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El arroz producido en Uruguay se toma la revancha
Fecha de publicación:20/09/2012
País: Uruguay
Fuente: Blasina y Asociados

Durante los últimos cuatro años los arroceros vieron pasar el auge de precios de los demás granos con inevitable amargura. Mientras los demás subían y subían el cereal mantuvo su cotización muy estable. Y eso, en un marco de costos crecientes, significaba márgenes cada vez menores hasta aproximarse al empate o la pérdida.

Esto es natural. Poco tiene que ver el arroz con los biocombustibles y la alimentación animal, los dos grandes motores de los precios de los granos en los últimos 10 años.

En ocasiones, durante el año pasado, el arroz llegó a valer menos que el sorgo y terminó como alimento del ganado. Algo casi ofensivo para productores que generan un grano de excelente calidad, segregado por variedades y que han renunciado al uso de tecnologías genéticas de vanguardia porque no son aceptadas por los exigentes consumidores europeos.

La decisión lógica de los productores fue recortar áreas. Una cantidad inédita de arroceros ha decidido sembrar soja, al menos en algunas partes, “para ir conociendo el cultivo”.

Con o sin riego, la oleaginosa tiene ventajas difíciles de descontar frente al arroz. El pago por adelantado a través de los mercados de futuros principalmente. Más allá del alto precio un mecanismo de esa transparencia y con esas ventajas financieras resulta una tentación irresistible. Pero además es más barato y más simple.

Lo mismo observan los agricultores en Río Grande del Sur. Y por lo tanto, el área de arroz en la región baja. Y allí está la causa de la revancha arrocera de esta primavera. Un precio que está plano en todo el mundo y que venía muy tranquilo en Brasil hasta dos meses atrás y que ha estallado en el país vecino.

La decisión de sustituir al arroz por soja ha sido tomada a ambos lados de la frontera entre Uruguay y Brasil y con menos área en Río Grande del Sur –también bajará en Argentina– los precios han empezado a cobrar un impulso notable. Para los brasileños las cotizaciones en dólares cuentan poco. Para ellos un precio menor a 20 reales es ruinoso y uno de más de 30 reales es eufórico. Y así, han pasado de una situación muy grave en el otoño de 2011 (menos de 20 reales por bolsa) a la euforia.

La corrida del arroz brasileño

Desde marzo a junio de 2011, el momento pico de cosecha, los agricultores brasileños tuvieron un precio inferior a 20 reales. Los arroceros gaúchos, a diferencia de los uruguayos, venden individualmente su producción al precio que fije en cada momento el mercado. El precio repuntó algo para la primavera pero no cambió de una forma concluyente. La señal fue sembrar menos en la siguiente primavera. Y así lo hicieron.

Por eso este año, pasada la oferta del momento de cosecha, la industria del país vecino se empezó a encontrar en dificultades para abastecerse. Una dificultad que continúa. El precio venía estable en 27 reales este año, con la entrada de la cosecha en otoño cayó a 25 reales pero ya se empezó a ver que el descenso era leve, porque la producción era reducida.

Al final de marzo subió a 26 reales, en los primeros días de mayo llegó a 28. La señal fuerte llegó al final de julio cuando alcanzó los 30 reales.

Y ahí los productores tomaron conciencia de que la escasez era importante y se afirmaron sobre sus granos almacenados. A fines de agosto el precio cruzó los 35 reales, esta semana superó los 38 reales, y es posible que los 40 reales ya sean un precio establecido la semana próxima.

Con un dólar en Brasil apenas por encima de dos reales, el precio para los agricultores brasileños se acerca a US$ 20 por bolsa. Ese precio del otro lado de la frontera da una señal muy fuerte hacia Uruguay. Dos meses atrás los arroceros estaban con una perspectiva de precio que dudosamente cruzara los US$ 13, con poco agua en las represas y con poco ánimo para sembrar.

Tras las lluvias de esta semana el agua está casi normalizada, salvo puntuales excepciones y una expectativa de precios para el arroz que se está sembrando debería ubicarse al menos en los US$ 14 por bolsa.

Un fenómeno plenamente local, porque en el exterior los precios mantienen la estabilidad de los últimos años, entre US$ 500 y US$ 600 por tonelada FOB.

El mercado internacional, donde Asia es la fuerza determinante, atraviesa situaciones contrastantes y en algunos casos de una heterodoxia llamativa.

El que tradicionalmente es exportador principal, Tailandia, está desde hace un año llevando adelante un esquema de compras en el que lleva invertido US$ 10.000 millones y en la cosecha que está por comenzar deberá invertir otros US$ 5.000 millones. El gobierno asegura a los productores un precio atractivo, compra y guarda en sus galpones, para enojo de los exportadores que tienen su negocio alterado. Ese es un factor de sostén para los precios asiáticos que sino estarían bastante más bajos.

India ha tenido finalmente lluvias que llegaron a tiempo para salvar a cultivos que estuvieron muy amenazados por la demora del Monsón, por lo que el abastecimiento de Asia es en general bueno.

No deja de ser curiosa la situación que atraviesan los arroceros pakistaníes impedidos de fertilizar por la prohibición que pesa sobre estos insumos que tanto sirven para nutrir los cultivos como para fabricar bombas. Ni la urea ni el nitrato de amonio pueden ser utilizados en el país vecino a Afganistán.

Más allá de lo anecdótico, se mantendrá en Brasil y EEUU una presión para sembrar más soja en campos arroceros. Una baja de área en dos países referentes para la formación del precio uruguayo.

La región tendrá difícil el desafío de competir con el arroz asiático. Vietnam desde hace tiempo está produciendo el arroz más barato del mercado. La diferenciación que ha logrado Uruguay aunque ha dado excelentes resultados, por ejemplo en las ventas a Irak, no permite despegarse infinitamente del precio de los competidores. Por otro lado, a los actuales precios, no hay mejor negocio que exportar a Brasil.  Eso, claro está, si los camiones no son trancados en la frontera. Pero desde Brasil llegó esta semana una noticia fundamental que consolida el excelente momento arrocero. La presidenta Dilma Rousseff vetó un proyecto que intentaba aplicar una tasa de 9,25% al arroz importado aunque fuera de los países del Mercosur. Con el veto presidencial queda libre el camino para que Uruguay abastezca a Brasil con el arroz que le está faltando.

El gobierno brasileño precisa del arroz importado para mantener la inflación y el precio de uno de los productos más sensibles, al alcance de los consumidores de menores ingresos.

Con libre tránsito, el arroz uruguayo debería tener unos cuantos meses de precios firmes que lo despierten de la siesta que ha dormido desde 2009 y que, con un costo de producción de US$ 2.000 por hectárea, amenazaba con provocar una crisis en el rubro agrícola que más tecnología aplica desde la siembra hasta la bodega de los barcos.

Que los precios del arroz puedan mantenerse en el futuro es un poco más dudoso. A una cotización de casi US$ 600 FOB, el arroz del Mercosur, junto al de EEUU, es el más caro del mundo. Por su precio de exportación y por su costo de siembra. Algo que seguirá siendo desafiante en los próximos años. Pero al menos en este, la suba de la soja, llega en auxilio del sector arrocero.

Una polémica estabilidad.

Los arroceros que participan del precio convenio con la industria no captarán todo el beneficio de la suba de precios de Brasil. Tienen el beneficio de la estabilidad de precios. Mientras la soja disponible perdió US$ 50 por tonelada desde el comienzo de la semana y la del año que viene tuvo una caída fuerte esta semana, en el arroz todo es más tranquilo. Una crisis económica golpearía mucho más a la soja que al arroz. O una decisión de China de frenar la compra de granos.

Pero eso no necesariamente conforma a los agricultores. La industria ha vendido el 70% del arroz de la cosecha pasada. Eso a precios internacionales y con costos de fletes mayores a los de vender cruzando la frontera. Es decir que en la formación del precio definitivo de la cosecha pasada, el repunte solo afectará al 30% de lo producido.

La situación puede así ensanchar la brecha de precios entre el arroz brasileño y el uruguayo en una proporción mayor a la que ha sido habitual. Ya la determinación del precio del arroz de la última cosecha generó fuertes polémicas y tuvo que ser determinado por arbitraje.

Para el arroz uruguayo alejarse del precio brasileño significaría una pérdida de competitividad fuerte respecto a los vecinos y un desafío para una integración de productores e industria que sigue siendo defendida con firmeza por la gran mayoría de los agricultores, pero es cuestionada en voz baja por algunos.

Palabras clave: Arroz, Uruguay, Brasil, precio, revancha, producción
Publicado por: El Observador (Uruguay)