AGP - Biodiversidad y servicios de ecosistema
 

La FAO hace hincapié en el hecho de que tanto la conservación de la diversidad biológica para la alimentación y la agricultura como su uso sostenible son necesarios para proporcionar alimentos, mejorar la situación económica, social y medioambiental de las personas y satisfacer las necesidades de las generaciones futuras, especialmente las personas pobres del medio rural. En este contexto, AGP ayuda a los Estados Miembros a desarrollar la capacidad de gestionar la biodiversidad y los servicios ecosistémicos que ésta proporciona para incrementar las opciones de optimizar la producción agrícola.

La producción de alimentos tendrá que aumentar en un 50 % para 2030 para alimentar a una población de 9 000 millones de personas. Ello impone una gran presión a la producción agrícola. Además de la demanda que se hace al sector agrícola de que aumente la producción, se espera cada vez más y es más necesario que las prácticas de cultivo sean sostenibles. La mayor demanda de producción de cultivos —para alimentos, fibras y productos agrícolas no alimentarios (especialmente, cultivos para bioenergía)— junto con los impactos de la variabilidad del clima y el cambio climático obliga a replantearse los sistemas agrícolas para adaptarlos a las nuevas demandas.

Normalmente, el incremento de la producción ha hecho aumentar la dependencia de plaguicidas y fertilizantes y ha dado lugar a un uso mayor de agua, lo que puede degradar los suelos y los recursos hídricos. No obstante, las prácticas de cultivo están pasando de depender de insumos tradicionales y de basarse en la intensificación de la aplicación de productos químicos a basarse en formas de intensificación biológica que aprovechan la riqueza de la biodiversidad y los recursos naturales para proporcionar servicios ecosistémicos. La promoción del funcionamiento correcto de los servicios ecosistémicos a través de enfoques ecosistémicos puede incrementar las opciones disponibles para optimizar la producción agrícola de manera sostenible (CDS-16).

Biodiversidad para la alimentación y la agricultura

La biodiversidad (la variedad y la variabilidad de animales, plantas y microorganismos en los ámbitos genéticos, de la especie y el ecosistema) es necesaria para mantener las funciones fundamentales del ecosistema, su estructura y sus procesos. La biodiversidad para la alimentación y la agricultura se puede gestionar para mantener o reforzar las funciones ecosistémicas y proporcionar opciones para la optimización de la producción agrícola, y para contribuir a la resistencia de los ecosistemas para reducir los riesgos. De hecho, la biodiversidad refuerza los servicios ecosistémicos porque los componentes que parecen redundantes en un momento pasan a ser importantes cuando se producen modificaciones.

La diversidad genética de los cultivos desempeña una función crucial en el aumento y el mantenimiento de los niveles de producción y la diversidad nutricional en todas las diferentes condiciones agroecológicas.

Diversos organismos que contribuyen a la biodiversidad del suelo desempeñan funciones vitales que regulan el ecosistema del suelo, como: la descomposición de residuos y el ciclo de los nutrientes; la conversión del nitrógeno atmosférico en una forma orgánica; la reconversión de éste en nitrógeno gaseoso; la alteración de la estructura del suelo.

La diversidad en plantaciones objeto de explotación —mediante rotaciones de cultivos, mezclas de especies de cultivos, cultivos de cobertura permanente de los suelos utilizados en la agricultura de conservación o la agrosilvicultura— son técnicas que se utilizan a menudo para incrementar la estabilidad de las cosechas e incrementar la fertilidad del suelo.

Los sistemas de pastizales y cultivos forrajeros que diversifican e integran el ganado rumiante y los cultivos suelen ser más sostenibles porque proporcionan oportunidades de diversidad de rotación, cultivo perenne y mayor eficiencia energética. La introducción de animales que pastan en ciertos momentos de los ciclos agrícolas puede ayudar a despedazar material vegetal e incrementar la disponibilidad de nutrientes.

Los predadores y los parásitos que atacan a las plagas de insectos o patógenos de los cultivos, y los insectos que se alimentan de plantas que atacan a las malas hierbas contribuyen a la regulación de las plagas. Más allá de estas relaciones tróficas directas, un patrón similar a una telaraña de interacciones entre las diversas formas de vida presentes en el terreno puede proporcionar beneficios adicionales. Por ejemplo, la producción de cultivos se puede beneficiar de microorganismos benignos que colonizan los cultivos y sus hábitats de manera que los patógenos no se establecen, o de plantas que no se cultivan y que son atractivas para las plagas y que, por lo tanto, reducen el número de plagas que afectan a los cultivos. En conjunción, esta biodiversidad que actúa directa e indirectamente puede crear condiciones que eliminan las plagas.

Medidas como la mayor diversidad de plantas en la explotación, la mayor cercanía de las plantas y la consiguiente cobertura superior del suelo y el incremento de los cultivos perennes pueden incrementar la resistencia de los sistemas agrícolas a la invasión por especies nocivas y ayudar a eliminar las malas hierbas.

Los polinizadores son esenciales para la producción hortícola y de forrajes y contribuyen a la mejora de los cultivos de frutas y fibras. La abundancia y diversidad de polinizadores, en gran parte proporcionados por la biodiversidad silvestre, garantiza que los servicios de polinización sean correctos.

Los servicios ecosistémicos y su importancia para la agricultura

Los servicios ecosistémicos se definen como “los beneficios que proporcionan los ecosistemas a los seres humanos”. Los principales servicios ecosistémicos que proporciona la biodiversidad, como el ciclo de los nutrientes, la retención del carbono, la regulación de plagas y la polinización, sostienen la productividad agrícola. La promoción del funcionamiento saludable de los ecosistemas asegura la resistencia de la agricultura, a medida que ésta se intensifica para satisfacer la demanda creciente de alimentos.

El cambio climático y otras crisis pueden tener repercusiones importantes en las funciones fundamentales, como los servicios de polinización y regulación de plagas. Sigue suponiendo un desafío aprender a reforzar las relaciones ecosistémicas que favorecen la resistencia y a reducir las fuerzas que impiden que los agroecosistemas proporcionen bienes y servicios.

 

Los sistemas ecosistémicos pueden ser:

  • de apoyo (por ejemplo, formación del suelo, ciclo de los nutrientes, producción primaria)
  • de aprovisionamiento (por ejemplo, alimentos, agua potable, leña, fibra, productos químicos biológicos, recursos genéticos)
  • de regulación (por ejemplo, regulación climática, regulación de enfermedades, regulación hídrica, purificación del agua, polinización)
  • culturales (por ejemplo, espiritual y religioso, recreación y ecoturismo, estética, inspiración, educación, ubicación, herencia cultural).

Adaptado de: Ecosystems and human well-being: a framework for assessment. Millennium Ecosystem Assessment. 2003. World Resources Institute.

Gestión de la biodiversidad y las funciones ecosistémicas para la producción agrícola sostenible

La biodiversidad es un importante regulador de las funciones de los agroecosistemas, no sólo en el sentido estrictamente biológico de su impacto sobre la producción, sino en el de satisfacer una serie de necesidades de los agricultores y la sociedad en general. Las personas que gestionan los agroecosistemas, incluidos los agricultores, pueden aprovechar, mejorar y gestionar los servicios ecosistémicos esenciales que proporciona la biodiversidad en favor de la producción agrícola sostenible. Ello se puede lograr mediante la aplicación de buenas prácticas agrícolas que respeten enfoques basados en el ecosistema y que estén diseñadas para mejorar la sostenibilidad de los sistemas de producción. Las buenas prácticas agrícolas tienen por objeto satisfacer las necesidades de los consumidores de productos de alta calidad, inocuos y producidos de manera responsable desde el punto de vista medioambiental y social.

La conservación y el refuerzo de la biodiversidad en los sistemas de cultivo tanto bajo como sobre la tierra (por ejemplo, la biodiversidad del suelo) forman una parte de los cimientos de las prácticas agrícolas sostenibles. Tales medidas también mejoran la biodiversidad en otras partes adyacentes del medio que no forman parte de la tierra de cultivo, como las masas de agua y el paisaje agrícola en sentido más amplio. La composición y la diversidad de la biodiversidad planificada (por ejemplo, los cultivos seleccionados) influencian en gran medida la naturaleza de la diversidad asociada: vegetal, animal y microbiana. Constituye un desafío integrar —mediante estrategias con enfoque ecosistémico— la biodiversidad planificada que se mantiene con la diversidad asociada (por ejemplo, los polinizadores silvestres).

Algunas prácticas de producción basadas en el ecosistema

El mantenimiento de la biodiversidad, incluida la asociada a los cultivos</>, es necesario para garantizar la provisión continua de bienes y servicios como:

i) la evolución y mejora de los cultivos mediante el mejoramiento (la interacción entre el medio, los recursos genéticos y las prácticas de gestión que tienen lugar en los propios agroecosistemas asegura el mantenimiento y la adaptación a condiciones cambiantes de una biodiversidad dinámica para la alimentación y la agricultura [biodiversidad agrícola]);

ii) el apoyo biológico a la producción (apoyo proporcionado por los organismos que constituyen la diversidad biológica de los agroecosistemas). Por ejemplo, la fauna del suelo y los microorganismos, junto con las raíces de las plantas y de los árboles, aseguran los ciclos de nutrientes; los depredadores, los organismos que controlan enfermedades y la resistencia genética de las plantas contribuyen a contener plagas y enfermedades; y los insectos polinizadores contribuyen a la fecundación cruzada de plantas de cultivo;

(iii) funciones ecológicas más amplias (procesos ecológicos valiosos que resultan de las interacciones entre especies y entre éstas y el medio, como el mantenimiento de la fertilidad del suelo, la calidad del agua y la regulación del clima).

 

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