En los países en desarrollo y las economías en transición los sistemas alimentarios y agrícolas están atravesando profundos cambios. Además del aumento de los ingresos per cápita, los adelantos tecnológicos, la liberalización del comercio y la urbanización, se está ampliando la función del sector privado, la pequeña agricultura se hace cada vez más comercial, y la agroempresa y la agroindustria participan cada vez más en el desarrollo socioeconómico. Los minoristas y los fabricantes de alimentos utilizan cada vez más canales de compras y mayoristas especializados, a la vez que proliferan nuevas normas de calidad e inocuidad de los alimentos. Los alimentos se están canalizando hacia los puntos de venta del sector formal, como los supermercados, en vez de producirse para la venta en los mercados locales
Un informe de la FAO al Comité de Agricultura (COAG) dice: "Los cambios en los sistemas agroalimentarios tienen repercusiones importantes en el crecimiento, la pobreza y la seguridad alimentaria". En el aspecto positivo, la agroempresa está respondiendo a una vigorosa demanda de los consumidores de productos de elevado valor, productos elaborados y alimentos preparados. Al mismo tiempo, la expansión de los mercados ofrece a los agricultores nuevas oportunidades de añadir valor a sus productos, a diferencia de la producción primaria, a la vez que los exportadores y la agroindustria suministran insumos y servicios decisivos al sector agrícola.
Pero, explica la FAO, los beneficios no son automáticos ni su distribución será homogénea. Corren riesgo en particular los pequeños agricultores, que afrontan normas agroindustriales cada vez más estrictas y contratos, así como los pequeños comerciantes, la pequeña industria, los mercados mayoristas y los minoristas, que compiten con los grandes proveedores y fabricantes de alimentos. Por lo tanto, es necesario que los gobiernos creen condiciones favorables para una inversión agroempresarial que también mejore los medios de subsistencia de las comunidades rurales y urbanas que podrían quedar en desventaja.
A pesar de las reformas normativas, el entorno empresarial en muchos países en desarrollo sigue estando lejos de ser propicio para la agroempresa y la agroindustria. En muchos países sigue habiendo complicados reglamentos empresariales, los derechos de propiedad carecen de una protección eficaz, los servicios y la infraestructura comercial son inadecuados, así como los sistemas de información.
Es un gran desafío lograr un equilibrio entre el desarrollo de la agroindustria y los objetivos relacionados con la pobreza y la seguridad alimentaria: "Un rápido desarrollo de la industria podría desplazar a los pequeños productores, procesadores, vendedores y comerciantes que dependen de los canales de distribución y comercialización tradicionales, a un ritmo que no les permita disponer del tiempo suficiente para generar oportunidades alternativas". Es necesario intervenir para ampliar las actividades económicas rurales no agrícolas y compensar a los que quedan desplazados de la agricultura extendiendo la comercialización y la industrialización. También es necesario que los gobiernos revisen el mandato institucional -en particular el de los ministerios de agricultura- para influir, reglamentar y dar apoyo a la inversión privada en la agroempresa y la agroindustria.
Muchos gobiernos han puesto en marcha programas de apoyo a la creación de agroindustrias y cadenas de valor específicas fortaleciendo los nexos empresariales, reduciendo los costos de transacción y mejorando la información del mercado. En China, por ejemplo, la FAO ayuda al Ministerio de Agricultura a promover la producción de sorgo dulce y transferir su uso a la producción pecuaria y la agroindustria. La FAO señala diversas estrategias e intervenciones para garantizar que los beneficios lleguen a los pequeños agricultores y a las pequeñas agroempresas. Por ejemplo: la alianza entre los sectores público y privado en investigación y difusión de resultados de investigación puede contribuir a mejorar las tecnologías disponibles para los pequeños productores y procesadores, mientras que la creación de capacidad puede ayudar a los agricultores a satisfacer las nuevas exigencias de calidad e inocuidad.
Uno de los principales desafíos que afronta el sector público para el desarrollo agroempresarial es la proliferación de normas y requisitos de calidad creados por las organizaciones agroempresariales e industriales. Otra iniciativa más reciente son los programas de certificación de los organismos no gubernamentales internacionales que promueven el comercio equitativo, los alimentos orgánicos y la agricultura sostenible.
Sin embargo, las normas de la industria también ponen en desventaja a los pequeños productores y la pequeña agroindustria, porque estos proveedores normalmente no pueden producir grandes volúmenes de productos homogéneos de elevado valor. Aun en los casos en que pueden hacerlo, las agroempresas a menudo consideran una carga extender los sistemas de rastreabilidad y certificación a los pequeños productores. Los gobiernos pueden intervenir para optimizar las repercusiones y dar mayor equilibrio a las normas y requisitos para la industria, por ejemplo, invirtiendo en infraestructura para probar la calidad, fortaleciendo los organismos que velan por la inocuidad de los alimentos, y creando alianzas entre los sectores público y privado para fortalecer la participación de los pequeños productores.
"Perspectiva coherente". Es previsible que continúen la tendencia hacia una concentración cada vez mayor, la coordinación vertical, y la contratación en la agricultura en todo el mundo, señala el informe de la FAO. Tarde o temprano los gobiernos tendrán que reorganizar sus políticas, instituciones y servicios agrícolas, para promover el desarrollo de la agroempresa y la agroindustria. Pero pocos gobiernos tienen una perspectiva coherente del sector, y afrontar los complejos desafíos que representa el desarrollo de la agroindustria y la agroempresa excede la capacidad de casi todos los organismos del sector público.
Para dar apoyo a la agroindustria y las cadenas de valor sería posible vincular a los pequeños agricultores con los agricultores comerciales, los exportadores o agroempresas a través de relaciones de largo plazo, iniciativas que incrementan la capacidad de los pequeños agricultores y las pequeñas agroempresas para participar en las cadenas de productos de elevado valor, así como mecanismos innovadores para vincular la financiación pública con recursos del sector privado.
El informe señala que la FAO puede ayudar a los países en desarrollo a responder a estos desafíos. Propone fortalecer la competencia técnica y la capacidad de la FAO en este sector, intervenir en apoyo a los programas para la agroindustria y la cadena de valor, realizar actividades conjuntas con la ONUDI y otros organismos de las Naciones Unidas, así como organizar un foro mundial sobre la agroindustria para examinar las cuestiones planteadas, aclarar estrategias y crear alianzas.
Lea el informe completo Comité de Agricultura de la FAO: Desafíos relativos al fomento de los agronegocios y la agroindustria (PDF, 139K) Consulte también en Enfoques: La agricultura y el medio ambiente, Conciliar la ganadería con el medio ambiente and Afrontar la escasez del agua Consulte la lista completa de los documentos del COAG Publicado en abril de 2007