Sistemas de producción de arroz

El arroz es fundamental para la seguridad alimentaria: unos 3.000 millones de personas, aproximadamente la mitad de la población, come arroz a diario. Gran parte de los más pobres y malnutridos de Asia dependen del arroz como alimento básico. Cada año se cultivan unos 144 millones de hectáreas de arroz. Los suelos anegados y templados de los arrozales hacen de este  sistema de producción un gran emisor de metano. La producción de arroz está y estará afectada por  los cambios en el clima. Las precipitaciones irregulares, periodos más secos en la estación húmeda (dañando las plantas más jóvenes), sequía e inundaciones están teniendo ya un impacto sobre los rendimientos. Esto ha provocado también el brote de plagas y enfermedades, con grandes pérdidas de cultivos y productos cosechados. Peng et ál. (2004) analizaron seis años de datos de 227 explotaciones de arroz irrigadas en seis de los principales países productores de Asia, que producen más del 90% del arroz mundial, y concluyeron que las temperaturas en alza, especialmente las nocturnas, han tenido un severo efecto en los rendimientos, provocando pérdidas de entre el 10 y el 20% de la cosecha en algunas zonas.

Se está adoptando una serie de métodos y prácticas para abordar estos retos. Por ejemplo, los sistemas de producción han sido adaptados alterando los esquemas de cultivo, las fechas de siembra y las técnicas de manejo agrícola; se han construido diques para proteger las explotaciones de arroz de las inundaciones y las instituciones gubernamentales y el sector privado han producido y distribuido nuevas variedades de arroz más tolerantes a la sequía y al anegamiento. Además, numerosos agricultores están diversificando sus patrones de cultivo, trabajando otros cereales, verduras y criando peces y animales (cerdos y pollos, por ejemplo). Los residuos y desperdicios de cada sistema son usados como fertilizantes en la tierra, reduciendo así la necesidad de insumos externos. Esta diversificación ha aumentado los ingresos, mejorado la nutrición, generando resistencia ante las rupturas bruscas y minimizando el riesgo financiero. El desarrollo de técnicas avanzadas de configuración de modelos, el mapeo del efecto del cambio climático en las regiones productoras de arroz y la extensión de seguros sobre los cultivos son otros ejemplos de gestión del riesgo y reducción de la vulnerabilidad. La investigación sobre el cultivo de arroz ha identificado que las emisiones se producen en los pocos meses del año en que la tierra está completamente inundada. Un enfoque más integrado para la irrigación de arrozales y la aplicación de fertilizantes podría, de esta manera, reducir sustancialmente las emisiones. También se han utilizado suplementos de sulfato de amonio para promover la actividad microbiana en el suelo y reducir los metanógenos. Además, se ha desarrollado la tecnología de aplicación de urea en profundidad (UDP), con la que se pone urea en forma de supergránulos o pequeñas briquetas bajo el suelo, cerca de la raíz de la planta y fuera del agua encharcada en la que podría perderse. En Bangladesh, esta práctica ha reportado entre un 50 y un 60% de ahorro en el uso de urea y ha aumentado el rendimiento en una tonelada por hectárea, aproximadamente. 

Mitigar las emisiones de metano con nuevos patrones de riego (Bohol, Filipinas)
 

La isla Bohol es una de las mayores zonas de cultivo de arroz en la región Visayas, en Filipinas. Antes de que finalizase el Sistema Integrado de Riego de Bohol (BIIS), en 2007, los dos embalses más antiguos (Malinao y Capayas) estaban acosados por lo problemas y eran incapaces de asegurar suficiente agua durante la segunda cosecha del año (de noviembre a abril), especialmente para los agricultores que vivían corriente abajo, en la parte más alejada de la presa. Este problema se veía agravado por una distribución desigual del agua y la prefrencia por parte de los agricultores de las condiciones de crecimiento del arroz continuamente anegado.

Para hacer frente a la merma de la producción de arroz, la Administración Nacional de Riegos (NIA) puso en marcha un plan de acción para el BIIS. Este incluía la construcción de una nueva presa (Bayongan, financiada con un crédito del Banco Japonés para la Cooperación Internacional) y la implementación de una tecnología dirigida al ahorro de agua denominada Alternancia humectación/secado (AWD), desarrollada por el Instituto Internacional de Investigación sobre el Arroz (IRRI) en cooperación con institutos de investigación nacionales. El visible éxito de la AWD en explotaciones piloto, así como los programas de formación específicos para agricultores, lograron disipar la percepción ampliamente difundida de posibles pérdidas de rendimiento en campos de arroz no anegados. La amplia adopción de la AWD facilitó un uso óptimo del agua de riego, de forma que la intensidad de los cultivos pudo aumentarse del 119 % al 160 % ca. (en relación al máximo de 200% en estos sistemas de doble cosecha). Asímismo, de acuerdo con la metodología revisada por el IPCC, la 'aeración múltiple', a la que corresponde la AWD, reduce las emisiones de metano en un 48%, en comparación con la anegación continuada de los campos de arroz. La AWD ofrece, así, múltiples beneficios relacionados con la reducción de emisiones de metano, la reducción del uso de agua (adaptación allí donde el agua escasea), un aumento de productividad y la contribución a la seguridad alimentaria. 

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última actualización:  jueves 6 de diciembre de 2012