Pesca y acuicultura 

Más de 500 millones de personas dependen, directa o indirectamente, de la pesca y la acuicultura en sus medios de vida. La pesca también aporta una fuente básica de nutrición para 3.000 millones de personas y al menos el 50% de las proteínas animales y los minerales esenciales para 400 millones de personas en los países más pobres. Sin embargo, el cambio climático está trayendo consigo enormes retos para estos recursos. Probablemente, los sistemas de producción y los medios de vida, ya en crisis por la sobreexplotación, el manejo inadecuado y el impacto de otras influencias terrestres antropogénicas, sucumbirán aún más a medida que aumente la frecuencia e intensidad de las tormentas y los fenómenos climáticos extremos se hagan más  y más comunes. Los pescadores,  así como otros miembros de la
comunidad, correrán un riesgo mayor de perder sus vidas y sus bienes, como botes, equipos de pesca e infraestructuras de acuicultura. Es necesario que las estrategias de adaptación sean adecuadas al contexto y específicas para cada localidad, y que se proyecten tanto en el corto plazo (p. ej., mayor frecuencia e intensidad de los episodios extremos) como en los fenómenos a largo plazo (p. ej., productividad reducida de los ecosistemas acuáticos). Será necesario que las estrategias para aumentar la resiliencia y la capacidad de adaptación se implementen a gran escala, así como que se adopten medidas y prácticas que se adhieran a los principios del Código de Conducta para la Pesca Responsable. 

 Acuicultura de bajo consumo energético

El cultivo de algas, ostras y almejas constituye la parte principal de la producción de maricultura del mundo. El cultivo de estas especies requiere una alimentación energética mínima y tiene, de esta forma, una limitada huella de carbono. Todavía más: la rápida renovación en el cultivo de algas, de aproximadamente tres meses por cosecha (en los trópicos), con rendimientos de más de 2.500 toneladas por hectárea, supera de lejos el potencial de captura de carbono que podría obtenerse con otra actividad agrícola en una superficie equivalente. Además, estos sistemas pueden filtrar nutrientes y aportar un “servicio de limpieza” a los entornos marinos costeros.

El cultivo de algas se ha expandido rápidamente en las últimas décadas a medida que la demanda ha superado la oferta disponible desde los recursos naturales. Se calcula el valor anual de producción entre unos 5.500 y 6.000 millones de dólares estadounidenses, con recolección comercial en unos 35 países, repartidos entre los hemisferios norte y sur, en entornos que van desde aguas frías a tropicales, pasando por templadas. China es el mayor productor de algas comestibles. Se producen unos cinco millones de toneladas (la mayor parte para kombu) de cientos de hectáreas de Laminaria japonica, que se cultivan en cuerdas suspendidas en el océano. Ahora también se cultivan otras algas recolectadas originalmente en reservas naturales de Indonesia y Filipinas para la producción de agentes espesantes y gelificantes (Carrageenan), como la kappaphycus alvarezii y la Eucheuma denticulatum. Su producción se ha extendido a otros países, como Tanzania (Zanzíbar), Vietnam y algunas islas del Pacífico. 

...más

 

 Acuasilvicultura

Otro sistema de cultivo marino ecológico y con potencial de mitigación de GEI es la acuasilvicultura: la integración de acuicultura y bosques de manglares. Estos sistemas se usan habitualmente en Indonesia y Vietnam, y están en las fases iniciales de desarrollo en Hong Kong, Filipinas y Malasia. Los enfoques difieren entre los distintos países e incluso entre las diversas zonas de un mismo país, pero básicamente se trata de la integración de estanques de manglares y corrales para peces y cangrejos (Primavera, 2000). Estos sistemas no sólo secuestran carbono, sino que también presentan una mayor capacidad de recuperación ante crisis bruscas y fenómenos extremos, además de permitir una mayor producción gracias a los servicios mejorados de ecosistema. Un buen ejemplo de los beneficios de la acuasilvicultura puede verse en la introducción del sistema de la región tambak de Java, una superficie de más de 300.000 hectáreas de estanques extensivos donde no había manglares. La introducción de manglares llevó a un aumento de la producción, de la oferta de alimentos, y contribuyó significativamente al bienestar socioeconómico de la población costera rural  (Sukardjo 1989). El sistema fue, de esta manera, más provechoso que la simple plantación directa de manglares, y el beneficio financiero neto del programa de reforestación de la Corporación Forestal Estatal fue considerable (Sukardjo, 1989). 

...más

 

 Pesca de bajo impacto por menor consumo de combustible (LIFE)

Las artes de pesca pasiva bien diseñadas y utilizadas de forma responsable, como redes de enmalle, nasas, anzuelos y sedales y trampas, pueden reducir las necesidades de consumo de combustible fósil en,  aproximadamente, un 30-40% respecto a las artes de pesca activa, como las redes de arrastre. Todavía más: el uso de materiales biodegradables puede minimizar la cantidad de pesca fantasma cuando las artes de pesca se pierden sin darse cuenta por culpa del mal tiempo. Los nuevos diseños de artes de pesca selectiva pueden reducir la captura de alevines y otras formas de captura incidental, así como aminorar los descartes. Tecnologías innovadoras como el GPS y las ecosondas también pueden ser utilizadas para asegurar que las artes de pesca no se despliegan en zonas vulnerables o sensibles. Otras innovaciones en el diseño de embarcaciones y equipos de pesca pueden, junto a las formaciones en seguridad, minimizar los accidentes y la pérdida de vidas en el mar, y ayudar a acabar con la reputación del sector pesquero como la profesión más peligrosa del mundo. 

...más



última actualización:  miércoles 29 de diciembre de 2010