Morton Satin, de la Dirección de Sistemas de Apoyo a la Agricultura del Departamento de Agricultura de la FAO, de Roma, fue enviado enseguida a Jamaica con una posible solución para la crisis de la yuca: introducir un pan "sin trigo" o compuesto, elaborado con una harina de productos locales en lugar de trigo. Pero esta idea al principio no convencía a los funcionarios de Jamaica. Señalaron que la yuca era considerablemente más costosa que el trigo importado que estaban muy subsidiado. Es más, el pan común de trigo gozaba de tal aceptación en Jamaica que cualquier opción se toparía con una gran resistencia de los consumidores.
Información local. Mientras tomaba su desayuno en el hotel de Kingston a la mañana siguiente, Satin, un poco desanimado, hojeaba un diario local y se encontró una noticia breve: un grupo de mujeres de la aldea de Brown's Hall estaba luchando por sobrevivir con la venta de un pan llamado bammy. "Le pregunté a la mesera de qué se trataba y me explicó que el bammy era un pan local hecho de yuca que antes consumía la gente. Había sido un producto muy popular para acompañar diversos platillos, inclusive al pescado, pero casi ya no se encontraba".
Robert Salmon aseguraba que si fuera fácil adquirir los bammies, la gente no dudaría en comprarlos, no obstante la inundación de pan de trigo del mercado. "Nada -aseguró- va mejor con el pescado que un bammy".
Al llegar por fin a Brown's Hall, Satin se encontró con el grupo de mujeres y tomó abundantes notas sobre el proceso de producción de los bammies. Los jóvenes se encargaban de pelar y lavar las raíces antes de pasárselas a un anciano que las metía en un ruidoso rallador. Se extraía de la pulpa el líquido con una simple prensa hidráulica y luego tres mujeres cernían la harina en una coladera de alambre. Una vez cernida, la yuca se disponía en los aros de metal sobre una gruesa plancha de hierro colocada encima de un enorme quemador de gas. Los bammies cocidos se dejaban enfriar y se empacaban en pequeñas bolsas de plástico.
"Era una operación bastante simple -explica Satin-, pero la falta de higiene, el mal estado del equipo, la receta básica y la mala calidad del envase contribuían a una conservación relativamente breve, de cuatro a cinco días, del producto terminado. Considerando la necesidad de vender y distribuir el producto, esta escasa conservación era una verdadera limitación para el éxito de esta actividad.
Las mujeres confirmaron que la venta estaba disminuyendo y que pronto se dejarían de producir los bammies en Jamaica, lo que era malo para las mujeres de Brown's Hall y para los productores de yuca que seguían abasteciéndolas.
El proyecto Bammy. Con renovado entusiasmo, Satin volvió a Kingston y recomendó un proyecto para mejorar el bammy hasta convertirlo en un producto moderno, conveniente y comercial. Se aceptó la idea y Lorna Gooden, de la Autoridad de Desarrollo Agrícola y Rural de Jamaica (RADA) instaló un servicio de capacitación con equipo proporcionado por la FAO, que comprendía un rallador resistente, una robusta prensa hidráulica y moldes de tamaño estándar. Todo el equipo se había fabricado localmente y se probaba y mejoraba constantemente.
Los años siguientes a la conclusión del proyecto, Satin se enteró de que la producción de bammies crecía constantemente y de que el volumen de producción de yuca también estaba aumentando. Pero ni estas alentadoras noticias lo prepararon para lo que descubrió en un viaje reciente a Jamaica: "Para mi sorpresa, encontré bammies en todos los supermercados, todos normalizados, bien empacados y con etiquetas con el nombre de las cooperativas que los producían. Apenas si podía creerlo". Lorna Gooden, de la RADA, le dijo además otra cosa. El bammy ahora se envasaba, se congelaba y se exportaba a Europa y América del Norte. En efecto, a veces había que importar yuca en Jamaica para satisfacer la dinámica demanda de los productores de bammies. El bammy de Jamaica ha sido un auténtico éxito.
Para el desayuno en su hotel de Kingston a la mañana siguiente, Morton Satin vio los bammies calientes y humeantes colocados junto al pescado preparado a la usanza local y, aunque también había huevos con tocino y pan tostado de trigo, los demás comensales volvían a sus mesas con platos llenos de bammies. "Y es cierto -asegura Morton Satin- ¡Nada va mejor con el pescado que los bammies!"
Publicado en novembre de 1999