Ahorrar para crecer

Capítulo 6
Protección fitosanitaria

Los plaguicidas matan las plagas, pero también a los enemigos naturales de las mismas, y su uso excesivo puede dañar a los agricultores, los consumidores y el medio ambiente. La primera línea de defensa es un agroecosistema sano.

Las plagas de las plantas se suelen considerar un factor externo e introducido en la producción de cultivos. Esta concepción es errónea, ya que en la mayoría de los casos las especies de plagas surgen de manera natural en el agroecosistema. Las plagas y las especies acompañantes —como depredadores, parásitos, polinizadores, competidores y descomponedores— forman parte de la agrobiodiversidad asociada a los cultivos y realizan muchas funciones ecosistémicas. Las reactivaciones o brotes de plagas suelen tener lugar tras la fragmentación de los procesos naturales de regulación de plagas.

Dado que la intensificación de la producción agrícola dará lugar a un incremento de los alimentos disponibles para las plagas de los cultivos, las estrategias de gestión de plagas deben ser una parte fundamental de la ISPA. No obstante, también tendrán que responder a la preocupación sobre el riesgo que suponen los plaguicidas para la salud y el medio ambiente. Por ello, es importante que los problemas de plagas potenciales asociados a la aplicación de la ISPA se aborden mediante un enfoque ecosistémico.

Si bien las poblaciones de plagas potenciales están presentes todos los días en todos los campos, las prácticas periódicas como el seguimiento de los cultivos y las medidas de vigilancia in situ suelen mantenerlas bajo control. De hecho, erradicación de una plaga de insectos reduciría los alimentos disponibles para los enemigos naturales de dicha plaga, lo que sería perjudicial para un elemento clave de la resistencia del sistema. Por ello, el objetivo debería ser gestionar las poblaciones de plagas de insectos hasta el punto en que la depredación natural funcione de modo equilibrado y las pérdidas de cultivos a manos de las plagas se mantengan en un mínimo aceptable.

Cuando tal enfoque no parece suficiente, los agricultores suelen responder buscando protección adicional para sus cultivos frente a lo que consideran amenazas. Las decisiones tomadas por cada agricultor en materia de manejo de plagas se basan en sus propios objetivos y experiencias. Aunque algunos aplican medidas de control que requieren una gran mano de obra, la mayoría de ellos recurre a los plaguicidas. En 2010 se preveía que las ventas mundiales de plaguicidas superasen los 40 000 millones de USD. Los herbicidas constituyen el mayor segmento del mercado, mientras que la proporción correspondiente a los insecticidas ha disminuido y la correspondiente a los fungicidas ha aumentado en los últimos diez años1.

Como táctica de control, la dependencia excesiva de los plaguicidas impide el equilibrio natural del agroecosistema. Interrumpe las poblaciones de parasitoides y depredadores, lo que ocasiona brotes de plagas secundarias. Además, contribuye a un círculo vicioso de resistencia de las plagas, lo que implica una mayor inversión en desarrollo de plaguicidas pero muy pocos cambios en la cantidad de cultivos que se pierden a manos de las plagas (en la actualidad se calcula que ascienden a entre el 30% y el 40%, porcentaje similar al registrado hace 50 años)2. Como resultado, han aumentado los brotes de plagas inducidos, causados por el uso inapropiado de plaguicidas3.

La utilización excesiva de plaguicidas también expone a los agricultores a graves riesgos para la salud y tiene consecuencias negativas para el medio ambiente y, en ocasiones, para el rendimiento de los cultivos. A menudo, menos del 1% de los plaguicidas aplicados alcanzan efectivamente un organismo de la plaga objetivo, y el resto contaminan el aire, el suelo y el agua4.

Los consumidores se muestran cada vez más preocupados sobre los residuos de los plaguicidas presentes en los alimentos. La rápida urbanización ha resultado en la expansión de la horticultura urbana y periurbana, donde el empleo de plaguicidas es más evidente y su utilización excesiva es incluso menos aceptable para el público. Las graves consecuencias de la exposición ocupacional a los plaguicidas han sido documentadas en profundidad entre las comunidades agricultoras, lo que incrementó la sensibilidad social hacia los derechos y el bienestar de los trabajadores agrícolas.

La preocupación pública se está traduciendo en unas normas más estrictas tanto en el ámbito nacional como en el mercado internacional. Los minoristas y las principales cadenas de supermercados han adoptado unos requisitos más estrictos relativos al bienestar de los trabajadores, la inocuidad alimentaria, la rastreabilidad y el respeto del medio ambiente. No obstante, la reglamentación y la gestión deficientes de los plaguicidas continúan perjudicando los esfuerzos por ampliar y mantener las estrategias de manejo de plagas basadas en el ecosistema. Ello es así porque los plaguicidas se comercializan de forma agresiva y, por ello, se suelen considerar como la opción más barata y rápida para combatir las plagas.

Para los agricultores resultaría beneficioso comprender mejor el funcionamiento y la dinámica de los ecosistemas y la función de las plagas como parte integral de la agrobiodiversidad. Para los responsables de las políticas, a quienes se suele dirigir la información compleja relativa a las plagas de los cultivos, también resultaría beneficioso comprender mejor los efectos reales de las plagas y las enfermedades en los agroecosistemas.

Manejo integrado de plagas

En los últimos 50 años el manejo integrado de plagas (MIP) se convirtió en la principal estrategia holística mundial para la protección fitosanitaria, y hoy en día lo continúa siendo. Desde su primera aparición en la década de 1960, el MIP se ha basado en la ecología, en el concepto de ecosistema y en el objetivo de mantener las funciones ecosistémicas5-7.

El MIP se fundamenta en la idea de que la primera y más fundamental línea de defensa frente a las plagas y las enfermedades en la agricultura es un agroecosistema sano en el que los procesos biológicos que sostienen la producción son objeto de protección, fomento y mejora. La mejora de tales procesos puede incrementar el rendimiento y la sostenibilidad y, al mismo tiempo, reducir los costos de los insumos. En los sistemas intensificados, los factores ambientales de la producción influyen en las perspectivas del manejo integrado de plagas:

  • La gestión del suelo en la que se aplica un enfoque ecosistémico —como el empleo de cubierta orgánica— puede proporcionar refugio a los enemigos naturales de las plagas. El incremento de la materia orgánica del suelo proporciona fuentes de alimento alternativas para los enemigos y antagonistas generalistas de las enfermedades de las plagas y aumenta las poblaciones que regulan las plagas a comienzos del ciclo de cultivo. La solución de problemas concretos del suelo, como la incursión de agua del mar, puede hacer que los cultivos sean menos susceptibles a plagas como el barrenador del tallo del arroz.
  • El estrés hídrico puede incrementar la susceptibilidad de los cultivos a las enfermedades. Algunas plagas, principalmente las malas hierbas en el cultivo de arroz, pueden combatirse mediante una mejor gestión del agua en el sistema productivo.
  • La resistencia de las variedades de los cultivos es fundamental para gestionar las enfermedades de las plantas y muchas plagas de insectos. La vulnerabilidad puede surgir si la base genética de resistencia de la planta huésped es demasiado reducida.
  • La distribución temporal y espacial de los cultivos influye en la dinámica de las plagas y las poblaciones de enemigos naturales, así como en el nivel de servicios de polinización para los cultivos hortícolas que dependen de los polinizadores. Al igual que ocurre con otros insectos beneficiosos, la reducción de la aplicación de plaguicidas y el incremento de la biodiversidad en las explotaciones agrícolas pueden aumentar el nivel de los servicios de polinización.

Como estrategia basada en el ecosistema, el MIP ha conseguido algunos éxitos notables en la agricultura mundial. Hoy en día existen programas de MIP gubernamentales a gran escala en más de 60 países como el Brasil, China, la India y la mayoría de los países desarrollados. En líneas generales, la comunidad científica está de acuerdo —con el respaldo de la reciente Evaluación internacional del conocimiento, ciencia y tecnología en el desarrollo agrícola8— en que el MIP funciona y proporciona la base para proteger la ISPA. A continuación se incluyen los principios generales que rigen el empleo del manejo integrado de plagas en el diseño de programas de intensificación sostenible:

  • Emplear un enfoque ecosistémico para prever los posibles problemas de plagas asociados a la producción agrícola intensificada. El sistema productivo debería emplear, por ejemplo, una gran diversidad de variedades de cultivos resistentes a las plagas, la rotación de cultivos, el cultivo intercalado, la plantación en el momento idóneo y el manejo de las malas hierbas. Para reducir las pérdidas, las estrategias de control deberían aprovechar las especies beneficiosas de depredadores, parásitos y competidores de las plagas, junto con los bioplaguicidas y los plaguicidas sintéticos selectivos y de bajo riesgo. Será necesario invertir en el refuerzo de los conocimientos y habilidades de los agricultores.
  • Realizar una planificación de emergencia para cuando se obtengan pruebas fiables de plagas importantes. Ello requerirá inversiones en sistemas de semillas para respaldar el empleo de variedades resistentes, así como períodos sin cultivo para evitar el arrastre de las poblaciones de plagas a la temporada siguiente. Habrá que identificar los plaguicidas selectivos con una supervisión reglamentaria adecuada y preparar campañas de comunicación específicas.
  • Analizar la naturaleza de la causa de los brotes de plagas cuando surjan problemas y crear estrategias acordes. Los problemas pueden ser consecuencia de una combinación de factores. En los casos en que el origen reside en las prácticas de intensificación —por ejemplo, una densidad de plantas inadecuada o la dispersión de las semillas de malas hierbas mediante el arado—, tales prácticas deberán ser modificadas. En el caso de invasiones de plagas como la langosta, el empleo de métodos de control biológico o supresión de enfermedades en el lugar de origen puede ser útil.
  • Determinar qué cantidad de la producción se encuentra en riesgo para realizar campañas o actividades de control de plagas de la escala adecuada. La infestación (sin pérdidas) de más del 10% del área de cultivo es un brote que requiere una respuesta rápida en materia de políticas. No obstante, las consecuencias de las plagas se suelen sobreestimar y los cultivos pueden, en cierta medida, compensar fisiológicamente los daños causados por ellas. La respuesta no debería ser desproporcionada.
  • Vigilar de cerca las tendencias de las plagas en tiempo real y adaptar la respuesta a ellas. Los sistemas de georreferencia para la vigilancia de las plagas de las plantas emplean datos de parcelas fijas junto con datos de estudios en movimiento e instrumentos de cartografía y análisis.
Hoja de datos
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HOJA DE DATOS No5
Protección fitosanitaria: enfoques que ahorran y crecen
  • El enfoque ecosistémico de las enfermedades de los cítricos
  • Lucha contra las enfermedades víricas en los tomates
  • Uso reducido de insecticida en el cultivo de arroz
  • Control biológico de las plagas de la yuca
  • Los enemigos naturales de las plagas del algodón

El camino por recorrer

El enfoque tradicional del manejo de plagas, todavía utilizado por muchos países y agricultores, limita su potencial de llevar a cabo la intensificación sostenible de la producción agrícola. La mejora de la gestión de los agroecosistemas puede ayudar a evitar brotes de plagas autóctonas, a responder mejor a las invasiones de plagas y a reducir los riesgos que suponen los plaguicidas para la salud de las personas y el medio ambiente. Los puntos de partida para la mejora del control de las plagas basado en el ecosistema son los siguientes:

  • un importante brote de una plaga o enfermedad que supone una amenaza para la seguridad alimentaria;
  • preocupaciones relativas a la inocuidad alimentaria derivadas de la presencia notable de residuos de plaguicidas en los productos agrícolas;
  • casos de contaminación ambiental o de intoxicación de las personas;
  • pérdidas graves de especies beneficiosas, como polinizadores o aves silvestres;
  • el manejo deficiente de los plaguicidas, tal como la proliferación de reservas de plaguicidas obsoletos.

En todos estos casos es necesario elaborar una estrategia de lucha contra las plagas que se pueda mantener y que no produzca efectos secundarios adversos. Después de conseguir controlar una plaga nacional o regionalmente reconocida mediante el MIP, los responsables de las políticas y el personal técnico son mucho más receptivos al enfoque y, por ello, están más dispuestos a realizar los cambios normativos e institucionales necesarios para respaldarlo a largo plazo. Tales cambios podrían incluir la eliminación de las subvenciones a los plaguicidas, la aplicación más estricta de los reglamentos sobre plaguicidas y los incentivos a la producción local de insumos de MIP, tales como insectarios para los depredadores naturales.

Los países deberían conceder prioridad a los plaguicidas menos peligrosos en los procesos de registro. Deberían garantizar, asimismo, que toman decisiones con base ecológica a la hora de determinar qué plaguicidas se pueden vender y emplear, quién puede emplearlos y en qué situaciones. En última instancia, las tasas de uso o los impuestos sobre los plaguicidas, aplicados por primera vez en la India en 1994, podrían emplearse para financiar el desarrollo de prácticas de manejo de plaguicidas alternativas y para subvencionar su adopción.

Cambio de la percepción de las situaciones de urgencia relativas a brotes de plagas o enfermedades
PercepciónEnfoque tradicionalEnfoque ecosistémico
Aparición
  • Brotes de plagas graves y repentinos
  • Desaparición de funciones agroecosistémicas resultantes en graves brotes de plagas
Indicadores
  • Gran presencia de plagas
  • Daños de los cultivos apreciables a simple vista
  • Reducción del rendimiento y de los ingresos de los agricultores
  • Cambios en la estructura de edad de las poblaciones de plagas
  • Aparición de resistencia a los plaguicidas y brotes inusuales de plagas secundarias
  • Uso de plaguicidas cada vez mayor
  • Reducción del rendimiento y de los ingresos de los agricultores
Causas
  • Resistencia a los plaguicidas
  • Aparición de plagas nuevas
  • Disponibilidad insuficiente de plaguicidas
  • Condiciones meteorológicas
  • Uso excesivo de plaguicidas
  • Mala gestión de los cultivos
  • Condiciones meteorológicas
  • Aparición de plagas nuevas
Respuesta
  • Suministro de plaguicidas en mayor cantidad o diferentes
  • Análisis de las causas del problema de plagas y elaboración de una estrategia para la recuperación de las funciones agroecosistémicas y la rehabilitación de la capacidad institucional para guiar la recuperación
  • Prevención de la adopción de soluciones que perpetúen el problema
  • Refuerzo de la capacidad relativa al MIP mediante la inversión en capital humano

Los responsables de las políticas pueden apoyar la ISPA mediante programas de MIP en los planos local, regional o nacional. No obstante, deberían ser conscientes de que el éxito en el manejo efectivo de plagas con técnicas de MIP depende, en última instancia, de los agricultores, ya que ellos son quienes toman las decisiones más importantes relativas a la lucha contra las plagas y las enfermedades. Entre los instrumentos en materia de políticas destacan los siguientes:

  • La asistencia técnica y el apoyo de extensión a los agricultores a la hora de aplicar prácticas de gestión basadas en la ecología y de elaborar y adaptar técnicas tomando en cuenta sus conocimientos locales, las redes sociales de aprendizaje y sus condiciones.
  • La investigación enfocada a ámbitos como la resistencia de las plantas huésped a las plagas y las enfermedades, los métodos prácticos de seguimiento y vigilancia, los enfoques innovadores del manejo de plagas sobre el terreno, el empleo de plaguicidas selectivos (incluidos los bioplaguicidas) y el control biológico.
  • La reglamentación del sector privado, incluidos unos sistemas eficaces de gobernanza para el registro y la distribución de plaguicidas (tratados concretamente por el Código Internacional de Conducta para la Distribución y Utilización de Plaguicidas).
  • La eliminación de incentivos perjudiciales, como las subvenciones a los precios de los plaguicidas o al transporte, de las reservas de plaguicidas mantenidas innecesariamente, lo que fomenta su empleo, y de los aranceles preferentes para los plaguicidas.

La adopción a gran escala de los enfoques ecosistémicos proporcionaría oportunidades a las pequeñas industrias locales. Puede preverse que la ampliación de las prácticas de manejo de plagas basadas en la ecología incremente la demanda de instrumentos comerciales de seguimiento, agentes de control biológico como depredadores, parasitoides u organismos estériles, servicios de polinización, microorganismos y bioplaguicidas. Hoy en día las empresas privadas producen más de 1 000 bioproductos, cuyo valor en 2003 ascendió a 590 millones de USD, basados en las bacterias, los virus, los hongos, los protozoos y los nematodos18. Esta industria local se expandiría notablemente con la adopción de un enfoque más centrado en el ecosistema.

Desde la perspectiva de la industria de elaboración de alimentos, unos agroecosistemas más estables y sostenibles resultarán en un suministro más sistemático y fiable de productos agrícolas sin residuos de plaguicidas. Además, el etiquetado de los productos alimentarios con una etiqueta de MIP o similar puede ayudar a garantizar el acceso de los productores a nuevos mercados.

Para mantener las estrategias de MIP hacen falta unos servicios de asesoramiento eficaces, vínculos con la investigación que respondan a las necesidades de los agricultores, la prestación de apoyo a la provisión de insumos de MIP y el control reglamentario eficaz de la distribución y la venta de plaguicidas químicos. Uno de los medios más eficaces de incrementar los conocimientos en el ámbito local son las escuelas de campo para agricultores, un enfoque que respalda el aprendizaje local y anima a los agricultores a adaptar las técnicas de MIP empleando conocimientos autóctonos. Las comunidades agrícolas necesitan poder acceder fácilmente a información sobre los insumos de MIP adecuados. La adopción del MIP puede acelerarse empleando, por ejemplo, teléfonos móviles para complementar los métodos tradicionales de promoción, tales como la extensión, las campañas en los medios de comunicación y los proveedores de insumos locales.

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Fuentes

1. Rana, S. 2010. Global agrochemical market back in growth mode in 2010. Agrow (www.agrow.com).

2. Lewis, W.J., van Lenteren, J.C., Phatak, S.C. y Tumlinson, III, J.H. 1997. A total system approach to sustainable pest management. Proc. Natl. Acad. Sci., 94(1997): 12243–12248.

3. Wood, B.J. 2002. Pest control in Malaysia’s perennial crops: A half century perspective tracking the pathway to integrated pest management. Integrated Pest Management Reviews, 7: 173-190.

4. Pimentel, D. y Levitan, L. 1986. Pesticides: Amounts applied and amounts reaching pests. BioScience, 36(2): 86-91.

5. Stern, V.M., Smith, R.F., van den Bosch, R. y Hagen, K.S. 1959. The integrated control concept. Hilgardia, 29: 81-101.

6. FAO. 1966. Actas del Simposio de la FAO sobre la lucha integrada contra las plagas, Roma, 1965. Roma, FAO.

7. Smith, R.F. y Doutt, R.L. 1971. The pesticide syndrome– diagnosis and suggested prophylaxis. En C.B. Huffaker, ed. Biological Control. AAAS Symposium Proceedings on Biological Control, Boston, December 1969, pp. 331-345. Nueva York, Plenum Press.

8. IAASTD. 2009. Agriculture at the crossroads, por B.D. McIntyre, H.R. Herren, J. Wakhungu y R.T. Watson, eds. Washington, DC.

9. Guillon, M. 2004. Current world situation on acceptance and marketing of biological control agents (BCAS). Pau, Francia, International Biocontrol Manufacturer’s Association.

Ahorrar para crecer (FAO, 2011) puede pedirse a: publications-sales@fao.org
o por medio del catálogo en línea de la FAO: www.fao.org/icatalog/inter-s.htm

6. Protección fitosanitaria

Los plaguicidas matan las plagas, pero también a los enemigos naturales de las mismas, y su uso excesivo puede dañar a los agricultores, los consumidores y el medio ambiente. La primera línea de defensa es un agroecosistema sano.

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M. S. Swaminathan
Padre de la Revolución Verde en la India

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