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La pesca en América Latina y el Caribe, producción y consumo
: 31/08/2013

Es innegable que la pesca y la acuicultura realizan contribuciones importantes al bienestar y la prosperidad en todo el mundo: el pescado constituye una fuente esencial de alimentos nutritivos y proteínas animales para gran parte de la población, además de contribuir al desarrollo socioeconómico de los países productores. En América Latina y el Caribe la actividad pesquera se ha transformado en una actividad económica clave, generadora de empleo e ingresos para un buen número de familias. Sin embargo, existe una contradicción entre la elevada producción del sector pesquero de la región y el bajo consumo entre la población, con la excepción de las naciones insulares del Caribe. 

La realidad es que América Latina y el Caribe posee ecosistemas marinos altamente productivos con un número muy abundante especies. Tres de los grandes Ecosistemas Marinos del Mundo se encuentran en las costas del sur de la región, siendo el Sistema de la Corriente de Humboldt (Chile, Perú y Ecuador) el más importante. De hecho, contribuye casi con el 20 por ciento del total de pesca de captura mundial. Otros ecosistemas importantes en la región son la Plataforma Patagónica (Argentina y Uruguay) y la Plataforma Sur del Brasil.

El valor socioeconómico que aporta la actividad pesquera y sus derivados es muy elevado tanto a nivel mundial como en el caso de la región de América Latina y el Caribe. Se estima que la pesca y la acuicultura proporcionan medios de subsistencia e ingresos a unos 54,8 millones de personas en el sector primario de la producción pesquera mundial. De ellos, cerca de 2 millones viven y trabajan en la región.

Un sistema de producción complejo

En 2011 la pesca de captura y la acuicultura suministraron al mundo unos 154 millones de toneladas de pescado, de los cuales 131 millones se destinaron a la alimentación. Con una producción en crecimiento mantenido y la mejora de los canales de distribución, el suministro mundial de alimentos pesqueros ha aumentado considerablemente en las cinco últimas décadas. El pescado y productos derivados siguen estando entre los productos alimenticios más comercializados y demandados en todo el mundo, representando aproximadamente el 10% de las exportaciones agrícolas totales.

A pesar de la gran diversidad de especies y ecosistemas de la región, en América Latina los flujos de producción e intercambio comercial están dominados fundamentalmente por unos pocos países. Perú, Chile, México, Argentina y Brasil encabezan la lista, y entre ellos capturan alrededor del 90% del total regional.

Especial atención merecen Brasil y México, ya que son responsables del aumento significativo de la producción en las últimas décadas. En Brasil, esa tendencia corresponde a la subida de los desembarques de la pesca industrial en el delta Amazónico. En el caso mexicano, estos avances son fruto de la repoblación en embalses a partir de producción acuícola. En países como Venezuela, Perú y Cuba también ha habido un aumento de la producción, pero comparativamente menor en el contexto regional.

Unido a estos países, Chile también muestra un gran crecimiento en la producción y exportación de pescado: en territorio chileno se produce casi una tercera parte (31%) del salmón que se cultiva en el mundo. Es el segundo mayor productor tan sólo por detrás de Noruega, que genera el 33%, convirtiéndose hoy en el mayor exportador de salmónidos a Japón y Estados Unidos.

El caso del Caribe 

El sector pesquero en el Caribe es una importante fuente de medios de vida y sustento a los habitantes de la región, contribuyendo de forma determinante a su desarrollo económico y social. Este recurso también hace un aporte sustancial a la seguridad alimentaria, la mitigación de la pobreza, y a la estabilidad de las comunidades rurales y costeras. Sin ir más lejos, el sector da empleo directo a más de 120.000 pescadores, abriendo la puerta de las oportunidades de desarrollo y medios de vida mejorados a unas 200.000 personas.

Pese a la oportunidad que supone, en varios de los estados más pequeños del Caribe el consumo total de pescado y productos pesqueros es superior a la producción local, lo que fuerza a satisfacer la demanda por la vía de la importación. Se estima, por ejemplo, que Haití y Jamaica importan más del 60% de los productos de este tipo, predominando el pescado seco, salado y ahumado. Estos dos países, junto con la República Dominicana, lideran el consumo de pescado en toda la región con cifras por encima de la media total mundial (20 kg. por persona/año). Al mismo tiempo, otros países como Barbados, Jamaica y Santa Lucía, que cuentan con industrias turísticas relativamente grandes, también importan productos del mar refrigerados y congelados frescos para satisfacer la demanda interna.

Una elevada producción, pero bajo consumo

Pese a que la producción pesquera en América Latina es una de las más elevadas del mundo y cuenta con una extensa superficie marina, la región presenta algunas de las cifras más bajas de consumo de pescado per cápita, muy por debajo del consumo medio mundial.

El pescado y los productos pesqueros son una fuente valiosa de nutrientes de gran importancia para una alimentación diversificada y saludable. Salvo contadas excepciones respecto a determinadas especies, el pescado normalmente tiene un bajo contenido de grasas saturadas, carbohidratos y colesterol. Proporciona no solo proteínas de elevado valor, sino también una gran variedad de micronutrientes esenciales, que incluyen varias vitaminas (D, A y B), minerales (entre ellos, calcio, yodo, zinc, hierro y selenio), y ácidos grasos.

Si hablamos de consumo de productos pesqueros, la región de América Latina y el Caribe presenta una gran contradicción: por un lado la región es una de las principales productoras del mundo (más de 14.5 millones de toneladas al año). Sin embargo el consumo de pescado es uno de los más bajos del planeta. Mientras que la media mundial supera los 19 kg. por persona al año, en la región apenas alcanza los 9 kg. En un extremo encontramos a Jamaica (30 kg.) y Chile (23,5 kg.) como mayores consumidores, y a Bolivia (1,7 kg.) y El Salvador (5 kg.) como países con menor consumo de pescado por persona.

Los países de la región, apoyados por organismos internacionales como la FAO, están desarrollando proyectos para promover el consumo de pescado entre la población. El objetivo de estos programas es desarrollar la comercialización y el consumo internos de productos pesqueros: ya sea fortaleciendo las capacidades nacionales en temas relacionados con la comercialización, procesamiento y control de calidad de los productos pesqueros, o aumentando y mejorando la información que los consumidores finales tienen sobre el pescado y sus derivados.

 

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