FAO.org

Inicio > Region_collector > Américas > Eventos > Ver evento
Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

Fortalecimiento de la Resilencia y de la Seguridad Alimentaria en el corredor Seco Centroamericano

Roma, Italia.
30-06-16

Contexto

Centroamérica está expuesta y es altamente vulnerable ante eventos climáticos extremos. La frecuencia e intensidad de los eventos  climáticos extremos en la región han ido en aumento desde 1960. De acuerdo con el Índice de Riesgo Climático de largo plazo, Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador se encuentran entre los 15 países con mayores afectaciones a nivel global. Las personas que dependen de la agricultura y los medios de vida rurales se encuentran entre los más afectados en términos sociales, económicos y ambientales. Dado el limitado acceso a opciones para gestionar los riesgos, la mayoría de los hogares rurales absorben los impactos de eventos extremos (ya sea desastres intensivos o extensivos) a través de la venta de activos, el empleo de mano de obra familiar y la migración. Los efectos acumulados de desastres y crisis, contribuyen al aumento de la vulnerabilidad.

Los principales factores de vulnerabilidad en la composición de los riesgos climáticos son la pobreza, la desigualdad, la inoperatividad de la regulación del uso del suelo, el agotamiento de los recursos naturales y la baja diversificación de los medios de vida. Alrededor del 40 por ciento de la población de América Central (más de 50 millones) vive por debajo del umbral de la pobreza y la desigualdad sigue siendo una seria amenaza para el desarrollo humano. Debido a su falta de medios, tienden a asentarse en zonas propensas a las amenazas con infraestructura y servicios deficientes. En Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, el porcentaje de población rural varía de casi el 40 por ciento en El Salvador a más del 50 por ciento en Honduras y Guatemala. Del total de los hogares rurales, el porcentaje de productores de granos básicos varía de 54 por ciento en El Salvador y Honduras al 67 por ciento en Guatemala. El resto de la población rural tiene puestos de trabajo permanentes y temporales vinculados con la agricultura y en menor medida con actividades no agrícolas. Las familias de productores de granos básicos y jornaleros sufren de pobreza extrema y habitan los territorios con mayores pendientes y en condiciones de alta degradación.

El Corredor Seco Centroamericano concentra una importante proporción de productores de granos básicos y es una región que enfrenta sequías cada vez más frecuentes y prolongadas. El "Corredor Seco" de América Central cubre las tierras bajas de la zona costera del Pacífico y la mayor parte de la región de la pre-cordillera central de Chiapas (en México), Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, así como Guanacaste en Costa Rica, y Arco Seco de Panamá. Se trata de una eco-región de bosque tropical seco que abarca casi un tercio del territorio de América Central y se caracteriza por la sequía recurrente. En el istmo centroamericano, las sequías también son influidas por El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). La frecuencia e intensidad de las sequías, lo mismo que las inundaciones, han ido aumentando no sólo por la influencia de ENOS y el cambio climático, sino también por la creciente vulnerabilidad socio-económica y degradación ambiental. Más de 2 millones de familias en el corredor seco son productores de granos básicos, que viven bajo la línea de pobreza en zonas altamente degradadas, con limitadas opciones más allá de sus capacidades locales para hacer frente a los riesgos. En el Mapa 1 del Anexo se muestra la extensión del Corredor Seco Centroamericano y la incidencia alta, media o baja de eventos naturales que originan desastres por departamento.

Las sequías del 2014 y 2015 en el Corredor Seco Centroamericano, asociadas a El Niño, agravan la inseguridad alimentaria en la región. El Niño no fue declarado en el año 2014 pero los expertos coinciden en que las diferencias de temperatura entre el Pacífico y el Mar Caribe propiciaron un período de sequía prolongada en el istmo y algunos países del Caribe. En 2015, con la declaración de El Niño, los países de la región se vieron afectadas por los efectos acumulativos de las sequías recurrentes que agravaron las condiciones de las familias en estado de sub-nutrición. De acuerdo con el análisis de vulnerabilidad (VAM), en los periodos anuales de canícula se presentan disminuciones sensibles en las reservas de alimentos y en la diversidad de la dieta; la extensión de los periodos de sequía han sido detonantes de casos de sub-nutrición, particularmente perniciosos en niños menores de cinco años. Como consecuencia de la prolongada sequía de 2014 y 2015, se estima que más de 2 millones de personas todavía se enfrentan a la inseguridad alimentaria aguda en los territorios altamente vulnerables del Corredor Seco de Guatemala, Honduras y El Salvador. 

Dadas las características socio-económicas y ambientales de la región, los riesgos son múltiples y complejos. La sequía es solo una expresión de una base compleja de riesgos y retos estructurales. Los riesgos climáticos propician la ocurrencia de plagas y enfermedades, acarrean afectaciones en los mercados, generan mayores presiones financieras y agudizan retos tales como la migración y la violencia. La tasa de crecimiento de los impactos por eventos climáticos extremos y los escenarios futuros para Centroamérica y territorios altamente vulnerables, ponen de manifiesto la urgencia en la acción por parte de los gobiernos, sector privado, sociedad civil y acompañamiento de la cooperación internacional a los países que serán más sensibles a las afectaciones ocasionadas por el cambio del clima.

Las proyecciones del IPCC y otros centros de investigación especializados en la región, indican que la variabilidad y el cambio del clima tendrán impactos particularmente significativos en Centroamérica, alternado la frecuencia e intensidad de las amenazas así como la vulnerabilidad y exposición de las poblaciones y sus medios de vida. Si bien las proyecciones de cambio climático guardan incertidumbres en sus modelos, hay certeza de que la variabilidad y el cambio del clima - que ya se experimenta de manera más contundente en las décadas recientes - continuarán acarreando implicaciones significativas en la configuración de los riesgos climáticos y otros relacionados así como en el desarrollo en general. Algunos de los cambios con mayor impacto en la región son: menor disponibilidad de agua; aumento de inundaciones, sequías y procesos de erosión del suelo así como desertificación; reducción de rendimiento de la agricultura en zonas de baja latitud; pérdida de biodiversidad en áreas tropicales y semiáridas; pérdidas de hábitats naturales y humanos así como medios de vida dada la subida del nivel del mar. En lo que respecta al sector agroalimentario, los análisis de riesgo que integran las proyecciones del cambio climático, muestran probables impactos negativos en los rendimientos de sistemas productivos tales como: granos básicos (arroz, maíz y frijol), ganadería, avicultura, apicultura, caña de azúcar, café y pesca, entre otros.

La atención de los retos estructurales es primordial para facilitar la inversión en la construcción de resiliencia y el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible. Los mayores desafíos que enfrentan los Gobiernos que comparten el Corredor Seco Centroamericano, más allá de la atención de emergencias,  son la erradicación de la extrema pobreza, el combate a la malnutrición y el manejo sostenible de los recursos naturales, con el fin de generar oportunidades de desarrollo y disminuir la alta vulnerabilidad biofísica, social y económica de estas comunidades a los impactos del clima. Promover el desarrollo sostenible de la población asentada en las particulares condiciones del Corredor Seco y mejorar la resiliencia a través del acceso a servicios sociales y rurales, el acceso a recursos productivos, la inversión en infraestructura social y productiva, la generación de oportunidades de empleo agrícola y no agrícola, son elementos fundamentales de una estrategia de desarrollo sostenible y adaptación al cambio climático de mediano y largo plazo que permita atacar las causas determinantes de la pobreza, la inseguridad alimentaria y los altos niveles de vulnerabilidad social, económica y ambiental en el corredor seco. El cumplimiento de estas condiciones necesarias, para el desarrollo sostenible de la región, requerirá la articulación de políticas y programas agrícolas, ambientales y sociales a nivel de territorio.

La vulnerabilidad y los retos estructurales en el centro de atención

El agravamiento de las condiciones de vulnerabilidad en el CSC se presenta en tres dimensiones principales para la atención urgente de los gobiernos, sector privado, sociedad civil y la cooperación internacional. Las dimensiones de vulnerabilidadhumana, ambiental y socio-económica son críticas en la región tomando en cuenta las tendencias de los riesgos climáticos y sus repercusiones en los avances logrados respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En la configuración del riesgo, los países de la región podrán incidir de manera inmediata respecto a la reducción de los factores de vulnerabilidad y la construcción de resiliencia. Ciertos aspectos de la exposición serán abordados mediante la atención de los factores subyacentes del riesgo. La cooperación internacional tiene aquí un papel fundamental en el acompañamiento a los países para la concertación de enfoques de acción ante el cambio climático, considerando los beneficios globales, y el cumplimiento de metas tan sensibles y cruciales como la mitigación de los gases de efecto invernadero, particularmente por parte de los principales países emisores, y la preservación del ambiente mundial.

Vulnerabilidad - dimensión humana:

La situación humanitaria debe ser atendida con criterios de construcción de resiliencia para evitar crisis de mayor escala y complejidad. A finales de 2015, había en la región 2.2 millones de personas con necesidad de asistencia inmediata. Para febrero del 2016, inmediatamente después de la cosecha de "postrera", se redujeron a 1.6 millones. Los organismos especializados en el análisis de la seguridad alimentaria señalan que la mejora fue una consecuencia directa de la reciente cosecha y las oportunidades de empleo temporal en el café, la caña de azúcar y otros sectores. Los análisis indicaron que en 2016 el período de ‘hambruna estacional’ comenzaría más temprano y podría extenderse hasta agosto. Esto implicó que, a partir de abril, los números de personas en condiciones de sub-alimentación aumentaran de nuevo. Evaluaciones más recientes no han tenido lugar ante la expectativa que se tenía de un restablecimiento en la cosecha de ‘Primera’ dado el decaimiento de El Niño pero este no ha sido el caso. Las necesidades van en aumento sin una atención adecuada. Varias agencias internacionales como la Organización Internacional para la Migración (OIM), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) han identificado un aumento en los patrones de migración interna e internacional de la zona del Corredor Seco Centroamericano.

Teniendo en cuenta que los procedimientos actuales para acceder a los fondos de emergencia tienen un costo de oportunidad muy alto, es necesario llegar a un acuerdo con la comunidad humanitaria respecto a un protocolo que permita la acción rápida bajo criterios de resiliencia. Actualmente, el estado de emergencia tiene que ser declarado para activar el sistema de asistencia. Sin embargo, esto tiene algunas implicaciones controversiales, entre ellas: consecuencias financieras en cuanto a seguros y manejo de deuda que ocasionan el rechazo por parte del sector privado; así como un estado de excepción en la gestión de sistemas públicos de adquisición que levantan críticas por parte de grupos políticos y sociedad civil. Este tipo de controversias, ajenas a la misión de salvar vidas y proteger los medios de vida, dificultan la acción humanitaria. Los Estados de América Central requieren medidas de activación de la respuesta humanitaria y acción más expeditas y transparentes que eviten controversias. Estas medidas deben ser consensuadas con los actores clave en los países y la comunidad humanitaria.

Es importante disponer de información sobre las amenazas y la situación de la población más vulnerable. El mecanismo de evaluación de emergencia ha demostrado ser útil en la identificación de las personas que lo necesitan ayuda inmediata pero hay espacio para mejoras. Más allá de evaluaciones post-desastre, son fundamentales los sistemas de información que permitan a todos los implicados monitorear las amenazas, emitir alertas y dar cuenta del estado de la Seguridad Alimentaria y Nutricional en todo momento. 

Un Sistema de Control de Seguridad Alimentaria, con la plena participación de los gobiernos, las redes humanitarias en cada país puede proporcionar información fundamental para la gestión del riesgo. Una amplia participación distribuye los costos y también los beneficios de una mejor gestión de la información y conocimiento a nivel local, bajo criterios comunes para la definición de necesidades y planificación de acciones. En este sentido, es importante tener presente los resultados del 42o. Período de Sesiones del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial en torno al "Marco de Acción para la Seguridad Alimentaria y la Nutrición durante Crisis Prolongadas" y el "Fortalecimiento de la Resiliencia en el ámbito de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición - Marco conceptual para la colaboración y el establecimiento de asociaciones entre los organismos con sede en Roma".

Vulnerabilidad - dimensión ambiental:

Las tasas de degradación de los recursos naturales son elevadas en el corredor seco centroamericano; deforestación, degradación de paisajes y ecosistemas, erosión, desertificación, contaminación de agua y suelos son algunos de los principales problemas. La situación y tendencias de la región son preocupantes en vista de los impactos que el cambio climático traerá en ambientes vulnerados.

El uso de la tierra y la condición de los recursos que esta sustenta se encuentran determinados en buena medida por su régimen de propiedad. La tenencia y usos de la tierra en el corredor seco centroamericano están caracterizados por: i) amplias extensiones territoriales en manos de pocos productores con modelos de producción que no integran la preservación del ambiente; ii) productores de subsistencia y arrendatarios en terrenos altamente degradados y con pendiente; iii) tierras con aptitud agrícola bajo presión para otros usos, principalmente urbanización; iv) territorios con conflictos ambientales y sociales, generalmente vinculados a la disponibilidad de recursos naturales susceptibles de concesión por parte del Estado.

Vulnerabilidad - dimensión socioeconómica:

Disminución en el rendimiento de sistemas productivos, procesos de desertificación, menor disponibilidad de agua y la subida del nivel del mar son consecuencias del cambio climático que impactarán la región de manera desproporcional.  Las proyecciones sobre impactos del cambio climático para la región coinciden en disminuciones significativas en los sistemas y servicios más representativos del corredor seco centroamericano. El sector agroalimentario aporta de manera significativa al valor agregado de los países y es una fuente primordial de empleo y acceso a alimentos para la población que vive en condiciones de pobreza. Los sistemas alimentarios son garantes de una amplia diversidad genética que se encuentra igualmente amenazada con implicaciones más amplias en la seguridad alimentaria y nutricional. Adicionalmente, los procesos de desertificación y las sequías recurrentes limitarán la disponibilidad de recursos hídricos tanto para el sector agropecuario como para el consumo humano y usos industriales. Esto es particularmente importante ya que a lo largo de la franja del corredor seco centroamericano están situadas ciudades e industrias relevantes para la dinámica económica de la región. Las dimensiones humana y ambiental se reflejan en las condiciones socio-económicas, poniendo de manifiesto la necesidad de superar los factores subyacentes del riesgo – pobreza, inequidad y degradación ambiental - de manera integral.

Las situaciones de emergencia recurrentes y crisis humanitarias en la región así como los efectos acumulativos, en el contexto de un clima cambiante, tienen costos insostenibles en el largo plazo. Está demostrado que el costo de las acciones de respuesta y rehabilitación son sustancialmente mayores que el de acciones para la reducción del riesgo. La brecha será mayor conforme aumenta la frecuencia e intensidad de los eventos extremos, especialmente de los catastróficos. Sin una apropiada gestión del riesgo, lo países tendrán cargas fiscales que –  dados los altos niveles de vulnerabilidad y las limitaciones en la ayuda humanitaria – implicarán mayores niveles de endeudamiento para los que no habrá reforma fiscal sostenible. El papel de los mecanismos de transferencia del riesgo es fundamental para los países; es necesario aprovechar las innovaciones tecnológicas y la cooperación regional e internacional para alcanzar la atención de los grupos más vulnerables, entre ellos los agricultores familiares.

Los riesgos en la producción, el mercado, el financiamiento y la institucionalidad están estrechamente vinculados de manera que los gobiernos deben tomar decisiones de política bajo un análisis robusto. Para la construcción de resiliencia en el corredor seco centroamericano, el gobierno, el mercado y los productores deben compartir roles. El Estado tiene la responsabilidad de facilitar el entorno para promover la inversión en reducción del riesgo y desarrollar mecanismos que permitan la gestión del riesgo para todos los grupos sociales, particularmente los más vulnerables. Los países de la región están de acuerdo en la necesidad de fortalecer las políticas que promuevan el manejo integral de los recursos naturales, la gestión del riesgo y la adaptación ante el cambio climático con la participación de actores públicos y privados. No se trata de crear nuevas instituciones o políticas sino de revisar los impactos de las políticas e instrumentos de planificación existentes para identificar posibles mejoras bajo criterios de eficiencia, equidad e incidencia en los territorios más vulnerables. En el mapa 2 del Anexo se muestran los departamentos centroamericanos con alto riesgo de acuerdo con la incidencia de eventos naturales causantes de desastres, la clasificación de inseguridad alimentaria y la severidad de la degradación ambiental; una importante proporción se concentra en territorios del corredor seco centroamericano.

Además del sector agrícola, el papel que desempeña la protección social en la consolidación de la resiliencia es sumamente importante. Sin acceso adecuado a servicios básicos como salud, nutrición, educación, asistencia social y transferencias condicionadas, la asistencia centrada en medios de vida no será suficiente.  Las redes de protección social en nutrición y alimentación escolar, entre otras, también pueden ser utilizadas como plataformas esenciales para enfrentar crisis, protegiendo a grupos vulnerables con un enfoque comunitario. Las redes de protección social no solo contribuyen a la respuesta y rehabilitación post-desastre sino que también pueden apoyar a la reducción del riesgo y la preparación ante eventos extremos si son diseñadas de manera focalizada y condicionada a la construcción de resiliencia.

Acciones implementadas en contribución a la agenda de resiliencia de los países y la región

La construcción de resiliencia sólo puede lograrse a través de la convergencia de acciones en los territorios. La voluntad manifiesta de los países y la convicción de colaboración entre los organismos con sede en Roma nos compromete a romper el enfoque lineal de socorro, recuperación y desarrollo en la atención de la vulnerabilidad y la consecución de la seguridad alimentaria. Algunos de los avances en este sentido, sobre los cuales es importante continuar trabajando, son:

 

  • La “Agenda para la resiliencia del Corredor Seco Centroamericano”, es una iniciativa de instancias del Sistema de la Integración Centroamericana, en respuesta a acuerdos ministeriales, facilitada por el PMA y la FAO durante el 2012 y 2013. Esta cuenta con el endoso, en sesiones de ministros, del Consejo Agropecuario Centroamericano (CAC), el Centro de Prevención de Desastres Naturales (CEPREDENAC), la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD) y del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). La iniciativa propone un marco de acción integral con cuatro ejes de acción prioritaria en los territorios, focalizando los más vulnerables (ver Mapa 2 del Anexo): restauración de ecosistemas con base en comunidades y cuencas; fortalecimiento institucional; sistemas de producción, comercialización y medios de vida sostenibles; y, gestión del conocimiento – sistemas de información, monitoreo y evaluación. La Agenda para la Resiliencia propone también criterios que faciliten la planificación eficiente e inclusiva de inversiones para los ejes y medidas priorizadas. Este es un instrumento vigente en tanto que abarca las necesidades e intereses actuales de las instancias del SICA, puestas nuevamente de manifiesto en la Declaratoria Regional de Emergencia del CAC y su propuesta de Plan de Acción.

FAO, FIDA y PMA pueden contribuir de manera inmediata con los países e instancias del SICA en el avance de los ejes prioritarios de la Agenda de Resiliencia a través de iniciativas que están disponibles para aplicación en la región, tales como: el sistema de información y alerta temprana para la gestión de la sequía agrícola (ASIS) que por sus características (series de más de 30 años de información, automatización, uso de información geo-espacial) puede ser aprovechado para el desarrollo de mecanismos de transferencia del riesgo con mayor precisión en la definición de índices de sequía, la experiencia en el diseño de seguros catastróficos especializados en productores de pequeña escala de FIDA - PMA y el posible acceso a mecanismos  de administración de riesgos en la región del Caribe y Centroamérica (Caribbean Catastrophic Risk Insurance Facility). Estos mecanismos facilitan la gestión del riesgo en los países, en un contexto de crecientes riesgos climáticos.

  • FAO, FIDA y PMA también han aunado esfuerzos a nivel de país. En Guatemala, FAO, PMA y FIDA desarrollaron una iniciativa en conjunta para fortalecer la resiliencia. La iniciativa hace uso de las estrategias complementarias actuales de las tres agencias en Guatemala, para realizar una intervención integral que comprende la implementación de los sistemas de alerta temprana a nivel local, la distribución de insumos agropecuarios subsidiados, de alimentos y efectivo por trabajo, la elaboración de los planes comunitarios participativos y la organización de mesas intersectoriales sobre resiliencia con un dialogo sobre seguridad alimentaria, liderada por el gobierno. La iniciativa fue presentada en Octubre del 2015 en Roma y fue recibido con mucho entusiasmo. Ofrece una oportunidad para entrar en dialogo sobre el tema de resiliencia a nivel político y para fortalecer el trabajo inter-agencial con un programa conjunto y acciones concretas. En este momento la iniciativa está buscando fondos para poder ser implementado.
  • La cooperación entre PMA y FAO se extiende a regiones vulnerables en toda América Latina y el Caribe. Esta abarca tanto en la atención de desastres y crisis humanitarias, con base en la construcción de resiliencia, como en la complementación de enfoques de compras públicas y alimentación escolar.

En el caso de atención de crisis humanitarias y rehabilitación, se tiene el ejemplo de La Guajira en Colombia. El PMA y la FAO establecen sinergias para la construcción de resiliencia ante sequía con una fuerte base de desarrollo de capacidades institucionales locales. La Guajira, es una de las provincias más vulnerables y marginadas de Colombia, con altos índices de pobreza, de desnutrición crónica, anemia y falta de acceso a servicios básicos. En marzo del 2016, el PMA, la FAO y UNICEF iniciaron una respuesta conjunta con la aportación de ECHO. La distribución de roles y buena coordinación han sido claves en esta experiencia.

El PMA y FAO están buscando activamente maneras de colaborar, aprovechando las competencias y capacidades de ambas agencias. En este marco, FAO y PMA están planificando un evento de cooperación entre regiones vulnerables de América Latina y el Caribe, incluyendo el Corredor Seco Centroamericano. El objetivo es intercambiar y posicionar conocimientos, experiencias y herramientas respecto al desarrollo, validación y sistematización de buenas prácticas en la construcción de resiliencia. En esta oportunidad se identificarán también puntos de colaboración futura entre las agencias.

Procesos de diálogo y concertación de los gobiernos, acompañados por FAO-FIDA-PMA

v 2 de marzo del 2016, Ciudad de México – ‘Sesión especial para la atención de la situación del Corredor Seco Centroamericano, en el marco de la 34ª Conferencia Regional de FAO para América Latina y el Caribe (LARC34)’. Se hizo un llamado a la cooperación internacional solidaria y efectiva para contrarrestar los problemas que vive la región. Se determinó que el liderazgo de los gobiernos nacionales y la promoción de la inversión pública y privada son claves para la implementación de programas de largo plazo.

v 30 de junio del 2016, Roma - Fortalecimiento de la resiliencia y de la SAN en el Corredor Seco Centroamericano’. Con la presencia de los jefes de las agencias con sede en Roma (FAO, PMA y FIDA), Ministros de Agricultura de los países y socios clave en la región, este evento busca crear  conciencia internacional sobre la complejidad de los retos que los países deben enfrentar en la región del Corredor Seco Centroamericano e incentivar a la comunidad internacional para acompañar los esfuerzos que están implementando los gobiernos Centroamericanos para superar la situación crítica actual y consolidar acciones de largo plazo en atención a los factores subyacentes del riesgo. Se darán a conocer los esfuerzos en curso dentro de los países y la región.  Se busca asimismo promover una mejor coordinación de los esfuerzos, así como el fortalecimiento de la colaboración de los organismos con sede en Roma según su área de especialización,  que favorezca el apoyo financiero que requieren los países del Corredor Seco.