Discurso del Director General de la
FAO
ante la Real Academia Sueca de Agricultura y
Silvicultura
Conferencia Internacional
Estocolmo, Suecia, 14-15 de mayo de
2001
Cultivos genéticamente
modificados - ¿Por qué? ¿Por qué
no?
Sr. Presidente de la Real Academia
Sueca de Agricultura y Silvicultura,
Honorables Miembros,
Distinguidos participantes,
Ahora, en este mismo instante en que
nos reunimos esta mañana, más de 800
millones de personas en todo el mundo irán a
dormir sin haberse alimentado o están saliendo de
ese espantoso sueño irrequieto del hambriento. Es
más, miles de niños víctimas de la
malnutrición no verán el final de este
día. Seguimos, pues, enfrentándonos con la
horrible plaga del hambre y la malnutrición y el
acuciante desafío de la seguridad alimentaria para
todos.
Mientras inauguramos esta Conferencia,
los científicos de muchos países de todo el
mundo están reunidos "en conferencias", en forma
oficial u oficiosa, tratando de descubrir la forma y los
medios de leer, comprender y manipular el alfabeto
más fundamental de la vida: el código
genético, el programa fundamental de nuestra
propia existencia y del mundo en que vivimos. Y somos
así testigos de la ciencia, con sus oportunidades
apasionantes y al parecer ilimitadas.
Asimismo, mientras hablamos, un
número cada vez mayor de personas en todo el mundo
están orientando sus energías a afrontar y
expresar sus preocupaciones e inquietudes de que el
progreso científico pueda afectar a la inocuidad
de los alimentos que comemos y comportar riesgos para el
medio ambiente en que vivimos.
Así pues, debemos seguir
profundizando el debate sobre la ética de este
cambio dramático.
Debemos considerar al mismo tiempo la
realidad de que los progresos de la tecnología de
la comunicación son tales que todos nosotros que
estamos reunidos aquí en esta sala de conferencias
podríamos sentarnos en nuestros asientos y
observar al mismo tiempo, en una realidad virtual, cada
uno de los tres siguientes escenarios de posibilidades,
riesgos y ética que se viven en el mismo momento
en que ocurren: es simplemente una cuestión de
comunicación audiovisual y de participación
planificada. Por consiguiente, debemos utilizar
plenamente la tecnología de información
para hacer frente a los desafíos que están
delante de nosotros.
Sr. Presidente, estas cuatro
declaraciones sobre posibilidades, riesgos, ética
y tecnología de la comunicación encierra en
sí los desafíos y las oportunidades con que
nos enfrentamos. En calidad de científicos,
funcionarios públicos, políticos o
directores del sector privado, directa o indirectamente
comprometidos en la gestión y utilización
de nuestros recursos naturales, tenemos el deber
ineludible de utilizar la ciencia para producir no
solamente más alimentos y alimentos más
sanos, para eliminar el hambre y la pobreza, sino
también para conservar la base de recursos
naturales que hemos heredado de nuestros antepasados.
Este amplio desafío abarca la ciencia, la
ética, la seguridad alimentaria y la inocuidad de
los alimentos. Más concretamente, este
desafío nos impulsa a construir, vigilar y
comunicar las vías del conocimiento y de la
comprensión que refuerzan el eje que une entre
sí la ciencia, la ética, la seguridad
alimentaria y la inocuidad de los alimentos. Considero
que éste es el núcleo del debate de esta
importantísima conferencia.
¿Qué lugar podía
ser más apropiado para hacer frente a este
desafío, que el ambiente que encierran los sacros
muros de la Real Academia Sueca de Agricultura y
Silvicultura, y el lugar de nacimiento del más
famoso botánico y explorador sueco del siglo
XVIII, Carl Linneo, que fue el primero en establecer los
principios de la taxonomía sobre los cuales
trazamos el germoplasma (géneros y especies) de la
vida vegetal y animal. Y, por supuesto, el lugar de
nacimiento de Alfred Bernhard Nobel, el muy ilustre
químico, ingeniero e industrial sueco, es el
más adecuado para que la ética y la
justicia social nos guíen cuando recurrimos a las
ciencias prometeicas en la búsqueda de la
seguridad alimentaria sostenible, la inocuidad de los
alimentos y el bienestar de los seres humanos.
El año pasado vimos al
Presidente de los Estados Unidos de América y al
Primer Ministro de Gran Bretaña anunciar
conjuntamente el mapa del genoma humano y,
permítanme que añada, con un compromiso
conjunto de que esta información &endash;un bien
público absolutamente fundamental&endash; siguiera
perteneciendo al dominio público. Cuando el
año se acercaba a su fin, un equipo internacional
de científicos publicó el primer mapa
genético completo de una planta, el mastuerzo
(Arabidopsis thaliana) &endash;una pequeña maleza
relacionada con la planta de la mostaza. En los tres
primeros meses del presente año, y casi
semanalmente, se han publicado en Nature los progresos
muy importantes en nuestro conocimiento del genoma humano
y del mapa de otras plantas y especies vegetales y
animales (p. ej., el arroz, el ratón de
laboratorio). Y siguen adelante los esfuerzos mundiales
por descubrir el genoma bovino. Qué momento
más adecuado para tratar el problema de la
ética en relación con estos rápidos
progresos de la ingeniería
genética.
Esta es, esencialmente, la
cuestión planteada por los ministros suecos de
justicia, medio ambiente y comercio, en su
declaración conjunta de 10 de diciembre de 2000,
"No al monopolio de los genes".
La biotecnología incluye toda
una serie de técnicas diferentes, muchas de las
cuales no presentan controversias, así como la
técnica, ampliamente discutida hoy día,
conocida como ingeniería genética. Un
elemento fundamental de la ingeniería
genética es la capacidad para identificar y
manipular material genético con gran
precisión y transferir características de
interés de un organismo o especie, y expresarlas
en otro organismo o especie. La biotecnología
abarca también el desarrollo de organismos
clonados, tales como Dolly (la famosa oveja clonada), y
la modificación de los mecanismos de
reproducción en animales de granja y peces de
cría. Otra esfera de aplicación de la
biotecnología que progresa rápidamente es
la de la industria de elaboración de alimentos, en
la que se están utilizando técnicas
moleculares modernas en diversos sectores, incluida la
fermentación y la producción de
tecnologías con utilización de activadores
y de separación.
En el último decenio se han
registrado asimismo progresos rápidos y muy
importantes en la aplicación de la
biotecnología moderna a los cultivos alimentarios
y forestales. Se han hecho importantes progresos en cada
una de las siguientes esferas de investigación: i)
progresos en las técnicas de propagación de
plantas, ii) progresos en el diagnóstico de plagas
y enfermedades, iii) progresos en la obtención de
plantas transgénicas con rendimientos mejorados,
resistencia a las enfermedades y las plagas, y/o de
calidad nutricional, y iv) progresos en el uso de
marcadores, mapas, genómica e informática
de recursos genéticos en la selección con
ayuda de marcadores y genes. Desde mediados del decenio
de 1990, como resultado directo de los progresos de la
ingeniería genética, hemos sido testigos de
un importante cultivo de la primera generación de
variedades de plantas nuevas genéticamente
modificadas o transgénicas. En el año 2000,
se sembraron más de 44 millones de
hectáreas de tierras con variedades
transgénicas de más de 20 especies de
plantas; de las cuales las especies comercialmente
más importantes fueron la soja, el maíz, la
colza y el algodón. Estas nuevas variedades se
sembraron en 13 países, entre ellos Argentina,
Australia, Canadá, China, México,
Sudáfrica y Uruguay, y sobre todo en los Estados
Unidos de América. Sin embargo, cabe
señalar que aproximadamente el 24 por ciento de
estas plantas se cultivaron en países en
desarrollo. El valor del mercado mundial de cultivos
transgénicos ha pasado de 75 millones de
dólares EE.UU. en 1995 a 1 640 millones de
dólares en 1998.
Estas nuevas variedades
transgénicas se cultivaron para que incluyeran las
características siguientes: resistencia a los
insectos, tolerancia a los herbicidas, retardamiento de
la maduración de las frutas y resistencia a los
virus. Además, otras mejoras basadas en la
modificación genética (MG) son actualmente
objeto de ensayos sobre el terreno. Es interesante
señalar que se está dando ahora particular
importancia a mejorar el valor nutritivo de los alimentos
y de los cultivos alimentarios que pueden tener
beneficios directos y tangibles para el consumidor, es
decir, allí donde la preocupación y el
debate sobre la MG es más intenso.
Si bien, según los informes, no
existe todavía una producción comercial de
árboles forestales genéticamente
modificados, se están realizando importantes
investigaciones, incluso aquí en Suecia,
especialmente para las especies de producción de
madera cultivadas en plantaciones de gestión
intensiva. Las características que
realísticamente pueden ser objeto de
modificación genética en el futuro cercano
comprenden la resistencia a los insectos y a los virus,
la tolerancia a los herbicidas y un contenido de lignina
modificado.
La Cumbre
Mundial sobre la
Alimentación puso de
relieve la importancia de la investigación
agrícola, y en especial de la
biotecnología, como los elementos más
importantes en la lucha contra el hambre y la
malnutrición. Los productos de la
biotecnología y de la ingeniería
genética pueden resultar útiles en varias
formas. En primer lugar, debemos recordar que ya no
podemos depender de la solución de introducir
tierras vírgenes en la cadena de producción
de alimentos y que en adelante la ampliación de la
producción de alimentos debe proceder del aumento
de los rendimientos de las tierras ya cultivadas tanto
por los agricultores más pobres como por las
grandes explotaciones agrícolas. Esto plantea el
doble desafío de aumentar la productividad de las
tierras más fértiles cultivadas por los
agricultores más acomodados junto con un
mejoramiento de la producción y variedad de
cultivos alimentarios que pueden cultivarse en tierras
marginales frágiles y menos ricas.
En este último contexto, la
posible modificación genética del
germoplasma vegetal abre nuevas e interesantes
perspectivas para hacer frente a muchos de los
obstáculos ampliamente reconocidos de la
agricultura tropical, tales como la tolerancia de las
plantas a la sequía, la salinidad y la baja
fertilidad del suelo. Considerados conjuntamente estos
progresos potenciales, así como el uso efectivo de
las tecnologías de información, pueden
contribuir al desarrollo de una producción
sostenible de alimentos en tierras marginales aplicando
tecnologías de gestión integrada de
suelo-agua-nutrientes-germoplasma-plaga; en otras
palabras, agricultura de precisión para los
trópicos.
En cuanto al aumento de los
rendimientos de los principales alimentos básicos,
se reconoce hoy ampliamente que nos encontramos en una
situación posterior a la revolución verde,
y que se han alcanzado ya los límites de
rendimiento en los principales cultivos alimentarios con
arreglo a programas de mejora convencionales. En efecto,
debemos buscar en la ingeniería genética
una ayuda para avanzar, y la actual investigación
sobre el arroz nos proporciona la base para expectativas
bien fundadas a este respecto. La biotecnología y
la ingeniería genética ofrecen
también la posibilidad de aumentar la
producción ganadera tropical, un desarrollo muy
necesario, puesto que somos testigos del ritmo cada vez
mayor de urbanización y los cambios en los modelos
alimentarios.
Quizás, la revolución de
ingeniería genética más importante,
de interés directo para la malnutrición y
la inseguridad alimentaria en todo el mundo en desarrollo
es la modificación del genoma del arroz para
producir una nueva variedad llamada arroz dorado. El
arroz dorado es una variedad transgénica de arroz
que produce provitamina A y tiene un contenido mayor de
hierro. Hay un interés decisivo y justificado en
poner esta planta transgénica a disposición
de los agricultores de los países en desarrollo,
especialmente para combatir la muerte prematura y la
ceguera causada por la carencia de vitamina A. Se estima
que unos 180 millones de personas en todo el mundo
padecen de carencia de vitamina A, de las cuales mueren
cada año dos millones, cientos de miles de
niños quedan ciegos y un número
considerable de mujeres sufren de anemia, que es una de
las causas principales de muerte entre las mujeres en
edad de procreación.
Afortunadamente podemos esperar en que
se logren nuevos progresos tecnológicos de este
tipo, no sólo para aumentar la calidad nutricional
de nuestros alimentos, sino también para mejorar
su calidad de conservación y su duración en
almacén.
La mayor parte de los progresos en la
biotecnología y la ingeniería
genética han sido realizados por las grandes
empresas multinacionales de ciencias de la vida
independientemente o en colaboración con los
institutos de investigación avanzada (IIA) en los
países industriales. Ciertamente, varios
países en desarrollo (tales como Brasil,
Argentina, China, India, Malasia y Filipinas)
están emprendiendo importantes programas de
investigación y desarrollo en
biotecnología, pero en general la gran
mayoría de los países en desarrollo no han
podido dedicar todavía suficientes recursos para
apoyar la investigación en este sector.
Los países en desarrollo
necesitan recibir ayuda, no sólo en equipos y
conocimientos de laboratorio para efectuar ensayos
prácticos de cultivos modificados
genéticamente y de los demás productos de
la investigación biotecnológica. Necesitan
también asistencia en materia de política y
gestión de la investigación sobre
biotecnología e ingeniería genética.
La aplicación de la biotecnología moderna a
los sistemas de investigación agrícola en
todo el mundo en desarrollo requiere nuevas inversiones,
cambios en la asignación de recursos y nuevas
responsabilidades para quienes elaboran las
políticas, los directores de investigación
y los científicos.
En este contexto, los Sistemas
Nacionales de Investigación Agrícola (SNIA)
deben contar con un apoyo más sólido de sus
gobiernos y de la comunidad internacional de donantes. El
sector privado, y en especial las grandes empresas
multinacionales de ciencias de la vida, pueden
desempeñar una función muy importante a
este respecto, no sólo compartiendo abiertamente
los resultados y los productos de su
investigación, sino también estableciendo
asociaciones específicas (de investigación
y capacitación) con los sistemas nacionales de
investigación, a fin de hacer utilizar los
progresos en la biotecnología y la
investigación genómica en la lucha contra
la pobreza y la inseguridad alimentaria.
La propiedad y la utilización
de germoplasma genéticamente modificado es una
cuestión de equidad de importancia fundamental que
es objeto de amplios debates en todos los foros que se
ocupan de los derechos de propiedad intelectual (DPI). Un
importante elemento determinante de quien ganará o
perderá en la elaboración de la
tecnología de organismos modificados
genéticamente es la legislación sobre los
derechos de propiedad intelectual y los protocolos
convenidos que rigen la utilización de productos
genéticamente modificados.
Una cuestión fundamental es el
grado en que los "derechos de los agricultores" y las
"excepciones de los mejoradores" se reconocerán en
los nuevos planes de derechos de propiedad intelectual.
El primero da a los agricultores el derecho a reutilizar
semillas de patentes protegidas, mientras que el segundo
permite a terceras partes hacer uso de variedades
patentadas con fines de mejora con arreglo a condiciones
restringidas. Estos dos derechos existen ya en algunos
sistemas actuales (p. ej., UPOV-Union international pour
la protection des obtentions végétal) pero
no están claramente garantizados en otros, que se
están adoptando en respuesta al acuerdo sobre los
ADPIC aspectos de los derechos de propiedad intelectual
relacionados con el comercio concertados en el
ámbito de la OMC.
A pesar de que en los últimos
decenios las nuevas biotecnologías han abierto
perspectivas y oportunidades interesantes en una serie de
sectores, desde la agricultura hasta la producción
farmacéutica, la escala del debate mundial
negativo acerca de los OMG no tiene precedentes. Este
debate, que es muy intenso y algunas veces con una fuerte
carga emocional, ha polarizado a científicos,
productores de alimentos, consumidores y grupos de
interés público así como a los
gobiernos y a los encargados de elaborar las
políticas.
Algunos aspectos éticos de los
OMG entran en el contexto del derecho
a una alimentación
adecuada, que deriva de la
Declaración Universal de Derechos Humanos. En la
Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996, en
la Declaración
de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial y el Plan
de Acción de la Cumbre Mundial sobre la
Alimentación se afirma
el derecho de todos a una alimentación adecuada y,
más recientemente, en abril del presente
año, la Comisión de Derechos Humanos
reafirmó que "El hambre constituye un ultraje y
una violación de la dignidad humana". Otras
importantes cuestiones de derechos humanos que han tenido
influencia en el debate sobre los OMG son el "derecho a
una elección fundamentada" y el derecho a "una
participación democrática".
El derecho a una elección
fundamentada deriva del concepto ético de la
autonomía de la persona. Este principio puede
aplicarse, por ejemplo, en el debate sobre el etiquetado
de los alimentos derivados de OMG para asegurar que los
consumidores sepan lo que consumen y puedan tomar
decisiones fundadas.
El derecho a la participación
democrática se refiere a la necesidad de justicia
y equidad. Hay muchos hombre y mujeres (especialmente los
pobres y los que no tienen poder) con poca
instrucción y sin ningún punto de acceso
social para poder influir en las decisiones acerca de los
OMG. Sus preocupaciones y su bienestar deben reflejarse
en el debate acerca de los efectos de los OMG en sus
vidas y en sus medios de vida, y acerca de los beneficios
o riesgos que comportan. También es causa de
preocupación el hecho de que las generaciones
futuras no tengan la posibilidad de opinar respecto de
las decisiones sobre los OMG.
La principal preocupación de
los consumidores acerca de los OMG es la inocuidad de los
alimentos. Lógicamente los consumidores quieren la
seguridad de que los alimentos modificados
genéticamente que llegan al mercado hayan sido
sometidos a ensayos suficientemente, y que estos
alimentos sean objeto de vigilancia para garantizar una
inocuidad constante. Debido a la complejidad de los
productos alimenticios, la investigación sobre la
inocuidad de los alimentos modificados
genéticamente es más difícil que la
realización de estudios sobre los componentes,
tales como plaguicidas, productos farmacéuticos o
productos químicos industriales. Por conducto de
la Comisión
del Codex Alimentarius y otros
foros, los países están examinando las
normas que deben aplicarse para los OMG y la manera de
asegurar su inocuidad.
La capacidad de los OMG de trastornar
el equilibrio de la naturaleza es otra
preocupación del público. Los OMG son
productos "nuevos" que, cuando entran en
circulación, pueden obligar a los ecosistemas a
adaptarse, quizás en formas no previstas. Existe
también la preocupación acerca de la
posibilidad de que la "contaminación"
genética se traduzca en un cruzamiento con
poblaciones silvestres.
Teóricamente, al hacerse una
opinión acerca de los OMG, los consumidores
deberían sopesar los beneficios de la
aceptación de una nueva tecnología contra
los riesgos posibles. Puesto que sólo algunos de
los OMG de plantas o animales disponibles actualmente
presentan beneficios evidentes para los consumidores se
preguntan por qué deben aceptar los posibles
riesgos. Se dice que los consumidores asumen los riesgos,
mientras que los productores (y/o las empresas
multinacionales de abastecimiento) cosechan los
beneficios. Sin duda alguna, las metodologías de
evaluación y de gestión de riesgos son
indispensables en este contexto.
Los análisis de riesgos basados
en la ciencia permiten a los expertos tomar decisiones
que reducen al mínimo la probabilidad de peligros
en el sistema de abastecimiento de alimentos y el medio
ambiente. Sin embargo, los consumidores tal vez desean
también mayor transparencia para proteger su
derecho a ejercer por propia cuenta su consentimiento
fundamentado. Por supuesto, el consentimiento
fundamentado y el etiquetado de los alimentos derivados
de OMG son las cuestiones más importantes en este
debate.
En la actualidad son muy pocos los
foros que dispone el público para debatir toda la
amplia serie de problemas relativos a los OMG. La falta
de tales foros puede hacer que los interesados en un solo
aspecto de los OMG, tales como el efecto ambiental,
lleven sus preocupaciones a un foro establecido para
ocuparse de otro aspecto, por ejemplo el etiquetado. Una
cuestión afín es cómo introducir al
sector privado en forma creíble y transparente en
los foros públicos y, luego, cómo hacer
responsables a los organismos del sector público y
privado. No es posible ignorar las decisiones de los
consumidores en el mercado: si deciden no comprar, no
tienen por qué comprar. Sin embargo, el mercado no
es el único lugar donde los consumidores pueden
expresar sus opiniones o preferencias. Cada vez
más los consumidores están formando
diferentes grupos de presión o de protesta que
buscan una vía más directa de
intervención respecto de la forma en que se
producen sus alimentos. Esto debe entenderse en el
contexto de que los consumidores de todo el mundo ahora
viven y trabajan lejos de los lugares donde se producen
sus alimentos. Esta falta de participación directa
en el proceso de producción puede dar como
resultado que las opiniones de los consumidores sobre el
sistema agroalimentario y sus productos estén mal
informadas, equivocadas y sean con frecuencia ignoradas.
Los medios de información pueden desempeñar
una función muy importante y responsable en este
contexto.
Sin duda alguna, existe una gran
preocupación y confusión acerca de los
riesgos de los OMG en lo que respecta a la inocuidad de
los alimentos y el medio ambiente. Los organismos de
reglamentación basan sus normas de
evaluación de riesgos sobre una base
científica. Los científicos, los
economistas y quienes dirigen las políticas
están utilizando ahora metodologías de
análisis de riesgos para dar forma a su
evaluación de los efectos de los organismos
modificados genéticamente. Los riesgos comprenden
tres componentes: evaluación de riesgos,
gestión de riesgos y comunicación de
riesgos. La evaluación y la gestión de
riesgos son en gran parte autoevidentes.
La comunicación de riesgos
merece una mención especial, puesto que es el
elemento menos practicado o puesto de relieve en el
debate sobre los OMG. La comunicación de riesgos
entraña el intercambio interactivo de
información y opiniones entre evaluadores y
gestores de riesgos, consumidores, la industria, la
comunidad científica y otras partes interesadas a
lo largo de todo el proceso de análisis de
riesgos.
Los problemas de
reglamentación, especialmente los relativos a la
cuarentena, las especies invasoras y la bioseguridad
adquieren gran importancia cuando los cultivos
modificados genéticamente son comercializados a
escala internacional. Las organizaciones internacionales
que apoyan convenios tales como la Convención
Internacional de Protección
Fitosanitaria, el Convenio
sobre la Diversidad Biológica y el Protocolo de
Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología
están ocupándose activamente de la
elaboración de marcos reglamentarios viables. Los
mecanismos reglamentarios más concretos son un
código de conducta sobre la biotecnología
en cuanto afecta a la conservación y el uso de los
recursos genéticos para la alimentación y
la agricultura. Este mecanismo está siendo
desarrollado por países miembros de la FAO en el
ámbito de la Comisión
de Recursos Genéticos para la Alimentación
y la Agricultura.
Las comisiones y los foros
establecidos en el ámbito de la FAO están
facilitando el debate entre los países miembros
sobre toda una serie de cuestiones relativas al debate
sobre la ingeniería genética y los OMG en
la agricultura, la silvicultura y la pesca. En el plano
internacional, existen mecanismos para establecer normas
para los productos alimenticios, las plantas, la sanidad
animal y la pesca. Además, en marzo del año
pasado la FAO puso en marcha un foro
electrónico sobre biotecnología en la
alimentación y la
agricultura para ayudar a los
países en desarrollo a debatir estas
cuestiones.
Sr. Presidente,
Honorables miembros,
Distinguidos participantes,
Ciertamente, debería declararse
que la utilización y aplicación de
organismos y tecnologías tradicionalmente
mejorados sería suficiente para permitir que los
países en desarrollo alcanzaran los objetivos de
la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996.
Pero las pruebas que existen hasta la fecha indican
claramente que las tecnologías de la
ingeniería genética y los OMG ofrecen la
posibilidad de aumentar considerablemente los niveles de
eficiencia y productividad en la producción
vegetal y animal en un mundo en que la población
aumentará del actual nivel de seis mil millones a
nueve mil millones de personas, y en que las mejores
tierras agrícolas están disminuyendo como
consecuencia de la urbanización, la
industrialización y la creación de
infraestructuras para el desarrollo del transporte,
mientras que la deforestación y la
expansión de la agricultura a tierras marginales
constituye un grave revés para los ecosistemas
frágiles. Todos nuestros esfuerzos deben dirigirse
a asegurar que los beneficios potenciales de la
biotecnología, con las medidas necesarias de
salvaguardia de la salud y el medio ambiente,
estén al alcance de todos, incluidos los pobres y
los más desaventajados. Tampoco podemos ignorar
que la inocuidad de los alimentos constituye parte
integrante y fundamental de este proceso de
investigación y de desarrollo.
En efecto, no es posible hacer
generalizaciones absolutas acerca de los OMG; cada
aplicación debe analizarse plenamente caso por
caso. Mediante evaluaciones completas y transparentes de
las aplicaciones de los OMG, y el reconocimiento de sus
consecuencias a corto y largo plazo, el debate puede ser
menos áspero y más constructivo. El
científico tiene una responsabilidad ética
fundamental a este respecto.
Si bien los científicos, los
gobiernos y la industria agroalimentaria están
reconociendo cada vez más la necesidad de informar
al público acerca de los OMG, existe
todavía una información relativamente
limitada para que las personas comunes puedan tomar
decisiones. Es necesario poner a disposición de
todos los interesados evaluaciones precisas, objetivas y
difundidas ampliamente acerca de los beneficios y riesgos
asociados con la utilización de las
tecnologías genéticas.
Esto pone de relieve, aún
más, las responsabilidades éticas de los
científicos de ser más diligentes y de
comunicar sus resultados en términos que puedan
ser comprendidos por las personas comunes. Las
asociaciones profesionales científicas pueden
desempeñar una gran función a este
respecto: informar al público en general sobre las
tecnologías de OMG y sus consecuencias.
El derecho a una alimentación
adecuada, tal como se debate hoy, entraña por
parte de los gobiernos la obligación de proteger
la autonomía individual y su capacidad para
participar en los foros decisorios públicos,
especialmente cuando se trata de cuestiones relativas a
las necesidades más fundamentales: la
alimentación. Estas obligaciones pueden incluir el
suministro de recursos públicos para asegurar que
los foros sean efectivos y se desarrollen en un
espíritu de justicia y equidad.
Si bien las tecnologías de
modificación genética ofrecen una gran
oportunidad para desarrollar un mundo con una
verdaderamente seguridad alimentaria, no debemos olvidar
que todos &endash; la comunidad científica, la
comunidad internacional, las empresas multinacionales de
ciencias de la vida y la comunidad de donantes,
conjuntamente con los gobiernos nacionales &endash;
tienen la responsabilidad fundamental de asegurar que los
países en desarrollo tengan una
participación equitativa en estos interesantes
progresos que ofrece la ciencia, en forma inocua para su
población y el medio ambiente. Esto requiere una
participación más abierta, integrada y de
colaboración de todas las partes interesadas en la
producción agrícola y alimentaria de los
países en desarrollo.
Honorables miembros de la
Academia,
A lo largo de la historia, el hombre
ha tratado constantemente de progresar en los
conocimientos y la comprensión para hacer frente a
sus necesidades de alimentos, vivienda y seguridad. A lo
largo del tiempo, cada era ha traído su propia
serie de cambios prometeicos y los correspondientes
riesgos. Después de la revolución
industrial, la ciencia de los cambios se hizo más
profunda, más estimulantemente desafiante y
potencialmente más peligrosa, conforme las
tecnologías se hicieron cada más potentes y
arriesgadas. A su vez, cada nuevo acontecimiento que
entrañaba riesgos ha suscitado llamamientos en
favor del control de la ciencia y los paradigmas
científicos en términos de una seguridad
garantizada de la gestión de los progresos
científicos.
Los cambios de paradigmas son momentos
interesantes de la ciencia, porque nos obligan a
replantear las razones que mueven nuestra
actuación como científicos. Son
especialmente interesantes cuando podemos percibir los
resultados, no de enfoques mutuamente excluyentes, sino
de posibilidades para lograr un desarrollo aceptable y
amplio para el bien común. En el alba de este
nuevo milenio, la ciencia de la alimentación y la
agricultura ha alcanzado otro hito de su historia que
anuncia posibilidades decisivas y apasionantes de
construir una nueva revolución verde, o toda una
serie de cambios sumamente necesarios que son
indispensables para centenares de millones de personas
que padecen de inseguridad alimentaria, y sobre la cual
se puede construir un desarrollo sostenible para esta y
futuras generaciones.
Para el científico, para el
desarrollo de la comunidad y para todos nosotros, este es
un enorme desafío que exige un paradigma de
investigación más amplio, transparente y
completo, que entraña la necesidad de compartir la
toma de decisiones y los productos de la
investigación en una forma desconocida hasta
ahora. La utilización transparente, efectiva y
equitativa de tecnología de la información
cada vez más accesible puede ayudarnos a construir
ese marco general, tan necesario, de investigación
científica para atender las necesidades
alimentarias de los pobres de hoy y del mundo de
mañana.
Pero como científicos debemos
recordar siempre la advertencia de Einstein: "El progreso
tecnológico es como un hacha en manos de un
criminal patológico".
Señor Presidente, este es el
desafío con que se enfrenta esta
Conferencia.