Oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

La lucha contra el hambre y la pobreza tienen como condición fundamental el respeto al medio ambiente y el cuidado de los recursos naturales. Por ello, FAO promueve técnicas de agricultura, pesca, ganadería y manejo forestal que cuidan los recursos naturales.

Cambio climático y sostenibilidad ambiental en América Latina y el Caribe

El cambio climático amenaza la producción agrícola por alza de temperaturas, cambios en las pautas de lluvia, e incremento de la concurrencia de eventos climáticos extremos como sequías e inundaciones.

Las prácticas agrícolas mejoradas necesarias para la mitigación del cambio climático son a menudo las mismas que se necesitan para incrementar la productividad, la seguridad alimentaria y la adaptación.

El mundo tiene el desafío de aumentar la producción de alimentos para alimentar a una población en crecimiento, cuidando sus recursos naturales y el medioambiente, y enfrentando los efectos del cambio climático.

La agricultura es intensiva en su uso del agua, la ganadería puede degradar fuertemente lo suelos, y el uso irresponsable de pesticidas y fertilizantes pueden infectar suelos y las fuentes de agua potable.

Manejo sostenible de recursos


Durante los últimos 50 años, la superficie de uso agrícola ha crecido de 561 a 741 millones de hectáreas. La expansión de la producción ha ido de la mano de la mano de la degradación de suelos y aguas, reducción de la biodiversidad y deforestación, bajo una lógica orientada al mercado que no solamente pone en riesgo la calidad y disponibilidad de los recursos naturales, sino también los modos de vida de los más vulnerables.


El proceso de expansión de la ganadería que están viviendo los países de América Latina, representa tanto una oportunidad como una amenaza para el desarrollo sustentable de la región. Por un lado, es una oportunidad para generar riqueza y mitigar la pobreza si se toman las decisiones políticas adecuadas y se promueven sistemas de producción ganaderos sustentables y amigables con el ambiente. Por el otro, es una amenaza si la expansión de la actividad continúa sin considerar los costos ambientales y los potenciales efectos de marginalización de los pequeños productores.


El principal reto para la región es hacer frente a la deforestación, la cual ha disminuido en los últimos años, pero se mantiene alta. En un contraste positivo, la superficie de bosques designada para la conservación de la biodiversidad en la región ha crecido en 3 millones de hectáreas anuales desde el año 2000.

Bioenergía

Los biocombustibles líquidos usados en el transporte entre otros, han sido identificados como medios factibles para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, impulsar el desarrollo rural y asegurar la independencia energética. Sin embargo, para ello es necesaria una gestiona adecuada.

El desarrollo de biocombustibles líquidos a gran escala, en particular, pueden poner en riesgo la seguridad alimentaria de pequeños agricultores y comunidades rurales empobrecidas, e intensificar el cambio climático a través de la emisión de gases de efecto invernadero como consecuencia directa o indirecta del cambio de los usos del suelo. Por ello, en bioenergía, es necesario desarrollar estrategias a partir de las cuales se mitiguen los riesgos y potencien los beneficios.

América Latina y África son las dos regiones con mayor potencial para la expansión de los biocombustibles, según el informe de la FAO, "El Estado de la Agricultura y la Alimentación 2008".

En América Latina y el Caribe, los biocombustibles de primera generación (elaborados con alimentos como maíz, caña de azúcar y aceites vegetales) pueden ser viables financieramente en países con ventajas absolutas en dotación natural y que dispongan de una dinámica continua en investigación y desarrollo e innovación.

La segunda generación de biocombustibles (producidos a partir de rastrojos agrícolas, forestales, y algas), cuya producción no compite con la producción agrícola por el uso del suelo o agua, podría ser viables financieramente en países que puedan sostener prácticas forestales masivas, o dispongan de abundante biomasa residual o costas marinas ricas en nutrientes.

Manejo de desastres

Los impactos de los desastres son múltiples y afectan gravemente la seguridad alimentaria y la agricultura debido a pérdidas de cosechas, tierras de cultivo, ganado, viviendas e infraestructura productiva, además de las irrecuperables pérdidas humanas.

En 2010, 98 de los más importantes desastres naturales a nivel global ocurrieron en América Latina, 79 de los cuales fueron de tipo climatológico. Causaron más de 300,000 muertes y pérdidas por US$49.400 millones de dólares y afectaron a 13,8 millones de personas, siendo el terremoto de Haití el evento más letal.

Uno de los efectos del cambio climático es el aumento de eventos climáticos extremos. FAO ha advertido sobre la necesidad de fortalecer los sistemas de producción de alimentos, los cuales son muy sensibles a la variabilidad del clima y a los impactos de sequías, inundaciones y otros desastres naturales.

En los distintos países de la región, la FAO apoya a los gobiernos en la prevención y mitigación de los desastres naturales, a través de una serie de iniciativas para prevenir y manejar sus efectos, fortaleciendo las capacidades locales, con un énfasis especial en los pequeños productores de la agricultura familiar.