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Josefina Stubbs: “El reto de cerrar las brechas de inequidad en América Latina y el Caribe pasa por respuestas concretas de desarrollo integral en las comunidades rurales”
Fecha de publicación: 31/03/2014

Agronoticias ha tenido la oportunidad de conversar con Josefina Stubbs, Directora de la División de América Latina y el Caribe (ALC) del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), quien cuenta con una amplia experiencia en la dirección y gestión de proyectos de desarrollo económico y social en la región desde una perspectiva complementaria al haber trabajado previamente para la ONG Oxfam y para el Banco Mundial. Josefina Stubbs, Doctora en Ciencias Políticas y Desarrollo Internacional, dirige desde el FIDA proyectos para mejorar el acceso al mercado, programas de desarrollo liderados por mujeres, jóvenes e indígenas, proyectos de cambio climático y proyectos de mejora de infraestructuras en coordinación con los gobiernos de la región.

Agronoticias: ¿Cuáles son, en su opinión, los principales desafíos y retos a los que se enfrenta el sector  agropecuario en América Latina y el Caribe (ALC)?


Josefina Stubbs: Hemos visto bastantes progresos en América Latina y el Caribe, sin embargo, tenemos el desafío de la inequidad y desigualdad en la región que afecta, primordialmente, a los sectores rurales. Los gobiernos latinoamericanos están haciendo un gran esfuerzo con políticas para reducir la pobreza, pero hay que seguir trabajando para poder cerrar la brecha existente.

Creo que para el sector rural existe todavía una gran necesidad de infraestructuras, especialmente de transporte, las cuales no están a la altura del desarrollo de los países ni de lo que las comunidades se merecen. Tenemos dificultades también con la transferencia de tecnología y el acceso a los mercados de los pequeños productores. Además, es necesario elevar los niveles de educación de las comunidades rurales, pues la educación es fundamental para la productividad y para el crecimiento. Hay por delante el reto de dar a la región respuestas concretas de desarrollo, de oportunidades y de inversiones en las comunidades rurales.

 

A.N.: Hemos hablado del problema de la inequidad, de la desigualdad en la región como retos importantes. ¿Qué programas/proyectos está desarrollando el FIDA en América Latina para reducir esa brecha? ¿Cómo está contribuyendo el FIDA a reducir esas desigualdades?

 

J.S.: El FIDA trabaja con los gobiernos de América Latina y el Caribe para apoyar las políticas destinadas a las comunidades rurales. En este sentido, el caso de Brasil es muy significativo con sus programas de compras públicas, de asistencia técnica especializada, de apoyo a los pequeños productores en la trasferencia de tecnología, de acceso al mercado  y acceso a recursos. Creo que Brasil va marcando un camino muy interesante y sirve de ejemplo para el resto de la región.

 

América Latina y el Caribe son conscientes de que la agricultura no es el único motor de crecimiento del desarrollo rural. Apoyamos de manera integral a las empresas rurales, donde el papel de las mujeres y los jóvenes es esencial. La capacidad empresarial de las mujeres sustenta las economías locales y, en consecuencia, la de los países. En El Salvador, por ejemplo, el Programa de Competitividad Territorial Rural “Amanecer Rural”, apoya diversas empresas rurales, y me gustaría citar una iniciativa manejada fundamentalmente por mujeres pescadoras, quienes bajo sistemas controlados de pesca, no sólo proveen a sus comunidades, sino que se han convertido en proveedoras de supermercados, restaurantes. Esta empresa se ha convertido en una herramienta de empoderamiento que está teniendo resultados extraordinarios.

A.N.: Son también muy diversas las organizaciones que están trabajando en el desarrollo agrícola en la región. ¿Cuáles son sus principales socios? ¿Qué tipo de cooperación tiene el FIDA con ellos?


J.S.:
Entendemos que el reto del desarrollo rural y el camino que hay que recorrer es enorme, a pesar de los esfuerzos realizados por los organismos internacionales y los gobiernos. Sin embargo, para abarcar este reto la única manera de sumar es trabajando en equipo.


Hablando del caso de Haití, sentimos la necesidad de reforzar la colaboración entre los distintos socios para que los programas puedan ser implementados de manera realmente efectiva y transparente. FIDA trabaja en colaboración con el Centro de Inversiones de la FAO, que nos apoya en el diseño de proyectos y presta asistencia técnica en diversos temas. Junto con el Gobierno de Haití, socios como el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Agencia Francesa de Cooperación nos ayudan en la ejecución de programas en las comunidades rurales. 

 

También en este sentido, Argentina ha creado la Unidad para el Cambio Agrícola y Rural (UCAR)del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca que gestiona la cartera de programas y proyectos con financiamiento externo (Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Mundial, FIDA…), con el objetivo de facilitar el desarrollo equitativo en las áreas rurales y mejorar la efectividad de los proyectos.   

 

No hay ningún país en la región en el que las agencias puedan trabajar independientemente, pues sabemos que para hacer desarrollo rural no hay una sola fórmula; es necesario  trabajar y colaborar entre todos para obtener los mejores resultados.

 

A.N.: A lo largo de este 2014 estamos celebrando el Año Internacional de la Agricultura Familiar ¿qué importancia tiene este tipo de agricultura no sólo para garantizar la seguridad alimentaria sino también como parte fundamental del desarrollo económico de los países?

 

J.S.: La celebración del Año Internacional de la Agricultura Familiar (AIAF2014) está sirviendo para dar visibilidad a una población que ha estado contribuyendo de manera silenciosa, y casi invisible, a la seguridad alimentaria de los países de la región, al desarrollo económico y al posicionamiento comercial de sus países. El AIAF2014 es un indicador de que regresamos al trabajo con el sector rural.

 

Durante un par de décadas América Latina y el Caribe descuidó a las comunidades rurales; en esos momentos el reto era hacer una región más competitiva en los mercados globales y la estructura agrícola se transformó para generar mayores beneficios e inversiones. Los pequeños productores, que generaban los alimentos necesarios para esas comunidades rurales, pasaron a un segundo plano, se volvieron “invisibles”. Por ello, el AIAF2014 les está devolviendo visibilidad y reconocimiento de la importante labor que realizan tanto para la seguridad alimentaria como para el desarrollo económico de los países.

 

A.N.: En los últimos años América Latina y el Caribe ha sufrido una transformación social: movimientos de población, especialmente jóvenes, del campo a las ciudades. ¿Cómo se puede activar y apoyar la economía del sector rural y ayudar a transferir conocimientos que permitan afrontar esa transformación socio-económica?

 

J.S.: La permanencia de los jóvenes en las comunidades es fundamental para la supervivencia del sector rural. Tenemos un proceso de envejecimiento de la población rural, que sólo se puede revertir, primero, apoyando a los jóvenes para crear empresas (no sólo agrícolas); segundo, mejorando el acceso a medios técnicos para aumentar la competitividad y reducir la carga de trabajo; y por último, mejorando las infraestructuras de transporte y comunicación para que el campo pueda ofrecer a las ciudades productos y servicios de mayor calidad. En definitiva, hay que abrir nuevas oportunidades para que los jóvenes y las mujeres se queden en campo o regresen a él, y puedan hacer de las zonas rurales un lugar digno para vivir.

 

A.N.: Visto el pasado y el presente de lo que ocurre en América Latina y el Caribe, miremos al futuro: ¿cuál es el futuro del sector rural en la región? ¿qué camino queda aún por recorrer y cuál es la ayuda que, en este sentido, puede prestar FIDA a los países y comunidades?

 

J.S.: Uno de los desafíos que tiene por delante la región es el reto institucional. No tenemos todavía instituciones que puedan abordar de una manera integral el desarrollo rural y que puedan integrar el sector rural en la economía nacional. Cuestiones como la integración de la pequeña agricultura y de los pequeños negocios rurales en la economía de los países siguen todavía sin respuesta, no sólo para su propio fortalecimiento sino también para que contribuyan al crecimiento económico de sus países. Esa institucionalización de la productividad rural todavía está en construcción y hay, por tanto, que trabajar desde los distintos Ministerios de la región. El sector rural necesita esta institucionalidad para poder avanzar.

 

Tenemos también el reto de las mujeres en el sector rural. Personalmente, me encantaría celebrar próximamente el Año Internacional de la Mujer Rural. Las mujeres rurales son una parte muy importante de las actividades económicas del sector rural. Sin embargo, todavía están en una situación de gran inequidad y, a pesar de sus contribuciones, no tienen acceso a crédito, a una atención sanitaria de calidad, a la seguridad de la tierra… Por tanto, de cara al futuro aún tenemos como reto visibilizar el aporte de las mujeres a la economía rural.

 

Con respecto a las políticas públicas es importante que lleguen a aquellos productores que viven en las zonas aisladas, limítrofes, y hacer que éstos agricultores sean co-partícipes del éxito de los programas, como los que tienen países como Brasil sobre acceso a crédito, a tecnología, a compras públicas, etc.

 

La transferencia de conocimiento y de tecnología a los pequeños productores es, sin duda, otro desafío. Es verdad que están llegando nuevas tecnologías a los pequeños productores, pero hay que adaptarlos mejor a sus necesidades. Debemos encontrar los recursos para orientar este conocimiento no sólo a aumentar la productividad sino también la calidad de la producción. Existen en la región instituciones dedicadas a la transferencia tecnológica como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Argentina o la “Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária” (EMBRAPA) en Brasil, pero siento que hay que trabajar más con ellas y apoyarlas para que desarrollen tecnologías adaptadas a las necesidades de los ecosistemas y a las prácticas naturales de producción de los pequeños agricultores.

 

Quiero también destacar el aporte que hacen los pequeños productores al manejo de los recursos naturales y a la mitigación de los efectos provocados por el cambio climático. En la nueva División del FIDA sobre Cambio Climático y Medio Ambiente rescatamos las prácticas ambientales de los pequeños productores que ayudan a reducir y mitigar estos efectos. Un ejemplo sería el trabajo que estamos realizando en los países andinos con los ganaderos de camélidos.

 

La agenda es enorme y traer desarrollo al sector rural implica mirarlo desde una perspectiva integral, desde todas las aristas que intervienen en el desarrollo del territorio y también de las familias. Para FIDA es un privilegio que tanto gobiernos como comunidades rurales depositen toda su confianza en nosotros para trabajar en pos de este objetivo.