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El maíz con sabor agridulce en Uruguay
Fecha de publicación:08/04/2013
País: Uruguay
Fuente: Blasina y Asociados

Desde el invierno pasado los agricultores uruguayos tenían claro que plantar maíz era una opción interesante. En julio, la peor sequía en décadas achicharraba a los maizales de EEUU, el principal productor mundial. Eso aseguraba una buena demanda a un precio firme para el grano del resto del mundo. Y la situación de año Niño prometía rendimientos interesantes.

Así la superficie maicera mantuvo la tendencia moderadamente ascendente de los últimos años y se estarán cosechando unas 130.000 a 140.000 hectáreas, prolongando un ascenso anual de aproximadamente 10.000 hectáreas, que se suman al incremento en superficie de maíz que se ensila o se vende como grano húmedo sin entrar al circuito de la exportación o las raciones.

Pero lo que los productores no podían esperar era que la abundancia de lluvias fuera tal que el cultivo rindiera casi como si se realizara con riego.

Las cosechas de chacras de 8.000 y más kilos han sido frecuentes y han permitido compensar el alto costo de un cultivo que ha pasado largamente los US$ 1.000 de costos por hectárea, pero que permitirá facturar en forma importante.

En una semana en la que la baja de las exportaciones uruguayas, tanto en marzo como en el primer trimestre, ratifican las luces amarillas o anaranjadas que emanan del atraso cambiario grave, el maíz junto con la carne son excepciones destacadas. Y el destaque proviene de la velocidad con que se ha ido cosechado y enviado al exterior el grano. Unas 300 mil toneladas, cifra inédita, que supera en 50% las exportaciones del año pasado y que es de fundamental importancia porque ratifica una tendencia que modifica la formación de los precios para el cultivo y da señales para que los cereales se afiancen en las rotaciones agrícolas.

En efecto, los productores han dispuesto desde hace tiempo de un precio por adelantado por el maíz de unos US$ 250 la tonelada, que luego bajó a US$ 240 y finalmente en esta semana descendió a US$ 220. Aunque haya ido ajustando a la baja, tomando en consideración el muy buen rendimiento y los precios históricos, es una buena cotización y permite que los que sembraron en superficies importantes estén cerrando un buen año.

Y sobre todo consolida para los años próximos una operativa que le da al agricultor seguridades similares a las que se disponen en soja, es decir, ir fijando y asegurando precios con mucha antelación a la cosecha. Y fluidez en la venta después de la misma.

La velocidad a la que se ha ido exportando también permite empezar a administrar lo que será la cosecha de cultivos de verano más grande de la historia uruguaya, porque al récord productivo del maíz se le sumará el de la soja.

Aunque todavía quedan chacras por cosechar, especialmente en el sur, y es por lo tanto temprano para estimar un rendimiento promedio, el mismo no estará por debajo de los 6.000 kilos por hectárea. Eso generaría una producción de 810 mil toneladas. Pero la productividad, de acuerdo a lo que se ha cosechado hasta ahora, podría perfectamente llegar a los 7.000 kilos. En tal caso la producción sería de 945 mil toneladas. Esto es para Uruguay una cifra muy fuerte, porque hasta el año 2004 la producción anual se ubicaba en torno a las 200 mil toneladas, que se consumían internamente cada año. Desde ese entonces, el consumo se ha más que duplicado, y puede estimarse en aproximadamente 500 mil toneladas, mientras que las exportaciones de este año podrían también ser récord al alcanzar 300 a 400 mil toneladas.

Se trata de un cambio muy importante, que tiene componentes estructurales y coyunturales. Las lluvias generan un rendimiento extraordinario. Pero también los productores ante una perspectiva favorable han hecho una apuesta tecnológica fuerte y han logrado muy buenos resultados. Y el riego se va abriendo camino asegurando rendimientos que superan los 10.000 kilos por hectárea.

Esto a su vez permitirá que haya un aumento de las exportaciones sin que se vea afectada la disponibilidad de alimentos en el mercado interno. La abundancia del maíz permitirá compensar al menos parcialmente la escasez del sorgo.

Para los productores de novillos con suplementación, de cerdos y aves, el maíz que en el otoño se ubicará sobre US$ 200 la tonelada tendrá un precio razonable. Y para los productores lecheros, que disfrutan de un año excepcional gracias a la sequía de Nueva Zelanda, la relación de precios entre lácteos y maíz permitirá dar a las vacas lecheras grano en abundancia.

La exportación ha tenido otra virtud este año, la de permitir a los productores que sembraron temprano capturar los buenos precios que generó la sequía estadounidense y salir del producto antes de que llegara el ajuste de precios a la baja. Un ajuste que llegó la semana pasada y se consolidó en la presente.

Dado que EEUU es por lejos el principal proveedor de maíz al mundo, el informe del Departamento de Agricultura (USDA, por su sigla en inglés) del jueves 28 de marzo pasado fue crucial (ver nota aparte). Y reportó más maíz en existencias del esperado y una mayor área a ser sembrada este año, de hecho la mayor superficie a sembrarse desde 1936. De modo que desde entonces el precio se desplomó.

Lo que más llamó la atención fue el nivel de reservas de maíz, que el mercado esperaba dramáticamente exiguo y resultó muy superior a lo que se esperaba. EEUU disponía al 1° de marzo de 137 millones de toneladas, casi 10 millones más de lo esperado. Menos uso de maíz para raciones y etanol dieron vuelta el mercado.

La sequía se hizo notar. Un año atrás había 153 millones de toneladas guardadas y para la enorme demanda estadounidense ya era una cifra ajustada. Pero el mercado interpreta que se llegará a la próxima cosecha con reservas y sin drama.

También en soja el stock de EEUU es bajo: 27,2 millones de toneladas. Pero el dato se ubicó 1,5 millones de toneladas por encima de lo que esperaba promedialmente el sector privado.

De modo que los precios, tanto en maíz y soja, han caído en forma importante desde ese día. Porque además la oferta desde el Mercosur irá calmando una situación de escasez grave que acompaña a los mercados en los últimos años. La soja ya no consigue los US$ 500 y más que tuvo en los últimos meses.

El Mercosur, con una cosecha extraordinaria de maíz y soja ha compensado parcialmente el bajo stock en EEUU. Uruguay fue parte de la tendencia a sustituir en el mercado internacional al faltante de maíz estadounidense y este año hay una cosecha récord que se ha ido volcando al mercado externo generando exportaciones también récord.

Los precios tuvieron una caída muy fuerte en Chicago principalmente para el maíz, pero también para la soja y el trigo. Pero no puede descartarse que reboten. La marcha de la siembra en EEUU pasa ahora a ser el determinante de los vaivenes en los precios. La sequía continúa en vastas zonas estadounidenses. En Texas complica gravemente a la ganadería, en otros estados amenaza a los cultivos ya implantados de trigo que han salido del invierno en muy mal estado.

Desde la semana próxima se espera que suba la temperatura en la zona núcleo de la agricultura de EEUU y comiencen las siembras en gran escala. Si los farmers logran sembrar en tiempo y forma y llegar a la cosecha en las áreas de maíz y soja, la baja de la semana pasada se verá confirmada en el mediano plazo y los desafíos del atraso cambiario uruguayo redoblarán su amenaza.

Pero para eso falta. Por ahora es tiempo de seguir levantando la mayor cosecha de maíz y soja de la historia uruguaya y colocarla en los puntos de destino, desafío inédito para la logística de granos del país.

Palabras clave: Uruguay, maíz, producción, cosecha, grano
Publicado por: El Observador (Uruguay)