AGRONoticias América Latina y el Caribe
 

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Los bosques: fuentes de vida
Fecha de publicación: 31/05/2013

Los bosques cubren, aproximadamente, un tercio de la superficie del Planeta, en el caso de América Latina y el Caribe la cobertura forestal llega al cincuenta por ciento. Los bosques regulan el régimen hídrico; reducen la vulnerabilidad ante efectos climáticos extremos; proporcionan alimento; sirven de fuente de energía limpia y asequible (leña y carbón); albergan enorme biodiversidad; y además son referente cultural y espiritual para  comunidades indígenas. Conservar y utilizar de manera sostenible el bosque es conservar la vida, una labor que en América Latina debe comenzar por la educación y la concienciación de la población sobre la vital importancia que tienen los bosques para el desarrollo humano.
 

Casi el 49 por ciento de la superficie total de América Latina está cubierta por bosques (FAO FRA, 2012): 891 millones de hectáreas de bosques representa en torno al 22 por ciento del área de bosque existente en el mundo. Sin embargo, la masa forestal continúa reduciéndose considerablemente cada año principalmente en Centroamérica y el Cono Sur.

 

Las causas de la deforestación son múltiples aunque la fundamental es la actividad agrícola: tanto la ampliación de la agroindustria, la ganadería y la agricultura de subsistencia. Los incentivos económicos para la destrucción del bosque son los altos precios de los productos  agrícolas (en especial oleaginosas y carne), políticas públicas e instituciones poco eficaces,  y la tradición socio cultural mestiza que otorga bajo valor a las tierras forestales “incultas”. Acaparar vastas extensiones de tierra y convertirlas en uso ganadero para lavar dinero ilegal en lugares de muy débil presencia del Estado es un fenómeno preocupante conocido como “narco-ganadería” en América Central.

 

En América Latina las enorme superficies de bosques naturales han sido convertidos en cultivos por grandes consorcios agroindustriales. Si bien este fenómeno ha disparado las exportaciones de soja, palma aceitera y de carne, beneficiando a las oligarquías locales, estos beneficios no se han distribuido de manera equitativa entre las comunidades rurales. Según datos ofrecidos por la FAO en el informe “El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo” en 2012 cerca del 25 por ciento de la población de Paraguay sufría desnutrición a pesar de ser un país exportador neto de alimentos en los últimos años.

 

La sustitución de los bosques por cultivos y potreros causará indefectiblemente una reducción de las precipitaciones y en algunos casos, inclusive, la desertificación. Cuando las tierras deforestadas y azotadas por la sequía dejen de ser productivas, ¿qué sucederá con la población local que quedará sin bosques, sin agua, sin trabajo y sin alimentos?

 

La deforestación y la degradación de los bosques también conllevan la pérdida de servicios fundamentales para la vida como la provisión de agua, la fertilidad de los suelos, valores culturales y espirituales y la pérdida de la biodiversidad. Además, los bosques desempeñan un papel fundamental en la adaptación al cambio climático y en la mitigación de sus efectos. “La tragedia de la deforestación –recuerda el profesor Anthony B. Anderson– es que sus costos económicos, sociales, culturales y estéticos superan con creces a sus beneficios”. El drama es que los beneficios los recibimos de inmediato, pero los costos los tendrán que pagar nuestros nietos.

 

Sin embargo, la aplicación de políticas públicas e instrumentos de gestión coherentes han logrado que en Brasil, por ejemplo, la deforestación se haya reducido de manera considerable: en 2004 se perdían en ese país 27.000 km2, superficie que el año pasado no llegó a superar los 900 km2.

 

Bosques, agricultura y seguridad alimentaria

 

La agricultura y la actividad forestal pueden ayudar tanto a expandir el crecimiento económico en las zonas rurales como a aumentar la dependencia de los recursos renovables. Ambos pueden ser elementos constitutivos de un futuro económico y ambientalmente sostenible. La manera visible en la que los bosques ayudan a la seguridad alimentaria en la región es mediante las contribuciones a los regímenes alimentarios y al estado nutricional. Frutas, semillas, raíces y hongos proporcionan sustento directo a las comunidades que habitan en los entornos forestales.

 

La contribución de los bosques a la seguridad alimentaria del Planeta en general, y de América Latina en particular, va más allá del suministro de materias primas para la alimentación humana. Los bosques prestan servicios ecosistémicos o ambientales vitales para la alimentación  como lo son la protección de cuencas hidrográficas, la regulación del caudal de agua, el reciclaje de nutrientes, la generación de lluvias y la regulación de enfermedades de los cultivos. Los bosques mejoran la calidad de las aguas y contribuyen a regular su flujo. Ayudan a reducir los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos: reducen los riesgos de inundaciones, previenen las sequías y son un importante amortiguador contra las tormentas. Además, proporcionan leña y carbón, elementos fundamentales para la transformación y conservación de los alimentos mediante la utilización de energía que es renovable y por tanto, sostenible en términos de balance carbónico de la atmósfera.

 

Fuente de energía

 

Otro de los factores que cobran especial relevancia es la contribución de los bosques al suministro energético de las comunidades en América Latina. La leña es la fuente energética principal para la cocción y elaboración de alimentos en la mayor parte de la región, especialmente en las zonas rurales donde se concentra más de dos tercios de la población. Por consiguiente, el suministro de leña afecta directamente a la estabilidad, la calidad y la cantidad de alimentos consumidos.

 

La leña no sólo se utiliza en la cocción de alimentos, también en la conservación (ahumado y secado) de alimentos para su almacenamiento y posterior consumo. Así, la escasez en las zonas rurales está teniendo graves repercusiones sobre la seguridad alimentaria y la nutrición de las poblaciones no urbana de la región. El prejuicio ampliamente divulgado de que el consumo de leña produce necesariamente la degradación y destrucción de los bosques debe ser superado con la ayuda de campañas masivas de comunicación públicas apoyadas por estudios científicos. Múltiples experiencias de producción de leña y madera de manera sostenible demuestran que es posible y necesario incrementar la producción sostenible en bosques nativos para elevar su valor y reducir emisiones de gases con efecto invernadero, los cuales se producen al utilizar materiales de construcción y combustibles para cocinar generados a partir de la combustión de hidrocarburos.  

 

 

Por ejemplo, la producción potencial anual sostenible de leña y carbón de los bosques nativos argentinos sería equivalente a 213.6 millones de barriles de petróleo, casi tanto como la producción actual de petróleo en ese país. (Wood/Thiel, 2013. FAO TCIO).