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Cultivos para el siglo XXI
Fecha de publicación:10/12/2012
País: Mundial

El número de  personas que mueren en el mundo cada año como consecuencia del hambre y la malnutrición ha alcanzado los 17 millones, es decir unas 40.000 personas al día, o sea una persona cada dos segundos. El hambre es con mucho la mayor pandemia y la mayor vergüenza de la humanidad. Además el hambre y la pobreza son el caldo de cultivo de problemas como la emigración ilegal y la violencia internacional.

En un mundo tan interrelacionado e interdependiente como el de comienzos del siglo XXI, el hambre no solo es un castigo para los que la sufren sino un peligro para toda la Humanidad. La  Seguridad Alimentaria es la condición sine qua non para la Paz y la Seguridad Mundial, por lo que erradicar el hambre en el mundo es hoy imprescindible aunque solo fuera por “egoísmo inteligente”.

Se da la paradoja de que se producen alimentos suficientes para alimentar a casi el doble de la humanidad actual. Estos alimentos están disponibles en el mercado internacional, pero no llegan a la boca ni a la mesa de los que tienen hambre. Por eso las recetas basadas en combatir el hambre mediante el incremento de la producción mundial de alimentos han fracasado estrepitosamente. Se hace necesario un enfoque nuevo que facilite el acceso a los alimentos incrementando la producción local de los mismos. Y es aquí donde los cultivos infrautilizados adquieren una importancia capital.

A lo largo de la historia, hemos utilizado unas 7.000 plantas  para llenar las necesidades básicas de alimentación, vestido y medicina. Hoy en día, sin embargo, no más de 150 especies son cultivadas comercialmente, de las cuales 30 constituyen el 90% del aporte calórico a la dieta humana y solo cuatro (arroz, trigo, maíz, patata) representan más de la mitad de esa contribución calórica. Ignorar e infravalorar esa enorme cantera de alimentos es un error que no nos podemos permitir, máxime cuando muchos de ellos continúan siendo esenciales en las zonas rurales de los países en desarrollo. Entre esos cultivos hay cereales (quinua, amaranto), legumbres (tarwi), y tubérculos (olluco, oca) en la región andina; el tef en Etiopía, el pejibaye o chontaduro en Centroamérica; los mijos en África y en la India y el pili en Filipinas. Esos cultivos que fueron centrales en la alimentación de grandes civilizaciones, constituyen una parte esencial de la despensa de la Humanidad para hoy y para mañana.

La mayor parte de los cultivos infrautilizados se encuentran en los campos de los pequeños agricultores. Según la FAO, una de las mejores y más rentables vías para salir del hambre y la pobreza es el apoyo a los pequeños campesinos, que junto con sus familias representan unos 2.000 millones de personas, o sea un tercio de la población mundial. Esos pequeños agricultores enfrentan por una parte una situación de escasez de alimentos producidos a nivel local y por otra la insolvencia para comprar alimentos del mercado internacional. Son precisamente estos agricultores los custodios de gran parte de los cultivos infrautilizados. El potencial de esos cultivos es inmenso porque apenas han sido objeto de investigación y mejora, una investigación que debería estar basada en la complementariedad entre tecnologías recientes, tradicionales y locales, como se ha demostrado en algunos cultivos andinos.

Hay muchas razones por las que los cultivos infravalorados merecen especial deferencia, por ejemplo, los cambios climáticos conllevan cambios agroecológicos impredecibles que a su vez modifican la productividad de cultivos, que pueden tener que ser reemplazados por otros más adaptados a las nuevas condiciones, como está previsto con el maíz en algunas regiones africanas. La diversificación que ofrecen los cultivos infrautilizados es garantía de resiliencia frente a los cambios climáticos, y aval para la mejora de los servicios de los ecosistemas agrícolas.

Por otro lado, en este mundo donde conviven el hambre extrema y la obesidad, los cultivos infrautilizados son fundamentales tanto para paliar la necesidad como para promover una dieta diversa y equilibrada. Además, muchos de los cultivos infravalorados se consumen localmente y son de fácil acceso en las zonas rurales donde vive una gran parte de las personas que pasan hambre. En consecuencia, sus precios no están gravados con los de la energía necesaria para transportarlos, ni con las cadenas de intermediarios y no se ven afectados por la especulación y fluctuaciones a que los mercados someten a los principales cultivos comerciales.

Como ciudadanos del mundo podemos contribuir a acelerar este proceso actuando localmente y exigiendo como consumidores productos buenos, ecológicamente limpios y producidos con salarios justos, transformando pacíficamente nuestro carro de la compra en un carro de combate.

Palabras clave: Cultivos, siglo XXI, NUS, Córdoba, Seminario
Author: José Esquinas
Publicado por: El País (España)