FAO en Chile

Historias de éxito en FAO Chile

Conservación del bosque nativo para el desarrollo sostenible

Desde 2014, bajo el liderazgo del Ministerio de Agricultura, el financiamiento del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF) y el apoyo técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Chile ha estado desarrollando un Sistema Integrado de Monitoreo de Ecosistemas Forestales Nativos (SIMEF). Para ello, se ha logrado la coordinación de instituciones gubernamentales, como INFOR, CONAF y CIREN, alcanzando un mecanismo consensuado de evaluación y monitoreo que mide el estado y condición de los bosques, la biodiversidad, los aspectos socioeconómicos que forman parte de ellos y el uso de la tierra.

La iniciativa se proyecta como el mayor y más completo sistema de información de los bosques nativos del país para apoyar la toma de decisiones y el cumplimiento de los compromisos nacionales, así como una contribución al conocimiento de los bienes públicos y el capital natural. Es, además, una plataforma inédita que proporcionará información transparente a los ciudadanos democratizando las políticas ambientales.

A la fecha, SIMEF ha dado grandes pasos. Se ha ampliado el inventario nacional forestal a todo el territorio nacional (antes sólo se realizaba desde la región de Coquimbo a Magallanes), sumando de paso a las formaciones xerofíticas en el norte del país. Asimismo, el diseño e implementación del primer inventario nacional de biodiversidad, que ha permitido conocer las especies que habitan en torno a los ecosistemas forestales nativos, y se ha actualizado la metodología para medir el cambio de uso de la tierra.

De esta manera, SIMEF pone al país en la vanguardia del conocimiento de sus bosques y ecosistemas forestales, permitiendo evaluar el stock de carbono y los cambios y proyecciones del mismo en el tiempo, algo de enorme interés para la próxima COP 25.

Gracias a este proyecto, el país estará colaborando sustantivamente con las acciones mundiales para enfrentar los desafíos climáticos, pero también estará aportando beneficios sociales y económicos a diversos actores que dependen de este patrimonio natural, como la producción de agua en calidad y cantidad para el caso de la agricultura y las comunidades rurales, o el valor paisajístico y cultural que entrega para el desarrollo de un turismo sustentable.