FAO que concluyó recientemente mejoró en forma susceptible de medirse la salud y el estado nutricional de unas 26 000 personas. Este proyecto, iniciado en 2001 con apoyo del Fondo Belga para la Supervivencia, tenía como ambicioso objetivo resolver los problemas de nutrición y seguridad alimentaria de los hogares de unas 40 comunidades, a través de intervenciones en agricultura, salud, educación, agua y sanidad. Se dio prioridad a los hogares encabezados por mujeres, que representaban el 80% de los casos de malnutrición y constituían en torno al 30% de la población en las zonas del proyecto.
Planes de acción de la comunidad. "No llegamos con soluciones prefabricadas -explica Karel Callens, oficial de nutrición de la Dirección de Nutrición y Protección del Consumidor-. El proyecto se trataba, a fin de cuentas, de las personas y su capacidad de comprar y utilizar los alimentos que necesitan, y no de tecnología e insumos. Así que casi todas nuestras intervenciones respondían a los planes de acción de la comunidad y a microproyectos que grupos de beneficiarios prepararon para sí mismos, con la asistencia técnica de los servicios del gobierno y las ONG."
Para julio de 2005, se habían ejecutado más de 100 microproyectos en los que se atendió a 3 600 hogares. Entre los proyectos que dieron mejores resultados estuvieron los de producción intensiva de fruta y hortalizas, novedad en comunidades donde menos del 6% de los hogares cultivaba hortalizas, y prácticamente no había huertos. "La producción de cultivos comerciales, como el ajo y las especies, resultó una actividad lucrativa para los campesinos, en especial para los hogares sin tierras y para los pequeños propietarios que tienen bueyes", informó el personal del proyecto. Al darse cuenta de que se podían obtener ingresos con la producción hortícola, grupos del norte de Shoa presentaron microproyectos para obtener financiación para proyectos de suministro de semillas, aperos y capacitación de 800 hogares, creación de 10 huertos escolares y apoyo para "clubes de nutrición" en beneficio de más de 4 600 estudiantes.
Para promover la conservación de los recursos naturales también se aprobaron proyectos para plantar árboles que proporcionan leña en los pastizales comunales degradados, con lo cual se prevé crear medios de subsistencia para 100 familias sin tierras. La introducción de estufas que ahorran energía se calificó de "éxito sin precedentes", sobre todo en el norte de Shoa, donde se benefició a más de 300 familias. Están en trámite más estufas para otros 500 hogares, y el uso de las mismas está difundiéndose más allá de la zona del proyecto.
Otro objetivo importante fue promover la salud y evitar enfermedades mejorando la alimentación, mediante acceso a agua potable y sanidad. Un estudio básico de casi 1 800 niños de entre 6 meses y 5 años de edad, había descubierto elevadas tasas de subnutrición en las comunidades atendidas: el 47% de los niños presentaba retraso del crecimiento, el 11% tenía emaciación y el 43% presentaba un peso inferior al normal. En el debate con el personal de salud de la comunidad, el personal del proyecto descubrió una gran falta de materiales formativos. Por ejemplo, menos del 16% de las madres en el norte de Shoa tenía acceso a información sobre la lactancia, la importancia de la vitamina A y el cuidado y nutrición de los niños enfermos.
Para resolver esta situación el proyecto preparó hojas informativas sobre nutrición y mensajes promocionales, y facilitó la impresión y distribución a las oficinas de salud de directrices para nutrición de emergencia y malnutrición aguda. A través del programa de salud realizado a mediados de 2004 en el norte de Shoa, un 85% de los niños de entre 6 y 59 meses de edad recibió elevadas dosis de vitamina A complementaria, y se pesó al 10% de los niños menores de 3 años (se descubrió que casi el 10% de los niños tenían una masa corporal inferior por lo menos un 60% que los niveles recomendados). El proyecto también dio capacitación y equipo a las parteras tradicionales en todas las aldeas atendidas.
El proyecto informó de una elevada demanda de apoyo para higiene y sanidad. En un distrito, más de 600 familias recibieron capacitación para construir letrinas. Desde entonces, el uso de las letrinas ha pasado prácticamente de cero a casi el 5% de los hogares. En este tiempo concluyeron planes para dotar de agua potable e irrigación de los huertos domésticos a unos 155 hogares, y puntos de recogida de agua para 520 hogares, más de una cuarta parte de éstos encabezados por mujeres.
El proyecto, en colaboración con los centros rurales de capacitación para oficios, ayudó a promover oportunidades de empleo no agrícola. Se aportaron fondos para mejorar las instalaciones de capacitación en herrería, costura, sastrería y tejido, y unas 100 personas tomaron cursos para producir fibras y vestido. Como las comunidades tienen poco o ningún acceso a servicios de microfinanciación, el proyecto también utilizó los centros de capacitación para canalizar fondos de inversión. En el sur de Tigray el proyecto hizo una donación de 11 800 dólares EE.UU. para formar grupos de ahorros y de crédito, y capacitar en gestión del crédito.
En un distrito del sur de Tigray, una evaluación de la FAO constató que el proyecto había producido repercusiones susceptibles de medirse en la salud, la nutrición y la seguridad alimentaria de los hogares. Los datos clínicos de salud revelan una importante disminución de los casos de diarrea entre los niños, y una evaluación del Programa Mundial de Alimentos sobre nutrición reveló que entre 8 000 niños menores de 5 años disminuyó la malnutrición aguda del 13,4% en 2003 al 9,5% en 2005. "Esto puede reflejar los resultados positivos del proyecto en materia de agua, higiene y sanidad, e información sobre nutrición", señala la evaluación. También se considera que la información de salud canalizada a través de las parteras tradicionales haya contribuido a reducir la frecuencia de la malnutrición aguda.
Karel Callens afirma: "La diferencia de este proyecto respecto a tantos otros es que dio prioridad a las personas: escuchamos y aprendimos, y después trabajamos juntos para ayudarlos a encontrar soluciones a sus problemas". La FAO ahora ha preparado para recibir donaciones un programa comunitario de cuatro años de duración, que ampliará los métodos y los conocimientos creados por el proyecto a unas 250 000 personas del norte de Shoa y el sur de Tigray.
Más sobre los programas de la FAO sobre seguridad alimentaria del hogar y nutrición de la comunidad Consulte también el Programa Especial de la FAO para la Seguridad Alimentaria Publicado en febrero de 2006