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Enfoques / 1999

La comercialización de alimentos en las ciudades

El suministro de suficientes alimentos a las ciudades requiere la integración coordinada de los administradores, los productores de alimentos, los transportistas, los operadores del mercado y los numerosos vendedores minoristas
La población urbana aumenta anualmente alrededor de 60 millones de personas. En el año 2000 habrá unas 200 ciudades con una población superior al millón de habitantes, y 21 "megaciudades" con más de 10 millones de pobladores. Mientras que muchas ciudades de Asia y Africa probablemente dupliquen su población en una década, la mayoría de los habitantes de América Latina ya viven en zonas urbanas. El número de consumidores urbanos de bajos ingresos también va en aumento.

En el próximo "siglo de las ciudades" será un reto muy difícil proporcionar cantidades adecuadas de alimentos nutritivos y al alcance de la población urbana, en especial para los pobres. Una forma muy acertada de ocuparse de la seguridad alimentaria de estos sectores consiste en hacer más eficientes todas las actividades de suministro y distribución de alimentos en las ciudades: acopio, embalaje, almacenamiento, transporte, procesamiento, ventas al por mayor y al por menor y ventas ambulantes.

Cambios de la economía alimentaria. Con todo, la FAO considera que los alcaldes, los administradores de las ciudades y los planificadores urbanos se preocupan más por la vivienda, el transporte, la infraestructura y los espacios sociales, sin dar suficiente importancia a los sistemas de comercialización de los alimentos. En consecuencia, a menudo las reglamentaciones municipales no están al día de los cambios de la economía alimentaria y las prácticas comerciales, y entonces el acceso a los alimentos resulta más costoso de lo necesario.

La Dirección de Sistemas de Apoyo Agrícola (AGS) de la FAO ha investigado ampliamente las limitaciones de la comercialización de alimentos en las ciudades. Primero, en muchos países latinoamericanos y asiáticos la creación y expansión de mercados mayoristas ha quedado a la zaga del crecimiento de las poblaciones urbanas y del movimiento de los alimentos. Los mercados de São Paulo, Bogotá, Caracas y la Ciudad de México, entre otros, son claramente insuficientes para las necesidades de su población actual.

Con frecuencia no bastan los mercados y servicios existentes. La capacidad de almacenamiento en frío suele ser de alto costo. Muchas de las bodegas construidas por los administradores de los mercados no son adecuadas por su concepción errónea o no funcionan por falta de mantenimiento. En las cercanías de La Habana, Cuba, por falta de una planificación correcta en la construcción de las instalaciones hay varios miles de metros cúbicos de espacio de almacenamiento en frío sin utilizar.

"Suele considerarse a los mercados urbanos como fuente de ingresos para las arcas de la ciudad -explica AGS-, pero esos fondos a menudo no se reinvierten en el mantenimiento de la infraestructura y en mejorar los servicios. Entonces los comerciantes sienten que sus impuestos no se justifican y llegan incluso a sublevarse"

"Mercados espontáneos".  AGS también señala que mientras los consumidores de ingresos medios y altos compran en los supermercados, los consumidores de bajos ingresos, que gastan casi el 80 por ciento de sus ingresos en alimentos, acuden a tiendas locales, a mercados públicos próximos a sus hogares o compran con vendedores ambulantes. Sin embargo, los mercados minoristas no se han multiplicado con suficiente rapidez en las zonas recientemente urbanizadas, y los ya existentes no han podido alojar al número cada vez mayor de pequeños vendedores.

La falta de espacio y las nuevas oportunidades de venta en los distritos periféricos producen, por lo tanto, el surgimiento de mercados espontáneos que desempeñan un papel importante en la cadena de distribución, pero como no han sido previstos debidamente, a menudo producen problemas de tráfico, de higiene y ambientales. En Lima, Perú, por ejemplo, el 80 por ciento de los mercados ha aparecido espontáneamente, a menudo cerca de las barriadas pobres donde hay pocos servicios públicos.

  

Retratos del hambre

Los consumidores urbanos más vulnerables a la inseguridad alimentaria viven en los barrios periféricos, en asentamientos temporales o precarios que no disponen de infraestructura y servicios. Ellos son:
  • la gente que vive en zonas recientemente urbanizadas, usualmente los pobres rurales;
  • madres solteras y desempleados;
  • servidores públicos cuyos salarios se pagan con atraso;
  • los que viven de las actividades en pequeña escala, a menudo en la economía no estructurada;
  • los inválidos, los enfermos y los ancianos, que carecen de apoyo familiar.
  • La venta minorista informal y la que se realiza en la vía pública son un importante suministro de alimentos baratos para los consumidores urbanos de bajos ingresos. Las actividades informales también generan empleo e ingresos para los pobres, particularmente las mujeres. Sin embargo, por su condición ilegal, los comerciantes de este sector a menudo son acosados por la policía municipal. Quienes carecen de acceso a los mercados y sus servicios por no poder pagar los derechos o tasas correspondientes, terminan vendiendo en las calles. Por último, los mercados construidos fuera de los centros urbanos no siempre ofrecen una opción viable. Los comerciantes a menudo no pueden pagar las tarifas requeridas ni los costos adicionales de transporte, y temen perder a sus clientes.

    Una visión estratégica. A través de su programa "Abastecimiento y Distribución de Alimentos en las Ciudades", la AGS se propone asesorar a los administradores de las ciudades para mejorar la seguridad alimentaria y la comercialización de alimentos en ellas.

    Para comenzar, afirma la AGS, hace falta concebir adecuadamente el sistema de comercialización de alimentos: "Las autoridades de las ciudades necesitan una visión estratégica de la evolución urbana conveniente en el mediano plazo (4-6 años) y a largo plazo (10-15 años), con respecto al desarrollo espacial, demográfico y económico, así como a las necesidades alimentarias". Esto significa adoptar políticas y planes de acción encaminados a reducir los costos de comercialización y de acceso a los alimentos, promover la creación de empleo productivo en el comercio de alimentos, y fomentar la agricultura urbana y periurbana.

    Con el propósito de reducir los costos, deberían establecer, en las zonas urbanas de bajos ingresos, formas de distribución de alimentos de bajo costo, tales como ferias libres, cadenas voluntarias, mercados ambulantes y cooperativas, y apoyar estos sistemas a través de cambios legislativos y normativos, y ofrecer incentivos. Para facilitar el acceso físico a los mercados puede ser necesario analizar las necesidades de alimentos a mediano y largo plazo respecto a las zonas de abastecimiento, con el propósito de determinar las inversiones necesarias en carreteras e infraestructura de transporte, y planificar el movimiento del tránsito en las áreas urbanas.

    Otras medidas recomendadas comprenden fomentar un diálogo constructivo con los operadores comerciales privados y que participen en las decisiones de planificación y gestión, realizar programas de información y capacitación para mejorar las aptitudes de los tenderos, los comerciantes, los transportistas y los gerentes de los mercados, y establecer intercambios de asistencia y cooperación técnica con autoridades municipales de países desarrollados (Norte-Sur) y en desarrollo (Sur-Sur).

    "Esa acción concertada mejorará el acceso de los consumidores locales a los alimentos, afirma la AGS. Las ciudades serán menos vulnerables, más sostenibles y justas y, por lo tanto, mejores lugares en donde vivir."

    • Lea también: Cuestiones de la agricultura urbana
    • Consulte las páginas del programa Abastecimiento y distribución de alimentos en las ciudades

    Publicado en junio de 1999
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