AGRONoticias América Latina y el Caribe
 

Equilibrio rural-urbano

1.      Contexto y principales conceptos

La concepción tradicional que distinguía claramente entre mundo rural y mundo urbano está siendo revisada, a la luz de un sistema regional, nacional e internacional interrelacionado económica, social, cultural y ambientalmente.  

Hasta hace poco, y todavía en bastante medida, lo rural se consideraba como lo “no urbano” y se medía en relación con la densidad de población, la especialización sectorial, determinadas pautas culturales, modos de vida, tamaño poblacional o condiciones administrativas. Estas definiciones son limitadas, y desconocen tanto la naturaleza del territorio como la importancia de las interacciones rural-urbano. Además, presuponen una homogeneidad de situaciones tanto entre las unidades territoriales urbanas como entre las rurales que, en muchos casos, está muy lejos de la realidad. Por otra parte, la revolución de los transportes y las telecomunicaciones ha originado una nueva concepción del espacio y ha venido a reinterpretar conceptos como límite y frontera, que pasan de ser considerados espacios de separación, a ser espacios de unión de ambas realidades: “El espacio rural ya no es un espacio definido por su particular relación con la tierra - y, en términos más amplios, con la naturaleza y el medio ambiente - sino que está profundamente ligado al espacio urbano contiguo” (Graziano da Silva, 2004).

Para 2015 se prevé que casi el 70% de la población mundial viva en zonas urbanas, mientras que en América Latina y el Caribe ese porcentaje llegará al 80%. El debate actual sobre la agenda mundial para el desarrollo sostenible después de 2015 es una excelente oportunidad para cambiar tendencias y evitar que, en un mundo cada vez más urbanizado, las zonas rurales sigan siendo en muchos lugares, áreas marginadas social y económicamente.

La consideración tradicional de los flujos entre el mundo rural y el urbano cataloga a la ciudad como una gran consumidora de recursos en sentido amplio, (alimentos, energía, agua, espacio, materia gris…) y una enorme generadora de residuos (residuos sólidos urbanos, residuos industriales, aguas negras y grises, contaminación de diferentes tipos, demanda de CO2).

Evidentemente, esta concepción muestra un notable desequilibrio entre ambos tipos de áreas que es importante cambiar considerando la existencia de diferentes relaciones de interdependencia debidas al intercambio de actividades económicas y a las conexiones entre zonas rurales y urbanas. Es necesario promover las sinergias entre el desarrollo integrado de ambos territorios, más que continuar considerándolos como sectores autónomos y en desigualdad de condiciones.

De un tiempo a esta parte, además, ha emergido la noción de ventaja competitiva del territorio, entendida como la necesidad de aprovechar las capacidades e identidad de un territorio determinado, a la hora de potenciar su posicionamiento en el marco global. Es otra razón añadida para defender un concepto de territorio que supere los actuales límites geográficos y administrativos que lo han delimitado tradicionalmente y aflore nuevas oportunidades.

 

2.      Las “ciudades rurales” latinoamericanas.

América Latina es una región donde el peso de lo rural (la economía, la cultura, la sociedad, la política y la historia rurales) sigue siendo muy relevante. Sin embargo, numerosos estudios demuestran que las ciudades rurales latinoamericanas constituyen uno de los motores más dinámicos y potentes del desarrollo rural en la región, en cuanto que certifican que aquellos territorios rurales que cuentan en su interior con una ciudad, obtienen ventajas respecto a un territorio “rural profundo” que carezca de un centro poblado de cierta magnitud. Algunas de estas ventajas son muy significativas y van desde el tamaño y la diversidad de su mercado laboral, al  acceso a más y mejores servicios públicos y privados o a la diversificación de su economía local. Además, la consideración de una malla territorial que incluya lo rural y lo urbano, refuerza el capital relacional en cuanto permite el surgimiento de nuevos tipos de coaliciones sociales, más allá de las integradas exclusivamente por actores de base agraria.

“La ciudad se convierte en un espacio de retención y reinversión de los excedentes del territorio, incluyendo los generados en su entorno rural; en cambio, cuando no existe un centro urbano, una mayor proporción de los excedentes se capturan, consumen, ahorran o reinvierten fuera del territorio” (Berdegué, 2011).

Se trataría de sustituir la separación tradicional entre el campo y la ciudad por un escenario de profunda imbricación territorial de ambos, que permitiera abordar el reto común de construir territorios  interrelacionados, donde la eficiencia, la competitividad y la equidad se aúnen con los criterios de sostenibilidad.

Los trabajos del programa Dinámicas Territoriales Rurales de Rimisp han permitido identificar esos “territorios funcionales rural-urbanos”, caracterizados por una alta frecuencia de interacciones entre un entorno rural y un centro urbano, y que a efectos económicos, sociales y ambientales funcionan en gran parte como una sola unidad funcional. Estos territorios representan una gran oportunidad para América Latina y el Caribe, en cuanto que superan en casi todos los indicadores sociales y económicos a los territorios más rurales, y permiten abordar un desarrollo territorial social y ambientalmente más equilibrado y respetuoso.

Son numerosos las zonas rurales de América Latina y el Caribe que se encuentran aisladas y poco comunicadas; estas zonas presentan serios problemas de establecer los nexos con centros urbanos ya que sus caminos y carreteras no llegan a las ciudades.  Son áreas con pocos recursos y su aislamiento es su pobreza. Teniendo en cuenta que las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) son esenciales para el desarrollo político, económico, social y cultural y que desempeñan un importante papel en la reducción de la pobreza, la creación de empleos, la protección del medio ambiente, así como la prevención y mitigación de catástrofes naturales y de otra índole , la  Conferencia Mundial de Doha resolvió apoyar la “asociación entre gobiernos, organismos internacionales, y entidades privadas para planificar e iniciar proyectos de telecomunicaciones en zonas rurales y distantes”, promover la participación de los miembros de las comunidades locales en el desarrollo de la infraestructura de telecomunicaciones y promover su formación en el uso de las TIC, como medio para garantizar el acceso equitativo al uso de los recursos (Recomendación UIT-D 18).

 

3.      Unión Europea: la oportunidad del equilibrio rural-urbano.

La búsqueda de las singularidades y especificidades que conforman los valores y la cultura tradicionales del mundo rural, ha sido reinterpretada  como una gran oportunidad de interrelación rural-urbana, en las últimas décadas, en los países europeos.  Muchos de los valores y atributos del mundo rural son identificados dentro del imaginario colectivo como auténticos. A ello se unen una serie de intangibles que se asocian idealmente a las áreas rurales, como la mayor calidad de vida, la tranquilidad, la menor contaminación, la amabilidad de sus gentes, las tradiciones y simbolismos, el patrimonio construido, etnográfico o cultural existente, la posibilidad de otros ritmos temporales, la dimensión de cercanía, etc.

Esta búsqueda social, introduce importantes desafíos para las áreas rurales, y las obliga a contemplar, más allá de una economía basada en la producción material, una nueva economía que incluya la sostenibilidad; la gestión del conocimiento y los servicios. Desarrollar la ruralidad como un escenario de servicios ambientales, sociales, culturales, institucionales y económicos permitiría conectar, de forma equilibrada y sostenible, a los actores sociales y al territorio con los sistemas urbanos y con los naturales. Un ejemplo con un potencial a tener en cuenta en el futuro están siendo, por ejemplo, las políticas de recompensas por los servicios ambientales que se están poniendo en marcha en algunos países.

Por otra parte, las nuevas directrices europeas en materia de desarrollo territorial, promueven un desarrollo integrado mediante dos mecanismos que pueden tener una incidencia directa en un mejor equlibrio rural-urbano: el desarrollo local participativo  (cuyo objetivo es aumentar la eficacia y la eficiencia de las estrategias de desarrollo territorial, delegando el proceso de toma de decisiones y de ejecución a una "asociación local de agentes públicos, privados y de la sociedad civil”); y la inversión territorial integrada (que agrupa en una sola estrategia varios ejes de inversión para un territorio, y que puede incluir la cooperación intermunicipal en territorios específicos).

Finalmente, el actual enfoque que informa la distribución de fondos europeos, otorga a la política de desarrollo territorial un mayor acento en la innovación y supone, en ese sentido, una oportunidad para la búsqueda de nuevas formas de equilibrio rural-urbano.

 

4.      Áreas de intervenciones para potenciar un nuevo equilibrio rural-urbano en el territorio.

Los enfoques de desarrollo territorial, basados en la visión multisectorial, en la gobernanza y en la inclusión social; interesados en la capacitación de los distintos agentes (rurales y urbanos) del desarrollo; y con un fuerte componente de trabajo en red que reconozca las aportaciones de cada grupo y cada sector de la vida económica de un territorio, son especialmente adecuados para abordar ese nuevo equilibrio entre zonas rurales y urbanas, y sustituir las prácticas de sustracción campo-ciudad por otras de complementariedad y de apoyo a los potenciales locales. 

Para que este modelo sea una realidad hay que avanzar en una serie de dinámicas de cambio complementarias, que implican la puesta en marcha de procesos de gobernanza multinivel, planificación dinámica, aprendizaje social, educación en valores, evaluación de resultados y políticas públicas dirigidas hacia el mercado de trabajo en las áreas rurales.
El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) ha identificado las principales esferas de trabajo para abordar los desafíos en el balance rural-urbano desde una perspectiva normativa:

- Corregir la marginalización rural mediante una gobernanza integradora y prestando atención específica a la inclusión social, la eliminación de las desigualdades y la garantía de oportunidades iguales para todos los habitantes de las zonas rurales.

- Promover las inversiones en el sector rural con la creación de un entorno propicio para aumentar la productividad rural y la creación de empleo. 

- Mejorar la conectividad entre los medios rural y urbano, facilitando la vinculación rural urbana a través de una mejor infraestructura para el transporte, la comunicación, TIC, etc; instituciones sólidas que rijan las cadenas de valor de las zonas rurales y urbanas y los flujos financieros y migratorios que estas comprenden, y ecosistemas compartidos por las ciudades y las zonas de influencia rurales.

Finalmente, no se puede olvidar que la configuración territorial es fruto de un proceso complejo y largo en el tiempo, de ahí que, probablemente, se necesiten periodos de medio y largo plazo para consolidar cambios en la misma.

 

5.      Enlaces y fuentes de referencia:

Caravaca, I. et  al. “Innovación, redes, recursos patrimoniales y desarrollo territorial”, Revista eure (Vol. XXXI, Nº 94), pp. 5-24, Santiago de Chile, diciembre 2005.

CEPAL. Hacia una nueva definición de “rural” con fines estadísticos en América Latina.

Rueda, S. et al. Libro Verde de Sostenibilidad urbana y local en la era de la información. Gobierno de España.

Berdegué, J. "Territorios “rural-urbanos”: una oportunidad para un desarrollo más equilibrado". 2011. Revista Equitierra, nº10.

Graciano da Silva, J. Espacio rural y dimensión territorial del desarrollo en los países del Mercosur. FAO.

FAO-OIT. Políticas de mercado de trabajo y pobreza rural.

FIDA. Primera nota de orientación sobre las políticas del FIDA para después de 2015. “Fortalecimiento del nexo entre los medios rural y urbano a favor del desarrollo”.

Rimisp. Programa Cohesión Territorial para el Desarrollo.

Rimisp. Dinámicas territoriales rurales, mercados y estructuras productivas. Serie claves para el desarrollo territorial.

Centro de las Naciones unidas para los Asentamientos Humanos (2008): “State of the world’s cities report 2008/2009: Harmonious cities”.

Schejtman, A. y Berdegué, J. Desarrollo territorial rural.

Rimisp-Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural. 2004.