Los recursos genéticos
para la alimentación y la agricultura constituyen la base de la
seguridad alimentaria mundial y, directa o indirectamente, sostienen los
medios de subsistencia de todas las personas del planeta. Son la materia
prima utilizada para la producción de nuevos cultivares y especies y
constituyen una reserva de adaptabilidad genética, que sirve de
protección contra cambios ambientales y económicos que pudieran
ser nocivos. El desgaste de estos recursos supone un serio peligro para la
seguridad alimentaria mundial en el largo plazo.
El gran intercambio de recursos
genéticos entre agricultores, comunidades y países es un factor
decisivo para mantener la viabilidad y adaptarse a acontecimientos imprevistos
y hacer frente a las nuevas necesidades. En estas circunstancias, el
desarrollo sostenible de la biodiversidad agrícola debe entenderse
desde el punto de vista sectorial e intersectorial, con una perspectiva
integral y holística que tome en cuenta las
dimensiones biofísica y socioeconómica.