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Panorama 2011: La oportunidad de los Jaguares Latinoamericanos
Fecha de publicación:31/01/2011
País: América Latina y el Caribe
Fuente: Banco Mundial

Hace un año, tras la peor recesión en casi un siglo, dejé en claro mi optimismo sobre la significativa transformación económica de América Latina. Por primera vez, una crisis financiera internacional no había lanzado a la región en picada. Muchos países no sólo habían sobrevivido a la crisis sino que se recuperaban con mayor fuerza y velocidad que muchos en otras regiones.

Advertí, sin embargo, que las proyecciones del Banco Mundial y la comunidad internacional  indicaban que la crisis podría regresar a ocho millones de latinoamericanos a la pobreza, amenazando importante ganancias sociales como la primera significativa reducción de la desigualdad en 30 años.

La buena noticia es que nos equivocamos. En 2009, las filas de los pobres aumentaron pero mucho menos, en 2.1 millones, mientras que el  desempleo creció  en 2 millones, menos que  las predicciones de 3.5 a 5 millones. Ahora confiamos en que estos déficits se absorberán en su totalidad en 2011.

Las tasas de crecimiento para los países más grandes de la región revelaron una sorpresa aún más significativa. México, Colombia, Perú, Argentina, Chile y Uruguay, entre otros, crecerán este año más de un cinco por ciento, por encima de lo que muchos pronosticaron.

Muchos pensaron, con base en desempeños anteriores, que las naciones más abiertas al comercio y los mercados financieros internacionales sufrirían un colapso más severo. Pero ese presagio falló también. Estos países demostraron que los riesgos de la globalización dependen de la forma cómo las naciones se integran a los mercados internacionales.

De hecho para el próximo año, la actividad económica de la región habrá borrado por completo cualquier rastro de la crisis. Tras sufrir una breve recesión de tres meses, Brasil liderará el grupo con su increíble capacidad de recuperación.

¿Cómo ocurrió esto? ¿Cómo logró la región romper con los patrones del pasado?

La respuesta corta es que la región produjo  una  “revolución silenciosa” en los años previos a la crisis. Fue parte del progreso constante resultado de anteriores crisis.

Fue una revolución basada en sólidas políticas macro económicas y financieras acompañadas por un renovado énfasis en la equidad social. Las políticas monetarias, fiscales y bancarias adoptadas en los últimos años lograron disminuir el choque externo, cuando antes lo amplificaban.

La fortaleza de las monedas absorbió una mayor presión. Los gobiernos tuvieron un mayor espacio fiscal para adoptar medidas anticíclicas que ayudaron a los que más lo necesitaban y los sistemas financieros tuvieron suficiente liquidez y reservas de capital para seguir funcionando.

La región también había pasado de ser un deudor neto a un acreedor neto. Esto quiere decir que los flujos a la región no son ya el resultado de mayor endeudamiento sino, tal como con los Tigres Asiáticos, el producto de mayor inversión directa de capitales.

Finalmente, la diversificación de las exportaciones de la región ayudaron a suavizar el golpe de una crisis que se originó en Estados Unidos, país que acostumbraba a ser su principal  cliente. Gracias a significativos y nuevos lazos con Asia, particularmente China,  Sudamérica, se recuperó al influjo del rebote de los precios de las materias primas  a comienzos de 2009.

Por su parte,  los inversionistas extranjeros recuperaron rápidamente su apetito de riesgo y se volcarán a los  mercados emergentes, incluidos varios en América Latina. Esto ha llevado a un aumento vertiginoso de flujos de capital que probablemente contribuirán a un crecimiento robusto en los próximos años.

Irónicamente, hoy los países tradicionalmente en la periferia de la economía global se comportan ahora como uno esperaría  que lo hicieran los del centro; mientras, los países ricos, y en especial las economías europeas, están enfrentando una parálisis económica  y crisis en el pago de su deuda, características tradicionales  de la periferia.

Esta nueva situación, indudablemente mejor de lo que pudo haber sido, presenta sus propios retos.

Afortunadamente  se puede confiar en que la mayoría de los líderes de los bancos  centrales  de América Latina actúan con credibilidad y profesionalismo. Su tarea, controlar la inflación sin afectar la competitividad en medio de la apreciación de sus monedas, es compleja pero se facilitará  con políticas fiscales  equilibradas que contribuyan a un patrón de crecimiento sostenible.

Las economías de América Latina han progresado a niveles que tientan a la comparación con los Tigres Asiáticos. Los motores de la región rugen, pero deberán seguir haciéndolo por un período sostenido, antes de que podamos declarar con certeza que ha llegado el tiempo de los Jaguares Latinoamericanos.

Author: Pamela Cox, Vice Presidenta del BM para ALC