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Cultivadores de soja de Uruguay esperan batir un nuevo récord de producción y exportación
Fecha de publicación:04/03/2013
País: Uruguay

Los agricultores y todos quienes de ellos dependen tienen en estos días un ojo en el cielo y otro en las chacras. Y cuando no, miran la pantalla de la notebook para seguir la evolución del precio de la soja en la Bolsa de Chicago. De las lluvias depende buena parte de las divisas que ingresarán al país por el nuevo oro verde del campo uruguayo: la soja.

Ese “yuyo” que fustigó la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner pero que tantos beneficios le da a sus arcas, era inexistente hace una década, pero ahora es el cultivo más expandido y le respira en la nuca a la carne como motor generador de divisas, avanzando para superar los casi US$ 1.500 millones que reportaron los embarques de cortes de bovino el año pasado.

Aunque el agricultor no decide cuándo llueve, sí cuida la chacra de insectos que generan daño y atiende a lo que sucede en Chicago para tomar opciones de futuro.

En las chacras hubo una pequeña fiesta cuando llovió la semana pasada, despejando un malhumor creciente por el déficit hídrico acumulado. Con viento en la camiseta, esperan que pronto lluevan otros 30 o 40 milímetros para que la fiesta sea completa.

En líneas generales, la soja de primera (la que se siembra temprano) recibió buenas lluvias en octubre y diciembre, las plantas crecieron robustas, con un potencial enorme, pero la falta de agua en enero e inicio de febrero les pegó duro. Igual habrá rendimientos mejores que los del año pasado porque las lluvias recientes las revitalizaron en un momento clave, evitando una merma mayor en la pérdida de vainas y, por ende, granos.

A la soja de segunda, las lluvias de hace algunos días le cayeron de perillas: en plena floración. Allí los rindes serán óptimos.

Los costos
Lo que el agricultor lamenta es que falta que una de las patas se enderece: hay precios de ópera, récord de área y cosecha con un buen rendimiento, pero se quejan del incremento de los costos productivos.

Para la zafra de 2012/2013, en pleno transcurso, la encuesta oficial del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) proyectó un área de 890 mil hectáreas, algo más del 80% de las 1.105.000 hectáreas con cultivos de verano (el resto son de maíz y sorgo, principalmente, y ya casi ha desaparecido el girasol).

Consultores privados estiman que el área estará por encima del millón de hectáreas, considerando que tras la encuesta los precios internacionales y la demanda por soja siguen firmes y que, además, en la zafra de cultivos de invierno le fue muy mal al trigo. Así las cosas, muchos agricultores se jugaron todos los boletos a la soja plantando todo lo que pudieron para corregir los números en rojo que el trigo les dejó.

El año pasado, con datos ya oficiales, de 875,9 mil hectáreas se levantaron 2.112.000 toneladas con un rendimiento promedio de 2.390 kilos por hectárea.

Si en el próximo otoño el rendimiento que se logra es solo levemente superior al del año pasado, se podrían recoger desde fines de marzo al menos 2,5 millones de toneladas de la oleaginosa, un nuevo récord.

Llegado el caso, habrá que volver a lidiar con un escollo de tamaño considerable: la logística necesaria para recoger, movilizar y almacenar esa gigantesca producción.

Habrá que maximizar entonces la disponibilidad, en algunos casos simultánea, de los no siempre abundantes recursos humanos, cosechadoras y tolvas, camiones, rutas y caminos cuyo desgaste se acentúa aceleradamente, silos, espacios en zonas francas y puertos y barcos graneleros que se lleven ese oro verde, sobre todo a China, el gran cliente.

Y, claro está, habrá que estar atentos en las oficinas, celulares e internet mediante, para cerrar negocios no bien los indicadores del mercado sean lo suficientemente seductores, aunque el precio actual por la soja está por encima de los US$ 500 por tonelada, muy arriba del promedio histórico. La cuenta país es sencilla: 2,5 millones de toneladas a US$ 510 por tonelada generará el ingreso de US$ 1.275 millones. Otro récord y a un toque de lo que la carne genera.

Uruguay tiene poco más de 16 millones de hectáreas productivas. Un millón de esas hectáreas la ocupa la soja. Un cultivo que despegó en forma vertiginosa inyectando ánimo y no solo en el litoral sobre el río Uruguay, donde están las tierras más fértiles, sino en todo el país. Otros rubros se las han tenido que ingeniar para adaptarse y convivir, incluso mudándose, por ejemplo la producción de carne y leche.

Pero donde hay rosas hay espinas. La soja es una leguminosa, toma el nitrógeno del aire y el único defecto es que es una planta seleccionada para entregarle todo al grano y casi no deja rastrojo, por eso mucha soja golpea, no porque la planta sea mala, si no porque no deja cobertura tras ser cosechada.

Casi nadie discute que la apuesta a un monocultivo potencia la erosión en suelos con décadas de desgaste. A esos suelos castigados la secuencia año tras año del tándem soja-trigo (lo que el bolsillo del empresario pide) le añade presión e hipoteca el futuro. Así lo entiende el gobierno que obligó a presentar planes de uso y manejo del suelo en los que son responsables el dueño, el tenedor del campo y el agrónomo que se haga cargo de diseñar y ejecutar el manejo agrícola.

Palabras clave: Uruguay, cultivos, cosecha, soja, exportación, comercio
Author: Juan Samuelle
Publicado por: El Observador (Uruguay)