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La FAO en Amérique latine et aux Caraïbes

Agricultura Urbana, ¿alimentación segura?

Agricultura Urbana se denomina a la producción de alimentos dentro de los confines de las ciudades: en los patios, terrazas, huertos comunitarios y huertas de frutales, así como en espacios públicos o no aprovechados. Una garantía de alimentos para la población.

Manuel Rodríguez Oquendo nació y creció en el campo, cultivando la tierra. En esa faena mereció el título honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Muchos años estuvo de presidente de una Cooperativa de Producción Agropecuaria que sobresalió siempre por sus resultados. Cuando llegó a la edad de jubilación, su apego a la tierra no le permitió acogerse a la tranquilidad del hogar y emprendió la materialización de un nuevo sueño: cultivar de manera intensiva vegetales y condimentos, con métodos agroecológicos, en lo que denominan Agricultura Urbana.

Muy cerca del área citadina de Cienfuegos, en el centro-sur de Cuba, está su organopónico. Así llaman los especialistas a los generalmente pequeños centros de producción, formados por canteros, con una mezcla de materia orgánica y suelo fértil en su interior como sustrato, donde pueden sembrarse y cosecharse diversidad de renglones alimentarios durante todo el año (tomate, col, lechuga, rábano, habichuela, ajíes, zanahoria, acelga, pepino...).

"Esto es una fuente inagotable de riqueza alimentaria para la población", aseguró Manuel. "Con pocos recursos materiales, cuidado, esmero y algo de conocimientos puede abastecerse cada día de vegetales y condimentos a muchas personas que mejoran la dieta de ellos y sus familiares, sin que los precios sean elevados, porque los métodos que se emplean no requieren de grandes gastos", subrayó.

Experiencia cubana.

Agricultura Urbana se denomina a la producción de alimentos dentro de los confines de las ciudades: en los patios, terrazas, huertos comunitarios y huertas de frutales, así como en espacios públicos o no aprovechados.

En Cuba su desarrollo comenzó con singular fuerza debido al derrumbe del campo socialista europeo y a la desaparición de la antigua URSS, a finales de la década de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado, lo que provocó una disminución significativa de la importación de alimentos.

De acuerdo con las afirmaciones de los expertos, ese tipo de agricultura está constituida por organopónicos, huertos intensivos, parcelas, microhuertos familiares y fincas suburbanas, entre otras modalidades de producción que emplean, en el caso de la Isla, a más de 300 000 personas.

Para la atención a los productores funciona a nivel de país el Grupo Nacional, formado por especialistas, quienes visitan con regularidad cada unidad, evalúan y emiten las consideraciones técnicas requeridas.

Otro de los éxitos en Cuba tiene que ver con la nutrición, pues según la FAO, entre 1989 y 1993 los cubanos pasaron de comer un promedio de 3.004 calorías diarias a sólo 2.323, a medida que las estanterías de los almacenes se vaciaban de los productos soviéticos que componían dos tercios de los alimentos. Hoy consumen 3.547 calorías diarias, y eso se debe, en buena medida, a lo que aporta la Agricultura Urbana.

Adicionalmente, la actividad ha generado otros beneficios, como los ambientales, ya que 5 000 basureros y lotes abandonados han sido convertidos en huertos productivos que no utilizan agroquímicos y en los cuales se recicla buena parte de los desechos sólidos orgánicos domiciliarios generados en las ciudades.

Los expertos opinan que en momentos como el actual, en el cual los precios de los combustibles y la escasez de alimentos causan inquietud y hambre en el mundo, el modelo cubano debería difundirse con rapidez.

"Hay algunos temas donde creemos que Cuba tiene mucho que aportar y enseñar al mundo. Y la Agricultura Urbana es uno de ellos", dijo Beat Schmid, coordinador de programas de la organización caritativa Oxfam International.

"La Habana suministra un modelo practicable real que otras ciudades pueden usar", afirmó Catherine Murphy, socióloga californiana que pasó una década estudiando granjas en La Habana.

"En tiempos como los que atravesamos es fundamental apoyar a la poblaciones rurales y urbanas con este tipo de iniciativas, ya que la disminución en el ingreso lleva a que las familias reduzcan de su canasta familiar ciertos grupos de alimentos, como hortalizas y frutas", señaló la Representante Regional Adjunta de la FAO, Margarita Flores.

En Latinoamérica.

En Latinoamérica el hambre y la pobreza pululan. Estimados de la FAO establecen en más de 50 millones las personas mal nutridas que sobreviven en el continente. Sin embargo, en la mayoría de las naciones, las políticas y estrategias específicas para favorecer la seguridad alimentaria distan mucho de un enfrentamiento objetivo a ambos flagelos. Falta compromiso político y gubernamental, no están establecidas metodologías de planificación participativa y las iniciativas aún son débiles, entre otros factores negativos presentes por doquier.

La Agricultura Urbana se presenta, sin embargo, como una vía eficaz para garantizar mayor cantidad de alimentos a la población, favorable niveles de ingresos financieros, empleos seguros y vía para paliar de algún modo el efecto del creciente éxodo de la población rural hacia las principales urbes. Experiencias en ese sentido, además de la cubana, existen en Fortaleza y Curitiba, en Brasil; Bogotá, Colombia; Caracas, Venezuela; y en algunas zonas de Chile. Pero evidentemente resultan insuficientes y las potencialidades son muy superiores.

Si Haití hubiese tenido algún desarrollo en ese tipo de cultivo, hoy el panorama alimentario no fuera tan dramático, pues sus características permiten, en buena medida, afrontar la presencia de fenómenos naturales fuertes con pocos daños. Esa es otra de sus ventajas.

El doctor Adolfo Rodríguez Nodal, jefe del Grupo Nacional de la Agricultura Urbana en Cuba, ha afirmado que el país cuenta con el personal especializado y la concepción tecnológica para asesorar la materialización de los empeños que surjan en cualquier lugar del continente.

Como soñar no está prohibido, podríamos imaginar canteros y huertos llenos de alimentos en Quito y Lima, Tegucigalpa y Sao Pablo y también en las miles de comunidades indígenas de Centro y Sur América, en los barrios marginales y olvidados, donde tantas personas, incluido niños y niñas, acuden a los basureros todos los días con la esperanza de llevar algún "alimento" al estómago que duele y desgarra. El momento ha llegado; mañana podría ser tarde.

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