FAO Regional Office for Latin America and the Caribbean

Palabras de Julio Berdegué, Subdirector General y Representante Regional de FAO para América Latina y el Caribe, en el Acto Regional de Conmemoración del Día Mundial de la Alimentación

Los países miembros de la FAO instituyeron la celebración del Día Mundial de la Alimentación, con el objetivo de crear conciencia sobre la naturaleza, causas y dimensiones del problema del hambre en el mundo. Eligieron para ello el día 16 de octubre en coincidencia con la fecha en que había sido fundada nuestra Organización en el año 1945. Este año además celebramos 40 años de la apertura de oficinas de la FAO en los países del mundo.

La Oficina en México fue la primera de FAO en América Latina y el Caribe, y es por esto que este año aceptamos la generosa invitación del Gobierno de México de celebrar aquí el Acto Regional del Día Mundial de la Alimentación. Agradezco en nombre de la Organización la hospitalidad y la señal de confianza del gobierno de México y del señor Canciller Luis Videgaray.

De manera muy especial, nos llena de alegría la participación en este evento de nuestras agencias hermanas, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola y el Programa Mundial de Alimentos. Junto con ellos estamos empeñados en concretar niveles muy superiores de coordinación y trabajo conjunto, y este acto es una pequeña muestra de esta disposición.

En ocasión del DMA se organizan eventos en más de 150 países de todo el mundo, para promover la concientización y la acción a escala mundial sobre el drama de 815 millones de seres humanos cuyas vidas están marchitadas por el drama del hambre. De ellos, 42,5 millones se encuentran en América Latina y el Caribe, incluyendo 6 millones de niñas y niños de menos de cinco años de edad. En pleno siglo 21, convivir con el hambre es una mancha de indignidad sobre la humanidad entera, de la que cada uno de nosotros debemos hacernos cargo.

El hambre opaca y termina vidas humanas, causa guerras e inestabilidades políticas, debilita las democracias, erosiona ecosistemas, provoca menor crecimiento económico y, lo que queremos resaltar este año, es una de las causas principales de las migraciones inseguras e irregulares.

Queremos invitarlos a hacer hoy una afirmación: podemos y queremos cambiar el futuro de la migración. La inversión en seguridad alimentaria y desarrollo rural es una parte irremplazable del cómo lograrlo. Esta ambición es parte del compromiso que adquirieron nuestros líderes mundiales en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre del 2015, de promover un desarrollo que no deje a nadie atrás.

Esta es una conmemoración en México, pero es una conmemoración regional. Es muy simple: la migración no es un asunto de cada país. La migración es, como la mayoría de los principales desafíos que enfrenta el mundo contemporáneo, un asunto global, que nos une a todos en una densa red de causas y consecuencias que solo podemos desentrañar si actuamos solidaria y multilateralmente. Las soluciones unilaterales no resolverán nada, y ni siquiera proporcionarán más seguridad o bienestar a quienes opten por ese callejón sin salida.

Por ello es que la FAO saluda el compromiso político de los Estados de enfrentar la migración desde una perspectiva de derechos humanos, que se expresará en el Pacto Global para una Migración Segura, Regular y Ordenada. Como parte de su larga tradición multilateralista, México juega un rol fundamental como co-facilitador de este proceso.

Nuestra región es uno de los corredores migratorios más importantes del mundo. De los 30 millones de latinoamericanos y caribeños que viven fuera de su país de nacimiento, 20 millones radican en Estados Unidos y 15 millones tienen sus raíces en Mesoamérica. Casi 6 millones de ellos son jóvenes entre 15 y 29 años. La mitad son mujeres. Si en el pasado las mujeres migraban básicamente por reunificación familiar, hoy lo hacen crecientemente por motivos laborales, al igual que los hombres.

La FAO reconoce que la migración ha sido en la historia y puede seguir siendo, un motor de progreso y bienestar individual, familiar, comunitario y nacional, en definitiva, de desarrollo en el mejor sentido del término. Como en la naturaleza, nuestros países son más ricos cuando son más diversos. No nos oponemos a la migración, pero sí queremos y necesitamos que sea segura, regular y ordenada.

Queremos proponer a México y a todos los países representados en este acto, que cambiemos el futuro de la migración. Podemos hacerlo.

En primer lugar, requerimos voluntad y liderazgo político. La reciente Conferencia sobre la Prosperidad y la Seguridad en Centro América de junio recién pasado, y el proceso hacia el Pacto Global sobre Migración, son signos positivos. Hacemos votos para que la próxima reunión preparatoria del Pacto a realizarse en Puerto Vallarta en diciembre, siga sumando en esta dirección con el objetivo de generar un gran consenso global que nos ayude a cambiar el futuro de la migración.

La FAO quiere hacer su parte, en alianza con las agencias hermanas basadas en Roma y con la Organización Mundial para las Migraciones. Nuestro Director General, José Graziano da Silva, asumirá a partir de enero 2018, la co-presidencia del Grupo Global sobre Migración, una alianza de más de 20 agencias del Sistema de Naciones Unidas.

En nuestra región, hace unas semanas y junto con CEPAL, hemos convocado a una Alianza de los mejores expertos para enfrentar los desafíos de la migración en los países del Triángulo del Norte de Centroamérica. Es una alianza diversa, que integra además a actores como la Fundación Ford que, a su vez, nos ponen en contacto con otras redes y con otras capacidades. Estamos ya iniciando los diálogos con los gobiernos de los respectivos países para poner estas capacidades articuladas a su disposición, para apoyarlos en la tarea de llevar adelante estrategias, políticas y programas que les ayuden a cambiar el futuro de la migración.

En segundo lugar, debemos identificar con mucha mayor precisión donde debemos actuar. No podemos seguir hablando en general de México, de Guatemala, de Honduras, de Haití, o de El Salvador. Por ejemplo, en Guatemala el 55% de los municipios son centro de origen de migrantes, pero una parte muy importante de la migración se inicia en 16 territorios que agrupan, cada uno, a dos o más municipios vecinos entre sí. Estimaciones iniciales, que aun debemos afinar, nos permiten estimar que del orden de 60% o más de la migración, nace en estos territorios, que podemos considerar prioritarios para cambiar el futuro de la migración.

Lo mismo en El Salvador, con unos 50 territorios prioritarios, cuyas tasas de migración netas son entre tres y 14 veces superiores a la media nacional. Y así en cada uno de los países.

Es decir, tenemos información suficiente, no completa ni perfecta pero suficiente, para focalizar inteligentemente, para así aplicar los recursos y capacidades de los gobiernos, de las sociedades y de la cooperación internacional, ahí donde se puede tener un impacto de más escala para cambiar el futuro de la migración. Tenemos que priorizar y focalizar territorialmente, porque si no la magnitud del problema es inabarcable y nos conduce a un estado que es casi de indefensión.

En tercer lugar, a las personas que viven en estos territorios, a sus organizaciones sociales, a sus empresarios, a sus agricultores, a sus comunidades indígenas en muchos casos, a sus gobiernos locales, debemos ofrecerles una mejor oportunidad. No vamos a cambiar el futuro de la migración si los actores de estos territorios prioritarios en términos de sus flujos migratorios, no tienen la oportunidad para construir, ellos, con nuestro apoyo, sociedades más amables, más democráticas, con un ejercicio más pleno de los derechos humanos, con más y mejores empleos, con más paz y seguridad y mucho más sustentables ambientalmente. Cambiar el futuro de la migración quiere decir cambiar el futuro de los territorios de origen de los migrantes. Si no estamos dispuestos a ello, entonces debemos prepararnos para enfrentar las consecuencias de no actuar sobre las causas. Desarrollo sostenible o murallas, parecen ser las grandes alternativas en juego.

En cuarto lugar: tenemos plena conciencia de que nuestras economías apenas comienzan a salir de una etapa difícil y que hay estrecheces fiscales. Por eso, nuestra propuesta se basa en articular en los territorios priorizados, mucho de lo que los gobiernos ya están invirtiendo en infraestructura, salud, educación, adaptación al cambio climático y conservación de la biodiversidad, protección social, desarrollo económico y rural, seguridad ciudadana o fortalecimiento de gobiernos locales y de la sociedad civil. Con el concurso de la sociedad y con un papel central de los actores en los territorios, podemos esforzarnos en articular todo aquello en los territorios prioritarios para cambiar el futuro de la migración. Sí, debemos invertir un poco más, pero invertir sobretodo en establecer los sistemas, los incentivos y las capacidades que hagan viable y posible una estrategia basada en la coordinación y en la concurrencia, porque como sabemos, la coordinación intersectorial y público - privada, es tal vez el más esquivo de los bienes públicos. Pero se puede hacer. Hagámoslo.

En la FAO ya hemos iniciado esta estrategia basada en la articulación y coordinación de los que estamos haciendo. A partir de haber identificado los territorios donde se concentra el grueso de la migración y del diálogo con los gobiernos para establecer prioridades, queremos articular en esos territorios por ejemplo los proyectos de seguridad alimentaria que impulsamos con el apoyo de México a través de la Iniciativa Mesoamérica sin Hambre, así como los proyectos que estamos diseñando junto con nuestras contrapartes gubernamentales para ser presentados ante el Fondo Verde del Clima. Estamos hablando potencialmente de decenas de millones de dólares, en el marco de una sola agencia. Si establecemos una estrategia de focalización y articulación, de verdad sí podemos hacer una diferencia y cambiar el futuro de la migración en esos territorios.

Finalmente, quiero señalar que en unos momentos más, en el marco de esta conmemoración del Día Mundial de la Alimentación en América Latina y el Caribe, México, representado por la Secretaría de Relaciones Exteriores, y la FAO, vamos a suscribir un instrumento que elevará nuestra oficina en este país a la calidad más alta que puede ofrecer la FAO, una Oficina de Partenariado y Enlace. De parte de la FAO, es un reconocimiento a lo que México es y representa, a la calidad de nuestras relaciones y, muy especialmente, al papel que México juega y seguirá jugando como un actor del desarrollo sostenible regional y mundial. En los 40 años transcurridos desde que en octubre de 1977 se abrió en México la oficina de la FAO, juntos hemos logrado metas difíciles e importantes. Trabajando con nuestras contrapartes, juntos erradicamos la mosca de la fruta, promovimos la aprobación del Código de Pesca Responsable en un esfuerzo liderado por la mexicana Margarita Saucedo Lizárraga, apoyamos a la UNAM a establecer su primer postgrado en medicina veterinaria, hicimos el primer inventario forestal del país, y pusimos en marcha el que hasta hoy es el programa más extenso existente en el país de apoyo al desarrollo y a la seguridad alimentaria de cientos de miles de familias campesinas en las zonas más pobres de México. Nuestra acción con México ha trascendido las fronteras nacionales, y hemos colaborado al desarrollo regional, destacándose el programa Mesoamérica sin Hambre que estamos impulsando junto con AMEXID.

Ha sido una relación fructífera. La nueva Oficina de Partenariado y Enlace representa una mejor plataforma para que nuestros resultados futuros hagan una contribución real al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Quiero proponer en nombre de la FAO, que usemos esta nueva capacidad para trabajar juntos en cambiar el futuro de la migración en Mesoamérica y en el Caribe.