A lo largo de los últimos años el crecimiento económico de los países de América Latina y el Caribe ha estado asociado al aumento de la producción de diferentes cultivos básicos, entre ellos la soja, el maíz, el trigo y la quinua. Las exportaciones de commodities agropecuarias han ayudado a elevar el crecimiento económico de la región en torno al 5 por ciento en los últimos diez años según datos aportados por CEPAL (Comisión Económica Para América Latina).
El auge de las exportaciones de estos productos de consumo básico ha suscitado un debate en el seno de los países de la región sobre los efectos colaterales provocados por este aumento de la producción. Entre estos temas de discusión se encuentran el cultivo de transgénicos; el fenómeno conocido como “land grabbing” (acaparamiento de tierras); la patente de variedades agrícolas autóctonas; o el avance de la frontera agrícola provocada por el interés comercial que han despertado estos cultivos.
A lo largo de los últimos años el crecimiento económico de los países de América Latina y el Caribe ha estado asociado al aumento de la producción de diferentes cultivos básicos, entre ellos la soja, el maíz, el trigo y la quinua. Las exportaciones de commodities agropecuarias han ayudado a elevar el crecimiento económico de la región en torno al 5 por ciento en los últimos diez años según datos aportados por CEPAL (Comisión Económica Para América Latina).
El auge de las exportaciones de estos productos de consumo básico ha suscitado un debate en el seno de los países de la región sobre los efectos colaterales provocados por este aumento de la producción. Entre estos temas de discusión se encuentran el cultivo de transgénicos; el fenómeno conocido como “land grabbing” (acaparamiento de tierras); la patente de variedades agrícolas autóctonas; o el avance de la frontera agrícola provocada por el interés comercial que han despertado estos cultivos.
China, y en menor medida India, se ha convertido en el primer socio comercial de Brasil, Chile, Perú y Argentina y el segundo para Costa Rica, México y Uruguay. A mediados de esta década, China ya podría ser el segundo destino para las exportaciones latinoamericanas, desplazando a una Unión Europea atrapada en su crisis. La exportación de soja y maíz, son los principales responsables de este considerable aumento en el intercambio comercial entre los países de la región con el gigante asiático. Por el contrario, la transformación del agro en América Latina y la amplia dependencia de un mercado volátil como el asiático y de un reducido número de cultivos (la soja representa el 53 por ciento del total de las exportaciones argentinas a China) hacen necesarios planes de producción (y exportación) a largo plazo para evitar que factores climáticos o los vaivenes en los precios puedan afectar de manera negativa al crecimiento de la región.
Sirva como ejemplo de esta inestabilidad los efectos de la sequía en Paraguay, según informa la agencia Reuters: “la sequía que se extiende en parte de Sudamérica afectó a un 40 por ciento de la producción paraguaya de soja del ciclo 2011/2012, un fenómeno que puso en alerta a las entidades financieras y amenaza el crecimiento económico proyectado para este año”. Además, otros países, cuyas balanzas comerciales dependen de estos cultivos, como Argentina, Brasil, o Uruguay, también han sufrido las consecuencias de la sequía (e inundaciones) y han visto cómo las proyecciones de sus cosechas se reducían al mismo tiempo que el volumen de sus exportaciones.
Maíz
La producción mundial de maíz en el 2012/13 logró un récord de 913 millones según el Consejo Internacional de Cereal. Es uno de los cultivos más comerciales, dada la diversidad de usos que presenta, como consumo doméstico para la alimentación humana y animal, así como materia prima de bajo coste que contribuyen a la fabricación de diversos productos, para aplicaciones industriales y para la producción de biocombustibles.
México produce unos 22 millones de toneladas de maíz al año sobre una superficie de 7,5 millones de hectáreas, de las cuales viven unos 2,5 millones de productores de pequeña y mediana escala, y se importan 10 millones de toneladas. Sin embargo, el 90% del cereal cultivado es blanco, destinado al consumo humano, lo que ha obligado a México a importar cada vez más maíz y para alimento de ganado. Además, la sequía que ha sufrido el país este año obligará a México a incrementar sus compras al exterior hasta un 13%.
Desde hace varios años, el país ha emprendido acciones para reducir los enormes volúmenes que importa, como por ejemplo, la concesión de subsidios a los productores de maíz para no poner en riesgo la seguridad alimentaria en un país donde este grano es básico para la alimentación de los mexicanos. Pero sus esfuerzos, además de ser de largo plazo, deben enfrentar un clima cada vez más cambiante que ha empezado a modificar las zonas cultivables.
Quinua
La LXVI Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una Resolución que declara al 2013 Año Internacional de la Quinua, destacando las cualidades nutricionales de del cereal, su adaptabilidad a diferentes terrenos agroecológicos y su contribución potencial en la lucha contra el hambre y la desnutrición. Éste hecho, unido a los diferentes estudios aparecidos en los últimos años sobre las propiedades de este grano han provocado una verdadera “fiebre” entorno a la producción, comercialización y consumo de este cereal.
Todos estos factores han provocado que el precio de la quinua prácticamente se haya triplicado en el mercado internacional debido a que el cereal es cada vez más apreciado por su alta capacidad nutritiva. El país más beneficiado por este incremento ha sido Bolivia, y en menor medida el resto de países andinos: principales productores de quinua. Si bien los principales productores son Bolivia, Perú y Estados Unidos, el cultivo se está expandiendo a otros países como Canadá o Brasil y también se está cultivando en Europa y de Asia con altos niveles de rendimiento.
Otro de los fenómenos causados por la "fiebre de la quinua" es el retorno de los campesinos que habían abandonado las zonas rurales del empobrecido altiplano boliviano hacia las ciudades u otras regiones del país. Algunos de estos emigrantes volvieron a instalarse en sus antiguas comunidades. Otros prefieren permanecer en el campo sólo durante las temporadas de siembra y la cosecha. Además, la fiebre de la quinua también está dejando como efecto una desertificación masiva en ciertas áreas: el auge de los precios en el mercado internacional ha provocado que productores están abandonando las técnicas tradicionales y reduciendo los períodos de descanso de la tierra en favor de la agricultura en masa.
Soja
Algunos países como Argentina y Brasil han conseguido equilibrar sus balanzas de pago debido a la exportación de este cereal que ha desplazado a un segundo plano a otros productos agropecuarios más tradicionales como el trigo o la carne en el caso argentino o el azúcar y el café en Brasil. También Bolivia y Paraguay han aumentado el terreno dedicado a la producción de esta oleaginosa con el objetivo de aumentar las exportaciones.
Según hemos recogido en este mes en AGROnoticias: el área plantada de esta oleaginosa en Brasil podría aumentar más de 2 millones de hectáreas en la próxima temporada y batir un nuevo record, de esa forma la producción podrá superar 80 millones de toneladas, 14 millones más que en 2011/2012. Argentina, tercero en la lista de productores mundiales, si consigue recuperarse de las sequías e inundaciones que ha sufrido en la última campaña, en 2011/2012 podría seguir el mismo camino de recuperación, aumentando tanto la extensión cultivada como el volumen de exportación. Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia siembran más de la mitad de la producción mundial de soja.
Un efecto asociado al aumento de la producción de soja ha sido la introducción de cultivos transgénicos para conseguir cosechas más abundantes y resistentes. Según datos aportados por el Instituto Inter-Americano de Cooperación para la Agricultura (IICA), América Latina es la región donde se siembran más cultivos transgénicos del mundo: 128.6 millones de hectáreas (80%) de un total de 160 millones de hectáreas sembradas en 2011 (Brasil 30.3, Argentina 23.7, Paraguay 2.8, Uruguay 1.3 y Bolivia 900.000 has.).