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Editorial

El ADN de la sostenibilidad

Por Jordi Vaqué, Gestor de Información y Comunicaciones en FAO

La biotecnología es la utilización de un organismo vivo de forma estratégica y para el beneficio del hombre, comprendiendo varias disciplinas y ciencias que parten de la biología molecular, y toman terreno de la bioquímica, la genética, la ingeniería, la química y la medicina, entre otras. En líneas generales, supone producir más con los mismos recursos. Pero su definición dista mucho de ser algo escueto y limitado. De hecho, la FAO contempla su concepción amplia, tal y como aparece en el capítulo 2 del Convenio de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad Biológica, apuntando a esta disciplina como “toda aplicación tecnológica que utilice sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para la creación o modificación de productos o procesos para usos específicos”.

Llevemos esta idea al terreno del cambio climático, por ejemplo. Año tras año, los niveles de producción de las cosechas basculan en respuesta a un contexto que ya no sigue patrones climatológicos regulares, que con frecuencia devienen incontrolables e impredecibles. En este sentido, la biotecnología busca favorecer la adaptación y la resistencia de las especies, que sean capaces de desarrollarse aun cuando las condiciones idóneas para su crecimiento no se dan. Y si hablamos de seguridad alimentaria en un mundo que cada vez tiene más bocas que alimentar y cuya sostenibilidad se ve permanentemente amenazada por la necesidad de producir más, ¿podría la biotecnología asegurar un uso equilibrado e inocuo de los recursos?

“Debemos contar con una amplia gama de herramientas y enfoques para erradicar el hambre, luchar contra toda forma de malnutrición y lograr una agricultura sostenible en el contexto del cambio climático”. Esas son las palabras del Director General de la FAO, José Graziano da Silva, en la apertura del simposio sobre biotecnología de este mismo año. En el mismo encuentro se resaltó el impacto positivo del uso de esta área multidisciplinaria en la gestión de los recursos, incrementando la eficacia en las explotaciones agrarias e impactando, por ende, la inocuidad del producto para su consumo.

 

"La biotecnología puede contribuir al manejo del ganado, la transformación y procesamiento de los productos agrícolas en alimentos"

 

Hablamos con Andrea Sonnino, Jefe de la Unidad de Investigación y Extensión de la FAO, quien asegura que la biotecnología “ha contribuido muchísimo a la seguridad alimentaria con resultados importantísimos y va a contribuir mucho más en el futuro. Puede contribuir al manejo del ganado, la transformación y procesamiento de los productos agrícolas en alimentos. Ha habido grandes logros, como la erradicación de la Peste Bovina, que ha liberado a millones de personas de una pesadilla increíble que ha causado millones de pérdidas en todo el mundo.”

 

La diversidad intrínseca de la biotecnología

La fermentación y el malteado, la polinización o la hibridación (cruce de especies) son algunas de las técnicas clásicas de una disciplina amplia y diversa. Más recientes serían técnicas como la fertilización in vitro o la mutagénesis, empleadas desde el siglo XX, o la más actual Reacción en Cadena de la Polimerasa o PCR, que permite detectar la presencia de patógenos en fase tempranas de los procesos infecciosos. Las posibilidades para el sector alimentario son poderosas y van desde lo estético a lo nutritivo: van desde las mejoras en el sabor, apariencia, textura y duración de los alimentos, a la tolerancia a los mismos –produciendo un tipo de gluten que pueda ser digerido por celíacos, por ejemplo. En lo que refiere a la producción, no sólo la adaptabilidad al clima es un factor a tener en cuenta. También la resistencia a enfermedades o plagas, como el caso de la enfermedad del mildiú en el mijo, por ejemplo, que se logró combatir eficazmente empleando marcadores moleculares.

 

"El debate ético sobre el uso de los OGM puede influir en la aceptación o negativa a la hora de producir o consumir determinados productos, tal y como ha ocurrido en Europa"

 

Sin embargo, ha sido la ingeniería genética (los Organismos Genéticamente Modificados o OGM) y su uso industrial a gran escala la que ha propiciado un acalorado debate en torno a la intervención humana sobre las especies. Los OGM, una de las ramas más demonizadas de la biotecnología, son el fruto de la intervención sobre la base genética de las especies para crear especies con mejores propiedades, algo que indudablemente se traduce en un rédito económico. ¿Realmente la eficiencia productiva de los cultivos genéticamente modificados beneficia al conjunto de la sociedad por su capacidad de enfrentar problemas alimentarios globales, o únicamente a aquellos que se benefician de su producción y comercialización, como si de un medicamento se tratase? Y ahí subyace la cuestión moral –omnipresente en cada mención de los OGM: ¿es lícito modificar el ADN de una especie para generar una producción mayor a menor coste?

Parece lógico que la gestión ética de los recursos fundamente la discusión, especialmente teniendo en cuenta cómo puede influir en la aceptación o negativa a la hora de producir o consumir determinados productos, tal y como ha ocurrido en Europa, con Francia a la cabeza. Y si bien el debate moral sigue en alza, la cuestión de los beneficiarios de los OGM está en parte obsoleta, como apunta Sonnino, “ya que se han empleado tanto por grandes empresas productoras como por los agricultores pequeños, como es el caso del algodón, normalmente producido en explotaciones menores por agricultores familiares. El uso del algodón trasformado genéticamente en su mayoría de los casos ha sido usado por pequeños agricultores, no por grandes explotaciones”. Aun así, insiste: “yo creo que los OGM están en detrimento. Existen ya avances y aplicaciones de la genómica que pueden ayudar más y más rápido. Creo que necesitamos mucho énfasis sobre biotecnología y poco sobre OGM”.

 

"La FAO puede ayudar a formular políticas técnicamente correctas según la voluntad política del propio país

 

El papel de la FAO

En el contexto de la biotecnología la FAO es proactiva y sigue cuatro roles principales. En primer lugar, conseguir información científicamente válida y neutral y difundirla para garantizar que los actores políticos tomen decisiones debidamente informadas. En segundo lugar proveer a los países de asistencia técnica para la formación de políticas. Señala Andrea Sonnino: “Esto significa que no es la FAO la que decide qué medidas adoptar sino que la FAO puede ayudar a formular políticas técnicamente correctas según la voluntad política del propio país.” El tercer rol observaría el desarrollo de capacidades técnicas, y el cuarto sería la facilitación de un foro internacional para que los países discutan entre ellos, intercambien informaciones, tomen decisiones y lleguen a acuerdos.

Este año la FAO ha auspiciado la Estrategia Global contra la Peste de los Pequeños Rumiantes (también llamada peste caprina) junto a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), quizás augurando resultados como los obtenidos con la peste ovina. Su erradicación se fundamente, como en el caso de su predecesora, en gran parte en la biotecnología aplicada a la ganadería.

 

Llevando el debate hasta las regiones

El primer encuentro de alto nivel que organizó la FAO sobre biotecnología tuvo lugar en Guadalajara, México, en 2010. En febrero de este año le siguió un simposio internacional. Algunas de las experiencias exitosas presentadas allí se compilaron en una publicación que incluye estudios de caso de Argentina, Cuba y Brasil, entre otros. Curiosamente, ninguno de los casos expuestos pertenece al ámbito de los OGM.

El simposio abrió la puerta a una conversación global sobre este tema. John Ruane, experto en biotecnología agrícola en FAO, explica: “Durante dos días y medio se celebraron un número de actividades, incluyendo reuniones ministeriales de alto nivel. Una de las conclusiones que emergieron  fue la necesidad de llevar el debate al plano regional. El Director General indicó que estas perspectivas podrían ir un paso más allá a través de conferencias regionales”. Así es como se confirmaron los futuros encuentros que se celebrarán en 2017 en África y Asia, y el año 2018 señala ya a América Latina como sede de una tercera conferencia regional sobre biotecnología.

No en vano, América Latina y el Caribe viene desarrollando proyectos integrales en agrobiotecnología desde hace décadas. Argentina, por ejemplo, ha sido pionera en el desarrollo de ganado bovino transgénico para la producción de medicamentos, además de un largo historial de transgénesis para incrementar la calidad de los cultivos. En Brasil hay más de 50 instituciones científicas y empresas comerciales que centran su trabajo en esta disciplina. México, cuna de las técnicas ancestrales en Mesoamérica y muy activo en el ámbito de la investigación, anunciaba este año la creación del Centro de Investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) en Acapulco, con el objetivo de potenciar la aplicación de la biotecnología a la agricultura.

 

"La biotecnología afecta a toda la sociedad y no puede ser evaluada sólo desde una óptica tecnocientífica"

 

Con el foco puesto en la seguridad alimentaria y el cambio climático, lo cierto es que el impacto potencial de la tecnología biológica en la región de América Latina y el Caribe excede lo meramente productivo, y entra de lleno en el terreno de lo social. Alexandre Bota Arqué, de la Universidad de Chile, publicaba en 2003: “el desarrollo de la biotecnología en el continente se convierte en una piedra de toque de la democracia para los estados latinoamericanos. La biotecnología afecta a toda la sociedad y no puede ser evaluada sólo desde una óptica tecnocientífica. También afecta a la simbolización de los organismos vivos, al modelo de desarrollo y a las relaciones de dependencia. Como intentamos decirlo: soluciona problemas y genera nuevas interrogantes. Por ello es necesario generar nuevos espacios donde se pueda avanzar en la simbolización, la participación, la discusión y la asunción de riesgos, ya que no existe una tecnología con riesgo cero y no se puede limitar su evaluación a criterios tecnocientíficos.”

 

Jordi Vaqué

Gestor de Información y Comunicaciones en el Centro de Inversiones de la FAO, División de América Latina y el Caribe (TCIC)

 

Agronoticias quiere agradecer a Andrea Sonnino y John Ruane su participación en este artículo.

 

Foto 1 – Hernán Piñera vía Flickr (CC BY-SA 2.0)

Foto 2 - Secretaría de Comunicación via Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Foto 3 - Oregon State University via Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Foto 4 - ©FAO/Giuseppe Carotenuto

    

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