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Combatiendo el hambre desde el basurero más grande de Managua

El basurero "La Chureca" es una mina de oro para los más pobres de Nicaragua. Es el más grande de Nicaragua y Centroamérica y dentro viven 800 personas (250 familias) y otras 450 familias más habitan en los alrededores.

"La Chureca" es un monstruo de 40 hectáreas que se convirtió desde 1973 en el basurero municipal de Managua, capital de Nicaragua, y donde dos mil personas -entre niños, adultos y ancianos- sobreviven trabajando como recolectores y vendedores de hierro, cobre, plástico, cartón y vidrio que encuentran entre las 1,200 toneladas métricas de desperdicios sólidos que se depositan allí cada día.

Esas dos mil personas recogen basura durante todo el día y si logran vender, por ejemplo 20 kilogramos de plástico, apenas obtienen ingresos por 2.5 dólares de los Estados Unidos, con lo cual compran el mínimo de alimentos para ellos y sus familias.

Dentro del basurero más grande de Nicaragua y Centroamérica viven 800 personas (250 familias) y otras 450 familias más habitan en los alrededores.

Cifras del Instituto Nacional de Información de Desarrollo de Nicaragua, (INIDE), indican que el 77 por ciento de los habitantes de "La Chureca" vive en extrema pobreza, 50 por ciento no tiene acceso al agua potable, 42.4 por ciento sufre hacinamiento, 38.8 por ciento no tiene acceso a servicios higiénicos, 29.1 por ciento es analfabeta y el 43 por ciento es menor a los 15 años.

Todas las personas están expuestas al plomo y otros contaminantes tóxicos, así como a la violencia sexual y juvenil, de acuerdo al INIDE.

Las personas que trabajan en La Chureca visten con pantalones, camisas de mangas largas y gorros para cubrirse del sol, y también utilizan un pañuelo para tapar sus bocas y narices de los poderosos gases tóxicos que produce la concentración de basura.

Desde el amanecer las dos mil personas esperan con ansias los primeros camiones con basura y entonces inicia una dura batalla por obtener "los mejores" desperdicios.

Rodeado de basura, gases tóxicos, buitres y moscas, está Álvaro José Arvizú, un joven de 25 años que trabaja en La Chureca desde que tenía seis años.

"Buscamos vidrio, plástico, papel y lo que casi no hay, y por lo que se pelea más, es por el cobre y el hierro", explicó Arvizú, quien no terminó la escuela secundaria e integra una familia de 16 personas que sobrevive recogiendo basura en "La Chureca".

Arvizú añadió que con los 2.5 dólares que se gana cada día puede comprar dos libras de arroz, dos de frijoles y un poco de aceite para cocinar.

Pero otras personas ni siquiera pueden comprar comida, sino que se dedican a buscar incansablemente la carne podrida que a veces encuentran entre la montaña de basura.

"Cuando vienen a botar carne, allí sí se pone peligroso, porque todos quieren un pedazo y al final todo mundo se 'malmata' por conseguir un trozo de carne", relató brevemente Arvizú, mientras recogía basura.

En "La Chureca", a la mayoría de las personas no les gusta hablar con extraños. Junto a Arvizú estaba otro joven, quien admitió que tenía 20 años de edad, pero prefirió no revelar su nombre.

"La carne viene hedionda y verde, pero vos sabés que el fuego mata todo, bien cocida pues ni se siente el mal olor. Nunca nos ha dado nada. No nos hemos enfermado", dijo el joven de baja estatura, tostado por el sol y de apariencia raquítica.

Informes de la prensa local dieron a conocer que en La Chureca, hace tres años, un hombre mató a otro de una puñalada, cuando luchaban por un trozo de cartón.

Arvizú recordó la historia, pero aseguró que ahora la situación no es tan peligrosa. "Pues ahora nos hemos compuesto un poco, antes era peor. Pero lo malo es que hay algunos 'traviesos' que te quieren robar lo que recogiste, y pues debemos de pelear por lo que es nuestro", afirmó el joven "pepenador" o "churequero", como se les llama popularmente a las dos mil personas que trabajan en el vertedero.

"La Chureca" está ubicada en el barrio Acahualinca, al noroeste de Managua, a la orilla del Lago Xolotlán. Las autoridades estiman que desde 1973 se han depositado 8 millones de metros cúbicos de basura (equivalentes a una montaña de 30 metros de altura) provenientes de los municipios de Managua, Tipitapa, Ticuantepe y El Crucero.

René López, delegado del Distrito II de la Alcaldía de Managua, que tiene bajo su jurisdicción el vertedero de "La Chureca", informó que la gran concentración de basura provoca en los habitantes de la zona cáncer en la piel y en los pulmones, así como otras enfermedades respiratorias que han reducido la esperanza de vida a los 50 años de edad. El promedio de vida de la población nicaragüense es superior a los 60 años.

López también declaró que en La Chureca ha proliferado la endogamia, ocasionando que las nuevas generaciones sufran de males genéticos.

En medio de la pobreza y la violencia, en mayo de 2008 nació el proyecto "Desarrollo Integral del Barrio de Acahualinca", donde está ubicada "La Chureca".

La iniciativa es auspiciada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), que desembolsará 45 millones de dólares (aproximadamente 30 millones de euros). El Gobierno de Nicaragua aportará otros 5 millones de dólares (3.6 millones de euros).

El programa de la AECID tiene como objetivo específico "mejorar las condiciones ambientales, sociales, económicas y habitacionales en el entorno del barrio de Acahualinca, en Managua", afirmó López.

Con el millonario proyecto se construirá una planta de separación de materiales inorgánicos de reciclaje, con lo cual se pretende brindar seguridad laboral e higiénica a los dos mil recolectores de basura que llegan a diario a "La Chureca".

Además, con el proyecto se beneficiará a los 18 mil habitantes de Acahualinca y otros 14 barrios y asentamientos, incluyendo a las 250 familias que viven dentro de La Chureca y a las 450 familias que viven en sus alrededores.

La AECID también planifica construir nuevas viviendas, mejorar el acceso a los servicios de salud y proporcionar a los niños, niñas y adolescentes educación de calidad. Las autoridades de España y Nicaragua han dicho que el programa podría ejecutarse en 4 años y medio.

Mientras el proyecto auspiciado por la AECID se desarrolla en "La Chureca", el joven Arvizú continúa recolectando y separando manualmente los desechos que le dan de comer. "'La Chureca' no es un paraíso, pero aquí nos sentimos 'tuani' (felices). Esta es nuestra vida", dijo Arvizú rodeado por la inmundicia y un sol que a ratos es opacado por una densa nube de gases tóxicos. 

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