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La escuela rural debe formar «solucionadores de problemas»

Polan Lacki

Polan Lacki es Oficial Principal de Educación y Extensión Agrícola de la Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.
Teléfono (56-2) 337-2205, Fax (562) 3372102. Correo electrónico: polan.lacki@fao.org

 

El autor indica que en los países de América Latina y el Caribe está teniendo lugar un rápido agotamiento del modelo clásico de desarrollo rural basado en el paternalismo estatal y en las medidas proteccionistas. Ante tal circunstancia, sugiere que el camino más realista consiste en hacer una profunda «revolución» en los contenidos y métodos educativos de las escuelas fundamentales rurales, del primero al octavo año. Propone otorgar a los futuros agricultores una educación técnica y de valor acorde a las necesidades de vida y de trabajo imperantes en el campo. Sugiere proporcionar una educación pertinente y de calidad con el fin de que las propias familias rurales, debidamente formadas y organizadas, quieran, sepan y puedan corregir las principales ineficiencias tecnológicas y organizativas que ocurren en los distintos eslabones del negocio agrícola y con ello se vuelvan menos dependientes de las ayudas gubernamentales cada vez más escasas e inaccesibles.

«Hemos estado acostumbrados a pensar en el capital como el factor escaso en la producción y en su transferencia como el instrumento clave para el crecimiento. El conocimiento es ahora un importante factor de desarrollo, y esta situación tiende a intensificarse. En el próximo siglo la acumulación y la aplicación del conocimiento conducirán los procesos de desarrollo y crearán oportunidades sin precedentes para el crecimiento y la reducción de la pobreza. Sin embargo, existen riesgos significativos para incrementar la desigualdad entre y dentro de las naciones.»

Rural schooling should produce "problem solvers"

The author of this article observes that the traditional model of rural development, based on state paternalism and protectionist measures, is rapidly declining in Latin America and the Caribbean. He therefore suggests that the most realistic policy would be to bring about a profound "revolution" in the curriculum and methodology of basic rural education, from first to eighth grades. Tomorrow's farmers should be given a technical and evaluative education that reflects the requirements of modern rural life and work, and relevant, quality education should be provided so that, with appropriate training and organization, rural families themselves will want to - and be able to - rectify the main technological, managerial and organizational inefficiencies that exist at the different stages of the agricultural process; thereby becoming decreasingly dependent on ever scarcer and more inaccessible government aid.

 

L'école rurale doit former des «résolveurs de problèmes»

L'auteur de cet article indique que l'on assiste, dans les pays d'Amérique latine et des Caraïbes, à l'épuisement rapide du modèle classique de développement rural fondé sur le paternalisme étatique et sur les mesures protectionnistes. Cela étant, la solution la plus réaliste est de provoquer une «révolution» en profondeur des contenus et méthodes didactiques des écoles de base rurales, de la première à la huitième année. Il est proposé de dispenser aux futurs agriculteurs une éducation technique valorisante, conforme aux conditions de vie et de travail dans les campagnes. L'éducation doit être à la fois pertinente et de qualité pour que les familles rurales, dûment formées et organisées, aient la volonté et la capacité de corriger les principales inefficacités technologiques, gestionnaires et administratives aux différents échelons de la filière agricole et qu'elles soient ainsi de moins en moins dépendantes de l'aide gouvernementale, toujours plus rare et moins accessible.

 

La cita del presidente del Banco Mundial, institución cuya principal función es justamente la de otorgar créditos para el desarrollo, evidencia y reconoce que el conocimiento es más importante que el capital. Mientras tanto, en el mundo rural latinoamericano se pierde tiempo y oportunidades, y se continúa a:

Sobrestimar las variables que los productores no pueden controlar es un planteamiento paralizante porque no contribuye a solucionar los problemas. Estas ayudas externas son tan improbables que ya no queda otra alternativa que proporcionar a las familias rurales las «herramientas del saber» y transmitirles con realismo y honestidad, que serán ellas quienes tendrán que solucionar sus propios problemas.

Ser eficiente ya no es una ventaja sino un requisito

El binomio gobiernos debilitados-economía globalizada impuso al sector agropecuario dos grandes desafíos:

Tendrán éxito los agricultores que estén capacitados y organizados con propósitos empresariales que les permitan: incrementar los rendimientos por unidad de tierra y de animal, eliminar sobredimensionamientos y ociosidades, reducir costos de producción, mejorar la calidad e incorporar valor a sus cosechas y acortar los eslabones de intermediación, tanto en la adquisición de insumos como en la comercialización de sus excedentes. Con estos propósitos los agricultores tendrán que:

Lo posible deberá reemplazar a lo deseable

En América Latina necesitamos desmitificar la importancia de las soluciones paternalismo-dependientes y reemplazarlas por soluciones educativo-emancipadoras, las que permitirán conciliar escasez de recursos con eficiencia empresarial. Algunos ejemplos hipotéticos ilustran la factibilidad y eficacia de un modelo más endógeno y emancipador:

Existen soluciones muy sencillas y a la vez muy eficaces

Estos pocos ejemplos indican que los agricultores podrían adoptar las siguientes medidas que son de bajo costo, pero de extraordinaria eficacia:

A través de esta reconversión, las familias rurales disminuirían dependencias innecesarias y además reducirían la acción expropiatoria de los otros eslabones del «agribusiness», la que ocurre antes de la siembra y después de la cosecha. Esta excesiva expropiación, sumada a los bajísimos rendimientos físicos por unidad de tierra y de animal, causan mayor daño económico a los agricultores que la falta de créditos y de subsidios. Ambas distorsiones son tan dañinas para la economía de las familias rurales que ya no pueden seguir siendo subestimadas ni mucho menos ignoradas. Mientras no estimulemos la organización empresarial de los agricultores y no contribuyamos a que ellos generen las competencias necesarias (conocimientos, aptitudes, habilidades, valores, actitudes, etc.) para que ellos mismos eliminen las causas de falta de rentabilidad, será muy difícil contrarrestar sus consecuencias; por mejores que sean las políticas crediticias, tributarias, arancelarias o cambiarias.
Los documentos de la FAO que se mencionan al final de este artículo indican que la inmensa mayoría de los productores podrían realizar una agricultura más eficiente, aún sin tener acceso al crédito; y podrían competir sin necesidad de subsidios o de medidas proteccionistas. Asimismo, se demuestra que la solución de los problemas, que afectan con mayor frecuencia a la mayoría de los agricultores, requieren especialmente de insumos intelectuales y no tanto de insumos materiales. Dichos documentos indican que para poner en práctica estas innovaciones emancipadoras de dependencias y vulnerabilidades, se requieren mucho más conocimientos útiles que créditos abundantes, mucho más de eficiencia productivo/empresarial que subsidios, mucho más agricultores competentes que eximios formuladores de políticas.
Si estas soluciones endógenas son factibles y eficaces, si los factores clásicos de desarrollo agrícola son en gran parte prescindibles, si a través de la gradualidad tecnológica y de la diversificación productiva los recursos necesarios para financiar la modernización de la agricultura pueden ser generados en las propias fincas ¿por qué los agricultores no las adoptan? Por la sencilla razón de que no se les ha enseñado a formular ni a aplicar en forma correcta soluciones acordes a los recursos que realmente poseen, ni a utilizar estos últimos en la plenitud de sus potencialidades. No se les enseñó en sus hogares porque sus padres no les podían transmitir algo que a ellos nunca le enseñaron, ni siquiera en la escuela.

La escuela básica deberá formar solucionadores de problemas

Para la mayoría de las familias rurales el paso por la escuela básica rural (del primero a octavo o noveno año) es la única oportunidad de adquirir los conocimientos que les permitirán eliminar las principales causas internas del subdesarrollo rural. Sin embargo, estas escuelas no están cumpliendo con esta importantísima función, emancipadora de dependencias y de vulnerabilidades; porque sus contenidos y métodos son disfuncionales e inadecuados a las necesidades productivas y familiares del mundo rural. En dichas escuelas, se aburre a los niños exigiéndoles que memoricen temas de escasa y dudosa relevancia y no se les enseña en forma creativa, participativa y práctica lo que necesitan aprender para poder llegar a ser más independientes, más emprendedores, más autogestionarios y más autodependientes. De estas escuelas siguen egresando generaciones de futuros agricultores, agricultoras, padres y madres de familia, con muy baja autoestima, sin los conocimientos, sin las actitudes y sin los valores que necesitan para ser agricultores más eficientes, mejores educadores de sus hijos y solidarios protagonistas de sus comunidades.
Las escuelas básicas rurales deberían formar ciudadanos dotados de más confianza personal y autosuficiencia técnica, de modo que puedan ser eficientes correctores de sus ineficiencias y activos solucionadores de sus propios problemas. Estas escuelas deberían otorgarles una formación de valores que les inculque mejores hábitos (amor al trabajo bien ejecutado, iniciativa y disciplina, perseverancia y deseo de superación, cooperación y solidaridad, honestidad y cumplimiento de sus deberes y responsabilidades, espíritu de prevención y previdencia, etc.). La educación básica rural debería tener un carácter más instrumental en el sentido de proporcionar a los niños contenidos útiles que puedan aplicar en la corrección de sus propios errores y puedan también solucionar los problemas de sus hogares, fincas y comunidades.

Emancipar en vez de perpetuar dependencias

Tal como se mencionó anteriormente, varios factores clásicos des desarrollo agrícola, además de inaccesibles y prescindibles, son perpetuadores de dependencias porque es necesario otorgarlos en forma recurrente y permanente. En sentido contrario, el conocimiento ya está disponible y es emancipador de dependencias; basta con difundirlo una sola vez para que pueda ser utilizado, por todos los agricultores hasta su obsolescencia. A los debilitados y endeudados gobiernos que no pueden -y no deben- perpetuar dependencias, porque ellos mismos no tienen condiciones de mantenerlas en el tiempo, sólo les queda la siguiente alternativa coherente: emancipar a los agricultores de las referidas dependencias. No se debe confundir emancipar con abandonar.
Sin embargo, la eficiencia productivo-empresarial que conducirá a la emancipación de los agricultores, sólo será posible si es precedida por una excelente educación. Mientras no otorguemos a las familias rurales una formación/capacitación mucho más funcional, más relevante, más objetiva y más práctica, se seguirán desperdiciando esfuerzos y derrochando enormes cantidades de recursos; que dicho sea de paso, es como se ha venido haciendo en los últimos 50 años.
Afortunadamente, en la actualidad estamos empezando a darnos cuenta de que la falta de recursos económicos no siempre es la principal causa de la pobreza rural y que su aporte no necesariamente es la solución más conveniente. Tenemos cada vez más evidencias de que la principal causa del subdesarrollo rural es el conjunto de ineficiencias tecnológicas, gerenciales y organizativas, que están siendo practicadas en todos los eslabones del negocio agrícola; y que la principal causa de estos errores es la falta de conocimientos adecuados. Son estas ineficiencias las que originan las tres vertientes que conducen a la falta de rentabilidad en la agricultura y de allí al subdesarrollo, primero rural y luego urbano: costos unitarios de producción innecesariamente altos, mala calidad del producto y precios de venta innecesariamente bajos.

¿Premiar ineficiencias con subsidios o eliminarlas con conocimientos?

Al contrario de lo que suele afirmarse, estas ineficiencias generalmente son provocadas por errores primarios, para cuya corrección se requieren conocimientos elementales y no tanto de políticas generosas ni de créditos abundantes. Para confirmarlo basta con analizar sin eufemismos los bajísimos índices y rendimientos promedio de la agricultura y de la ganadería latinoamericana, los errores primarios que se cometen en la aplicación de las tecnologías y en el uso de los recursos disponibles y, finalmente, las gravísimas distorsiones en la forma como los productores rurales adquieren los insumos y como comercializan sus excedentes.
Es evidente que estas ineficiencias se cometen por culpa de los agricultores. Ellas son provocadas por la profunda disfuncionalidad de la educación formal rural en los tres niveles y por el lamentable debilitamiento de la extensión agrícola. Es por este motivo, que la profunda transformación de las escuelas básicas rurales es un requisito que deberá ser potenciado o sinergizado con idénticas adecuaciones en las facultades de ciencias agrarias, en las escuelas agrotécnicas y en los servicios de extensión rural, públicos y privados. Todas estas instituciones deberán pasar por una reforma (transformación) de los contenidos educativos y de los métodos pedagógicos, que prioricen el «enseñar a solucionar los problemas solucionándolos»; es decir por una ingeniería de calidad educativa. Sin embargo, educación de calidad no necesariamente significa construir más edificios, adquirir más computadoras, instalar más laboratorios sofisticados u ofrecer más cursos en el exterior. Lo que sí se necesita es tener el coraje de «poner el dedo en la llaga», reconocerlo sin eufemismos y enfrentar con determinación el problema de fondo, es decir, el profundo desencuentro entre el qué y cómo se enseña en las escuelas y el qué y cómo las familias rurales realmente necesitan aprender. Este divorcio es inaceptable y es por esta razón adicional que los líderes más lúcidos del agro latinoamericano están exigiendo una revolución educativa de realismo, de objetividad y de pragmatismo, que permita formar una nueva generación de mujeres y hombres rurales que quieran, sepan y puedan protagonizar la revolución productiva de la eficiencia y de la emancipación.

 

Documentos de la FAO a los cuales acceder para ampliar estos planteamientos

1. Lo que PIDEN los agricultores y lo que PUEDEN los gobiernos: ¿mendigar dependencia o proporcionar emancipación?

2. La formación de profesionales para profesionalizar a los agricultores........y para el difícil desafío de «producir más y mejor con menos recursos».

3. La modernización de la agricultura: los pequeños también pueden.

4. Rentabilidad en la agricultura: ¿con más subsidios o con más profesionalismo?

5. Buscando soluciones para la crisis del agro: ¿en la ventanilla del banco o en el pupitre de la escuela?

6. Desarrollo agropecuario: de la dependencia al protagonismo del agricultor.

Los tres primeros documentos se pueden solicitar directamente al autor del presente artículo.
Los tres últimos artículos ese encuentran en la sección publicaciones de la página Web de la oficina Regional de la FAO para América Latina y el Caribe: http://www.ric.fao.org.


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