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Enfoques / 1998

La conservación de las tierras en América Latina

Más de tres millones de kilómetros cuadrados de tierras agrícolas están degradadas, y vastas superficies de tierras áridas corren peligro de desertificarse
  
Destrucción de los bosques en Honduras

Este artículo se basa en New framework for conservation-effective land management and desertification control (FAO, 1998), que presenta las directrices de la FAO para la preparación y puesta en marcha de los Programas Nacionales de Acción (PAN) encaminados a la utilización sostenible de las tierras en América Latina y el Caribe.

En comparación con otras regiones del mundo más densamente pobladas -sobre todo Asia-, América Latina y el Caribe mantienen un considerable potencial de desarrollo agrícola. Una proporción mucho mayor de tierras, que incluyen zonas con potencial agrícola, siguen siendo bosques, y casi todos los países cuentan con un suministro satisfactorio de agua dulce, de más de cinco mil metros cúbicos por persona al año (en la cuenca del Amazonas, una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo, la cifra rebasa los 300 mil metros cúbicos).

Pero un nuevo informe de la Dirección de Fomento de Tierras y Aguas del Departamento de Agricultura de la FAO advierte que las presiones demográficas, junto con el incremento de la demanda de alimentos, combustibles y materiales para construcción, están ejerciendo presiones cada vez más fuertes en los recursos naturales de la región. El informe calcula que la erosión y acidificación de los suelos, la pérdida de materia orgánica, la compactación de los suelos, la pérdida de elementos nutritivos y la salinización han reducido la productividad de más de tres millones de kilómetros cuadrados de tierras agrícolas, mientras que casi 800 mil kilómetros cuadrados de tierras áridas corren peligro de desertificarse por un exceso de pastoreo y de explotación de la vegetación para uso doméstico, por deforestación y por utilización de métodos inadecuados de riego.

Si bien la superficie global de tierras agrícolas podría cuadruplicarse con creces desde los actuales 1.7 millones de kilómetros cuadrados, la mayor parte de las tierras con potencial agrícola son de calidad marginal y su utilización supondría elevados riesgos sociales, económicos y ambientales. Otras tierras que no se están utilizando para la agricultura están cubiertas de bosques tropicales, cuya conservación es vital para la estabilidad ecológica y la biodiversidad mundiales. Aunque poco más del 4 por ciento de las tierras agrícolas cuentan con riego, las posibilidades de ampliar la zona irrigada son limitadas y la competencia por los recursos hídricos para uso doméstico y para la industria está aumentando.

Medios agrícolas diversos. La Dirección de Fomento de Tierras y Aguas afirma que el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe sólo será posible cuando se superen los problemas de degradación y desertificación de las tierras, y éstas se utilicen y administren de manera social y económicamente aceptable para todos los sectores de la sociedad y no se cause un deterioro del medio ambiente. El informe que elaboró dicha Dirección divide la región en numerosos medios agrícolas diferenciados, con potencial y limitaciones específicos.

Las zonas escarpadas
Los insidiosos procesos de erosión de los suelos en las zonas escarpadas densamente pobladas están reduciendo de manera constante la capacidad de la población local de satisfacer incluso sus necesidades alimentarias de subsistencia. El consumo medio diario de alimentos de esas zonas está por debajo del promedio regional de 2 673 kilocalorías por persona. La erosión del suelo también está obligando a numerosos pequeños campesinos a emigrar a las ciudades o a zonas boscosas de los trópicos de las tierras bajas, que constituyen la frontera agrícola de muchos países andinos. Como en muchos otros medios montañosos del mundo, la erosión de los suelos se está convirtiendo en el problema ambiental más apremiante de esas zonas.

Las tierras áridas
Las zonas áridas constituyen cerca del 15 por ciento de la América latina y están en una gran variedad de paisajes, desde las costas del pacífico y los llanos del Chaco, hasta los pastizales semiáridos de la Pampa. Alrededor de una tercera parte de esas zonas corre riesgo de desertificación. En las zonas áridas hay importantes zonas con riego, que proporcionan más del 50 por ciento de la producción total de alimentos en México y producen una proporción considerable de las exportaciones agrícolas de Chile y Brasil. La productividad de muchas zonas irrigadas corre peligro debido a la mala calidad del agua y a la disminución de las reservas de agua. Se calcula que entre 10 y 15 por ciento de las tierras irrigadas de las zonas áridas están degradadas por salinidad de los suelos o inundación.

Las zonas tropicales húmedas
La conversión de bosques en tierras agrícolas y pastizales es más acelerada en las zonas tropicales húmedas. La creación de tierras de cultivo ha producido pérdida de materia orgánica de los suelos, ha acelerado la erosión e incrementado la carga de sedimentos en los ríos y en lagos. También ha hecho aumentar la pérdida de importantes especies vegetales y animales por destrucción directa y por la transformación de sus hábitat. En la región amazónica en particular, los nuevos pobladores han tenido autorización para obtener madera y cultivar tierras o formar pastizales. No obstante, casi no se han tomado en cuenta el tipo de suelos, vegetación y clima, así como la idoneidad restringida del uso de las tierras. En algunas zonas, especialmente en las que tienen lluvias abundantes, la transformación del ecosistema natural ha producido una aguda degradación de las tierras y la pérdida de su capacidad productiva. Se calcula que más de 800 mil kilómetros cuadrados de selvas del Amazonas se han talado por la combinación de las presiones demográficas, la pobreza y la explotación comercial del ganado, la madera y los minerales.

Las tierras de pastoreo
Las tierras de pastoreo incluyen los pastizales subtropicales y templados del sur del continente, los prados estacionales de las regiones andinas de gran altitud, así como las sabanas y pastizales de la cuenca del Amazonas. El exceso de pastoreo es la principal causa de degradación de las praderas naturales, que produce una rápida disminución de la productividad. En las grandes cuencas hidrográficas esto puede producir daños como la erosión en cárcavas y la contaminación de las reservas hídricas en partes más bajas de las zonas de captación. Gran parte de los suelos de los pastizales cultivados son poco fértiles y la productividad de pastos suele disminuir con el paso del tiempo debido a una mala gestión. En las tierras altas andinas, los riesgos de deterioro se acentúan por la topografía escarpada y por la brevedad del ciclo vegetativo. En estas condiciones, la erosión producida por los vientos y el agua puede dañar gravemente los suelos, producir acumulación de sedimentos en los canales de los ríos y en los estanques, y causar inundaciones, anegamientos y salinización.

Las tierras húmedas
Las tierras húmedas ocupan el 11 por ciento de la región y son más comunes en América Central, el Cono Sur, el norte de Bolivia, el sudeste de Brasil y México. Sus principales limitaciones son la falta de desagües y el gran riesgo de inundarse. Aunque tienen suelos muy diversos en cuanto a textura y acidez, la mayor parte cuentan con una buena proporción de elementos nutritivos y pueden ser muy productivas si se drenan adecuadamente y se protegen de las inundaciones. Antes de llevarse a cabo semejante conversión es necesario ponderar los posibles efectos del desagüe en la hidrología de las tierras circundantes y en el medio ambiente, incluso en la diversidad vegetal y animal.

Las sabanas ácidas
Las sabanas ácidas consisten sobre todo en arbustos bajos y pastos resistentes, tienen una estación seca que dura de cuatro a seis meses y una precipitación pluvial anual de entre 1 200 y dos mil milímetros, y están sobre todo en la vasta región del Cerrado en Brasil, donde ocupan 1.1 millón de kilómetros cuadrados de paisaje ondulado. Sus suelos son buenos físicamente, profundos, tienen buen desagüe y son fáciles de labrar, pero su fertilidad química es muy escasa porque tienen gran acidez, poco contenido de nutrientes y una saturación muy alta de aluminio. Con todo, con una buena gestión -que incluya considerables cantidades de fertilizantes y limos- las sabanas ácidas pueden volverse muy productivas. Sin embargo, la aplicación de fertilizantes y de limo es muy costosa y, por si sola, no basta para sostener los campos. Los suelos son muy susceptibles a la erosión y si las prácticas de aprovechamiento no defienden la cubierta vegetal adecuada y si no proporcionan una conservación efectiva, la erosión rápidamente puede degradar los suelos hasta que queden abandonados.

Las islas pequeñas
En el Caribe, la pequeña proporción de tierras aptas para la agricultura ofrece pocas oportunidades para la producción y conduce a una utilización intensiva de las limitadas zonas disponibles. Debido a la presión demográfica, esas limitaciones se han hecho más graves en casi todas las islas del Caribe, grandes y pequeñas, con la posible excepción de la República Dominicana y Cuba, donde las condiciones agroecológicas se parecen más a las del continente.

  • Consulte las páginas en Web de la Dirección de Fomento de Tierras y Aguas (AGL) del Departamento de Agricultura de la FAO

Publicado en novembre de 1998
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