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La agricultura climáticamente inteligente

La agricultura climáticamente inteligente

La agricultura climáticamente inteligente (CSA, siglas en inglés) constituye un enfoque que ayuda a las personas que manejan los sistemas agrícolas a responder de forma eficaz al cambio climático. El enfoque de la CSA persigue el triple objetivo de aumentar de forma sostenible la productividad y los ingresos agrícolas, adaptarse y crear resiliencia ante el cambio climático y reducir y/o absorber gases de efecto invernadero en la medida de lo posible. Esto no significa que todas y cada una de las prácticas puestas en marcha en cada lugar tengan que reportar necesariamente estas tres ventajas. Más bien, la CSA trata de reducir las compensaciones y generar sinergias teniendo en cuenta estos tres objetivos con el fin de informar las decisiones que se toman desde la escala local a la global, y a medio y largo plazo, para poder desembocar en soluciones localmente aceptables.

La mayoría de personas pobres del mundo viven en zonas rurales y la agricultura constituye su principal fuente de ingresos. Desarrollar el potencial para aumentar la productividad e ingresos de los sistemas de producción agrícolas, ganaderos, pesqueros y forestales a pequeña escala será clave para alcanzar la seguridad alimentaria en los próximos 20 años. Se sabe que el cambio climático golpeará con mayor dureza a los países en desarrollo. Entre sus efectos se incluyen mayores temperaturas, cambios en los patrones de precipitaciones, un aumento del nivel del mar y fenómenos meteorológicos más frecuentes y extremos. Todos ellos suponen riesgos para la agricultura y el suministro de alimentos y agua. La resiliencia es, por ello, una preocupación predominante. La agricultura es también una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero. La mitigación puede ser a menudo un importante beneficio colateral de las acciones que tratan de reforzar la adaptación y mejorar la seguridad alimentaria, de forma que la acción de mitigación compatible con las prioridades nacionales de desarrollo para la agricultura es un importante aspecto de la CSA. 

El enfoque de la CSA

La CSA no son un conjunto de prácticas que pueden ser aplicadas universalmente, sino más bien un enfoque que implica la integración de distintos elementos en los contextos locales. La CSA incluye acciones tanto en la explotación agrícola como fuera de ella, y abarca tecnologías, políticas, instituciones e inversiones.  

Entre los distintos elementos de los sistemas de agricultura climáticamente inteligente se incluyen: 

1.  La gestión de los cultivos, el ganado, la acuicultura y la pesca para equilibrar las necesidades de la seguridad alimentaria y los medios de vida a corto plazo con las prioridades para la adaptación y la mitigación.

2.  La gestión de los ecosistemas y el paisaje para conservar los servicios del ecosistema que son importantes para la seguridad alimentaria, el desarrollo agrícola, la adaptación y la mitigación.

3. Servicios para agricultores y encargados de la gestión de la tierra que les permitan un mejor manejo de los riesgos/impactos del cambio climático, así como acciones de mitigación.

4.  Cambios más amplios en los sistemas alimentarios que incluyan medidas en el lado de la demanda e intervenciones en la cadena de valor que refuercen los beneficios de la CSA. 

Las acciones para poner en práctica la CSA incluyen:  

1. Ampliación de la base de evidencias:

La base de evidencias se compone de los efectos, actuales y proyectados, del cambio climático en un país. Identifica vulnerabilidades clave en el sector agrícola y para la seguridad alimentaria y determina opciones efectivas de adaptación. Incluye las estimaciones del potencial de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (o del aumento del secuestro de carbono) generado por las estrategias de adaptación, así como información sobre las barreras y costes relacionados con la adopción de distintas prácticas, cuestiones relacionadas con la sostenibilidad de los sistemas de producción y las políticas y respuestas institucionales necesarias para superarlas.

2. Apoyo a marcos políticos propicios:

El enfoque apoya el desarrollo de las políticas y planes e inversiones relevantes, así como la coordinación a través de los procesos e instituciones responsables de la agricultura, el cambio climático, la seguridad alimentaria y el uso de la tierra.

3. Refuerzo de instituciones nacionales y locales:

Es esencial contar con instituciones locales fuertes para empoderar, capacitar y motivar a los agricultores. En algunos casos también hay que hacer esfuerzos para crear la capacidad necesaria entre los responsables de la elaboración de políticas nacionales con miras a participar en los foros políticos internacionales sobre cambio climático y agricultura, y reforzar su vínculo con las autoridades gubernamentales locales.

4. Mejora de las opciones de financiación:

Los mecanismos de financiación innovadores que vinculan y combinan la financiación de la agricultura y del clima con inversiones de los sectores público y privado son medios clave para la implementación de la CSA. Se están desarrollando nuevos instrumentos de financiación del clima, como el Fondo Verde para el Clima, que podrían convertirse en una forma de estimular el desarrollo agrícola sostenible. Las medidas de mitigación apropiadas para cada país (NAMA, siglas en inglés) y los planes nacionales de adaptación (NAP, siglas en inglés)  son instrumentos políticos nacionales clave muy importantes a la hora de crear puentes entre las fuentes de financiación nacionales e internacionales. Los presupuestos nacionales del sector y la AOD seguirán siendo las principales fuentes de financiación y la integración del clima en la planificación y realización de presupuestos sectorial es, de esta forma, un requisito previo clave para abordar con éxito el cambio climático.

5. Implementación de prácticas a nivel de terreno

Los agricultores son los principales guardianes del conocimiento sobre su entorno, sus ecosistemas agrícolas, sus cultivos, su ganado y los patrones locales de precipitaciones. La adaptación a la CSA debe estar relacionada con el conocimiento de los agricultores locales, sus requisitos y sus prioridades. Los proyectos y las instituciones locales ayudan a los agricultores a identificar las opciones climáticamente inteligentes más adecuadas que pueden ser adoptadas e implementadas con facilidad. Esto es lo que se ha hecho, por ejemplo, en la Escuela de campo para agricultores de la República Unida de Tanzania.