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Medición de huella de carbono, cada vez más exigida por los consumidores en Uruguay
Fecha de publicación:14/01/2014
País: Uruguay

Las empresas uruguayas están asimilando la necesidad de incorporar en mayor medida prácticas responsables que permitan medir las emisiones de gases de efecto invernadero de sus procesos productivos, así como su mitigación y neutralización. Lo que hasta hace relativamente poco tiempo era visto como buena reputación, se advierte que en la actualidad es una demanda de los consumidores en distintas zonas del mundo y en poco tiempo, se tornará en exigencia por parte de los principales socios comerciales.

Agustín Inthamoussu, Gerente General de Carbosur, una firma uruguaya dedicada a brindar servicios en el área de medio ambiente y cambio climático, señaló que la toma de conciencia sobre esta temática ha tenido un fuerte impulso a partir de proyectos de energía renovable. La generación de energías limpias permite a las compañías generar "bonos verdes", un activo que cotiza en el mercado internacional.

Un buen año

Carbosur abrió sus operaciones en el año 2000 y desde ese momento trabajan en temas de mitigación al cambio climático, área en la cual son los pioneros en el país. Hasta el momento, han desarrollado entre 15 y 20 proyectos por el mecanismo de desarrollo limpio y 8 iniciativas en el mercado voluntario. Además han trabajado en inventarios de gases de efecto invernadero (GEI) colaborando con el gobierno uruguayo y también con los de España y México. "Estos inventarios son obligatorios para los países que deben cumplir con el protocolo de Kyoto, que necesitan demostrar año a año cuánto han emitido", explicó el ejecutivo de la firma.

Para Inthamoussu, 2013 ha sido un buen año desde el punto de vista de la responsabilidad y la toma de conciencia de las empresas en relación con el concepto de huella de carbono, mediante el cual se mide la totalidad de GEI emitidos por el efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto. "Muchas firmas comenzaron a preocuparse por el volumen de gases que emiten al fabricar un determinado producto, brindar un servicio, organizar un evento o simplemente tener una oficina funcionando. En relación con el año anterior, el cambio es notorio", apuntó.

Hasta el momento, generalmente, la inquietud nacía en grupos empresariales con casa matriz en el exterior, preocupados por estos aspectos a nivel global y lo trasmitían a sus filiales, añadió el experto. "Pero el pasado año ha sido de un despegue de las empresas nacionales que comienzan a ver los beneficios de tomar en cuenta estos temas".

Sube y baja

Comentó que el mercado de los certificados de carbono "funcionó muy bien" entre 2008 y 2010 con precios muy altos de los bonos, "lo que estimuló a desarrollar proyectos". En 2011, con la crisis en Europa, los precios de los certificados bajaron notoriamente, a partir de una menor actividad económica que redujo las emisiones y también el escaso interés en invertir en proyectos responsables, cuando los números de las firmas no eran los mejores. "En Uruguay sentimos ese impacto -indicó- para las compañías, no valía la pena generarlos si terminaban siendo un costo en lugar de un activo. En 2008, estos papeles en el mecanismo de desarrollo limpio valían 25 euros la tonelada, hoy valen 0,5 euros".

Entiende que se trata de una situación coyuntural, con la crisis europea que todavía perdura y una sobreoferta de bonos. "Esas cotizaciones van a comenzar a incrementarse", enfatizó.

De todos modos, admite que no resulta sencillo convencer a las empresas. "Muchas de ellas aún lo ven como un costo y no como una inversión", reconoció Inthamoussu. Sin embargo, es una manera de mostrar que realmente están comprometidas con una visión a largo plazo, sustentable. "No se trata de una medida de marketing, de demostrar que soy muy bueno, sino que estoy afirmando que quiero que mi empresa perdure y que tenga cero impacto en el medio ambiente".

"En los últimos años, el impulso de las energías renovables nos permitió llevar adelante proyectos a pesar de la coyuntura. La generación mediante biomasa o eólica permitió desarrollar proyectos vinculados con la huella de carbono (HC), y para 2014 vendrá un nuevo empuje a partir de las granjas solares fotovoltaicas".

Futuro próximo

Para 2014, debería comenzar a observarse un mayor crecimiento, en especial en los exportadores, "que podrían llegar a tener impedimentos o barreras en el comercio exterior, hacia destinos de la Unión Europea, Estados Unidos o Australia, por ejemplo, ya que con la intención de proteger los productos que elaboran en su territorio, comenzarán en poco tiempo a pedir la cuantificación de las emisiones de gases de efecto invernadero por los bienes importados". En esos casos, además de las emisiones generadas en la producción, se debe sumar el proceso logístico y el transporte vinculados.

El riesgo del comercio exterior a partir de nuevas normativas internacionales que están en gestación, debe comenzar a internalizarse, a juicio del experto. "Si bien no existen aún normativas específicas que supongan barreras de ese tipo en el comercio ni ninguna exigencia internacional concreta que esté en aplicación y perjudique directamente nuestra producción, llegará a ser un problema en un futuro no muy lejano".

Puso como ejemplo lo que sucede internacionalmente con los vinos, "aunque en este caso está más vinculado con un tema de marketing que otra cosa", dijo. Cuando llega la botella a la mesa de un restaurante, aporta a la reputación del producto que incluya información en la etiqueta sobre el cuidado del medio ambiente que existió para la elaboración de esa bebida, algo que los consumidores exigentes comienzan a tener en cuenta.

"A nosotros nos deberían importar mucho los productos que componen la mayor parte de la oferta exportadora, como la carne, el arroz, la soja o los lácteos, pero en la mayoría de los casos, no llegan envasados a la mesa del consumidor europeo -salvo excepciones- por lo que es más difícil aplicar un diferencial de ese tipo para lo que se vende a granel. Sin embargo, pueden llegar a tener barreras, y hay que estar atentos", advirtió.

"En el sector forestal se comenzó hace tiempo con la certificación FSC (Consejo de Administración Forestal, por sus sigla en inglés) relativa al manejo ambientalmente responsable. Quienes lo hacían estaban preocupados por demostrar que su madera era de buena calidad, pero con el paso de los años se volvió una exigencia -no reglamentada- de parte de los consumidores de Estados Unidos o Europa. Es un claro ejemplo de que más allá de la existencia o no de normas, la preferencia del consumidor obliga a asumir estos cambios".

En países como Francia, Inglaterra y Estados Unidos ya se han puesto en marcha ciertos mecanismos para cuantificar las emisiones de gas de efecto invernadero de los productos elaborados internamente y los importados.

Empresas y procesos

El estudio de la HC no se remite a la medición de un producto en particular. "Es bastante más complicado que decir que la carne vacuna tiene tantas emisiones por kilogramo, esa es una generalización que no puede hacerse -afirmó Inthamoussu-, hay distintos sistemas de elaboración en Uruguay y eso incide; por ejemplo, la producción en un campo natural tiene mayores emisiones, pero en el caso del feedlot (engorde a corral) es menor. Una mejor pastura hace que se asimile mejor la comida y el resultado es diferente. Cada frigorífico o cada productor tiene una HC distinta a la del vecino".

Hay estándares para saber cómo cuantificar esas emisiones. La PAC 2050 de Inglaterra, o las normas ISO 14.064 o la GHC Protocol. ¿Cuál es la metodología más acertada?, "dependerá de con qué mercado nos vamos a relacionar -señaló el profesional-, no hay un estándar único a nivel global, porque no está reglado por ninguna organización en forma general".

Insistió en que, seguramente, será un tema que en su momento tomará la OMC (Organización Mundial del Comercio), "máxime teniendo en cuenta que estas exigencias pueden terminar convirtiéndose en una barrera para arancelaria".

Mercado activo

En cualquier actividad que se desarrolle, tanto en una línea de producción como el armado de un evento, existe cierto nivel de emisión de gases. En todos los casos se puede medir la HC y luego neutralizarla, para que su impacto sea cero, mediante la compra de bonos por un monto equivalente a las toneladas de dióxido de carbono (CO) emitidas.

Esos títulos existen en el mercado y se generan en distintos proyectos. "En Uruguay hay muchas iniciativas que han generado certificados, como plantaciones forestales o producción eléctrica en base a renovables; la medición se hace comparando, en el caso de la generación eléctrica, el volumen de la emisión de GEI con este sistema y cuánto se habría generado por los métodos tradicionales", explicó Inthamoussu. Ante la presentación de un proyecto de esas características, se le "premia" otorgándole esos "bonos verdes", en la cantidad que corresponda, según los parámetros utilizados por las organizaciones que participan de esos mercados.

Algunas compañías optan por el mercado regulado por el Protocolo de Kyoto, bajo el llamado mecanismo de desarrollo limpio, y otros participan del mercado denominado "voluntario", por fuera de los compromisos asumidos por los países en esa ciudad japonesa en 1997.

El protocolo de Kyoto entró en vigencia en 2002 y el primer período de compromiso de los países fue de 2008 a 2012. El segundo período comenzó en 2012 y va hasta 2020. "No podemos hablar aún de mercados maduros en estos temas", sostuvo.

Los certificados de carbono son un activo, que luego se pueden comercializar. Los interesados en adquirirlos son empresas que están desarrollando procesos con altas emisiones y necesitan neutralizar.

El valor de los "bonos verdes" en el mercado de Kyoto, donde hay países "obligados" a reducir sus emisiones, es resultado de la relación de oferta y demanda; en el voluntario, depende de la preferencias del consumidor. Por ejemplo, grandes corporaciones estadounidenses u organizaciones como la FIFA o los responsables de las competencias de Fórmula Uno, buscan qué proyectos les convencen más. "Generalmente, apuntan a iniciativas que, además de utilizar mecanismos limpios, tienen otros efectos como ayudar comunidades indígenas o generar empleo. En ese caso, la cotización del bono depende de esa negociación en particular", indicó.

También puede optarse por un paso previo a la neutralización, que es la mitigación de las emisiones. Si se realiza la medición de la HC de la actividad que lleva adelante una compañía día a día, no necesariamente deba irse a la neutralización. "Con un plan de manejo del carbono que implica trabajar sobre, por ejemplo, los niveles de consumo de electricidad, puede gestionarse diferente y reducirse para el año próximo. En ese caso estamos mitigando los efectos", subrayó.

Tema central en debate sobre competitividad de bienes y servicios

Según un trabajo publicado por Uruguay XXI, Uruguay necesita mejorar e implementar de una forma más integral el registro de la huella de carbono de sus productos para poder enfrentar una tendencia mundial que puede afectar a su sector exportador.

En el documento elaborado por los ingenieros agrónomos Gonzalo Becoña y Luis Ordeig, se afirma que "el cálculo de la HC constituye una de las futuras restricciones al comercio que el sector exportador podría enfrentar en el corto y mediano plazo".

Destacan que se trata de uno de los temas centrales en el debate sobre competitividad de los bienes y servicios transados en el mercado internacional. La HC es una forma de exponer y, a su vez, asignar los costos climáticos respectivos (incluyendo los de mitigación de emisiones) y establecer metas de reducción más precisas.

"Ya no cabe duda que la legislación internacional aumentará las exigencias de contralor ambiental sobre los países exportadores, pero la presión también provendrá de la competencia ejercida por quienes tratarán de aprovechar las oportunidades comerciales emergentes y obtener ventajas de posicionamiento en el mercado", expresa el informe. Añade que es muy relevante para el país identificar las diferencias entre el nivel actual de preparación de las distintas cadenas agroexportadoras y las exigencias que a corto plazo impondrán los países desarrollados, así como las líneas de trabajo a tratar para que no se pierda competitividad frente a otros países o zonas del mundo.

Se remarca que toda información que pueda ser suministrada sobre el impacto ambiental en la producción de alimentos, en un corto plazo será un requerimiento imprescindible. Pero no solo la ausencia de declaración de emisiones constituye un riesgo, "sino también la magnitud de este indicador, especialmente cuando constituye una declaración de superioridad o equivalencia de un producto frente a otro que pertenezca a la competencia".

El estudio destaca algunas experiencias e estudio de la HC en desarrollo en el sector privado, caso la Bodega Juanicó, el Frigorífico Pul -al que clientes europeos le demandaron esta información- o el grupo Marfrig, también de la industria cárnica. En este último caso, al tratarse de una compañía que cotiza en bolsa, la publicación de las emisiones de GEI de todos sus procesos se considera una información relevante para los inversores.

Impuesto a la carne para bajar emisiones

Un grupo de investigadores de Estados Unidos, Australia, Alemania y Reino Unido, cuyo estudio ha sido publicado recientemente en la revista Natural Climate Change, ha propuesto que la carne se grave con un impuesto a fin de reducir el número de rumiantes. Se calcula que a nivel mundial existen 3.600 millones de ovejas, vacas y cabras, un 50% más que hace cinco décadas. Eso -según los científicos autores de este trabajo- supone un riesgo para el planeta desde el punto de vista de la gestión del cambio global, dado que los sistemas digestivos de estos animales liberan a la atmósfera una gran cantidad de metano, un gas de efecto invernadero que resulta 30 veces más perjudicial que el dióxido de carbono. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación) advirtió que la producción ganadera es responsable de al menos un 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero que son lanzados a la atmósfera.

Palabras clave: Uruguay, carbono, huella, medición, exportación, comercio
Publicado por: El País (Uruguay)