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El campo se “sienta” sobre la soja y mete presión sobre el dólar e importaciones
Fecha de publicación:19/07/2013
País: Argentina
Fuente: Conexión Rural

La conflictiva relación entre la administración kirchnerista y el campo viene de larga data. Sin embargo, en las últimas semanas se intensificaron los roces, reavivando así una pelea que, según expertos, promete ir en aumento de cara a los próximos meses.

Los últimos cruces entre el Gobierno y los ruralistas fueron por el trigo, una batalla que contó con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, como figura estelar, quien amenazó con aplicar la Ley de Abastecimiento, temiendo por el impacto negativo en la opinión pública de un precio del pan por las nubes y de góndolas vacías.

A principios de junio, en tanto, la Mesa de Enlace había decidido reactivar su clásico estilo de protestas, decretando un cese de comercialización de granos y hacienda, como una forma de quejarse por lo que denominaron “políticas de destrucción del campo”.

Fueron dos conflictos que, claramente, sumaron nuevos focos de tensión a un Ejecutivo que está con los ojos puestos en los comicios de octubre.

Sin embargo, a esta historia de enfrentamientos se le estaría sumando un nuevo capítulo: los ruralistas están enviando cada vez menos soja a las terminales portuarias y, por ende, está bajando el ritmo de liquidaciones, la única gran fuente de divisas que le queda al Gobierno para “tirar” hasta fin de año.

En efecto, desde la Sociedad Rural Argentina (SRA) aseguraron a iProfesional que el campo está volviendo a apostar por “sentarse” sobre lo que queda de la cosecha, especulando con un mejor precio del dólar a futuro.

“Los productores estuvieron liquidando mucho maíz y lo que tenían de trigo y así fueron financiando sus gastos. Pero ahora están bajando el ritmo de ventas de soja, que es considerada una reserva de valor”, aseguró a este medio Ernesto Ambrosetti, economista jefe de la SRA.

En la misma línea, Gustavo López, director de la consultora Agritrend y uno de los más escuchados en el mercado, aseguró que, pese a que la liquidación de divisas es récord, el ritmo de ventas viene muy retrasado, algo que ya se está viendo plasmado en los números.

Según los últimos datos oficiales disponibles:

• A esta altura del año, los productores llevan vendidos a exportadores y a la industria unas 25 millones de toneladas de soja.
• Considerando que el total cosechado fue de 49 millones, el ritmo de entregas se encuentra en el orden del 51% del total disponible.

• Como contrapartida, en 2012, para esta misma fecha, se llevaban comercializadas casi 29 millones de toneladas, es decir, un 16% más que en la actualidad.

“Está claro que el ritmo viene con mucho retraso. La cosecha fue 9 millones de toneladas más elevada que la del año anterior y, sin embargo, hasta el momento se vendieron 4 millones menos”, disparó López, en diálogo con iProfesional.
Y este “retaceo” no es gratuito para el Gobierno.

Según datos del sector, en la segunda semana de junio se había logrado la segunda mejor marca del año en cuanto a liquidación de divisas, con cerca de u$s829 millones.

Sin embargo, aún quedando la mitad por vender, a partir de esa fecha, el ritmo de operaciones ha ido en descenso.

De hecho, en las primeras dos semanas de julio ni siquiera se llegó a los u$s500 millones, una cifra muy por debajo de los registros de 2012.

Así las cosas, de marcar tasas de crecimiento “chinas” y tras lograr un nuevo récord histórico, el ritmo de liquidación de divisas por exportaciones agrícolas claramente comienza a preocupar a la administración K y mete más presión sobre el mercado cambiario.
Un dato que corrobora esta magra performance es que, mientras que a fines de junio la liquidación acumulada estaba u$s1.000 millones por encima del mismo período de 2012, en la actualidad, la brecha es de apenas u$s480 millones.

Este dato es clave para el Gobierno. Porque, pese a que la producción sojera fue superior a la anterior, hasta el momento las cerealeras ingresaron al país tan sólo un 4% más de divisas que en 2012, con una cotización de la oleaginosa prácticamente en los mismos niveles.

Según López, “el productor se está sentando sobre la cosecha. Todavía queda otro 50%. Es un nivel muy elevado, porque hay una tendencia a buscar refugio en los granos, por ser considerados una reserva de valor”.

A esto, el experto sumó que “los productores están tomando nota del mayor ritmo devaluatorio y muchos están especulando con la posibilidad de conseguir al menos $1 más por cada dólar, lo cual no es poco en un contexto de baja rentabilidad”.

Así, para el especialista, la proyección de un deslizamiento más acelerado del tipo de cambio está impactando en las perspectivas del sector rural, que ahora sí estaría apostando por guardar la producción, un comportamiento que se había estimado que iba a ocurrir a comienzos de este año pero que finalmente está teniendo lugar a partir de este segundo semestre.
Preocupa el “colchón” verde
El hecho de que el campo esté optando por una estrategia más especulativa, al Gobierno le genera un claro problema, dado que estas divisas son grandes pilares del superávit comercial (diferencia entre exportaciones e importaciones).
El problema es que este excedente está siendo socavado a pasos acelerados por el creciente déficit de energía y de algunas ramas industriales, como la automotriz, que este año estará “succionando” por compra de autopartes unos u$s8.000 millones, un nivel récord, según estimaciones de Abeceb.

En este contexto, según adelantó la propia Presidenta, el saldo de la balanza cerró el primer semestre con un superávit de casi u$s5.000 millones.

A primera vista, este dato encierra un aspecto positivo: implica que en junio la diferencia entre exportaciones e importaciones sumó unos u$s1.150 millones. Sin embargo, el saldo acumulado del primer semestre se terminó ubicando un 26% por debajo del mismo período del año pasado.
Así las cosas, el dato positivo que arrojó junio no es suficiente -a ojo de los expertos- para marcar un punto de inflexión y garantizarle al Gobierno un buen colchón de cara a lo que resta del año.

La consultora Abeceb, por ejemplo, que arrancó el 2013 proyectando un superávit del orden de los u$s12.000 millones, hacia mayo lo había corregido hasta los u$s10.000 millones, en tanto que ahora maneja un nivel del orden de los u$s9.300 millones.
Paralelamente, Gabriel Caamaño Gómez, economista del Estudio Ledesma, coincidió en que “se ubicará por debajo de los u$s10.000 millones”.
¿Alcanza esa cifra? Para el experto, “este no es un buen número para el Gobierno, que trabajaba con un número del orden de los u$s13.000 millones, tal como se desprende del Presupuesto. Es decir, habrá un faltante de u$s3.000 millones como mínimo, justo en un año en el cual se les estarán yendo mucho más dólares en concepto de turismo”.
En tanto, el economista Agustín Monteverde no prevé que el saldo escale mucho más allá de los u$s8.000 millones, “producto de una situación energética que, lejos de mejorar, se agravó aun más y de un Brasil que está mucho menos dinámico y que tenderá a comprar menos productos argentinos en esta segunda parte del año”.

Para Caamaño Gómez, todo esto lleva a que “el Gobierno está padeciendo aun más los efectos del estrangulamiento externo. Es decir, entró en la fase de racionamiento de divisas. Y cuanto menos saldo se consiga, menos quedará para que compre el Banco Central, lo que llevará a un achicamiento de las reservas y a una menor confianza en el plano cambiario”.

El pasado diciembre la entidad que conduce Mercedes Marcó del Pont tenía un “colchón” de u$s43.300 millones. Este año -de acuerdo con proyecciones de Abeceb- éste podría desinflarse hasta los u$s36.000 millones, lo que implicaría una contracción de más de u$s7.000 millones.

Para hacer más complejo el panorama de cara a los próximos meses, desde Econviews estiman que la cruzada oficial por los Cedines no alcanzaría para engrosar el colchón verde.

Desde la consultora estimaron que los títulos “No Aplicados” -es decir, aquellos que no pueden ser canjeados por dólares-, apenas “podrían llegar a alcanzar los u$s2.000 millones, un monto que representaría tan sólo el 5% de la base monetaria”.
“Devaluar más rápido ya no alcanza para detener la caída de las reservas. Por esta razón caben esperar mayores controles sobre importaciones y gastos de turismo. Incluso, tampoco pueden descartarse medidas adicionales, como un desdoblamiento del mercado cambiario”, recalcaron desde la consultora que dirige Miguel Kiguel.

“En momentos en que el Banco Central no para de perder reservas, es casi un hecho que el Gobierno aplicará restricciones cada vez más duras. Por eso, el que esté pensando en viajar, que lo haga ahora. En unos meses va a ser mucho más costoso en término de pesos”, acotaron.

Monteverde coincidió en que, tras las elecciones, “las cosas van a ponerse más difíciles para el que quiera viajar al exterior o importar. Ya están escaseando insumos y bienes de consumo. Pero a futuro las cosas no van a mejorar”.

En un contexto que se anticipa adverso, el gerente de la Cámara de Importadores, Miguel Ponce, pidió a la administración kirchnerista que no se genere una suerte de psicosis en pos de lograr un mayor “colchón” verde.
“Hay que desdramatizar el hecho de que no se alcance un superávit de u$s10.000 milllones. Más importante que lograr esa meta es poder contar con los insumos y componentes importados clave para que no se frene la producción y poder cumplir con los acuerdos de exportación”, acotó el directivo, quien recordó que a comienzos de este año el Gobierno se había comprometido a agilizar el ritmo de aprobación de los permisos para ingresar productos al país (Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación), promesa que, sin embargo, no se plasmó en los hechos.

En este escenario, Ponce reclamó “que no se instale el mito de que se tiene que obtener la misma meta de superávit del 2012 a costa de lo que sea. En un año de elecciones debería privilegiarse la producción y el 80% de las importaciones tiene esa finalidad”.

En un contexto en el que cada millón de dólares cuenta, será el ritmo de liquidación de divisas por exportaciones de granos lo que el vaya marcando el pulso al Gobierno.

Por eso, nadie descarta que el Ejecutivo, a través de Guillermo Moreno, en breve vuelva a amenazar con llevar a la práctica la Ley de Abastecimiento para “abrir las tranqueras” y obligar a sacar la soja acumulada en los silobolsas, por más que el grueso de la producción tenga como último destino el mercado chino y no la “mesa de los argentinos”, tal como le gusta pregonar a la administración K.

Palabras clave: Argentina, maíz, dólar, importaciones, soja
Author: Juan Diego Wasilevsky
Publicado por: Conexión Rural