FAO Regional Office for Latin America and the Caribbean

Intervención del Sr Julio Berdegué en la Sesión de Instalación del Foro “Seguridad Alimentaria, un Camino hacia la Paz”, organizado por Prosperidad Social y por FAO

Bogotá, Colombia, 19 de octubre 2017.

Hace 70 mil años los familiares más próximos de los seres humanos salieron de su centro de origen en el occidente de África, y comenzaron la colonización de nuestro planeta.

Los motivaba la búsqueda de una alimentación suficiente y segura[1]; lo que hoy llamamos seguridad alimentaria.

En la búsqueda de esa condición de bienestar elemental, construyeron las primeras herramientas rudimentarias de piedra, dominaron el fuego, domesticaron especies de animales y plantas e inventaron la agricultura y junto con ello, establecieron los primeros asentamientos humanos, pueblos, luego ciudades, naciones e imperios.

Ese afán esencialmente humano de innovar para asegurar la alimentación, fue uno de los motores de la revolución industrial y, más recientemente, de los avances científicos que nos permitieron derrotar a las grandes hambrunas del siglo pasado, aquellas que cada año de la década de 1920 mataron de hambre a 820 de cada 100 mil habitantes, en los años 1960 a 454, y hoy a 3,3 por cada 100 mil, menos de medio punto porcentual de lo que fue apenas hace cuatro generaciones.

Para poner en perspectiva la capacidad que hemos tenido los seres humanos de innovar para asegurar nuestra alimentación y nutrición, podemos estimar, en términos relativos a la población de los años 1960 y de 2017, que, de haberse mantenido los niveles de hambre de hace apenas 50 años, en este acto el día de hoy estaríamos denunciando que 61,5 millones de seres humanos habrían muerto de hambre en el año pasado, 400 mil de ellos en Colombia.

El hecho de que no debamos lamentar 62 millones de muertes por hambre durante el año pasado, se debe a otra gran innovación de la humanidad en la búsqueda de la seguridad alimentaria y nutricional: ésta dejó de ser un asunto de la tribu, del clan, del país, y se convirtió, por decisión soberana de los pueblos y naciones, en un derecho inalienable de la humanidad, consagrado en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Visto en esta perspectiva, cuando el ACUERDO FINAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA establece "la obligación de garantizar de manera progresiva el derecho humano a la alimentación sana, nutritiva y culturalmente apropiada, con el propósito de erradicar el hambre", lo que Colombia hace no es otra cosa que sumarse a esta larga marcha civilizatoria de la humanidad, iniciada hace 70 mil años cuando una pequeña banda de nuestros ancestros dio el primer paso en búsqueda de una mayor seguridad alimentaria.

En años recientes Colombia ha avanzado en garantizar la seguridad alimentaria de su población. Ello no es poca cosa cuando miramos alrededor. Hace pocos días la FAO y la Organización Panamericana de la Salud reportamos un aumento de 2.5 millones de personas en condición de hambre en América Latina y el Caribe. Este retroceso, que rompe una tendencia de casi 20 años de progreso continuo, también lo registró la FAO a nivel mundial: en el 2016 hubo 815 millones de personas con hambre en el planeta, 38 millones más que en el 2015. Según los análisis de nuestros expertos, atribuimos una responsabilidad principal al recrudecimiento de los conflictos en el mundo.

Por eso es tan significativo el caso colombiano, como lo destaca el informe 2017 sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición de la FAO. En un mundo en que los conflictos se agudizan y el hambre atrapa a millones de personas adicionales, en Colombia se acuerda y se construye la Paz, y el país reduce la subalimentación en 24% en un corto período de tiempo.

Teniendo estos datos a la vista, es que la FAO señala en el informe mencionado: "La implementación del Acuerdo de Paz con las FARC, representa una oportunidad única." Esa es nuestra convicción: la Paz es condición sine qua non para que Colombia cumpla con su compromiso de Hambre Cero en el 2030.

Pero no basta que cese la violencia. Los 3,4 millones de colombianas y colombianos que según nuestras estimaciones están subalimentados, viven mayoritariamente en zonas rurales donde sus condiciones estructurales reproducen día a día las causas de su hambre: exclusión étnica, desigualdad de género, falta de acceso a tierra y a activos productivos, brecha rural-urbana y desigualdades territoriales, carencia de servicios sociales... Colombia está en condiciones de ser uno de los países que pueda declarar que ha eliminado el hambre de su territorio, pero eso supone que se construye una paz como la que promete el Acuerdo: una Paz con transformación estructural del mundo rural colombiano.

Colombia puede incluso ir más allá. La seguridad alimentaria hace mucho dejó ser un asunto de cada país actuando por su cuenta. Lo que pedimos a Colombia es aportar a la seguridad alimentaria mundial. En los próximos 30 años, tenemos que duplicar la oferta de alimentos para satisfacer la seguridad alimentaria y nutricional de 9 mil millones de seres humanos que poblaremos el planeta.

Colombia es uno de un pequeño puñado de países que tiene el potencial de producir muchísimos más alimentos para el mundo, sin tener que tumbar bosques o invadir selvas. Pero, de nuevo, eso supone una transformación estructural del campo colombiano. La promesa de la paz con transformación estructural rural, no es solo para eliminar la pobreza y la inseguridad alimentaria en el campo, sino que es para liberar a ese gigante que más que dormido ha estado amarrado de pies y manos, como ha sido el campo colombiano durante las últimas cinco décadas y hasta el día de hoy. Esa es una agenda que sitúa a Colombia como un actor central de la seguridad alimentaria mundial.

Esa es nuestra invitación. Por eso es que para la FAO es tan importante cumplir a plenitud el papel que el país nos ha encomendado y que constituye un enorme honor: como Secretaria Técnica de la Mesa de Acompañamiento al punto 1 del Acuerdo de Paz sobre Reforma Rural Integral, queremos ayudar a Colombia a realizar la promesa de una transformación profunda del campo que asegure la seguridad alimentaria del país entero, y que haga un aporte relevante a abatir el hambre en el planeta hoy y en los años por venir.

Es una hermosa tarea la que están acometiendo las colombianas y los colombianos, y la FAO agradece a todos ustedes la oportunidad maravillosa de caminar a su lado.

 

[1] Debo esta idea al Embajador Miguel Ruíz Cabañas