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Un ecosistema es una entidad natural (o sistema) con estructuras y relaciones características que entrelazan a las comunidades bióticas (de plantas, animales y microorganismos) entre sí y con su medio ambiente abiótico. La extensión de los ecosistemas no tiene límites precisos, pero se caracteriza por un origen común o por un proceso dinámico común. Los ecosistemas forman grandes sistemas naturales, como las praderas, los manglares, los arrecifes coralíferos y los bosques tropicales, pero también los agroecosistemas, cuya existencia y mantenimiento dependen mucho de las actividades humanas.
Las actividades que se ocupan de la gestión de los ecosistemas necesitan tomar en cuenta los múltiples bienes y servicios que proporcionan los diversos niveles (especies y genes) y funciones de la biodiversidad, así como la interacción entre sus distintos componentes (por ejemplo, el ciclo de la nutrición, la polinización, la lucha contra las plagas, la regulación del ciclo del agua y el mantenimiento de la vida silvestre local y sus hábitat). Los enfoques de gestión de los ecosistemas, en particular de los agroecosistemas, han de dirigirse, con todo, no sólo a la organización biológica (por ejemplo, la estructura esencial, los procesos y funciones; y la interacción entre los organismos y su medio ambiente), sino también a la interacción humana que les da forma y repercute en ellos. Esto debería realizarse con el propósito de fomentar prácticas responsables y sostenibles.
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