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Bolivia

Países promueven acciones de conservación del suelo en la producción de algodón bajo una mirada de sostenibilidad

Foto: Daniel Pérez/FAO
05/12/2017

En diciembre del 2013, la Asamblea General de las Naciones Unidas  designó el 5 de diciembre el Día Mundial del Suelo, con el objetivo de sensibilizar a las personas acerca de su importancia en nuestras vidas.  El suelo es base para el desarrollo sostenible. Su salud y equilibrio son vitales para asegurar las condiciones productivas adecuadas de los diversos sistemas agrícolas y forestales. 

Una de las acciones en campo del Proyecto Regional +Algodón, llevado a cabo por la FAO, el gobierno de Brasil, representado por la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), y los gobiernos de siete países socios de América Latina y el Caribe, es el trabajo de conservación del suelo bajo una mirada de sostenibilidad, que puede generar cambios profundos y permanentes en los sistemas productivos. El proyecto cuenta con siete países socios: Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Haití, Paraguay y Perú. 

Según explica la coordinadora regional del Proyecto +Algodón, Adriana Gregolin, el algodón suele necesitar suelos de mediana a alta fertilidad y cuenta con una gran resistencia a suelos empobrecidos y que enfrentan sequías. Además, es uno de los cultivos agrícolas con alta demanda de insumos químicos, concentrando alrededor del 24% del mercado mundial de plaguicidas. “Por esa razón, es crucial la adopción de prácticas para la mitigación de los daños y la recuperación de la capacidad efectiva de los suelos para revertir la degradación actual y, de esa manera, contribuir al desarrollo de una agricultura de bajo impacto ambiental, social y económico”, manifestó.  

A partir del taller regional que reunió, en el 2015, a expertos de varios países para discutir la producción sostenible de algodón y la importancia del suelo para su desarrollo, se acordaron cinco áreas de acción en el ámbito del Proyecto +Algodón: sistemas de producción integrados de algodón; manejo integrado de plagas y enfermedades (MIPE); semillas y variedades de calidad, adaptadas a la realidad del país; maquinarias y equipos aptos para la agricultura familiar; y el manejo sostenible y responsable de suelos y agua como recurso principal de la actividad.   

Difusión de buenas prácticas y capacitación en los países

Uno de los componentes clave para los países socios del proyecto es la capacitación por medio de días de campo, talleres, cursos, parcelas demostrativas y validación de semillas y buenas prácticas tecnológicas. El objetivo es mejorar la utilización de los suelos, especialmente en el cultivo del algodón, y cultivos asociados y de rotación, con la participación de agricultores familiares y técnicos de las instituciones nacionales.  

Las actividades en campo en los países cuentan con el apoyo técnico de las instituciones brasileñas cooperantes, como la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) y la Empresa Estadual de Asistencia Técnica y Extensión Rural de Paraíba (Emater-PB), que se suman a los esfuerzos de las instituciones públicas y privadas nacionales en la búsqueda de soluciones para el sector algodonero.   

En las parcelas demostrativas implementadas en Paraguay, Perú, Colombia y Bolivia se generan espacios para la formación de conocimientos técnicos y de gestión para la mitigación de riesgos, sin dejar de trabajar la perspectiva de género y efectos del cambio climático, entre otros aspectos que atingen de forma particular cada país. Estas actividades están dirigidas a distintos públicos como investigadores, técnicos extensionistas, agricultores y estudiantes de nivel técnico de escuelas agrícolas.    

“Un buen manejo de los suelos genera un impacto positivo en los ingresos de pequeños, medianos y grandes productores asociado a la disminución de costos y/o aumento de la productividad de los cultivos”, explicó Adriana Gregolin. 

En Perú, las instituciones participantes en esta iniciativa son el Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri), el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) y la Dirección Regional Agraria de Ica, de Lambayeque y de Piura y la Embrapa. Para el año 2018, se espera promover la incorporación de la broza al suelo, como una estrategia para mejorar su contenido de materia orgánica y preparar al predio para un próximo cultivo. 

A su vez, en Paraguay, se han promovido líneas estratégicas sobre el manejo sostenible del suelo y de recursos naturales en la producción algodonera, por medio de un modelo diversificado entre algodón y alimentos, además de abonos verdes para aumentar la materia orgánica y capacidades productivas del suelo, bajo la metodología de capacitaciones presenciales, días de campo y talleres para el intercambio de información. Estas acciones cuentan con el apoyo del Programa Nacional de Manejo, Conservación y Recuperación de Suelos, del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), de extensionistas de la Dirección de Extensión Agraria de Paraguay (DEAg/MAG), de la Dirección de Educación Agraria de Paraguay (DEA/MAG), de investigadores del Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA) y de Embrapa.   

Según Adriana Gregolin, los resultados de las últimas campañas en Paraguay señalan un incremento en la productividad del algodón producido en las parcelas demostrativas en un 50%, en comparación al promedio nacional. En Perú, se logró entre un 80% y 200%, resultados logrados a partir de la aplicación de buenas prácticas e innovaciones promovidas por las instituciones socias de la Cooperación Internacional. 

Más de mil personas en Paraguay y Perú ampliaron sus conocimientos en preparación de suelo y fertilización, siembra mecanizada, manejo integrado de plagas y control de crecimiento de las plantas, y manejo de plaguicidas, además de una mejor gestión de costos a nivel de la finca, gracias a las capacitaciones promovidas en el marco del Proyecto +Algodón. 

La importancia de los suelos y las buenas prácticas agrícolas

El suelo sustenta al cultivo, entregándole la matriz básica para el acceso al agua, oxígeno y nutrientes necesarios para su crecimiento. Sin embargo, Adriana Gregolin advirtió que el modelo vigente de agricultura intensiva impacta directamente en las propiedades físicas, químicas y biológicas, lo que requiere un manejo adecuado del suelo y la finca.   

Prácticas inadecuadas como excesos en el uso de agroquímicos o una labranza intensiva pueden afectar las propiedades del suelo en sus distintos estratos, generando un aumento de la compactación y erosión; la pérdida de suelo y de microorganismos benéficos, de materia orgánica y de la capacidad de retención de agua o de alteraciones en los niveles naturales de fertilidad y pH. Estas y otras perturbaciones generan condiciones desfavorables para el buen crecimiento y desarrollo de los cultivos que terminan por fragilizar las familias agricultoras al poner en riesgo su capacidad productiva y su seguridad alimentaria.  

“El algodón sostenible es un cultivo generador de importantes ingresos para familias agricultoras y puede ser un aliado en la lucha contra la desertificación y frenar la degradación de las tierras. De esta manera, contribuye a detener la pérdida de biodiversidad de los suelos, en el marco de Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible”, concluyó Adriana Gregolin.