FAO Regional Office for Latin America and the Caribbean

Discurso de Julio Berdegué en nombre de José Graziano da Silva, Director General de la FAO 7º Congreso Mundial de Agricultura de Conservación

Rosario, Argentina 1 de agosto de 2017

Señores y señoras:

Es para mí un gran honor el poder estar hoy con ustedes en este 7º Congreso Mundial de Agricultura de Conservación, en representación del señor José Graziano da Silva, Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Nuestra generación tiene la obligación moral y la necesidad imperiosa de construir la agricultura que alimentará a 9 mil millones de personas y que al mismo tiempo será parte de la solución al cambio climático. América Latina y el Caribe, la región donde se realiza este congreso, es responsable de alrededor de una cuarta parte del crecimiento mundial reciente en la producción de alimentos, y esa es una buena noticia para un mundo en el que el hambre sigue marchitando las vidas de 800 millones de personas. Pero ese aporte de nuestra región tiene costos ambientales insostenibles e injustificables, y nos corresponde hacernos cargos de ellos en vez de pensar que serán nuestros descendientes quienes deban pagar esa enorme deuda que seguimos acumulando.

Más de la mitad de las tierras utilizadas para la agricultura en el mundo están degradadas. La inadecuada gobernanza del suelo, la labranza excesiva, los subsidios mal concebidos que incentivan un uso irracional del agua de riego o de los fertilizantes y pesticidas, o los sistemas alimentarios que crean condiciones para la deforestación, son instituciones y prácticas que debemos erradicar, porque ya no solo amenazan, como lo han hecho durante largo tiempo, la seguridad alimentaria, el bienestar y las oportunidades de las comunidades rurales, sino que son contribuyentes directos e indirectos del calentamiento global que pone en cuestión el futuro de nuestras sociedades.

La degradación de los suelos y sus efectos inmediatos sobre los ecosistemas y sobre las sociedades que dependen de ellos, son obstáculos al logro de varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre ellos los objetivos 1 y 2 sobre la erradicación de la pobreza y del hambre, el objetivo 6 sobre agua limpia, el 15 sobre los ecosistemas terrestres, y, por cierto, el 13 sobre el cambio climático, porque el mundo no tendrá una atmósfera sana con suelos enfermos. Este continente en su rica historia ha sido testigo del colapso de grandes civilizaciones, como la maya, porque en un momento dado se rompió el equilibrio entre ellas y los ecosistemas de su entorno. ¿Es acaso que creemos que el progreso tecnológico nos ha liberado de esa dependencia entre nuestro bienestar y nuestro desarrollo y la salud de la naturaleza en qué vivimos?

Pero sería irresponsable detenernos en la pura denuncia de una situación insostenible.  La tarea de la FAO, y la tarea de todos nosotros en este congreso, es la de construir soluciones viables y eficaces.  La materia a la que está dedicado este congreso, la agricultura de conservación, es parte de la solución, es un ingrediente central de esta construcción de una agricultura más responsable con la sustentabilidad ambiental de nuestro planeta, nuestra casa común.

En las últimas dos o tres décadas hemos recuperado ciertos principios básicos de la cultura agrícola de la humanidad, que creíamos superados por nuestra civilización del petróleo. La agricultura de conservación repone la centralidad de las funciones ecológicas en la producción de alimentos.  Logra hacerlo - y esto explica en buena medida su notable éxito – incrementando al mismo tiempo la eficiencia económica de la producción agrícola. Mayor productividad, mayor eficiencia económica, más producción, y todo ello con un profundo respeto a las funciones ecológicas y a la conservación de los suelos: esta es, justa y precisamente, la fórmula de la agricultura del futuro, la agricultura de la era del cambio climático. Ustedes, los promotores y practicantes de la agricultura de conservación son, ni más ni menos, que constructores de futuro, y la FAO reconoce y agradece ese aporte invaluable.

FAO se ha comprometido y promueve la adopción de los principios de agricultura de la conservación. Consideramos que son principios aplicables en todos los paisajes agrícolas y en todos los sistemas de cultivo. No hay razón para que en cualquier agricultura no se pueda reducir la labranza, incrementar la cobertura y el contenido de materia orgánica de los suelos, o asegurar una adecuada diversidad de las especies. Ustedes y, sobretodo, las decenas de miles de agricultores que practican la agricultura de conservación en decenas de millones de hectáreas en todos los continentes, han demostrado que esos principios no solo tienen sentido ecológico, sino que además son un buen negocio en el corto, pero, sobre todo, en el mediano y en el largo plazo.

Por eso es que FAO promueve la agricultura de conservación: es económicamente eficiente, nos acerca a las metas de varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y hace una contribución sólida a la construcción de la agricultura de la era del cambio climático. ¡Ganar-ganar-ganar!

Nosotros en la FAO contamos con ustedes para el logro de nuestra misión de un mundo libre del flagelo del hambre, y esperamos que ustedes vean en nuestra Organización un firme aliado en el continuo desarrollo de la agricultura de conservación.

Muchas gracias.