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Agricultores de Honduras buscan garantizar la seguridad alimentaria
Fecha de publicación:21/10/2013
País: Honduras

En muchas comunidades de Honduras, hombres y mujeres se levantan de madrugada para salir a cultivar la tierra para dar de comer a sus familias. En laderas y valles, la madrugada huele a café recién hecho y a tierra mojada, hasta es parte de la identidad nacional. Sin embargo los campesinos y campesinas forman parte de los grupos en mayor situación de vulnerabilidad del país, donde la falta de tierras marca su lucha diaria.

Santa Bárbara, ubicado en la región noroccidental, es uno de los departamentos más productivos de Honduras, sin embargo es también uno de los más empobrecidos de este país. El no gubernamental Foro Social para la Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (FOSDEH) calcula que para el 2014 el 80% de su población vivirá en situación de pobreza.

La Asociación Regional de Comunidades Organizadas (ARCO) es un esfuerzo para derrotar esa política de hambre que ha abatido a las comunidades marginadas, especialmente a los pequeños productores y productoras. Nació para romper esos esquemas de desarrollo que les han vendido a los agricultores de la zona, donde ha crecido la caficultura como única producción. Actualmente trabaja con familias de cuatro municipios de Santa Barbara: Arada, Atima, San Nicolás y Santa Bárbara; 27 aldeas y alrededor de 100 familias son parte de este proyecto que arrancó en el 2002 desde la pastoral social de la Iglesia Católica de San Nicolás en Santa Bárbara. 

“Nuestro objetivo es fomentar el desarrollo socioeconómico con la economía solidaria, recuperando nuestra semilla nativa y formando a las familias para que produzcan para su consumo”, explica a Noticias Aliadas Orlando Martínez, dirigente de ARCO.

Producen café, hortalizas, hay una feria de agricultores y se incentiva a producir la semilla criolla. Parte de la cultura es guardar y producir la semilla criolla para no sembrar los transgénicos, contó Martínez.

Alimentos sanos
El fomento de la agroecología para garantizar la soberanía alimentaria va contra las leyes del mercado y por tanto se muestra como un camino cuesta arriba para quienes sueñan con una producción de alimentos libre de transgénicos y desde la cultura indígena propia.

En Honduras existe la Asociación Nacional de Fomento a la Agroecológica (ANAFAE) que aglutina 35 organizaciones a nivel nacional para el rescate de la semilla criolla y una producción sana que garantice justicia y soberanía alimentaria, especialmente en comunidades y municipios ubicados en las zonas más empobrecidas del país, paradójicamente las más ricas en bienes nutuales y tierras.

Esta asociación ha documentado diversas experiencias que se dan en todo el país, y que especialmente se están presentando en la zona sur también, donde la sequía es el principal enemigo de los pequeños productores.

La ingeniera Jacqueline Chenier, especialista y consultora en el tema de fincas agroecológicas, asegura a Noticias Aliadas que Honduras ha tenido una historia triste para los productores nacionales, desde el proceso de reforma agraria hasta la actual crisis económica que azota el país. 

“En los años 70 Honduras era llamado el granero de América. Ahora tenemos una forma de consumo desmedido con las importaciones, importamos la mayoría de los granos que consumimos: arroz, frijoles y maíz”, lamenta Chenier. Los reportes más recientes de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA) colocan a Honduras en el tercer lugar de los países que compran más alimentos de lo que exportan en la región.

Los países de Centroamérica lograron en enero del 2013 incrementar en un 5.7% las exportaciones en todos los productos, respecto al mismo mes del 2012, según la SIECA, pero a la vez, compraron más de lo que vendieron. 

En enero del 2013, el déficit de la balanza comercial en América Central creció un 11% frente a la cifra de enero del 2012. El año pasado la región importó US$2.1 millardos más de lo que exportó.

“Nos gustaría que la FAO [la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura] con el gobierno no nos hagan contrapeso en lo que a recuperar la semilla criolla se refiere, porque ellos realizan campañas supuestamente para garantizar seguridad alimentaria pero lo que hacen es promover los transgénicos y eso es lo que queremos erradicar”, asegura aNoticias Aliadas Jerson Medina, un pequeño caficultor perteneciente a ARCO.

Medina tiene una microempresa afiliada a la cooperativa que ARCO ha creado para impulsar el comercio justo para agricultores pequeños que producen de forma orgánica.

Sin embargo Medina y muchos productores de Honduras están acostumbrados a ver a la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG)  junto a la FAO como un dúo destructivo para quienes quieren un tipo de producción más sostenible y amigable con el medio ambiente.

Muchos campesinos se conforman con el bono tecnológico de semillas mejoradas y fertilizantes para el cultivo de una manzana (0.7 Ha)  (1.74 acres) de granos básicos que la SAG entrega como única ayuda al sector agrícola una vez al año, especialmente en el mes de mayo. 

Chenier asegura que a pesar de que la FAO tiene el Programa Especial para la Seguridad Alimentaria (PESA) —que  promueve la mejora de los sistemas de producción sostenibles de las familias, a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población—, que si bien en otros países ha funcionado, en Honduras, por la falta de voluntad política de las instancias encargadas del Estado, esto se ha vuelto en contra de la búsqueda de la soberanía alimentaria. 

 “Nosotros que sustentamos nuestra base tradicional en el maíz, tenemos esa  riqueza, sin embargo es un camino cuesta arriba para quienes le apuestan a la agroecología por los muchos actores detrás de esta industria”, explica la experta.

Tierra en pocas manos
Además, Honduras ha tenido una larga historia de tenencia de la tierra en pocas manos, algo que se ha agudizado con el incentivo del monocultivo especialmente en los valles, ahora extendido hasta las laderas como Santa Bárbara con el café, o hasta el cultivo de palma africana.

“Sabemos quiénes son los que ganan con este método, ganan los grandes terratenientes como Miguel Facussé, uno de los más grandes palmeros del país, por quien se ha expandido la crisis agraria en el Bajo Aguán”, dijo Chenier, en referencia a los conflictos que vienen ocurriendo desde el 2009 entre terratenientes y grupos de campesinos por la ocupación de fincas cultivadas con palma africana.

Los agricultores aseguran que las tierras les fueron asignadas en 1980 mediante una reforma agraria. Sin embargo, una ley de 1992 permitió la venta de las parcelas, en forma de cooperativas, que habrían sido adquiridas de manera fraudulenta por los terratenientes a precios muy bajos.

Además, el monocultivo de caña y palma ha generado desplazamientos masivos de la gente del campo a la ciudad causando mayor crecimiento de la pobreza.

ARCO es una de las tantas iniciativas que busca erradicar el sistema de hambre y pobreza que condena a la población hondureña. Comenzaron desde lo pequeño, a trabajar un proyecto de agricultura de familias integradas y ahora los proyectos que han avanzado son las escuelas de campo, las cajas rurales, y las tiendas comunitarias. 

Como organización tienen muchos sueños, por ejemplo, un centro de capacitación para que funcione una escuela de educación popular que permita expandir la agroecología y los conocimientos tradicionales que se van perdiendo en las nuevas generaciones. Otro sueño es tener un medio de comercialización de sus productos, un medio justo. Sueñan además que exista algún día una política pública que vele por el bienestar y la salud de los hondureños y hondureñas. 

Palabras clave: Honduras, campesinos, agricultures, seguridad alimentaria
Publicado por: Noticias Aliadas