Ahorrar para crecer

Capítulo 1
El desafío

Para alimentar a una población mundial cada vez más numerosa no hay más opción que intensificar la producción agrícola. Pero los agricultores afrontan limitaciones inéditas. Para crecer, el sector agrícola debe aprender a ahorrar.

La historia de la agricultura puede percibirse como un largo proceso de intensificación1 a medida que la sociedad intentaba satisfacer sus crecientes necesidades de alimentos, pienso y fibra mediante el incremento de la productividad de los cultivos. Durante milenios los agricultores eligieron para su cultivo plantas con un rendimiento más elevado y más resistentes a la sequía y las enfermedades, construyeron bancales para conservar el suelo y canales para distribuir el agua a sus campos, sustituyeron las simples azadas por arados tirados por bueyes y emplearon el estiércol animal como fertilizante y el azufre para combatir las plagas.

La intensificación de la agricultura registrada en el siglo XX constituyó un cambio de paradigma ya que se pasó de los sistemas agrícolas tradicionales, basados principalmente en la gestión de los recursos naturales y los servicios ecosistémicos, a la aplicación de la bioquímica e ingeniería modernas a la producción de cultivos. Siguiendo el mismo modelo que había revolucionado la fabricación, en la agricultura del mundo industrializado se adoptaron la mecanización, la normalización, técnicas de ahorro de mano de obra y el uso de productos químicos para nutrir y proteger los cultivos. Se ha conseguido incrementar notablemente la productividad a través del empleo de equipo y maquinaria agrícolas pesados que funcionan con combustibles fósiles, la labranza intensiva, las variedades de cultivo de alto rendimiento, el riego, los insumos elaborados y el coeficiente de capital elevado, en aumento constante2.

La intensificación de la producción agrícola en el mundo en desarrollo comenzó a despuntar con la Revolución Verde. Desde la década de 1950 y durante la de 1960 se constataron cambios en las variedades de cultivos y las prácticas agrícolas empleados en todo el mundo3. El modelo productivo, centrado inicialmente en la introducción de variedades mejoradas y de mayor rendimiento de trigo, arroz y maíz en zonas de elevado potencial4, 5, promovía la homogeneidad y dependía de ella, entendida como la uniformidad genética de las variedades cultivadas con una gran cantidad de insumos complementarios como el riego, fertilizantes y plaguicidas, que a menudo sustituían el capital natural. El empleo de fertilizante sustituyó la gestión de la calidad del suelo, mientras que los herbicidas constituyeron una alternativa a la rotación de cultivos como medio de luchar contra las malas hierbas6.

Se considera que la Revolución Verde, especialmente en Asia, es la responsable de haber impulsado las economías, reducido la pobreza rural, salvado grandes áreas de tierras frágiles de la conversión a la agricultura extensiva y ayudado a evitar una catástrofe maltusiana en cuanto al crecimiento de la población mundial. Entre 1975 y 2000 la producción de cereales en Asia meridional aumentó más del 50%, mientras que la pobreza descendió un 30%7. En el último medio siglo, desde el inicio de la Revolución Verde, la producción mundial anual de cereales, cereales secundarios, raíces y tubérculos, legumbres y oleaginosas ha crecido de 1 800 millones de toneladas a 4 600 millones de toneladas8. El incremento de la producción de cereales y el descenso de sus precios redujeron notablemente la inseguridad alimentaria en las décadas de 1970 y 1980, cuando el número de personas subnutridas llegó a reducirse a pesar del relativamente rápido crecimiento de la población. La proporción de personas subnutridas con respecto a la población mundial total descendió del 26% al 14% entre 1969-1971 y 2000-20029.

Indicadores de la intensicación de la producción agrícola mundial, 1961-2007
Índice (1961=100)
Indicadores de la intensicación de la producción agrícola mundial, 1961-2007
Consumo de fertilizantes
Producción de cereales
Rendimiento de los cereales
Supercie bajo riego
Supercie cultivada
Producción mundial de los principales cultivos, 1961-2009
(miles de millones de toneladas)
Producción mundial de los principales cultivos, 1961-2009
Países en desarrollo
Países desarrollados
Subnutrición en la población del mundo en desarrollo,
de 1969-1971 a 2010
(%)
Subnutrición en la población del mundo en desarrollo, de 1969-1971 a 2010

Se avecina una tormenta

Hoy en día se reconoce que esas considerables mejoras de la producción y la productividad agrícolas fueron acompañadas a menudo de efectos negativos en la base de recursos naturales de la agricultura, tan serios que representan un peligro para su futuro potencial productivo. En la actualidad se reconoce que tales mejoras considerables de la producción y la productividad agrícolas fueron acompañadas de efectos negativos en la base de recursos naturales de la agricultura, efectos que fueron tan graves que pusieron en peligro su futuro potencial productivo. Entre los efectos negativos externos de la intensificación se incluyen la degradación de la tierra, la salinización de las zonas de regadío, la extracción excesiva de agua subterránea, el incremento de la resistencia a las plagas y la erosión de la biodiversidad. La agricultura también ha perjudicado al medio ambiente en términos más amplios mediante, por ejemplo, la deforestación, la emisión de gases de efecto invernadero y la contaminación por nitrato de las masas de agua10, 11.

Población mundial, 2000-2050 (miles de millones)
Población mundial, 2000-2050
Regiones menos desarrolladas (total)
Regiones menos desarrolladas (urbana)
Regiones más desarrolladas (total)
Regiones más desarrolladas - Urbana
Rendimiento medio mundial de los principales cereales, 1961-2009
(t/ha)
Rendimiento medio mundial de los principales cereales, 1961-2009
Maíz
Arroz
Trigo
Tasas medias de utilización de fertilizantes minerales, 2008/09
(kg de nutrientes por ha)
Tasas medias de utilización de fertilizantes minerales, 2008/09
Europa occidental
Asia meridional
África del Norte
América del Norte
América Latina
Asia oriental
Asia
África subsahariana
Mundial

Resulta obvio, asimismo, que los sistemas actuales de producción y distribución de alimentos no están consiguiendo alimentar al mundo. El número total de personas subnutridas en 2010 se estimó en 925 millones, cifra mayor que la existente hace 40 años, y en el mundo en desarrollo la prevalencia de la subnutrición asciende al 16%12. Cerca del 75% de las personas más gravemente afectadas viven en zonas rurales de países en desarrollo y sus medios de subsistencia dependen directa o indirectamente de la agricultura13. Entre ellas se incluye una gran parte de los 500 millones de pequeños agricultores de bajos ingresos existentes en el mundo y sus familias, quienes producen el 80% del suministro de alimentos en los países en desarrollo. En su conjunto, los pequeños productores usan y gestionan más del 80% de las tierras cultivables —y una proporción similar de otros recursos naturales— en Asia y África14.

En los próximos 40 años la seguridad alimentaria mundial se verá amenazada por diversos acontecimientos. Se prevé que la población de la Tierra crecerá de aproximadamente 6 900 millones de personas en 2010 a unos 9 200 millones en 2050 y que casi todo este aumento se producirá en las regiones menos desarrolladas; según las previsiones, las tasas de crecimiento más elevadas se registrarán en los países menos adelantados15. Para entonces, un 70% de la población mundial será urbana, en comparación con el 50% en la actualidad. Si las tendencias continúan sin cambios la urbanización y el aumento de los ingresos en los países en desarrollo fomentarán el incremento del consumo de carne, lo que a su vez ocasionará el aumento de la demanda de cereales para alimentar al ganado. El empleo de productos agrícolas en la producción de biocombustibles también continuará aumentando. En 2020, en los países industrializados se podrían consumir 150 kg per cápita anuales de maíz en forma de etanol, cifra similar a los índices de consumo de cereales en los países en desarrollo16.

Tales cambios en la demanda motivarán la necesidad de aumentar notablemente la producción de todos los principales cultivos para la alimentación de las personas y los animales. Las proyecciones de la FAO sugieren que hasta 2050 la producción agrícola deberá aumentar un 70% mundialmente —y cerca del 100% en los países en desarrollo— solamente para satisfacer las necesidades alimentarias, excluyendo la demanda adicional de productos agrícolas como materia prima para la producción de biocombustibles. Dicha cifra equivale a una producción anual de 1 000 millones de toneladas adicionales de cereales y 200 millones de toneladas adicionales de carne para 2050 en comparación con la producción registrada entre 2005 y 200710.

En la mayoría de los países en desarrollo existe poco margen para ampliar las tierras cultivables. Las tierras sin cultivar disponibles en Asia meridional y en el Cercano Oriente y África del Norte son prácticamente inexistentes. En el África subsahariana y en América Latina sí existen tierras disponibles, pero más del 70% sufre limitaciones relativas al suelo y al terreno. Por lo tanto, entre 2015 y 2030 aproximadamente el 80% del incremento necesario de la producción de alimentos tendrá que proceder de la intensificación en forma de aumento del rendimiento y la intensidad del cultivo17. No obstante, el índice de incremento del rendimiento de los principales cultivos alimenticios (arroz, trigo y maíz) está disminuyendo. El incremento anual del rendimiento del trigo descendió desde un 5% anual en 1980 hasta el 2% en 2005, mientras que el incremento del rendimiento del arroz y el maíz se redujo desde más del 3% hasta cerca del 1% en el mismo período18. En Asia, la degradación del suelo y la acumulación de toxinas en los sistemas de cultivo intensivo de arroz han ocasionado preocupación sobre el hecho de que la lentificación del incremento del rendimiento sea reflejo de un entorno de producción de cultivos en deterioro4.

La decreciente calidad de los recursos de la tierra y el agua disponibles para la producción agrícola tiene importantes implicaciones para el futuro. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha calculado que las prácticas insostenibles de uso de la tierra resultan, en promedio, en unas pérdidas netas mundiales de productividad de las tierras cultivadas del 0,2% anual19. La degradación de los recursos reduce la productividad de insumos tales como el fertilizante y el riego. En los próximos años la intensificación de la producción agrícola será necesaria de manera creciente en zonas de producción más marginales con unas condiciones productivas menos fiables, como menor calidad del suelo, menor acceso a agua y climas menos favorables.

Los esfuerzos dirigidos a aumentar la producción agrícola se llevarán a cabo en unas condiciones ambientales y socioeconómicas en rápida evolución y, a menudo, impredecibles. Uno de los retos más importantes es la necesaria adaptación al cambio climático, el cual, mediante la alteración de la temperatura, las precipitaciones y la incidencia de las plagas, determinará qué cultivos se pueden producir y cuándo, además de su rendimiento potencial13. A corto plazo se prevé que aumenten la variabilidad climática y los episodios meteorológicos extremos en todas las regiones20-23 y que tengan efectos negativos en el incremento del rendimiento y en la seguridad alimentaria, especialmente en el África subsahariana y en Asia meridional, hasta 203024. La agricultura (incluida la deforestación) produce cerca de una tercera parte de las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que debe contribuir notablemente a la mitigación del cambio climático21. Si bien los cultivos se pueden adaptar a entornos cambiantes, la necesidad de reducir las emisiones supondrá un reto cada vez mayor para los sistemas agrícolas convencionales que requieren una gran cantidad de recursos3.

Otra fuente importante de incertidumbre en el futuro será el precio y la disponibilidad de la energía, necesaria para garantizar el funcionamiento de las explotaciones y para la producción de insumos importantes, principalmente fertilizante. A medida que la oferta de combustibles fósiles se reduce, sus precios aumentan, lo que a su vez provoca el incremento de los precios de los insumos y, por lo tanto, de los costos de producción agrícola. Los combustibles fósiles no pueden seguir siendo la única fuente de energía para incrementar la productividad. Habrá que diversificar notablemente las fuentes de energía para reducir el costo de los combustibles con vistas a incrementar la intensificación agrícola.

Por lo tanto, el reto de satisfacer la futura demanda de alimentos de manera sostenible es todavía más formidable debido a los efectos combinados del cambio climático, la escasez de energía y la degradación de los recursos. El repunte de los precios de los alimentos de 2008 y el incremento de los precios de los alimentos hasta valores récord a comienzos de 2011 hacen presagiar amenazas mayores y más frecuentes para la seguridad alimentaria mundial25. Tras examinar diversos escenarios futuros posibles —económicos, demográficos y climáticos—, el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) estimó que durante el período comprendido entre 2010 y 2050 se registrará un incremento de los precios reales del 59% en el caso del trigo, del 78% en el caso del arroz y del 106% en el caso del maíz. En el estudio se concluyó que el incremento de los precios es reflejo de la presión subyacente continuada a la que está sometido el sistema alimentario mundial, y que está motivado por el incremento de la población y los ingresos y por la productividad reducida26.

El riesgo de inseguridad alimentaria persistente y a largo plazo sigue siendo más grave en los países en desarrollo de ingresos bajos. El incremento de la presión sobre los recursos y el medio ambiente en general debido a la expansión y la intensificación de la agricultura se concentrará cada vez más en países con un nivel reducido de consumo de alimentos, con un elevado índice de crecimiento de la población y, a menudo, con escasos recursos agrícolas27.En ellos, los pequeños productores, quienes dependen en gran medida de los bienes y servicios ecosistémicos para proporcionar alimentos, combustible y fibra para sus familias y el mercado, son inherentemente más vulnerables a la reducción de la calidad y la cantidad de los recursos naturales y a los cambios climáticos14. Si no se toman medidas para mejorar la productividad de la agricultura en pequeña escala en estos países, es poco probable que se pueda alcanzar el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio, consistente en reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre y pobreza para 2015.

Otro cambio de paradigma

Dados los retos actuales y futuros, cada vez mayores, a los que se enfrentan la oferta de alimentos y el medio ambiente, la intensificación sostenible de la producción agrícola se está convirtiendo en una prioridad cada vez más importante para los responsables de las políticas28 y los asociados internacionales en el desarrollo7, 14. La intensificación sostenible se ha definido como el incremento de la producción a partir de la misma área de tierra al tiempo que se reducen los efectos negativos para el medio ambiente y se aumenta la contribución al capital natural y el flujo de servicios ambientales29.

La intensificación sostenible de la producción agrícola (ISPA) es el primer objetivo estratégico de la FAO. Para alcanzar dicho objetivo la FAO ha aprobado el empleo del “enfoque ecosistémico” en la gestión agrícola30. Básicamente, el enfoque ecosistémico emplea insumos como la tierra, el agua, las semillas y el fertilizante para complementar los procesos naturales que respaldan el crecimiento de las plantas, tales como la polinización, la depredación natural para luchar contra las plagas y la acción de la biota del suelo que permite a las plantas acceder a los nutrientes31.

En la actualidad se reconoce ampliamente que la intensificación de la producción agrícola debe ser respaldada mediante un enfoque ecosistémico. En un importante estudio del futuro de la alimentación y la agricultura hasta 2050 se ha instado a realizar cambios notables del sistema alimentario mundial, incluida la intensificación sostenible para, simultáneamente, incrementar el rendimiento, aumentar la eficiencia del uso de los insumos y reducir los efectos ambientales negativos de la producción de alimentos32. En la reciente Evaluación internacional del conocimiento, ciencia y tecnología en el desarrollo agrícola (IAASTD) también se instó a abandonar las prácticas agrícolas actuales en favor de sistemas agrícolas sostenibles capaces de proporcionar tanto un incremento notable de la productividad como unos servicios ecosistémicos mejorados33.

Las evaluaciones realizadas en los países en desarrollo han mostrado que las prácticas agrícolas que conservan recursos mejoran la oferta de servicios ambientales y aumentan la productividad. Al analizar los proyectos de desarrollo agrícola llevados a cabo en 57 países de ingresos bajos se constató que el uso más eficiente del agua, la reducción del empleo de plaguicidas y la mejora de la salud del suelo habían dado lugar a un incremento medio del rendimiento de los cultivos del 79%34. En otro estudio se concluyó que los sistemas agrícolas que conservan servicios ecosistémicos mediante el empleo de prácticas como la labranza de conservación, la diversificación de cultivos, la intensificación de las leguminosas y el control biológico de las plagas obtienen tan buenos resultados como los sistemas intensivos que requieren gran cantidad de insumos35, 36.

La intensificación sostenible de la producción agrícola, si se ejecuta y respalda eficazmente, producirá resultados beneficiosos para todas las partes participantes, necesarios para satisfacer el reto dual de alimentar a la población mundial y salvar el planeta. La ISPA permitirá a los países planificar, desarrollar y gestionar la producción agrícola de manera que se aborden las necesidades y aspiraciones de la sociedad sin poner en peligro el derecho de las generaciones futuras a disfrutar de la variedad plena de los bienes y servicios ambientales. Un ejemplo de situación que beneficia a todas las partes involucradas —por un lado a los agricultores, desde el punto de vista económico, y por otro al medio ambiente— sería la reducción del uso excesivo de insumos como los fertilizantes minerales junto con el incremento de la productividad.

Además de reportar múltiples beneficios para la seguridad alimentaria y el medio ambiente, la intensificación sostenible tiene mucho que ofrecer a los pequeños agricultores y a sus familias —quienes constituyen más de la tercera parte de la población mundial— mediante la mejora de su productividad, la reducción de costos, el incremento de la resistencia al estrés y el refuerzo de su capacidad de gestionar el riesgo14. La reducción del gasto en insumos agrícolas liberará recursos para la inversión en las granjas y en la alimentación, la salud y la educación de las familias agrícolas29. Se conseguirá incrementar los ingresos netos de los agricultores con un menor costo ambiental, lo que generará beneficios tanto públicos como privados31.

Principios fundamentales

Los enfoques ecosistémicos de la intensificación agrícola han surgido durante las últimas dos décadas a medida que los agricultores han comenzado a adoptar prácticas sostenibles, como el manejo integrado de plagas y la agricultura de conservación, a menudo tomando como base técnicas tradicionales. La intensificación sostenible de la producción agrícola se caracteriza por la aplicación de un enfoque más sistémico a la ordenación de los recursos naturales y se funda en un conjunto de principios ambientales, institucionales y sociales con base científica.

Principios ambientales

El enfoque ecosistémico debe aplicarse a lo largo de toda la cadena alimentaria con vistas a incrementar la eficiencia y a reforzar el sistema alimentario mundial. En el ámbito de los sistemas agrícolas, la ordenación debería basarse en procesos biológicos y en la integración de diversas especies de plantas, así como en el uso racional de insumos externos como fertilizantes y plaguicidas. La ISPA se fundamenta en sistemas de producción agrícola y prácticas de ordenación que se describen en los siguientes capítulos. Entre tales sistemas y prácticas se incluyen los siguientes:

  • El mantenimiento del suelo sano para mejorar la nutrición de los cultivos.
  • El cultivo de una gran diversidad de especies y variedades en asociaciones, rotaciones y secuencias.
  • El uso de variedades bien adaptadas y de alto rendimiento y de semillas de buena calidad.
  • El manejo integrado de plagas, enfermedades y malas hierbas.
  • La gestión eficiente del agua.

Para que los efectos en la productividad y la sostenibilidad sean óptimos, la ISPA tendrá que ser aplicable a una gran variedad de sistemas agrícolas y adecuada para contextos agroecológicos y socioeconómicos específicos. Se reconoce que las prácticas de gestión adecuadas son fundamentales para hacer realidad los beneficios de los servicios ecosistémicos y reducir, al mismo tiempo, los perjuicios derivados de las actividades agrícolas36.

Principios institucionales

Sería poco realista esperar que los agricultores adoptasen prácticas sostenibles solamente porque son más respetuosas con el medio ambiente. La traducción de los principios ambientales en programas de acción coordinados a gran escala requerirá apoyo institucional tanto a nivel nacional como local. Los gobiernos se enfrentan al reto de mejorar la coordinación y la comunicación en todos los subsectores de la agricultura, desde la producción hasta la elaboración y la comercialización. Habrá que crear mecanismos para reforzar los vínculos institucionales con el fin de mejorar la formulación de políticas y estrategias para la ISPA, así como para mantener la ampliación de estudios pilotos, las experiencias de los agricultores y los conocimientos locales y tradicionales.

En el plano local las organizaciones de agricultores tienen una importante función que desempeñar a la hora de facilitar el acceso a recursos —especialmente tierra, agua, crédito y conocimientos— y de garantizar que se escuchan las voces de los agricultores37. Los pequeños agricultores también necesitan acceder a mercados eficientes y equitativos y a incentivos que los animen a gestionar otros servicios ecosistémicos, además de la producción de alimentos. La adopción de la ISPA por parte de los agricultores dependerá de los beneficios concretos que puedan obtener, tales como mayores ingresos o la reducción de la mano de obra necesaria. Si el sistema económico refleja los costos adecuadamente —incluido el elevado costo ambiental de las prácticas insostenibles— la ecuación se resolverá en favor de la adopción de la ISPA.

Principios sociales

La intensificación sostenible se ha descrito como un proceso de “aprendizaje social”, dado que los conocimientos necesarios suelen ser más amplios que los empleados en la mayoría de los enfoques agrícolas convencionales14. Por ello, la ISPA requerirá un refuerzo notable de los servicios de extensión de fuentes tanto tradicionales como no tradicionales para respaldar su adopción por parte de los agricultores. Uno de los enfoques de formación de los agricultores para incorporar prácticas de gestión sostenible de los recursos naturales a sus sistemas agrícolas que ha obtenido mejores resultados es la metodología de extensión conocida como escuelas de campo para agricultores38. El enfoque de las escuelas de campo para agricultores, introducido por primera vez en Asia suroriental a finales de la década de 1980 como parte de un programa regional de la FAO de manejo integrado de plagas para el arroz, ha sido adoptado en más de 75 países y en la actualidad abarca una gran variedad creciente de cultivos y cuestiones relativas a la producción agrícola.

A fin de movilizar capital social para la ISPA será precisa la participación de la población en la toma de decisiones; asimismo será necesario garantizar condiciones laborales dignas y justas en la agricultura y, sobre todo, reconocer la función decisiva de las mujeres en la agricultura. Estudios realizados en el África subsahariana confirman de modo contundente que las diferencias en la productividad agrícola entre hombres y mujeres se deben fundamentalmente a las diferencias en el acceso a los recursos y los servicios de extensión. La eliminación de las diferencias de género en la agricultura puede permitir aumentar la productividad, con beneficios adicionales importantes, como el incremento de los ingresos de las agricultoras y el aumento de la disponibilidad de alimentos39.

El camino por recorrer

Con apoyo en materia de políticas y fondos suficientes la intensificación sostenible de la producción agrícola se podría aplicar en extensas zonas productivas en un período de tiempo relativamente corto. El reto al que se enfrentan los responsables de las políticas es encontrar modos de ampliar la intensificación sostenible para que, en última instancia, se puedan beneficiar de ella cientos de millones de personas32. En la práctica las principales fases de la aplicación serían las siguientes:

  • Evaluación de los posibles efectos negativos en el agroecosistema de las prácticas agrícolas actuales. Ello podría incluir la evaluación cuantitativa según unos indicadores concretos y el análisis de los planes con los interesados en el ámbito del distrito o la provincia.
  • Identificación en el plano nacional de los sistemas productivos potencialmente insostenibles y que, por lo tanto, requieren atención prioritaria, así como de los ámbitos de la sostenibilidad ecosistémica (salud del suelo, calidad del agua, conservación de la biodiversidad, etc.) que requieren una intervención prioritaria.
  • Trabajo con los agricultores para validar y adaptar técnicas que aborden dichas prioridades de modo integrado y empleo de la experiencia para elaborar planes de inversión y crear las instituciones y políticas adecuadas.
  • Ejecución de los programas (con asistencia técnica y políticas favorables) tomando como base los enfoques y técnicas descritos en la presente publicación.
  • Seguimiento, evaluación y examen de los progresos y realización de ajustes sobre la marcha cuando sea necesario.

Este proceso puede ser iterativo y, en cualquier caso, depende de la gestión de la relación entre las políticas e instituciones nacionales por un lado y la experiencia local de los agricultores y consumidores por otro. El seguimiento de las principales variables ecosistémicas puede ayudar a ajustar y perfeccionar las iniciativas de ISPA.

A la hora de elaborar los programas, los responsables podrían considerar, si así lo consideran oportuno, cuestiones que afectan tanto a la ISPA como al desarrollo del sector agrícola en su conjunto. Existe el riesgo, por ejemplo, de que las políticas destinadas a conseguir economías de escala mediante el desarrollo de la cadena de valor y la consolidación de las propiedades excluyan a los pequeños agricultores del proceso o reduzcan su acceso a los recursos productivos. La mejora de la infraestructura de transporte facilitará el acceso de los agricultores al suministro de fertilizante y semillas, ambos insumos fundamentales para la ISPA, y a los mercados. Dado el elevado índice de pérdidas de la cadena alimentaria —se calcula que el 30-40% de los alimentos producidos en todo el mundo se pierden debido al deterioro y los desechos—, la inversión en elaboración, almacenamiento e instalaciones de refrigeración permitirá a los agricultores retener más valor de su producción. Los responsables de las políticas pueden, asimismo, fomentar la participación de los pequeños agricultores en la ISPA mediante la mejora de su acceso a información sobre la producción y el mercado a través de tecnologías de la información y la comunicación modernas.

Podría ser necesario armonizar, mejorar y aplicar más eficazmente los instrumentos, convenios y tratados internacionales pertinentes para la ISPA. Ello requerirá la colaboración de las organizaciones internacionales que se ocupan del desarrollo rural y los recursos naturales así como de los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y las asociaciones de agricultores. Es urgente fomentar la capacidad para aplicar, en los planos regional, nacional y local, los acuerdos de gobernanza acordados internacionalmente.

Además, diversos instrumentos internacionales de carácter no vinculante incluyen la cooperación para la mejora y la utilización sostenible de los recursos naturales. Entre ellos se incluyen directrices y códigos, como el Código Internacional de Conducta para la Distribución y Utilización de Plaguicidas, cuyo fin es mejorar la gestión de las amenazas transfronterizas que afectan a la producción, el medio ambiente y la salud de las personas. Por último, cabe señalar que el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación ha publicado unos principios rectores sobre el arrendamiento de tierras y la especulación en los mercados de productos alimenticios y ha realizado un llamamiento a la ampliación de los enfoques ecológicos en la agricultura.

No existe un único esquema que guíe la aplicación de un enfoque ecosistémico a la intensificación de la producción agrícola. No obstante, se han elaborado diversas prácticas y técnicas agrícolas, a menudo específicas para un lugar concreto. En los capítulos 2, 3, 4, 5 y 6 se describe este variado conjunto de prácticas basadas en el ecosistema pertinentes, adoptables y adaptables que mejoran la productividad de los cultivos y que pueden servir como pilar para los programas nacionales y regionales. En el Capítulo 7 se ofrece información detallada sobre el entorno de políticas y los acuerdos institucionales que facilitarán la adopción y la ejecución de la ISPA a gran escala.

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Fuentes

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Ahorrar para crecer (FAO, 2011) puede pedirse a: publications-sales@fao.org
o por medio del catálogo en línea de la FAO: www.fao.org/icatalog/inter-s.htm

1. El desafío

Para alimentar a una población mundial cada vez más numerosa no hay más opción que intensificar la producción agrícola. Pero los agricultores afrontan limitaciones inéditas. Para crecer, el sector agrícola debe aprender a ahorrar.

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“Este libro muestra cómo podemos poner en marcha una revolución verde «perenne».”
M. S. Swaminathan
Padre de la Revolución Verde en la India

Cómo comprar este libro
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La yuca
La primera de una serie de guías de la FAO sobre la aplicación práctica del modelo “Ahorrar para crecer”.