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V. FAUNA, ÁREAS PROTEGIDAS Y UTILIZACIÓN DE LA TIERRA


5.1. Areas protegidas para la ordenación de la fauna

Una medida tradicional encaminada a la conservación de la fauna es el establecimiento de áreas protegidas donde están prohibidas o controladas las actividades humanas a fin de proteger determinadas especies o hábitats de especies. Más recientemente, la creación de áreas protegidas se ha concebido como parte de un «sistema nacional», o incluso en el marco de una red internacional, más que en formaciones fragmentarias, de modo que se puedan perseguir más eficazmente los objetivos de protección general de la biodiversidad. Este es precisamente uno de los requisitos explícitos del Convenio sobre la Diversidad Biológica, que entre las obligaciones para la conservación in situ incluye la creación de un sistema de áreas protegidas, aunque éste debe realizarse «en la medida de lo posible y según proceda» (art. 8).

Algunas disposiciones que requieren la creación de un sistema nacional se encuentran en la ley de 1998 de Bulgaria (art. 3), la ley de 1995 de Rumania sobre protección del medio ambiente (art. 56), la ley de 1997 del Perú (art. 6), la ley de 1987 de Portugal sobre medio ambiente (art. 29), y la ley nacional sobre el sistema integrado de áreas protegidas de 1992 de Filipinas.

Independientemente de que se establezca o no un «sistema», por lo general la legislación relativa a las áreas protegidas prevé la designación de varios tipos de zonas con fines diversos de protección. En la mayoría de los casos, entre los posibles fines para su creación se incluye la protección y la ordenación de los animales silvestres, si bien algunas leyes proponen ciertos tipos de áreas protegidas destinadas más específicamente a esa finalidad. A continuación se presentan algunos ejemplos.

La ley de Botswana prevé la creación de reservas de caza o refugios para determinadas especies que, dentro de esas zonas, pueden capturarse únicamente para fines científicos (art. 12). También pueden haber «reservas privadas de caza» creadas por petición del propietario, donde la caza o captura de todas o determinadas especies debe estar permitida por él o por personas autorizadas por él, bajo ciertas condiciones (art. 13). Es posible cazar o capturar animales en las «zonas de ordenación de la fauna» y en las «zonas de caza controlada», en este último caso únicamente tras la aprobación específica de una licencia de caza y el pago de derechos correspondientes.

En Burkina Faso existen «reservas de fauna» totales o parciales - donde está prohibida la caza de todas o algunas especies respectivamente -, «refugios locales» - que las autoridades locales pueden reservar en nombre de las comunidades locales para facilitar la reproducción y la explotación de los animales salvajes (art. 95) - y «zonas rurales de interés cinegético» (zones villageoises d’intérêt cynégétique). En Guinea hay «refugios de fauna» para las especies en peligro de extinción (arts. 26-28) y zones d’intérêt cynégétique para la caza o para fines científicos (arts. 29-31). Mauritania cuenta con reservas naturales destinadas a la ordenación sostenible de los animales, y zones d'intérêt cynégétique, que se manejan para la caza o el turismo con arreglo a licencias, subordinadas a condiciones establecidas (art. 6).

Entre las áreas protegidas previstas en la ley del Camerún figuran «reservas de fauna» y zones cynégétiques. Las primeras están destinadas a la conservación, ordenación y reproducción de la fauna y su de hábitat, donde la caza puede ser autorizada por el Ministro exclusivamente en el ámbito de operaciones de ordenación autorizadas. Las segundas están reservadas para la caza y pueden estar sometidas a ordenación por la administración encargada de la fauna, una autoridad local o cualquier persona; la caza en estas zonas está sujeta al pago de derechos (art. 3(1)). La ley también prevé territoires de chasse - cualquier terreno donde la caza está permitida y reglamentada (art. 2(18)) - y territoires de chasse communautaire, tierras del Estado ordenadas por una comunidad local con arreglo a un acuerdo de ordenación (art. 2(19)).

La ley de Albania prevé zonas de repoblación, reservas de caza y reservas de fauna - éstas últimas de protección absoluta (arts. 8 y 9). En la ley portuguesa sobre la caza se tienen en cuenta varios tipos de zonas relacionadas con esta actividad y la ordenación de la fauna: los refugios de caza - para la conservación de ciertas especies y el desarrollo de otros animales que es posible cazar - (art. 7), y cuatro tipos de «zonas de caza»: las de interés nacional, municipal, turístico y las para asociaciones. En este último caso, es posible someter la zona a ordenación en virtud de acuerdos con asociaciones de cazadores, agricultores o ambientalistas, o con las autoridades locales (art. 14). En Italia, la ley de 1992 contempla «reservas de protección», «zonas de repoblación y captura», y «centros públicos y privados para la reproducción de la fauna en el medio silvestre».

5.2. Medidas de protección fuera de las áreas protegidas

Hay un consenso general según el cual para recuperar y mantener la diversidad biológica es necesario considerar también las zonas que no se hallan bajo protección. Sin embargo, este aspecto raramente está presente en la legislación relativa a la ordenación de la fauna. Las medidas de mejora del medio ambiente concebidas por la Comunidad Europea en consonancia con el plan de acción «Agenda 2000» reflejan esta tendencia en la legislación pertinente (destinada principalmente a establecer oportunidades de financiación), haciendo hincapié en las zonas no protegidas.

También la legislación suiza va más allá del enfoque que se centra en la protección de zonas determinadas y requiere, de ser posible, la protección de la flora y la fauna indígenas mediante un aprovechamiento agrícola y silvicultural apropiado de su espacio vital (biotopo). Con esta finalidad también prevé la cooperación entre las autoridades responsables en materia de agricultura, silvicultura y protección de la naturaleza (ley de 1996, art. 13). La ley contiene un anexo con una lista de especies indicatrices des milieux naturels, que no pretende ser exhaustiva, ya que los cantones pueden adaptarla a las condiciones locales, y debe completarse en varias maneras determinadas. Un mecanismo denominado «compensación» (art. 15) se propone conectar los biotopos aislados mediante la creación de biotopos nuevos. El Gobierno Federal otorga subvenciones para los biotopos regionales y locales de acuerdo con porcentajes determinados (art. 18), y en virtud de una ley separada se conceden subvenciones para las prácticas agrícolas «ecológicas» (art. 19).

Con objeto de aplicar a nivel regional la Directiva de Aves y la Directiva de Hábitats de la CE, una ley regional de Tuscania (Italia) ordena la integración de los «lugares de importancia comunitaria» con los «lugares de importancia regional», y además toma en consideración, entre otros, los corredores ecológicos (aree di collegamento ecologico funzionale) entre los dos tipos de lugares.

5.3. Medidas relativas a la ordenación de la fauna y otros usos de la tierra

Una preocupación relacionada con la designación y ordenación de áreas protegidas consiste en abordar la relación entre la ordenación de la fauna, que implica algunas formas de aprovechamiento de la tierra, y otros usos de la tierra dentro de las áreas protegidas y en los terrenos circundantes, y las políticas y la planificación del uso de la tierra, en general. Esto puede tener repercusiones importantes en el desarrollo de un país y, en algunos casos, incluso en la seguridad de los medios de subsistencia.

La creación de áreas protegidas para la protección de la fauna africana ha tenido un impacto creciente en las actividades humanas. Éste fue bastante limitado hasta los años cincuenta aproximadamente. No fue necesario desplazar a las poblaciones y hasta hace poco fue posible continuar las actividades humanas en las reservas. Sin embargo, la presión de la población ha seguido aumentado, las modalidades de aprovechamiento de la tierra han cambiado, y cada vez más los usos contrapuestos de la tierra, como la agricultura y el pastoreo, han entrado en conflicto o han invadido las áreas protegidas. Algunas comunidades han llegado a depender de las tierras semiáridas, pese a su reducido potencial de cultivo. No obstante, esas tierras frecuentemente constituyen lugares de dispersión para la fauna, y la conservación de los animales incluso dentro de las áreas protegidas, a menudo depende de la migración regular de los animales en esas tierras (Kenya Wildlife Fund Trustees and United Nations Environment Programme, 1988).

Las políticas nacionales de ordenamiento del territorio no siempre abordan estas cuestiones en modo adecuado. En los casos en que han fomentado la subdivisión de la tierra entre los varios miembros de un grupo en las zonas semiáridas, con frecuencia han dado lugar a otros problemas. Es más probable que las subunidades económicas resultantes se vean afectadas por el pastoreo excesivo y el medio ambiente acaba por destruirse en perjuicio tanto del ganado como de la fauna. La subdivisión, además, estimula el vallado de las parcelas individuales, obstaculizando las rutas migratorias de la fauna e impidiendo la flexibilidad de movimiento para el ganado, que es una estrategia de supervivencia. Es probable que este proceso elimine la fauna de los pastizales y la confine en los parques, pero también puede poner en peligro la seguridad de los medios de subsistencia (Kenya Wildlife Fund Trustees and United Nations Environment Programme, 1988). A veces, han surgido conflictos a causa de políticas contradictorias que estimulan un aprovechamiento de la tierra - por ejemplo, la apertura de nuevas tierras para la producción de alimentos apoyada frecuentemente por las políticas agrícolas - en detrimento de otros, como el uso de la tierra para la conservación de la fauna promovido por las políticas relativas a la fauna.

En la legislación consultada existen pocas disposiciones que se ocupan directamente de esas cuestiones. La ley de Uganda considera la ordenación de la fauna un uso de la tierra destinado explícitamente a mantener niveles de diversidad óptimos en armonía con otras formas de aprovechamiento de la tierra, con miras a apoyar la utilización sostenible de la fauna (art. 3). En Kenya el preámbulo de la ley exige que se tengan plenamente en cuenta los diferentes tipos de uso de la tierra y la interrelación entre la conservación y la ordenación de la fauna y las otras formas de aprovechamiento de la tierra. Fundamentalmente, en un intento de limitar esta última actividad, la ley italiana relativa a la caza establece porcentajes fijos de tierra que deben destinarse a los diversos fines pertinentes: del veinte al treinta por ciento de la superficie agrosilvopastoral de cada región debe dedicarse a la protección de la fauna, mientras que la superficie terrestre remanente está abierta a la caza conforme a planes de ordenación (art. 10(3) y (4)).

Un modo para abordar los problemas de los usos contrapuestos de la tierra en la legislación es prever la indemnización de los terratenientes por los daños causados por la fauna. No obstante, esta es sólo una medida paliativa y su aplicación práctica puede constituir una fuente adicional de presión en situaciones caracterizadas por una intensificación de los conflictos entre el hombre y la fauna, y escatimar los recursos financieros. Como se analiza en el capítulo subsiguiente, un enfoque más productivo es intensificar la participación de las poblaciones locales en las actividades económicas relacionadas con la fauna. En la medida que una parte significativa de los ingresos obtenidos permanezca en el lugar y proporcione beneficios a la población local, como compensación por la presencia de animales salvajes, es probable que esos programas resulten exitosos. No obstante, a menudo esto no ha sido así.


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