Declaración con
ocasión de la celebración del Día
Mundial de la Alimentación
Sala de Plenarias, FAO, Roma, Italia, 16 de octubre
de 1998
Excmo. Sr. Subsecretario de
Estado,
Excmos. Señores,
Señoras y señores:
Al conmemorar hoy el 50º
aniversario de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos, habría deseado anunciar que
finalmente hemos conseguido erradicar el hambre y la
malnutrición crónicas de este planeta. Esto
hubiera sido, efectivamente, un motivo noble y apropiado
de celebración al final de este milenio.
En cambio, el Día Mundial de la
Alimentación de 1998 sirve para recordarnos la
trágica realidad de que hay más de 800
millones de personas que todavía no disfrutan del
más básico de los derechos humanos, el
derecho a la alimentación, y que deben adoptarse
medidas urgentes y drásticas en varios frentes si
queremos conseguir el objetivo de la Cumbre Mundial sobre
la Alimentación de reducir por lo menos a la mitad
el número de personas hambrientas para el
año 2015. Las repercusiones a corto y largo plazo
de esta situación moralmente inaceptable son
devastadoras, tanto desde el punto de vista humano como
económico.
En este Día Mundial de la
Alimentación, deseo rendir homenaje a un grupo muy
grande de heroínas invisibles &endash; las mujeres
que "nutren al mundo"- haciéndome eco de la
declaración de los dirigentes mundiales de 186
países en la Cumbre Mundial sobre la
Alimentación: "Reconocemos la aportación
fundamental de las mujeres a la seguridad alimentaria,
sobre todo en las zonas rurales de los países en
desarrollo, y la necesidad de garantizar la igualdad
entre el hombre y la mujer".
Este reconocimiento de la
función de la mujer para garantizar la seguridad
alimentaria se tradujo en compromisos concretos en el
Plan de Acción aprobado en la Cumbre,
especialmente el llamamiento para que se promoviera la
participación plena y en condiciones de igualdad
de la mujer en la economía y la concesión a
las mujeres de un acceso seguro y equitativo, a los
recursos productivos, como el crédito, la tierra y
el agua, y el control sobre ellos.
¿Por qué tiene importancia
esto? Personalmente estoy convencido de que el objetivo
de la seguridad alimentaria para todos no se puede
alcanzar a menos que se escuche la voz de la
mayoría silenciosa de la humanidad. Hay que
reconocer y valorar la enorme contribución de las
mujeres a la agricultura, la silvicultura y la pesca, y
en consecuencia a la consecución de la seguridad
alimentaria familiar y nacional. Debemos realizar todos
un esfuerzo para mejorar nuestro conocimiento y nuestra
respuesta ante los retos diarios que encuentran las
mujeres a la hora de desempeñar sus tareas como
productoras y proveedoras de alimentos.
A lo largo de la historia, diversos
poetas y artistas han celebrado la función de la
mujer en la alimentación del mundo. A menudo se
representa la tierra generosa y fértil como una
mujer con los productos de la tierra de la abundancia en
sus manos, de ahí la antigua denominación
de "Madre Tierra".
Al final del presente milenio, esta
imagen es más real que nunca, especialmente en el
mundo en desarrollo, donde el trabajo de las mujeres
asegura una proporción elevada de la
producción de alimentos para el consumo familiar y
de las actividades de elaboración y
comercialización de los productos alimenticios. En
muchos de estos países, somos testigos en la
actualidad de una tendencia hacia la feminización
del sector agrícola, fenómeno debido
fundamentalmente a la emigración de los hombres
del medio rural hacia el urbano en busca de oportunidades
económicas mejor pagadas. Esto es evidente sobre
todo en los países de bajos ingresos y con
déficit de alimentos, en los cuales vive la
mayoría de la población mundial con
inseguridad alimentaria, por lo que la
feminización de la agricultura parece ir de la
mano con una feminización de la pobreza.
Las estrategias adoptadas por las
mujeres campesinas para afrontar las graves
sequías y las situaciones consiguientes de hambre
de los años setenta y ochenta en África
atestiguan su capacidad de reacción y su ingenio
en tiempos de crisis. Muchas familias sobrevivieron
gracias a los cultivos alimenticios secundarios de las
mujeres. Además, su conocimiento de las plantas
medicinales contribuye a asegurar la salud de sus
familias cuando las medicinas importadas son demasiado
caras o escasean a causa de las medidas de austeridad
económica.
Esta contribución inestimable
adquirió mayor resonancia cuando el Convenio sobre
la Diversidad Biológica, adoptado en Rio de
Janeiro en 1992, reconoció y subrayó la
importancia de las comunidades locales, y en particular
de las mujeres, en la conservación y la
utilización sostenible de la diversidad
biológica. En este ámbito, la FAO
está tratando de documentar el caudal de
conocimientos que poseen las mujeres campesinas sobre la
diversidad biológica de su entorno inmediato, y
especialmente de la agrobiodiversidad. De hecho, las
mujeres campesinas tienen especial cuidado de mantener la
diversidad de las plantas cultivadas y de las especies
silvestres, dado que con frecuencia son ellas quienes
utilizan estos recursos genéticos para obtener
nuevas variedades que respondan a los cambios en las
necesidades y las preferencias. En África, las
mujeres cultivan unas 120 plantas diferentes en los
márgenes de las tierras que los hombres destinan a
cultivos comerciales. Esta ingeniosa
diversificación de la producción contribuye
a mejorar la nutrición y la seguridad alimentaria
de sus familias.
Los huertos cultivados por las mujeres
son a menudo modelos de utilización sostenible de
la tierra. Además, las mujeres realizan numerosas
actividades de elaboración de alimentos y
participan también activamente en el comercio de
productos alimenticios. Sus actividades comerciales se
traducen directamente en una mejora de la
nutrición de sus familias. En casi todo el mundo,
las mujeres están encargadas de preparar los
alimentos para sus familias. Por este motivo, son a
menudo las primeras en sufrir las consecuencias de la
degradación del medio ambiente: cuando se cortan
árboles y arbustos, son ellas quienes deben
recorrer a pie distancias cada vez mayores para encontrar
la leña que necesitan.
El año pasado, con
ocasión del Día Mundial de la
Alimentación, destaqué la importancia de
aumentar la inversión del sector privado en la
seguridad alimentaria apoyando los esfuerzos de millones
de pequeños agricultores, comerciantes, artesanos
de aldea y empresarios. En particular, mencioné el
hecho de que la mayoría de quienes necesitan un
apoyo a la inversión son mujeres campesinas y
personas que ganan menos del equivalente de 200
dólares EE.UU. al año.
Son innumerables los ejemplos
alentadores de lo que pueden conseguir las mujeres cuando
se les facilita el acceso al crédito, aunque sea
en escala limitada. Las mujeres han demostrado ser
solventes y fiables, y las tasas de rendimiento de sus
actividades de elaboración y
comercialización de alimentos suelen ser muy
altas. Sus sistemas tradicionales de ahorro pueden
transformarse en servicios financieros modernos,
utilizando los ahorros y los depósitos locales
para asegurar una intermediación financiera
sostenible y reducir la dependencia respecto de los
recursos externos.
A pesar de la función esencial
que desempeñan las mujeres en la lucha cotidiana
para garantizar la seguridad alimentaria, su
contribución a la producción,
elaboración y comercialización de alimentos
no se tiene en cuenta en las estadísticas
nacionales ni en los censos agropecuarios. El
desconocimiento generalizado de la división
efectiva del trabajo y de las responsabilidades y
contribuciones respectivas de los hombres y las mujeres
en el sector agrícola es un obstáculo para
la consecución de una productividad óptima.
La mayoría de los países siguen siendo
insensibles a las diferencias de trato por razón
de sexo a la hora de la planificar adoptar
políticas agrícolas.
Aunque muchos países en
desarrollo han reconocido en el plano jurídico el
derecho básico de la mujer a la propiedad de la
tierra, rara vez la mujer ejerce un control efectivo
sobre la tierra. El aspecto más
problemático del derecho consuetudinario de la
mujer a la tierra es la falta de seguridad, dado que unos
derechos seguros sobre la tierra son importantes para el
acceso al crédito, a la integración en
organizaciones rurales, a los servicios de
extensión, la tecnología y la
información.
Una encuesta realizada por la FAO
reveló que las mujeres campesinas reciben como
promedio sólo el 5 por ciento del total de los
servicios de extensión agrícola en todo el
mundo y que sólo el 15 por ciento aproximadamente
de los agentes de extensión en el mundo son
mujeres. De hecho, estos servicios suelen orientarse a la
producción de cultivos comerciales y a la
agricultura en gran escala, en las que predominan los
hombres, mientras que se tiende a pasar por alto o a
considerar de importancia secundaria la agricultura de
subsistencia de los pequeños agricultores, en la
que predominan las mujeres.
Prevalece, pues, una desigualdad por
razón de sexo en el acceso a la nueva
tecnología agrícola y en la
distribución de los beneficios que se derivan de
ella. De hecho, se observa que, cuando se introduce una
nueva tecnología sin tener en cuenta sus
consecuencias diferentes para cada sexo, los efectos
sobre el volumen de trabajo de la mujer o sobre las
actividades que generan ingresos pueden incluso ser
negativos.
Desde el principio, la FAO ha
reconocido a las mujeres campesinas como asociadas
naturales en las actividades relacionadas con la
nutrición y la seguridad alimentaria de los
hogares y ha colaborado sistemáticamente con
ellas. En los 53 últimos años, la
admiración y la comprensión institucionales
de la FAO por las múltiples funciones que
desempeñan las mujeres campesinas en toda la
cadena alimentaria ha ido en aumento. En sus actividades
normativas habituales, la FAO aborda las preocupaciones
de la mujer campesina en sus diversas funciones
productivas en la agricultura, la silvicultura y la
pesca.
Una de las principales
enseñanzas que se pueden sacar de la experiencia
de la FAO es que, cuando se dan a las mujeres las
oportunidades y el acceso a los recursos y servicios, se
convierten en partícipes dinámicas del
proceso de desarrollo. Sin embargo, con demasiada
frecuencia, la participación de la mujer se limita
al suministro continuo de mano de obra gratuita, en lugar
de desempeñar un papel activo en la
determinación de las prioridades y la
elaboración de soluciones que afectan directamente
a su sustento.
Como parte del seguimiento de la
Cumbre Mundial sobre la Alimentación y como
complemento a las actividades de su Programa Ordinario,
la FAO está aplicando un Programa Especial para la
Seguridad Alimentaria que funciona actualmente en 37
países de bajos ingresos con déficit de
alimentos y se está formulando en otros 35
países. Las directrices del programa prevén
la utilización del análisis de las
limitaciones a la seguridad alimentaria, con especial
atención al análisis, por sexos y por
grupos específicos, de las limitaciones
socioeconómicas, en particular con respecto al
acceso a la tecnología, la tierra, los insumos, el
almacenamiento, la comercialización, la
elaboración y los servicios de crédito.
Los actos de TeleFood de este
año, que se iniciarán el día de hoy
y proseguirán hasta el 18 de octubre,
pondrán de relieve en todo el mundo la importancia
de la mujer en la erradicación de la pobreza y el
hambre. Programas de televisión y radio sobre
estos actos difundirán por todo el mundo
imágenes e información en las que se
pondrán de relieve las contribuciones de la mujer
a la lucha contra la pobreza y el hambre y se
recabará solidaridad para alcanzar el objetivo de
alimentos para todos.
Para ganar la guerra contra el hambre
y la malnutrición, es necesaria una
revolución en los conceptos, las actitudes y el
comportamiento de la población. Debemos
comprometernos a formular y aplicar políticas y
programas de desarrollo que respondan a las necesidades
de la mujer en mayor medida que hasta ahora. La
cuestión no es si esto es posible, porque sabemos
que lo es, sino más bien cuándo tendremos
la voluntad política colectiva para invertir en
las mujeres y los hombres como participantes en pie de
igualdad en el proceso de desarrollo.
En este Día Mundial de la
Alimentación aprovechemos la oportunidad para
agradecer a todas las mujeres del mundo que contribuyen a
la seguridad alimentaria mundial y ayudan a "nutrir al
mundo".