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Editorial

2016, en perspectiva

2016 ha sido un año marcado por eventos inesperados en lo político y lo social, pero también en lo climático. La forma en que estos eventos han impactado en la agenda agrícola mundial, en la seguridad alimentaria y en la lucha contra el hambre y la extrema pobreza ha alcanzado magnitudes, cuando menos, impredecibles.

Arrancaba el año con los últimos coletazos de El Niño en Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina. Cerca de 150,000 personas recibían el 2016 fuera de sus casas a causa de las inundaciones. Argentina, además, presentaba en enero fuertes sequías en el noreste del país, amenazando los cultivos. “La situación es inaudita en un año de El Niño”, apuntaba una experta. CubaHaití, Panamá y Costa Rica sufrían las inclemencias del fenómeno a finales del mes, y la noticia de que Perú había evitado grandes pérdidas gracias a una prevención eficiente evidenciaba la importancia de la anticipación y resiliencia a los desastres naturales.

En Brasil, en medio de un inestable clima político, y con todas las miras puestas a la celebración de los primeros Juegos Olímpicos del subcontinente, saltaba la alarma en febrero por los efectos del virus Zika en el país, cuyo gobierno pronto daba a conocer estrategias para combatirlo. La FAO se comprometía entonces a apoyar a los países afectados para proteger la cadena alimentaria. “Con sus recursos y experiencia, la FAO está dispuesta a hacer lo que le corresponda”, sentenciaba José Graziano da Silva, Director General. En su visita a la conferencia regional de México en febrero, Da Silva mostraba su preocupación por el impacto del virus y volvía a poner énfasis en la malnutrición y la extrema pobreza como las asignaturas pendientes de la región, y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) la describía como “la más desigual del mundo”.

En abril, el Corredor Seco, como se había bautizado a la zona más afectada por las sequías en Centroamérica, centraba la atención a medida que organismos internacionales se hacían eco del progresivo riesgo alimentario y mediomabiental, y la necesidad de una intervención sistemática. En mayo ya se hablaba de desabastecimiento alimentario, y en junio la FAO acogía una reunión de alto nivel sobre el tema. Ese mismo mes, Ecuador sufría un devastador terremoto de 7,8 grados. ACNUR enviaba ayuda para las necesidades básicas de alojamiento y refugio de unas 40.000 personas, incluidos refugiados, solicitantes de asilo y residentes, todos ellos afectados por el seísmo.

En junio el Reino Unido votaba a favor de abandonar la Unión Europea en lo que pasó a llamarse Brexit, y con ello se abría un debate basado en la incertidumbre, y no sólo a escala Europea. ¿Afectaría de alguna forma a los tratados comerciales del país con América Latina y el Caribe? El Banco Central costarricense abordaba esta cuestión en estos términos: “Aún es pronto para identificar y cuantificar efectos de esta decisión sobre nuestra economía; sin embargo, es previsible que las implicaciones directas sean pocas, dada la baja participación relativa del Reino Unido como socio comercial de la nación”.

También en junio entraba en vigor el primer tratado internacional contra la pesca ilegal y no declarada, llamado “sobre medidas del Estado Rector del Puerto o PSMA”, que firmaban varios de los países de la región. Agronoticias publicaba la opinión del experto en pesca de la FAO Alejandro Flores para profundizar sobre el impacto de este acuerdo. “El objetivo final es proteger los recursos pesqueros de la sobreexplotación en el mundo”, apuntaba Flores. No en vano, en julio, FAO informaba que el consumo mundial de pescado por cápita supera los 20kg al año.

No fue el británico el único referéndum de resultado impredecible. En octubre Colombia, en medio de un clima social que ya daba por hecho el fin del conflicto armado, votó en contra del acuerdo de paz. Eso no evitó, sin embargo, que los medios de comunicación hablasen ya de posconflicto, el campo colombiano celebrase los acuerdos con el apoyo de la FAO, y los avances le valiesen a su presidente, Juan Manuel Santos, un Premio Nobel de la Paz. En el mes de diciembre, Santos visitaba la FAO para hablar de la importancia del sector agrario en el proceso de desarme. "El desarrollo rural es el dividendo de la paz en Colombia", apuntaba el mandatario.

También en octubre impactaba en el Caribe el huracán Matthew, afectando a Bahamas, Belice y República Dominicana, pero afectando especialmente a Haití. Los apoyos internacionales se sucedieron ante el riesgo de hambre: la FAO y el Programa Mundial de Alimentos se ponían en marcha. La situación también generaba la solidaridad entre países, y Panamá anunciaba en noviembre el envío de semillas fortificadas a la isla.

 

Los ejes temáticos

Combatir el hambre ha sido un tema clave en la agenda de América Latina y el Caribe, a menudo derivando hacia cuestiones de sostenibilidad y de aprovechamiento de recursos. Por ejemplo, el programa Mesoamérica sin Hambre cumplía un año en marzo, centrado en fortalecer la agricultura familiar en la región. Honduras, Costa Rica, República Dominicana y Guatemala impulsaban la nutrición adecuada desde la alimentación escolar. En noviembre, en el marco de la Cumbre del Cambio Climático, una vez más la seguridad alimentaria centró el debate.

El pequeño agricultor ha sido el objeto de muchas de las informaciones publicadas sobre el sector agrícola en América Latina y el Caribe, y el reconocimiento de derechos de los pueblos indígenas la gran asignatura pendiente, con énfasis en la tenencia de la tierra. Septiembre veía la formalización de los derechos de propiedad rural en Bolivia, beneficiando a 490.000 familias y comunidades indígenas. En diciembre, Brasil entregaba más de 600 títulos de tierras a pequeños agricultores, en su mayor parte indígenas. Se publicaban noticias sobre casos en Argentina y Honduras, y el experto del Centro de Inversiones de la FAO, Fabrice Edouard, contribuía a un artículo en Agronoticias sobre este tema. "La administración adecuada de la tierra ayuda a fomentar el crecimiento económico apoyando, a su vez, a los pueblos indígenas para salvaguardar sus territorios y áreas protegidas", aseguraba. En mayo, se celebraba en Guatemala un taller sobre gobernanza para comunidades indígenas, y el Proyecto de Ordenamiento de la Propiedad nicaragüense se marcaba como objetivo apoyar a los más vulnerables a través de un refuerzo de los derechos de propiedad. El Proyecto de Desarrollo Rural en Paraguay ponía el foco en el empoderamiento de comunidades indígenas.

El apoyo a la equidad de género ha sido reiterado. En abril, México resaltaba el rol de las mujeres emprendedoras en el campo mexicano. En noviembre, mujeres nicaragüenses se movilizaban para lograr un acceso a la tierra más igualitario, y Cuba lanzaba un programa para potenciar el liderazgo de las mujeres en el sector agrícola. En la línea de las desigualdades de género, el Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP) lanzaba el Informe Latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad, haciendo hincapié en las variables territoriales que intervienen en ellas. “Alcanzar la igualdad de género y empoderar a las mujeres no sólo es lo correcto, sino que es un ingrediente fundamental en la lucha contra la pobreza extrema, el hambre y la malnutrición”, declaraba en diciembre el Director General de la FAO, José Graziano da Silva.

Pero si ha habido un elemento que ha fundamentado las estrategias de desarrollo en la región, ese ha sido el cambio climático, con el manejo sostenible de recursos y la resiliencia como frentes principales. Con las sequías ganando intensidad en la región, proyectos de irrigación eficiente y de conservación del agua se han vuelto fundamentales. Nos llegaban noticias como la inversión de 23 millones de dólares en riego en Honduras, o cuando Chile avanzó en un plan de reformas sobre el uso de los recursos hídricos en el país. Cuba, Jamaica, Ecuador, y Nicaragua fueron noticia por desarrollar propuestas relacionadas con el agua. También la silvicultura sostenible fue objeto de discusión. El informe SOFO (del estado de los bosques del mundo) 2016 imprimió urgencia en la búsqueda del equilibrio entre gestión forestal y agricultura, resaltando la contribución fundamental de los bosques a la reducción de las emisiones de carbono. Sobre este tema Agronoticias lanzaba en octubre un artículo en profundidad, entrevistando a expertos de Costa Rica y Chile.

El rol fundamental de los insectos en la polinización de los frutales, y por ende en la producción de alimentos, fue una noticia que fue ganando fuerza en los circuitos informativos. En marzo nos llegaba la noticia de que apicultores brasileños lanzaban un programa de resiliencia al cambio climático, y en noviembre la FAO resaltaba el papel clave de la polinización en la seguridad alimentaria y el cambio climático. En un plano secundario, la agrodiversidad, como en el caso del proyecto

de conservación de los sistemas agrarios tradicionales en México, y el uso de la tecnología avanzada, y las posibilidades que ofrece para una gestión mejor y más sostenible de los recursos han sido también temas destacado. Este año Agronoticias ha abordado estas cuestiones con artículos sobre el monitoreo de la sequía desde el espacio, el uso de drones y apps en el agro, la biotecnología como vía de producción sostenible, y la importancia del Big Data en la agricultura del futuro.

 

Las inversiones

"Invertir en el desarrollo agrícola y rural significa invertir en la economía en su conjunto", aseguraba este año el Presidente del FIDA, Kanayo F. Nwanze. Así, Colombia ha activado planes de inversión agropecuaria en un esperanzador contexto de postconflicto. México apoyaba créditos para productores rurales en ganadería, pesca, agricultura y apicultura, y muchos países de la región resaltaban su potencial para la inversión agrícola, como Cuba, que importa el 70% de lo que consume, o como cuando Nicaragua ofreció a los pequeños productores la explotación de parcelas ociosas en el país.

Con inversiones integradas en el territorio, buscando un desarrollo de las comunidades, el Banco Mundial y la FAO han impulsado proyectos a lo largo y ancho de América Latina y el Caribe. Por ejemplo, el Programa de Desarrollo de Cadenas Caprinas (PRODECCA), en Argentina, se centraba en la importancia de dotar a los pequeños productores de un rol activo en las cadenas de valor de sus productos. En octubre nos llegaba la noticia de que se preparaba el Proyecto Regional de Competitividad Agraria (AGRICOM), apoyando las alianzas estratégicas de productores en los estados insulares de Antigua y Barbuda, Dominica, Granada, Montserrat, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas. Muchos de estos proyectos han contado con actualizaciones cada vez más frecuentes en nuestra sección Expertos en Acción.

Los proyectos de inversiones, sus efectos y resultados, y sobre todo las comunidades contempladas en ellos están en eje del Centro de Inversiones de la FAO. El bienestar y desarrollo de estos productores familiares, pequeños agricultores, pueblos indígenas de toda América Latina y el Caribe son el motor de los proyectos y la variable más vital en la ecuación del desarrollo. Desde Agronoticias confiamos en que 2017 sea el año en que sus historias vean la luz. 

 

 

 

 

 

Fotografía en el Boletín de Edgar Barany C vía Flickr (CC BY-NC-SA 2.0)

Fotografía 1. Labores de prevención del Zika en República Dominicana. Imagen de Presidencia RD vía Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Fotografía 2. Acción sobre el Corredor Seco en Guatemala. Foto de WFP/Francisco Fión vía Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Fotografía 3. Haití tras el impacto del huracán Matthew. Foto de UN Photo/Logan Abassi vía Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Fotografía 4. Mujeres rurales en Brasil. Foto de Scott Wallace / World Bank vía Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Fotografía 5. Pescando en el Alto Perú. Foto de vía Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Fotografía 6, retrato en Chiapas por Darij & Ana vía Flickr (CC BY 2.0)

    

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