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Curriculum vitae del Dr Jacques Diouf

 


Ceremonia del Día Mundial de la Alimentación

Roma, Italia, 15 de octubre de 1999

 

 

Señor Presidente de la República Eslovaca,
Señor Primer Ministro de la República de Guinea-Bissau,
Señor Ministro de Políticas Agrícolas de la República Italiana,
Señor Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO,
Señoras y Señores,

 

Uno de los principales mensajes de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, celebrada en Roma en noviembre de 1996, es que la lucha contra el hambre y la malnutrición no es una cuestión que concierne sólo a los gobiernos. Sin tratar de liberar a los dirigentes políticos de sus responsabilidades al respecto, es preciso reconocer que la plena adhesión y participación de la sociedad civil en los programas de seguridad alimentaria es indispensable para el éxito de los mismos. De todos los elementos que constituyen la sociedad civil, los jóvenes son indudablemente los más dinámicos, los más innovadores y también los menos dispuestos a resignarse ante la inaceptable persistencia del hambre en los albores del siglo XXI.

En efecto, aunque en total el mundo produce alimentos suficientes para satisfacer las necesidades de sus 6 000 millones de habitantes, el hambre persiste todavía, ya que en los países en desarrollo 790 millones de personas no tienen acceso a una alimentación suficiente. No obstante, se han logrado progresos considerables en los últimos años, y el número de personas que padecen una subalimentación crónica en los países en desarrollo ha disminuido en 40 millones entre 1990 y 1997 a pesar del incremento de la población mundial. Si bien hay motivos para alegrarse de esta reducción, es preciso señalar que la misma es el resultado de los esfuerzos de sólo 37 países, que han llegado en conjunto a reducir en 100 millones el número de las personas subalimentadas entre su población. Lamentablemente, en otros países dicho número ha aumentado en 60 millones. Si no se realizan esfuerzos importantes para mejorar el suministro de alimentos a nivel mundial y nacional, así como para superar las desigualdades, en 2015 la incidencia de la subalimentación podría alcanzar en algunos países al 30 por ciento de la población.

Incluso en los países desarrollados la situación es preocupante. Por primera vez, la Organización dispone de estadísticas de conjunto para estos países y puede estimar el número de personas subalimentadas en ellos en 34 millones.

Para alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de reducir a 400 millones el número de personas subalimentadas de aquí al 2015, será menester que los progresos sean mucho más rápidos y se movilicen todas las energías. Precisamente, los jóvenes de 15 a 24 años, cuyo número supera actualmente los mil millones, constituyen una fuerza, una fuente de energía con enorme potencial que es preciso aprovechar y movilizar a cualquier precio para asegurar un desarrollo sostenible, especialmente en el sector agrícola. Al dedicar este Día Mundial de la Alimentación a los jóvenes, la FAO ha querido hacer hincapié en su papel indispensable en la lucha contra el hambre.

En efecto, es necesario llamar la atención de los responsables nacionales y los estrategas del desarrollo internacional sobre el hecho de que los recursos invertidos hoy en la juventud surten efectos benéficos a corto y largo plazo, y que la preocupación general por hallar soluciones urgentes a problemas inmediatos del desarrollo nacional no debería empañar la visión prospectiva del papel de los jóvenes. Éstos son efectivamente miembros activos de la sociedad, a los que habría que dar la oportunidad y la posibilidad de expresarse en su propio nombre acerca de las grandes cuestiones que interpelan a nuestras conciencias.

Los jóvenes de todas las condiciones sociales y de todos los países del mundo pueden y deben contribuir, por lo tanto, a la lucha contra el hambre. Se hallan en condiciones de invertir el orden de cosas cuando se les informa sobre todos los aspectos y consecuencias del hambre y la malnutrición. Los jóvenes, en su mayor parte, están ansiosos de dedicar sus energías a los esfuerzos locales, nacionales y mundiales de lucha contra el hambre. Constituyó un buen ejemplo de ello el Foro internacional de la juventud, que reunió a 500 jóvenes llegados a Roma de 130 países diferentes en 1996 con ocasión de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Hoy se sigue manteniendo la organización en red de estos jóvenes delegados en unos 80 países, lo que testimonia su empeño en mejorar la seguridad alimentaria en el mundo de conformidad con el Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación.

En los países en desarrollo, de los 250 millones de niños y muchachos de 5 a 15 años que trabajan, muchos son utilizados en el sector agrícola y contribuyen directamente al trabajo en los campos, al cuidado de los huertos y a la cría de animales. Es preciso reconocer y poner de manifiesto estos esfuerzos y sacrificios con el fin de tratar de aliviarlos, pero sin poner en peligro la seguridad alimentaria del núcleo familiar.

También es necesario apelar más al idealismo, a la creatividad y a la energía que los jóvenes llevan dentro de sí. Entre todos los jóvenes, los del medio rural del mundo en desarrollo constituyen un público especial al que la FAO aporta su apoyo desde hace más de 30 años. Ya se han registrado éxitos importantes en este sector, pero queda aún mucho por hacer.

Se calcula que 472 millones de jóvenes de 15 a 24 años viven en zonas rurales de países en desarrollo. Estos jóvenes pueden aportar una ayuda de incalculable valor para alcanzar el objetivo fijado por la Cumbre Mundial sobre la Alimentación.

Sin embargo, las adversidades a que demasiados jóvenes están sujetos constituyen un grave obstáculo para esta movilización. El desempleo, las enfermedades, el alcohol, la droga, la violencia, la exclusión, la criminalidad y la disolución de las familias son algunas de las graves agresiones que padecen. Y los jóvenes rurales no se salvan ya de estos problemas, que en otro tiempo se limitaban principalmente a las zonas urbanas y periurbanas.

La emigración masiva y creciente de jóvenes rurales de países en desarrollo hacia las ciudades o hacia otros países en busca de una vida mejor representa otra de las tendencias preocupantes. La seguridad alimentaria de las zonas rurales resulta así gravemente comprometida a causa de la deserción de los jóvenes rurales, de estos desplazamientos que dejan yermos los campos y, en muchos casos, alejan de las aldeas a sus habitantes más vigorosos, más brillantes y más dotados, y las privan de los recursos humanos que las comunidades rurales tanto necesitan para salvaguardar y mejorar su sistema de producción alimentaria.

Las encuestas confirman que los jóvenes no son atraídos solamente por las "luces" de la ciudad, sino también que no tienen muy buena opinión sobre la agricultura en cuanto actividad y modo de vida. Parece que, en la mentalidad de la mayor parte de los jóvenes rurales, la agricultura está estrechamente vinculada a la dureza de los trabajos agrícolas y a la insuficiencia de los ingresos y las oportunidades de empleo. Incluso quienes desearían quedarse en su aldea se ven obligados a abandonarla por falta de acceso a la tierra, al agua, a los insumos, al crédito, a la extensión agrícola. Por ello, es necesario fortalecer urgentemente los programas destinados a mejorar las condiciones de vida de los jóvenes rurales, sobre todo, de las muchachas y muchachos no escolarizados.

Tal es la misión que se ha propuesto la FAO. Estos programas se basan esencialmente en métodos de aprendizaje directo de técnicas agrícolas y permiten a los jóvenes adquirir las competencias técnicas que necesitan y fortalecer los vínculos familiares y comunitarios, contribuyendo así a la creación de una agricultura y un marco socioeconómico sostenibles que son indispensables para el desarrollo equilibrado del país.

La promoción de acciones encaminadas a incrementar la capacidad de la población rural para dominar y aplicar las tecnologías más modernas a fin de mejorar la productividad agrícola de forma sostenible constituye uno de los aspectos determinantes de los programas de desarrollo y promoción de la juventud.

Otra dimensión importante es la de identificar y movilizar los recursos destinados directamente a los jóvenes para financiar tales actividades. A este respecto, es necesario velar por que se capacite a los jóvenes para determinar y formular sus necesidades de forma que sean tenidas en cuenta por los poderes públicos. Las competencias adquiridas en materia de comunicación y motivación les permitirán además desempeñar una función decisiva en la dinamización de las células comunitarias.

Por último, los programas destinados a los jóvenes rurales tienen por objeto ayudarles a comprometerse en actividades estimulantes y a alcanzar sus objetivos personales y de grupo, a fin de que estén movidos por la más grande de las motivaciones humanas: la esperanza.

Estos programas pueden también fortalecer activamente la cohesión familiar. En efecto, se prestan fácilmente a una participación activa de todos los miembros de la familia. Los padres sirven muchas veces de ejemplo y, en tal caso, asumen benévolamente la dirección de grupos de los que son miembros sus hijos e hijas. En cuanto a los abuelos, su experiencia se transmite a sus nietos durante las sesiones de aprendizaje basadas en la transferencia de conocimientos tradicionales insustituibles, sobre todo acerca del entorno ecológico y social, así como de prácticas agrícolas ancestrales que en muchos casos mantienen su actualidad.

Asimismo, los esfuerzos de formación de estos jóvenes en el medio rural sirven para modificar actitudes y comportamientos con respecto al mundo rural y a sus componentes, y permiten en particular fortalecer la condición social y la función de las muchachas y las mujeres jóvenes dentro de la comunidad, contribuyendo así notablemente a la seguridad alimentaria.

Los jóvenes se hallan en general más dispuestos que los adultos a aceptar y promover prácticas ecológicas respetuosas del medio ambiente. Han mostrado su disponibilidad y aptitud para ejercer una influencia importante en este sector. Además, los programas de educación en materia ecológica destinados a ellos debertan desembocar en aplicaciones prácticas en gran escala.

En el marco de esos mismos programas, los jóvenes se familiarizan también con la planificación estratégica, a fin de adquirir una visión clara de los objetivos que han de alcanzarse para mejorar sus propios rendimientos y los de toda la comunidad en relación con la producción agrícola y la seguridad alimentaria. Gracias a las redes de comunicación y de intercambio, y al fortalecimiento y difusión de tales programas, los jóvenes pueden expresar mejor sus aspiraciones y entablar un diálogo constructivo con las autoridades locales y nacionales.

Así pues, los programas destinados a la juventud rural en los países en desarrollo pueden tener efectos importantes y dar a gran número de jóvenes la posibilidad de contribuir de manera significativa a los objetivos nacionales de seguridad alimentaria.

Además, es preciso apoyar decididamente la creación de redes de jóvenes rurales, porque favorecen la cooperación y el intercambio de información y experiencias entre los jóvenes de un mismo país, de un mismo continente y de un mismo planeta Tierra.

La FAO, por su parte, se esfuerza en desarrollar estas redes, así como su colaboración con los organismos internacionales y regionales en el ámbito de la valoración de la juventud rural en apoyo de la seguridad alimentaria mundial. La Organización es miembro activo del Grupo de trabajo interinstitucional de las Naciones Unidas sobre la juventud, participa en el Foro internacional de la juventud del sistema de las Naciones Unidas y contribuye a la ejecución del "Programa de acción mundial para los jóvenes hasta el año 2000 y años subsiguientes" de este mismo Sistema.

El plan de mediano plazo de la Organización para el período 2000-2005 trata de hacer mayor hincapié en la juventud rural. Este nuevo impulso permitirá incrementar las actividades de apoyo técnico a organizaciones gubernamentales y no gubernamentales que se ocupan de la juventud rural. Dichas actividades se relacionan con la planificación estratégica, el establecimiento de orientaciones en materiale políticas, la creación de acuerdos de asociación, la formación profesional y de voluntarios y la asistencia técnica en los sectores de competencia de la Organización.

Por otra parte, el lanzamiento de la Campaña "Alimentos para Todos", en el marco del seguimiento de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, constituye un medio privilegiado de intensificar el diálogo entre el gobierno y los distintos segmentos de la sociedad civil para hallar soluciones apropiadas contra el hambre y la pobreza. Deseo llamar la atención de las organizaciones de jóvenes sobre este punto: la FAO está firmemente decidida a apoyar toda iniciativa que se adopte en este sentido y a estimular especialmente la creación y/o el fortalecimiento de comités nacionales por parte de la propia sociedad civil, con el fin de acrecentar su influencia, sobre todo la de los jóvenes, en la adopción de decisiones relativas a la lucha contra la inseguridad alimentaria.

Los jóvenes se identifican con el tema del Día Mundial de la Alimentación de este año para hacer oír su voz con los medios de expresión que les son propios, y que muchos jóvenes talentos de todas las latitudes y culturas participen activamente en los conciertos organizados en el marco de TeleFood para compartir con millones de otros jóvenes su entusiasmo y su esperanza a través del idioma universal de la música. Que el tema de este último Día Mundial del siglo XX sea una nueva ocasión para que la juventud mundial, tanto de países desarrollados como en desarrollo, afirme su voluntad común de liberar del hambre al próximo milenio.

Muchas gracias por su amable atención.

 


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