Cuestiones globales

 

 Biodiversidad

 

 

Biodiversidad acuática

A pesar de las fluctuaciones de la oferta y la demanda, debidas a las modificaciones de los recursos pesqueros, el entorno económico y las condiciones ambientales, la pesca y la acuicultura siguen teniendo en muchos países y comunidades gran importancia para el suministro de alimentos, el empleo y los ingresos. Los tipos de ecosistemas acuáticos que comúnmente se utilizan en la pesca y la acuicultura son:

Aguas continentales: la pesca y la obtención de otros recursos acuáticos se lleva a cabo en una gran variedad de ecosistemas de aguas dulces, que incluyen a los lagos, marismas, campos de arroz y terrenos aluviales, ríos y arroyos, cuya mayor parte son naturales. Las condiciones y las tendencias de los ecosistemas acuáticos se relacionan estrechamente con las de los ecosistemas terrestres adyacentes. Sin embargo, casi todas las masas de aguas continentales han sido transformadas en alguna medida por intervención humana (por ejemplo, los efectos enriquecedores del exceso de fertilizantes y los desechos del ganado), y su comunidad particular de estructuras y biodiversidad se transforma aún más a través de la introducción de nuevas especies, así como por la repoblación periódica. Por lo tanto, es esencial considerar cada ecosistema acuático continental en el marco de la cuenca hidrográfica donde se ubica.

Aguas costeras (comprendidos los estuarios y las lagunas). Estas masas de agua constituyen la conexión entre los medios marinos y los de aguas dulces, entre los continentes y el mar. Son decisivos para la cría de una gran variedad de especies marinas.

Arrecifes de coral. Son un ecosistema dominante en las zonas tropicales que tienen corrientes ascendentes o reciben agua dulce. Estos ecosistemas, vitales para los países isleños, son delicados, tienen una gran biodiversidad y sufren con intensidad las repercusiones de los escurrimientos y las actividades continentales.

Plataformas continentales de fondo suave. Estas condiciones aparecen en el frente de los principales sistemas fluviales y en los deltas de donde proceden sus característicos sedimentos finos (por ejemplo, grava, arena y lodo). Se extienden a una profundidad de hasta 200 metros, suelen recibir una fuerte influencia de los afluentes fluviales de los que adquieren su gran productividad y que gobiernan su variabilidad natural.

Plataformas continentales ascendentes. Son plataformas continentales muy productivas, por lo general situadas en los extremos orientales del mar, a menudo frente a zonas áridas o desiertos. La variabilidad interanual fuerte repercute en estos ecosistemas (por ejemplo, el Niño o la Niña). En estas zonas se concentran grandes volúmenes de pequeñas especies pelágicas.

Mar abierto. Se trata de la zona y el volumen más grandes de los ecosistemas marinos, aunque su producción biológica y pesquera por unidad de zona sea muy inferior a la de otros ecosistemas. Los montes submarinos son elementos notorios del ecosistema del mar abierto y acogen a algunos recursos frágiles y de larga vida del fondo del mar (por ejemplo, el reloj anaranjado).

Océanos polares  (por ejemplo, el Ártico y el Antártico), son ecosistemas particulares, muy productivos, de estaciones muy marcadas, caracterizados por procesos activos de enriquecimiento, determinados por las corrientes, que sustentan importantes recursos pesqueros (por ejemplo peces, krill, ballenas, cetáceos pequeños) y otras especies (como las aves marinas y las focas).

La FAO y la biodiversidad acuática

La biodiversidad acuática sufre la amenaza de diversos factores del sector pesquero, como el exceso de pesca, las prácticas pesqueras destructivas, la introducción de especies exóticas, y la amenaza de otros factores, externos, como la pérdida y la degradación de los hábitat debido, sobre todo, a las actividades terrestres. En octubre de 2001 se celebró la Conferencia de Reykiavik sobre la pesca responsable en el ecosistema marino, en reconocimiento a la urgencia de una gestión sostenible de las reservas marinas. En la reunión se hizo un análisis profundo de importantes cuestiones mundiales relacionadas con la aplicación del Código de conducta para la pesca responsable que refleja la necesidad de incluir consideraciones ecológicas en la gestión de las prácticas y procedimientos pesqueros.

El Departamento de Pesca de la FAO está llevando a cabo una serie de actividades relativas a la biodiversidad acuática, que se consideran condición esencial para la pesca y la acuicultura sostenibles. La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, de 1982, y el Código de Conducta para la Pesca Responsable, de la FAO (1995), constituyen el ámbito de acción de la FAO en materia de pesca. El Código, en particular, se propone fomentar un mayor orden en la pesca y la acuicultura y evitar la degradación ulterior de los recursos y el medio ambiente. Este instrumento incumbe, en alguna medida, a todas las actividades del sector pesquero. En muchos países la aplicación del Código de Conducta para la Pesca Responsable depende mucho de la disponibilidad y el acceso a información técnica y normativa, tanto en materia de pesca como ambiental. La FAO le otorga gran prioridad a suministrar y perfeccionar importantes recursos informativos, que incluyen hojas de datos, asesoría estratégica y facilitación de contactos en pro de la pesca mundial sostenible, a través de la elaboración y promoción de bases de datos, conocimientos y sistemas de información.

El Departamento de Pesca publica cada dos años El estado mundial de la pesca y la acuicultura (SOFIA), con el propósito de proporcionar a los encargados de elaborar las políticas, a la sociedad civil y a las personas que se ganan la vida en el sector pesquero, una perspectiva completa, objetiva y general de la pesca y la acuicultura, que comprenda las cuestiones normativas asociadas.

Si desea más información sobre las actividades de la FAO en materia de biodiversidad acuática, visite el sitio en Web de Pesca.

© FAO/M. Halwart

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