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Brasil, granero del mundo
Fecha de publicación:31/01/2013
País: Brasil

Después de un año decepcionante para la economía brasileña –en 2012 el PIB apenas creció unas décimas por encima del 1% mientras que la inflación fue del 5,84%–, tampoco parece que este año vaya a brindar mayores satisfacciones a la séptima economía del mundo. Si se liberalizan los precios de los combustibles, del transporte y la electricidad, que hasta ahora han estado embalsados, la inflación podría alcanzar este año el 6%, con un crecimiento que muy pocos creen vaya a alcanzar el 4% fijado por el gobierno de Dilma Rousseff para poder afrontar en mejores condiciones las elecciones generales del próximo año.

A principios de 2012 la Bolsa de Sao Paulo anticipó que unas 40 compañías saldrían a bolsa a lo largo del año. Solo tres lo hicieron. Según el sondeo Doing Business del Banco Mundial, Brasil figura en el puesto 130 en el ránking mundial mientras que el ratio de la inversión extranjera directa en relación al PIB fue del 1,9% en 2009 y del 2,9% en 2012, frente al 7% de Chile entre 2008 y 2011. Con todo, esas cifras no empañan las indudables fortalezas del gigante suramericano. El motor de la economía brasileña es el consumo, que representa el 60% del PIB, frente al 35% en China. Brasil está hoy entre los cuatro mayores consumidores mundiales de una larga serie de productos que van desde las golosinas a los licores. Este año superará a Japón como el mayor mercado del mundo de cosméticos, con 43.000 millones de dólares anuales, según Euromonitor. El ascenso de la 35 millones de personas a la clase media en la pasada década ha creado condiciones de pleno empleo (4,6% de paro) en las seis principales ciudades del país.

El ‘milagro agrario’ brasileño

Pero el desarrollo agrícola brasileño es el que tiene mayores implicaciones globales. El cambio climático, la creciente escasez de agua potable y la disminución de terrenos cultivables en muchos países ha extendido en los últimos años un cierto ‘agro-pesimismo’. Dado que el poder adquisitivo en los países en desarrollo aumentará a un ritmo mayor que el crecimiento demográfico –y que se verá acompañado de un mayor consumo de proteínas de origen animal–, hacia 2050 la producción de granos tendrá que aumentar un 50% y la de carne deberá duplicarse para poder satisfacer la demanda global.

La ONU ha advertido que en 2025 las dos terceras partes de la población mundial podrían vivir en condiciones de “estrés hídrico”. De los 210 países del planeta, 190 ya tienen escasez de agua y solo en 10 abunda el recurso. Según el World Water Resources Group, una tercera parte de la población mundial vivirá a mediados de siglo cerca de cuencas hidrológicas con un déficit de suministro para consumo humano del 50%. Muy pocos países están en condiciones de cubrir esas carencias. Uno de ellos es Brasil. Según la FAO, el país tiene un potencial de tierras cultivables de 400 millones de hectáreas. Hoy solo cultiva 50 millones, que cubren el 28% de su territorio. Ese capacidad agraria inutilizada duplica la de EEUU y Rusia juntos, los dos países que le siguen en la lista.

Según diversas estimaciones, solo el 40% del aumento de la producción mundial de cereales se debe a mejoras en la productividad, mientras que el 60% se atribuye a la ampliación de la frontera agrícola. En los años sesenta, el 25% provenía de más tierras cultivable y el 75% de aumentos en la productividad. Norman Burlaug, el padre de la ‘revolución verde’ de los años sesenta, anticipó que el único modo de salvar los ecosistemas más vulnerables del planeta era producir más alimentos en lugares como las grandes llanuras suramericanas. De hecho, América Latina y el Caribe (ALC) es una de las pocas regiones mundiales que no figura en el mapamundi del ‘estrés hídrico’. ALC tiene la mayor disponibilidad media de agua dulce del mundo: casi 24.400 metros cúbicos por persona y un 31% del total de las reservas globales.

El Acuífero Guaraní, por ejemplo, que alberga más de 40.000 km3 de agua, se extiende a lo largo de 1,2 millones de kilómetros cuadrados por debajo de Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil. El volumen explotado actualmente oscila entre 40 y 80 km3 anuales. Por su parte, la ONU estima que Brasil dispone de 8 billones de km3 de agua renovable al año, más que toda Asia junta, que tiene 4.000 millones de habitantes, frente a los 190 millones de Brasil. Además, Brasil recibe más agua de lluvia que toda África.

La agricultura de ALC produce tres veces más alimentos de los que consume, lo que explica la capacidad excedente que se dedica a los biocombustibles. Debido a que Brasil ha podido adaptar la soja –nativa de zonas temperadas de Asia– a condiciones climáticas tropicales, el agro brasileña está alimentando a China, el país más poblado del mundo, en momentos en que aumenta el voraz apetito del dragón. Lo extraordinario del caso es que hace 30 años Brasil era un importador neto de alimentos. Sin embargo, entre 1996 y 2006 el valor total de sus cosechas pasó de los 23.000 millones de dólares a los 108.000 millones: un aumento del 365%. En solo una década, el país multiplicó por 10 sus exportaciones de carne, con lo que superó a Australia como primer exportador mundial y lo es también de caña de azúcar, zumo de naranja, café, etanol y carne de aves de corral.

Desde 1990 la producción de soja brasileña ha pasado de 15 a 60 millones de toneladas anuales, con lo que hoy es el segundo mayor exportador después de EEUU. Y aunque su producción representa el 25% del total mundial, solo utiliza para ello el 6% de sus terrenos cultivables. Entre los seis mayores exportadores de granos (los otro son EEUU, Canadá, Australia, Argentina y la Unión Europea) Brasil es el único que tropical. La agroindustria representa hoy el 40% de las exportaciones del país y emplea al 37% de su fuerza laboral. No es menos importante que Brasil haya logrado esa hazaña sin subsidiar a sus agricultores. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), las ayudas al sector solo representaron el 5,7% de sus ingresos, frente al 12% en EEUU y el 29% en la UE.

Tecnología agraria

 

La gran expansión de la frontera agrícola brasileña ha tenido como escenario el ‘cerrado’, la gran sabana tropical de los estados de Matto Grosso y Goiás. Pero el éxito brasileño se explica más por las I+D aportada por la Empresa Brasileria de Pesquisa Agropecuária (Embrapa), una compañía pública creada en 1973 para aumentar la productividad del campo en medio de una crisis energética que hizo insostenibles los subsidios agrícolas. Hoy Embrapa es la institución  de investigación tropical más importante del mundo, cubriendo campos como la biotecnología, la investigación genética y la nanotecnología. Cuando Embrapa comenzó a funcionar, el ‘cerrado’ se consideraba prácticamente inutilizable para la agricultura por la extrema acidez de sus suelos y su escasez de nutrientes.

Todo comenzó a cambiar cuando en los años noventa sus científicos lograron alcalinizar sus suelos ‘sembrando’ cinco toneladas de cal por hectárea. Al mismo tiempo, Embrapa cultivó bacterias para elevar el nivel de captación de nitratos de los cultivos, de modo que necesitaran menos fertilizantes, y adaptó al medio una variedad de pasto africano para alimentar el ganado. La transformación genética de la soja ha permitido obtener dos cosechas al año. Como resultado, hoy el ‘cerrado’ es responsable del 70% de la producción agrícola del país.

El lado oscuro del modelo

 

Según la Fundacao Getulio Vargas, la mitad de las cinco millones de explotaciones agrícolas del país ganan menos de 3.000 dólares anuales y suponen solo el 7% de la producción agrícola total. Las 1,6 millones de grandes explotaciones, en cambio, representan el 76% de la producción, lo que desmiente que el futuro de la agricultura mundial vaya a depender de granjas pequeñas dedicados a cultivos orgánicos. Pero ese modelo de desarrollo tiene un lado oscuro. Y numerosos detractores. La Confederación Agrícola Nacional (CAN), que representa a cinco millones de agricultores y terratenientes, es frecuentemente denunciada por organizaciones ecologistas y movimientos como el de los Sim Terra por su capacidad para influir sobre la legislación que afecta a sus intereses. La presidenta de la CAN, la senadora Katia Abreu, lidera además ellobby agrario en el Congreso federal, conocido como el ‘bloque Ruralista’, que incluye a casi la mitad de los 513 diputados de la cámara baja.

En un libro Partido da terra sobre los políticos latifundistas, el periodista Alceu Castilho describe cómo desde alcaldes de pueblos pequeños a senadores han conseguido hacerse con las mejores tierras del país. Blairo Maggi, por ejemplo, una de las mayores fortunas de Brasil, es el mayor productor mundial de soja, facturando 2.400 millones de dólares anuales en sus 200.000 hectáreas en el ‘cerrado’ matograndense, y fue durante dos periodos gobernador de Matto Grosso. Desde 2004, cuando fue elegido gobernador, la tasa de deforestación del estado se ha duplicado. Las ONG ecologistas denuncian que la soja consume rápidamente los nutrientes del suelo, por lo que se necesitan cantidades enormes de fertilizantes, pesticidas y herbicidas que contaminan luego los ríos.

En los dos últimos años, el 10% de los bosques del estado ha ardido, muchas veces en incendios provocados para ampliar la frontera agrícola. “A medida que sube el precio de la soja”, asegura Sandro Menezes, biólogo de la filial brasileña de la ONG Conservation International, “los bosques se vienen abajo”. No es extraño: la tasa de deforestación sigue muy de cerca los índices de materias primas agrícolas de la Chicago Board of Trade. Según Castilho, su enorme influencia permite a los terratenientes evadir la justicia por crímenes que van desde el robo de tierras a pequeños propietarios al uso de mano de obra esclava en sus explotaciones agrícolas.

Palabras clave: Brasil, Embrapa, producción, investigación, seguridad alimentaria, desarrollo
Author: Luis Esteban G. Manrique
Publicado por: InfoLatam